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we make a storm - M. Wittler

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we make a storm - M. Wittler

Mensaje por Dominique C. Weasley el 6th Marzo 2015, 10:36 pm

"Te dije que no vayas, Dominique" Malfoy solía decirle princesa, cosa que a Heeni también se le había contagiado y ya lo tomaban como una broma personal entre el cuarteto esmeralda. De principio a Dom le había molestado, pero eran sus amigos, tuvo que acostumbrarse luego de que se diera a diario y supiera de memoria la misma canción. Por eso, el hecho de que cambiara ese adjetivo para llamarla por su nombre, era algo preocupante, algo que solo pasaba cuando estaba enojado o cuando... si, solamente cuando estaba enojado, y eso aplicaba en ese caso cuando la rubia se había empeñado en ir a practicar aún cuando la lluvia caía sin cesar y solo un lunático cedería a su pasión por el quiddich poniendo en riesgo su vida. Hasta los expertos sabían que solo se jugaba bajo la lluvia cuando era un partido de suma importancia, de resto solo los más avanzados alzaban sus escobas en el aire y estaba claro que la rubia era una novata en comparación a los jugadores de los equipos que tanto admiraban y que reposaban en las paredes de su habitación. Sin embargo era una necesidad,  y la Weasley era conocida por ceder ante sus repentinas necesidades. Todos estaban en la habitación, cada quien en lo suyo; Al y Heeni parecían concentrados en un mismo deber, Scorpius jugaba con cada pensamiento que pasaba por su mente y Dominique solamente rayaban un pergamino sin parar cuando la idea cruzó por su cabeza. Se levantó al baño, tomó una ducha y se vistió antes de que los demás preguntaran por su paradero. Fue ahí que empezó la discusión entre ambos rubios, Malfoy se preocupaba por su paradero, eso hasta cierto punto podía resultarle agradable, menos cuando su ego se ponía en el medio, en ese caso pasaba a ser irritante, fue un poco intensa y calurosa la discusión, pero no duró demasiado. Cuando la rubia Weasley escuchó su nombre de los labios del rubio tomó su escoba y apresuró el paso, ese era el momento, cerró la puerta antes de que la serpiente siguiera destilando veneno.

Era fin de semana, ya el sol se había puesto y los que desearon comer en algún momento ya lo habían hecho, por eso fue de extrañarse el ver a la figura menuda de la muchacha caminando a paso rápido por los pasillos y pasando las escaleras de dos en dos, afortunadamente no se consiguió a nadie en el camino, o a alguien que medianamente valiera la pena, solo el cuerpo armónico de la joven era lo que se veía moverse con ese andar musical y perfecto que la caracterizaba y que no iba de la mano con su rostro contradicho por la discusión anterior. Dominique salió del castillo aferrándose a su abrigo, las gotas habían disminuido y desde ese momento tuvo que bajar la cabeza y caminar rápido para mojarse lo menos posible antes de que la acción empezara. Llegó al campo antes de lo previsto, terminó por soltar su cabello, los nudos le apretaban, se cubrió la cabeza con la tela de la prenda superior y montó en su escoba, enseguida aumento la velocidad y el aire se coló por su piel tornándola más pálida y fría, las gotas picaban su rostro, eran punzantes a diferencia del suave roce que experimentó en primer lugar. Voló bajo los primeros minutos, practicó alrededor de los aros y probó nuevas estrategias aún sin el balón. Dominique no se alzaba demasiado, los vuelos altos no eran lo suyo, el hecho de ser tan delgada y de apariencia frágil hacía que sus hazañas cerca del suelo fueran reconocidas, pero ahora que estaba sola podía intentarlo, si lo lograba bajo la lluvia tendría ventaja en el nuevo entrenamiento.

Poco a poco fue apartándose del suelo, la chica inclinaba su escoba de manera que esta se elevaba a los cielos nublados que parecían llorar cada vez más aumentando el descenso de temperatura, dos veces tuvo que limpiar sus ojos, el agua se colaba y le impedía ver. La rubia arrugaba sus ojos grises y una pequeña migraña se asomaba cada vez que la presión crecía. Lo estaba logrando, a una altura considerable podría desaparecer como hacía cerca de la grama y luego bajar para hacer algunas anotaciones sin que se dieran cuenta, el brillo del sol serviría.

Dos minutos. Eso fue lo que duró en las alturas. No se sabe si fue el dolor de cabeza, el agua en sus ojos o el frío que humedeció el mango de la escoba, quizás todos se juntaron cuando un fuerte rayo impactó frente a sus ojos y la hizo descontrolarse a tal punto que soltó la herramienta nueva que su mejor amigo le había dado. Lo primero que hizo al caer fue lamentarse por lo estúpida que había sido al dejarla ir. Lo que vino fue una sensación en el estómago, una que parecía no tener fin, que era lenta para ella que caía pero que para quienes la vieran seguramente se trataría de una cuestión de segundos. ¿Iba a morir?, no lo sabía, nunca se había imaginado hacerlo, ni el como querría que eso pasara, Dominique imaginó una larga vida y ahora se veía corta, sin embargo por su mente no pasaron rostros ni momentos, ella solo veía el espectáculo como si aún no fuese real. A diferencia de otros ella no cerró los ojos y si mantuvo su iris claro fijo en las nubes que cada vez se alejaban. ¿Dolería?


No todos pueden predecir, muchos se jactan de hacerlo a la perfección pero la verdad es que nadie conoce los rumbos que tomará la vida. Un día estas aquí, otro estás allá, el tiempo puede correr a la normalidad, pero incluso en las mejores situaciones siempre va a haber un segundo, uno solo, donde la historia pueda tomar otro curso.



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Re: we make a storm - M. Wittler

Mensaje por G. Miles Wittler el 7th Marzo 2015, 1:15 am

No se puede ser un héroe si no tienes a nadie a quien salvar...

—Si, como sea. Tengo reunión de prefectos— Le respondió a Alice con desgana, y salió de la puerta como si con esas palabras bastara por decir adiós por la tarde. La estaba perdiendo, pero no quería pensar en eso. Pasando una mano por su pelo castaño, cerro los ojos y contó hasta tres, pidiendo en secreto dejar de pensar. No entendía a las personas que podían hacer de fierro el corazón y cerrarse a sentimientos de esa manera, pero sabía que se acabaría por acostumbrar, debía hacerlo, era lo mejor para Alice. Vago lo que quedaba de la tarde por los pasillos y corredores sin ganas de hablar con nadie y esquivando a las personas que conocía. Su sonrisa que le había brindado su apodo había desaparecido hacía unos días, y el joven aún no encontraba la manera de hacerla regresar. Sonreía, pero esa sonrisa era vacía, sin alegría, sin emoción. Al final acabo sentado en uno de los barrotes del puente colgante, observando como la lluvia caía con fiereza sobre la tierra. Se encogió dentro de su abrigo con las ráfagas de viento que amenazaban con tirarlo, pero se quedo allí por un buen tiempo.

Era agradable, el sonido de la lluvia al caer, la lluvia en general, provocaba una sensación gratificante, que le gustaba quizá demasiado. La lluvia se hizo mas intensa tras un trueno, y observo como las personas regresan corriendo al castillo, mientras el en cambio se ponía de pie. Cuando quedo desprotegido del techo del puente, quedo mojado de arriba a abajo antes de que diera mas de dos pasos fuera del mismo. Su pelo se pego a su frente y a su nuca, el jean se pego a su piel, mientras que sus zapatillas comenzaron a hacer un sonido extraño que Miles reconocía como cuando estaban mojadas y llenas de agua. No le molesto, tanto. Por suerte su abrigo era de invierno y soportaba la lluvia, por lo tanto sentía su pecho abrigado, y por eso siguió caminando. Como un día como ese, nadie se presentaría en la cancha de quidditch, al pasar vio que en el horario en realidad le tocaba a Ravenclaw, y río para sus adentros, aquella rubia capitana era capaz de hacerlos ir de todas formas, pero al ver el estadio vacío, volvió a sonreír. Finnigan podría ser algo demente, pero era lista, quien se subiera a una escoba ese día posiblemente acabaría muy mal. Se asomo un poco mas, y entonces vio como alguien lo intentaba. A lo lejos solo podía distinguir que era rubia, pero era incapaz de reconocer quien era. —¡Hey!— Grito, pero su voz quedo opacada ante la lluvia y aquella joven no lo escucho.

Lo siguiente que paso fue demasiado rápido, aquella persona monto en escoba y en menos de un minuto un rayo se mostraba frente a ella, atraído por los postes que estaban mas altos. Miles dio un paso hacia atrás y rogó porque esa persona entrara en razón y bajara antes de que se mate, pero fue tarde. La persona perdió el control, y lo siguiente que el castaño vio, fue como la figura comenzó a caer. Nervioso busco su varita entre sus bolsillos, y cuando la tomo, su mano tembló ligeramente mientras señalaba a la figura. Aresto Momentum Dijo con toda la claridad posible, y relamió sus labios esperando que funcionara. Funciono, como era de esperarse por todas las personas, menos por él. La figura se detuvo a centímetros del piso, y luego cayo sobre el césped mojado. Miles echo a correr hacía la persona. —¿Es que has perdido la cabeza? ¿Tienes idea del daño que te podrías...?— Comenzó a preguntar cuando estuvo suficientemente cerca, pero se cortó al observar de quien se trataba. Dominique Weasley. ¿La conocía? Claro, habían tenido un "algo" tiempo atrás, un "algo" cortado por las misma rubia que dio razones tontas e ilógicas, pero que Miles aceptó y callo en silencio. Se detuvo un momento observando a la muchacha, un momento en que considero detenidamente que hacer, al final no pudo con su genio, y se saco el abrigo y lo puso sobre los hombros de Dominique, sentándose en el suelo, a su lado. —¿Tan mala es tu vida que intentas matarte?— Pregunta en media broma, mientras frota los brazos de la joven para que entre en calor. —¿Te parece que esta es vestimenta para estos días?— Regaña un poco, preocupado.


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Re: we make a storm - M. Wittler

Mensaje por Dominique C. Weasley el 7th Marzo 2015, 10:15 am

¿La extrañarían?, no lo sabía. Dominique no sabía sido buena a lo largo de su vida, tampoco era mala, solo tenía una personalidad que, para otros, era difícil de aceptar y, por ende, terminaban por catalogarla de una manera errada. Estaba segura de que su madre lo haría, Fleur era muy emotiva, o por lo menos eso le contó Gabrielle que sucedió luego de su matrimonio con Bill. Bill, él probablemente lo haría, era su hija después de todo aunque sus clara debilidades fueran su hermana mayor y su hermano menor. Sus abuelos quedarían destrozados, incluso su tío Charlie, no se lo imaginaba llorando, de hecho. Sus primos, tendrían reacciones contrarias; James probablemente celebraría igual que Fred; Rose se lamentaría y Rox quizás la acompañara, Lou estaría devastado... pero todo eso sonaba muy crudo al tener en cuenta que ella no deseaba morir, no, no quería, y menos hacerlo por algo que amo toda su vida. Por un momento quiso haber escuchado a Scorpius, o a Heeni, si, a ellos los extrañaría también, igual que todas las cosas que, en algún momento, no pudo hacer pensando que tendría tiempo. La caída se hacía extensa y eso solo aumentaba el vacío en su abdomen, a lo último atinó por el cliché, si, cerró sus parpados y esperó el golpe final.

Un golpe que nunca llegó porque enseguida bulló una presión desde el suelo que hizo que se detuviera poco a poco y la caída se tornara lenta. Le faltaban pocos metros porque enseguida se detuvo y cayó en el suelo. Si, le faltaba poco para aterrizar y quizás la tensión de su cuerpo en todo el proceso hizo que el golpe fuera igual o más doloroso.—Auch... por... Merlín—. Jadeó un poco en el suelo alzando su espalda y pasando su mano por la misma, parecía estar entera. El frío se hizo presente y por si no fuera poco una voz empezó a acercarse a oído de la semi veela.

¿Quién podía ser?, lo que le faltaba es que justo ahora alguien se burlara de su estado, pero no, esa voz parecía sumamente preocupada, era grave e influyente. Dominique la conocía, juraba conocerla y tardo unos segundos en darse cuenta: Miles. El joven llega y ella puede abrir sus ojos empañados, los limpia con sus puños antes de que el muchacho llegue decidido a salvarla. Le coloca su túnica y la frota, Dominique se da cuenta de verdad cuanto le duele y el frío que siente, sus labios tiemblan y se secan, estaba muy pálida y completamente mojada, su ropa había pasado a ser una segunda capa de piel. —Nunca... te... te preocupó mi... vestimenta.— Afirmó tratando de alzarse un poco, quedando frente a él; estaba igual, quizás un poco mayor y más guapo, pero seguía siendo el chico que algunas vez consideró como suyo, y alguna vez sonaba de por sí un lejano pasado. Había sido en su cuarto curso, un romance inocente que empezó luego de un castigo, pero que ella misma decidió romper luego de varios meses de secretos y silencio; Miles fue el único tesoro que Dominique quiso cuidar, de un monstruo con el que ella no podía luchar; ella misma, una bestia que seguía creciendo. Por inercia la chica se aferra a la cazadora, su perfume la impregnaba, pero de alguna manera le daba suficiente calor. —Gracias por... eso.— Esta vez su tono era más neutro aunque aún seguía temblando. Sus ojos grises se topan con los de Miles, ¿Cuándo había crecido tanto? Dom intenta moverse pero aún se siente adolorida. —Escucha, yo puedo volver, solo necesito... un poco de tiempo. Regresa al castillo, no quiero que Longbottom se preocupe más de la cuenta.— El comentario en sí suena un poco frío y distante pero había dejado de importarle, dentro de ella se alegró que él consiguiera a alguien a su nivel de bondad. No pretendía volver a lo mismo, lo había prometido; mantener alejado a Miles de su vida. Ahora el destino hacía que él la salvara. La vida no era muy justa con Dominique Weasley


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Re: we make a storm - M. Wittler

Mensaje por G. Miles Wittler el 7th Marzo 2015, 3:04 pm

Por su mente recordó todas las veces por las cuales había pensado que la rubia era de esas personas que solo podían pensar en si misma, a tal punto de que no podía pensar en nadie mas. Había pasado de ese aspecto por mucho tiempo, pero ahora que la acababa de ver hacer algo tan inconsciente ponía en duda de que siempre estuviera pensando en ella, si tanto apreciaba su vida entonces no se hubiera subido a esa escoba de buenas a primeras. Suspiro en silencio para si mismo, y le sonrió a la joven sin mostrar sus dientes, mientras sentía como el césped mojaba, aún mas sus pantalones. La observo, por un buen momento mientras hablaba con aquel tiritar de labios. Parecía no ser la mujer que una vez había conocido o aquella que veía pasar por los pasillos. Sus ojos no mostraban cariño y tampoco frialdad, lo que llevo a pensar a Miles que, por esta vez, la joven de verdad se había asustado. Recordaba la sensación de caer, como la gravedad llevaba el cuerpo hacía la tierra y las pocas y tantas cosas que se podían pensar en ese momento en el que sabes cual va a ser tu destino, pero no tienes mas que aceptarlo porque no lo puedes cambiar, no tienes tiempo, solo puedes pensar. Aleja esos pensamientos por un buen rato, necesitaba evaluar de verdad como estaba Dominique, además de golpeada, por lo que veía solo estaba pálida, asustada, con frío. La abraza de manera inconsciente, tratando de abrigar lo poco que podía ese cuerpo mientras él continuaba mojándose.

—Nunca antes te vi salir tan despechugada con una tormenta como esta para poder regañarte— Le responde en broma, mientras continua frotando los brazos de la rubia. Lo lógico sería llevarla a enfermería, pero estaba seguro que no aceptaría, era una de las cosas que mas recordaba de Dominique antes de que los dos se distanciaran, ella hacía todo por si misma, no le gustaba que cuidaran de ella, mucho menos que se preocuparan, pero no iba a dejar de preocuparse en ese momento, podría haber muerto, podría no haber podido contar esa historia luego. Miles se había caído infinidad de veces, pero nunca había rozado el cielo en cualquiera de sus caídas. Ni cuando Buchholz lo tiro de su escoba en el partido pasado, y tuvo que pasar tres semanas en enfermería observando a la gente que pasaba, entraba y salía, y amigos que le traían dulces para que tuviera algo para pasar la tarde. No creía que fuera un mal momento para preguntarse que hacer o como reaccionar, sabía que sus impulsos no podían ser agradables para la muchacha que posiblemente no estuviera muy a gusto en sus brazos, pero era la única forma que encontraba para abrigar a la muchacha mientras trataba de averiguar, trataba era una forma de decir que fracasaba, si Dominique tenía alguna herida grave que justificaran ir a ver a Breckenridge. Sabía que acabaría por preguntarle, pero para eso la rubia se debía parar, y hasta que entrara en calor era mejor que estuviera sentada, lo que contradecía a lo que la muchacha decía.

—No tienes que preocuparte por mi, en este momento piensa en ti. Alice no se preocupara por mi hoy— En aquel comentario había cierto deje de tristeza, pero ignoro la mirada de Dominique y lanzó una mirada por la cancha, esperando encontrar algo que fuera de ayuda, pero, como siempre estaba desierta. A lo lejos distinguió como una de las banderas se zafaba de su agarre y comenzaba a volar al ritmo del viento. Le apunto con la varita y la puso sobre ellos. Algo de tela no era impermeable, pero con un hechizo para que quede dura, otro para que sea impermeable y otro para que quede flotando en el aire basto para que por el momento los dos estuvieran cubiertos. —Vamos, recobra un poco de calor y cuando te sientas mejor nos ponemos de pie para ver que no te hayas lastimado nada y aún no te hayas dado cuenta— Comenta mientras también encanta la túnica que era de él, de modo que estuviera mas caliente de lo que debería, pero que no quemara a la rubia que la llevaba puesta. Por un momento deseo decirle que no le diría a nadie y que se quedará tranquila, pero si decía eso, sería como reconocer que en parte no quería que se fuera, si bien no quería que así fuera porque no podría vivir consigo mismo sabiendo que no había ayudado a alguien por deseo propio o porque no se lo merecía, lo cual serían dos opciones bastante validas para dejar el lugar en ese momento. Observo el techo improvisado. —No quiero obligarte a que te quedes, pero si de verdad te interesa estar bien para el partido que tienen cerca de estas fechas, recomendaría que te quedarás. No es que a mi me cause gracia, pero es lo mejor y en el fondo lo sabes— Dijo en cambio con un tono de voz mas mordaz de lo que jamás había pensado usar.


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Re: we make a storm - M. Wittler

Mensaje por Dominique C. Weasley el 7th Marzo 2015, 11:17 pm

¿Cómo?, hasta el día de hoy Dominique no había podido responder a esa pregunta, claro está que nunca pasaba por su mente, pero incluso cuando lo hacía no sabía responderla. El hecho de analizar los motivos que la llevaron a fijarse en Miles cuando estaba comenzando su adolescencia le causaba migraña y prefería pensar que se trató solo de un deje juvenil, el inicio de la presencia de las hormonas y las primeras leyendas de los sentimientos y su efecto en los seres humanos. Miles era paz, era bondad, humildad y buen humor, ella era simplemente un torbellino que quebraba todo a su paso, quizás fuera eso, quizás era que el otro tenía lo que su contraparte necesitaba, o eso diría Albus cuando le explicó el tema largos meses después. Dominique había prometido encerrar todo aquello en la caja de Pandora que era su corazón, pero ahora viéndolo de frente era imposible no recordar sus escapadas a las aulas vacías, sus carreras por el campo de quiddich para que él no la atrapara, era delgada y esconderse en las vigas no resultaba un problema, sus conversaciones, las peleas, todo vino a ella con una velocidad que indicaba lo mucho que retenía esos sucesos que no quería mostrar. —No, y creo que no lo hubieras hecho. El chico de catorce años que conocí me hubiera arrastrado dentro del castillo antes de entrar en una tormenta como esa.

Su tono de voz la alarmó y ahí recordó cuanto lo conocía, por lo menos eso le sirvió en su momento cuando tuvo que enfrentarlo y terminar con esa especie de relación que se había formado entre los dos. Miles parecía entristecido y eso solo hace que el ceño de Dominique se frunza hasta formar pequeñas líneas en el centro. La cabellera mojada hacía que pequeñas gotas se perdieran en su frente y en su rostro, tuvo que alzar la manga del abrigo para secarse un poco. Iba a preguntar pero el tejón movió su varita contadas veces y en un parpadeo ya había hecho una carpa a su alrededor y había calentado el abrigo hasta el punto que la rubia estuvo tentada a quitárselo. —Buen hechicero—. Susurra. Ya su voz no tiembla por lo que se alza un poco y rueda con sus ojos esa especie de tienda aferrándose al abrigo mientras se muerde el labio y cruza sus piernas. —No debe haber sido nada grave, no toqué el suelo, pero... esta bien, creo que acepto cualquier cosa menos la enfermería, sería inútil—. Ella sabía que estaba bien, pero conocía las charlas de Miles y simplemente prefería evitarlas así que habló en un tono lleno de cansancio y repeticiones. Lo siguiente hizo que frunciera el ceño, todo aquello sonó a una orden más allá que un consejo y Dominique Weasley no se dejaba dominar por nadie así que frunció sus gestos y lo miro de mala gana, él no era así, ni antes y ahora, así que juntando eso a su comentario de la chica Longbottom... Vamos, ella no era una rubia tonta.

La serpiente se acomoda sobre su mismo eje, aprieta la prenda en torno a su cuerpo y saca su cabellera del interior mientras ignora el iris del chico. —No te conviene darme órdenes, Wittler, ya no, así que cambia un poco tu tono o te dejaré las canicas en la garganta y sabes que no me refiero a las que usabas cuando eras un niño. Ya... me quedo, pero solo hasta que la tormenta ceda—. Era inútil seguir con el abrigo que llevaba sobre la camiseta, estaba empapado. Como puede la chica se quita la túnica del muchacho y se despoja del abrigo quedando solo con la camiseta, los movimientos hicieron que la misma se subiera uno centímetros más así que la Weasley alzó sus cejas y miró al castaño. —¿Te importa?, necesito espacio—. No era que le apenara del todo, pero... Miles era otro punto. Apretó la tela rosa y empezó a escurrir un poco, no se quitaría la camiseta. Sin embargo había algo que le daba curiosidad así que aprovechó y fue directa, al grano, como era ella. Dominique sabía que algo estaba pasando así que no dudó en decir. —Entonces, ¿Qué te pasa?—. Y no inquiría haciendo de cuentas que no sabía nada, Miles estaba claro que ella ya tenía una idea.


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Re: we make a storm - M. Wittler

Mensaje por G. Miles Wittler el 21st Marzo 2015, 1:47 am

El tiempo pasa y nos cambia. El tiempo pasa, y el destino cambia, pero por mas que el tiempo pase, no nos volvemos mas sabios, solo nos volvemos mas viejos. Recordaba perfectamente haber pasado aquellos días con Dominique, queriendo convencerse a así mismo que esa rubia no era lo que decía ser. Recordaba la decepción al darse cuenta de que se había estado mintiendo todo ese tiempo, que todo había sido un engaño y un juego por parte de la rubia, un juego que él no había jugado, era un juego donde él había sido una pieza que Weasley había movido a gusto. Tuvo que abandonar sus planes de encontrar algo de bondad en aquel corazón, pero si recordaba haber intentado sacar lo mejor de ella, y en un momento haber creído que lo había logrado. Deja escapar una sonrisa al escuchar aquel comentario. Decía la verdad, él la hubiera detenido, no se habría quedado con palabras que habrían entrado por uno de los oídos de ella y hubieran escapado por el otro. Él hubiera echo todo lo que fuera necesario para impedir que saliera con ese tiempo, y razones de sobra hubiera tenido. —Tampoco recuerdo haberte regañado, por lo que va por partida doble— Agrego con un tono mas jocoso y para molestar a la joven. No recordaba haberla regañado, pero algo le decía que si había sentido impotencia cuando esta alejaba a su familia y a sus hermanos, pero no estaba seguro de si algún día le expreso sus pensamientos en voz alta, o se quedaron, como muchas veces, en su mente.

Rueda los ojos. —Juro que entiendo que odies la enfermería a nadie le gusta, pero comienzo a creer que tu le tienes fobia, alergia o temes contagiarte de una enfermedad terminal— Agrego en broma, acercándose un poco mas a la joven para no mojarse mas de lo que estaba. De por si, al haberse sacado el abrigo, su camiseta se había adherido a su piel empapada al segundo que había estado desprotegido, su pelo se pegaba mas a su frente y nuca, y de ahí caían gotitas que le molestaban en la nariz y que se saca con la mano mojada. —Y que conste que no te diste contra el piso porque por una de esas casualidades de la vida se me ocurrió pasar por aquí. De verdad Domi ¿Qué estabas pensando? Te podrías haber matado tranquilamente y pretendes que no paso nada. Deberías ser un poco mas prudente y escuchar los consejos que te dan los demás. En especial si son personas que te quieren, porque estoy seguro de que solo quieren lo mejor para ti. ¿Porque te cuesta tanto ver eso? ¿Tanto odias tu vida como para querer terminar con ella?— No pudo evitar preguntarse y preocuparse por cuales eran las decisiones que habían llevado a la joven a actuar de esa manera, porque Miles sabía que cualquier persona con el mínimo de sentido común podía llegar a la pura verdad y esa era que, salir con ese tiempo, era una locura. —¿Todo lo tuyo esta bien? ¿Te volviste a pelear con Victoire?— Agrego mas preguntas interesado en el tema.

Y como era de esperarse Dominique comenzó a escupir su veneno. La sonrisa termino de desaparecer en su rostro y se corrió para darle mas espacio mientras esta se quejaba. —No pretendo darte ordenes, pero es que no puedes ir por la vida como una mocosa malcriada que hace lo que quiere y que luego todos los demás les tienen que estar limpiando los desastres que dejan. Cometiste un error ya, es simple, admítelo, pero no te la agarres conmigo porque lo único que hice hasta el momento es salvar tu vida e intentar que no sufras una hipotermia. De nada por todo eso— Tomo el saco que estaba abrigado y se lo paso por sus propios hombros. No era el mejor momento de Miles, con todo lo de Alice, no tenía ganas de estar haciendo de bueno, paciente y prudente porque no estaba tranquilo y su humor no era el mejor. —¿Que que pasa conmigo? ¿Porque no antes de meter tus narices en la vida de los demás tomas un espejo y analizas la tuya, porque estoy seguro que tienes muchos mas problemas para resolver que yo?— Hablar de Alice era mala idea, mas si era hablar con Weasley de Alice. Cuando termino de hablar se dio cuenta de que estaba respondiendo mal por las cosas que le pasaban, pero no se iba a retractar, todos podían hacer de tercos y orgullosos todo el tiempo, porque no iba a poder él actuar de esa forma al menos una vez. —Solo, trata de comportarte hasta que pase la lluvia— Agrego para finalizar con el poco enojo momentáneo que quedaba en él.


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Re: we make a storm - M. Wittler

Mensaje por Dominique C. Weasley el 21st Marzo 2015, 10:13 am

Eso fue lo que tanto le gustó de Miles en su momento, no que la regañara, aunque eso ya venía con el combo, lo que le gustaba del chico es que ambos contenían la contraparte que el otro necesitaba para estar mas o menos equilibrado; Miles no era precisamente la persona que más siguiera las reglas, tenía sus fallos pero nunca como Dominique a quien le valía rábano todo lo que pasara con el reglamento establecido del castillo, él estaba ahí para detenerla, para hacerla entrar en razón, para darle una gota de su madurez repentina, una que hasta el día de hoy Dominique no sabía porque tenía, quería pensar que era por tener muchos hermanos pero la Weasley era la prueba viviente de que eso no cambia nada, especialmente porque ella se había criado en el seno de una familia numerosa. Recordaba una vez que Dom se había enojado con alguien de su equipo y Scorpius la sacó del entrenamiento antes que pudiera partirle la nariz a un chico que incluso era más alto que su mejor amigo, ese día se vio con Miles, estaban bien al parecer, él solo la fundio en uno de sus fuertes abrazos y ella supo en ese momento que nada más importaba, le gustaba eso especialmente; perderse en su loción mientras cerraba sus ojos y se apoyaba de sus fuertes brazos. ¿Pero ella que ofrecía?, quizás la locura, esa espontaneidad que a veces hasta el más justo necesita para recordar que la vida es una sola y hay que vivirla. A veces Dom sumaba a Miles a sus bromas, a sus locuras, a sus escapes, le enseñó espacios del castillo que solo ella creía conocer, se perdían por horas y no les importaba. Era el cuadro perfecto, dos opuestos que a la vez tenían el común de un extraño romance adolescente. La rubia alza la mirada en medio de su rostro húmedo y el frío para dejar formar una sana pero honesta sonrisa en sus labios, luego baja la mirada, aún no estaba lista para dar la razón verbalmente, pero era obvio que la tenía.

Dominique suelta una risa sarcástica, en verdad no sabía como explicarle, no le tenía asco a las bacterias, sangre o cualquier cosa, no creía que la enfermeras fueran tan descuidadas para dejar impregnada las paredes de sustancias que pudieran contagiarse, así que probablemente su miedo fuera algo ya sembrado en su cabeza desde que era niña, a ella no le gustaba llamarlo miedo, se sentía muy débil, pero quizás eso fuera y por eso se negaba rotundamente a ir a la enfermería desde que tenía uso de razón, incluso si Dominique hubiese sobrevivido a una caída de tal magnitud seguramente habría preferido todas las opciones menos la que dictaba ir a la enfermería. Se encoge de hombros sin responder a lo que dice Miles, la verdad no quería hablar del tema, no entendía que suceso en su vida la había hecho odiar las enfermerías, quizás porque ella fue un parto delicado para su madre y tuvo que ir a muchos médicos para saber que estaba bien, Dom recuerda el rostro preocupado de su padre cuando supo que Fleur esperaba al pequeño Louis.  Por otro lado estaba un poco distraída, era de carne y hueso a fin de cuentas, ¿cuándo Miles había crecido tanto?, estaba más fornido y su rostro, se veía tan puro en medio de las fotas y su cabello empapado. —Precisamente porque amo mi vida con locura intento aprovechar cada cosa que se me ocurre antes de quedarme encerrada en el castillo, no tengo intentos suicidas, Miles, aunque seguramente eso es algo que se escucha por los pasillos—. No le extrañaba, por lo menos eso sumado a rumores de si consumía sustancias, estaba embarazada o pensaba crear una sociedad secreta de mortífagos; uno más, uno menos, no le importaba, y en ese momento tampoco quería darle rienda suelta al sermón de responsabilidad de Miles. Alza su mirada con lo siguiente y niega varias veces, viendo con sus ojos azules al chico. —No, y creo que te has perdido mucho de mi vida, ya esos temas no... importan. Honestamente fue solo un arrancón de momento, solo quise salir y volar, Scorp me dijo que no pero no me importó mucho lo que él dijera, solo quería salir de la habitación, es todo.

Y las respuestas llegaron a ella como menos las esperaba. Dominique estaba apretando la tela dejando que las gotas cayeran al suelo e hicieran menos pesada la camiseta cuando el muchacho le habló de una manera que no hubiese esperado. Miles siempre se había caracterizado por su calma, por su buen humor, por su dulzura, y ahora le hablaba con una dureza que ella no sabía como tomar. Dominique tuvo que respirar para no darle una bofetada al momento, ¿acaso no podía comprender que estaba interesada en saber que le pasaba?, si, quizás era tosca, muy tosca expresando lo que quería saber pero a fin de cuentas pensaba que él la conocía lo suficiente para darse cuenta. La rubia arrugó la nariz, estaba harta de sus acusaciones así que antes de que le diera otra orden abrió la "puerta" de la improvisada tienda de campaña y salió de nuevo al exterior donde, si bien la lluvía había cesado un poco, continuaban cayendo gotas tras gotas y el frío seguía presente, caminó unos pasos y tomó un respiro antes de gritarle. —¡Por Merlín!, ¿acaso no te das cuenta que solo quiero preguntarte que te pasa sin ningún otro interés?, te conozco, o creí hacerlo Miles, quizás si, sea una torpre expresando todo pero básicamente es la idea y si, tengo muchos problemas pero aún puedo tomarme un espacio de tiempo para preocuparme por los tuyos, ¡así era antes!, no es mi problema que te hayas olvidado de todo por algo mejor, y no te culpo solo que...—. Dominique movía sus manos mientras hablaba, alzaba un poco su voz, sin embargo al final se mordió los labios, no sabía como seguir y solo pudo rodar los ojos, estaba empapada de nuevo. —¿Sabes que...? Olvídalo, no se porque sigo aquí—. Y ella caminó pasando a su lado para buscar su chaqueta y poder irse de una vez, verlo no le hacía bien, para nada, era como darle la mano al pasado e invitarlo a casa de nuevo.


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Re: we make a storm - M. Wittler

Mensaje por G. Miles Wittler el 22nd Marzo 2015, 7:14 pm

Hacía muchos años había tenido un hogar. Paredes de madera se se alzaban para proteger las paredes blancas en su interior. El machimbre negro que decoraba el piso, los muebles de colores que alegraban el lugar. Casi no recordaba una madre que cocinara, pero si recordaba el olor de las galletas recién salidas del horno. Las risas de sus hermanos, su hermano y su prima, en realidad, pero a los dos los trataba por igual, dado que Nadine siempre había estado con ellos. Recordaba a su padre leyendo cuentos para que puedan dormir. Recordaba una vida y una familia feliz. Pero siempre traía un pero la vida que arruinaba la felicidad. Miles no era tan travieso cuando era pequeño, pero cuando su padre se volvió a casar y tuvo una nueva hija las cosas cambiaron. Antes de que el chico se diera cuenta su hermano se iba de la casa entre gritos y peleas con su padre, donde su nueva madre sonría por lo bajo sin decir una palabra o si la decía era para que su padre se enojara mas con su hijo. Después de eso, el chico se dedico a salir con amigos, a divertirse, a 'vivir la vida'. Siempre andaba con una camiseta que decía 'hakuna matata', y poco tiempo estaba en su casa. Mientras el tiempo pasaba menos afecto le tenía a aquellas paredes blancas, y a los muebles que habían sido cambiados por colores aburridos y sin sentido. No sentía alegría al llegar, no sentía cariño alguno por el lugar. Llego el día en que le dijo adiós a la misma, y al ver para atrás, solo supo que extrañaría a su hermanita menor tanto como había extrañado a su hermano el tiempo anterior. Sabía que la volvería a ver, pero sabía que no quería volver allí, no si no lo querían y respetaban como él quería. Al llegar a Londres solo conocía a su hermano, no tenían un lugar fijo, pagaban por mes, pero, siempre había la posibilidad de que un día les pidieran que se vayan. Solo estaban seguros en Hogwarts, pero, ese no era su hogar, Miles sentía que allí estaba bien, pero nunca había pensado en querer regresar. Le faltaba un sol brillante, clima mas seco y flores mas coloridas y brillantes. Le faltaba mas alegría en el lugar, no era el castillo, era la ciudad, el país y el clima. Miles hizo amigos, Rosy, Alice, Maff cuando estaba cerca, pero aún así, eran amigas a las que quería mucho, pero no mas. Dominique había sido otra cosa. Antes de ella solo pensaba en terminar sus estudios y ayudar a su hermano con un lugar estable donde vivir, un mejor lugar. Dominique había cambiado todo.

¿Cómo se había dado cuenta cuanto la quería? Había sido fácil, porque por ella había ganado el deseo de querer quedarse en ese lugar, el deseo de detener el tiempo y que todo se quedará así para siempre. Miles sentía que era el único en entender la rebeldía de la muchacha. Sabía lo que era tener un hermano mayor con quien lo comparaban, una hermana menor a quien cuidar y a la vez otra comparación, porque Nadine era tan fuerte y tan valiente que era para sentir envidia. Ser el hermano del medio siempre era complicado. Sabía que en el fondo su deseo por ser tan rebelde no era otra forma mas de querer ser libre, de querer resaltar y ser única, y quizá por eso se llevaron bien, porque desde el primer momento Miles acepto que solo existía una Dominique Weasley. Por un largo momento extraño aquellos momentos a su lado, pero prefirió enfocarse en las palabras que la joven ofrecía como respuesta.

—¿Y no pensaste en la cantidad de lugares a donde podrías haber ido y hubieras estado resguardada del tiempo?— Pregunto algo seco, pero es que seguía sin comprender el porqué. —Entiendo que quieras salir, pero mira para afuera Domi, ¿En que momento pensaste que era una buena idea? Porque desde todos los puntos desde los que trato de analizar esta situación es una completa locura, y te lo dice alguien que se metía al mar incluso cuando las olas eran grandes.— Ya su tono era bastante elevado, pero hace una mueca y de un movimiento hace que su pelo se corra de su frente y varias gotas salen expedidas hacia diversos lados, luego se pasa la mano por la frente y tira el mismo para atrás para que deje de molestarle. Un corte no le vendría nada mal en esos momentos. Para ser sincero consigo mismo no le importaba las razones que obligaron o convencieron a la muchacha a salir, pero no quería que se fuera, porque si se iba, significaba que de nuevo estaría solo con sus pensamientos y, eso, no era una buena idea, eran deprimentes. Por esas razones se puso de pie cuando esta lo hizo y la siguió de forma inmediata. Sabía que quien había estado mal era él, sabía que era su culpa, pero no podía evitar sentir toda esa impotencia dentro suyo y o poder hacer nada, había guardado la calma por mucho tiempo y en cada paso que hacía sentía que iba a explotar. Dominique no era la mejor para esa situación, quizá Rosy hubiera sido de mas ayuda si no hubiera sido porque también era amiga de Alice, tomo el brazo de la muchacha rápido para que no avanzara.

—Espera, espera. Esta bien. Tienes razón lo siento— Balbuceo de manera rápida. Miles nunca había tenido problemas para darle la razón a otras personas, y era uno de los primeros en que aceptaba que estaba equivocado, por eso al mirar a los ojos claros de la chica, no mostraba un orgullo roto, mostraba una suplica para que no le deje ahí. Nuevamente ambos estaban mojado, he hizo, lo que quizá, debería haber hecho cuando Dominique hizo su pregunta. —No muy bien últimamente, en realidad no quiero hablar del tema, pero no es nada de lo que debas preocuparte. No debí tomarlas contigo. ¿Estamos bien?—


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Re: we make a storm - M. Wittler

Mensaje por Dominique C. Weasley el 22nd Marzo 2015, 9:22 pm

¿No muy bien?, enseguida Dominique sintió lo que no esperaba sentir al recibir una respuesta como esa, notó como en su interior bullía un intenso calor opuesto totalmente al frío que brillaba en el exterior, como algo la quemaba, algo que ya conocía, era furia, una furia notable que se perdía entre su estómago y su pecho, sentía rabia hacia Longbottom, si, porque en silencio Dominique esperaba que la chica hiciera las cosas bien con Miles, era un chico que valía oro, y ahora por lo visto la castaña estaba causando todo lo opuesto en el muchacho, la vida no era justa, más cuando ella quebrantó todo lo que sentía por él precisamente por no se quien lo hiriera. Si, porque Dominique Weasley sintió y sintió mucho, tanto que todos los días su pecho parecía querer explotar de felicidad, sonreír le dolía, se le veía feliz, a su manera, pero muy feliz, quizás en público no lo demostrara pero siempre estaba moviendo su pie sobre el suelo en clases, esperando que llegara la hora acordada para ver a Miles, para mostrarle sus dibujos, para hablar por horas, para cerrar los ojos mientras apoyaba su cabeza sobre el hombro del chico, estar cerca era todo lo que necesitaba. Dominique sintió cosas que para entonces estaban dormidas en su interior y ella era lo suficientemente honesta para darse cuenta de que fue la única vez que sintió tanto, posterior a ello... posterior a ello nada pareció ser suficiente para llenarla del mismo fuego, pero esta vez uno que le encantaba y el que la condenaba. Si, fue hermoso, se lee hermoso, pero la rubia tuvo la capacidad suficiente para dañar esos sentimientos en un abrir y cerrar de ojos, con herramientas que era buena usando, Dominique era lista así que usó su sarcásmo, su engaño, su rabia, sus ganas de poder para apartar a Miles hasta el punto que él pensara que no había sido más que un juego, que ya no le bastaba su ternura, que ella necesitaba algo más. Hasta el día de hoy Dominique recuerda cuanto lloró, hasta quedarse dormida y despertar al día siguiente, limpiar sus lágrimas y levantarse, después sería esa Dominique, la de siempre; la dura, la princesa fría. Ahora le frustraba que ella trató de mantener a Miles en la burbuja en la que lo quería para que llegara la tejona de ojos saltones a destrozarlo y a tenerlo de esa forma. En cuanto hizo mención de no querer hablar del tema, Dominique apretó sus puños y retrocedió despacio hasta verlo en mitad de la intensa lluvia.

La chica toma un respiro y alza sus ojos, no logra ver demasiado del cielo antes de bajar la mirada y ver a Miles. Su tacto la quemaba, la estaba quemando, podía sentirlo y lo atribuía a que lo había olvidado, además de la fuerza evidente que él ponía para que ella no se fuera, algo que no pasó por alto para Dominique y que hizo que un hueco se formara en su pecho. —Vale, algo que no hice yo vino y lo hizo la... Longbottom—. Menciona rodando los ojos con un tono de voz más bajo mientras se aparta de su agarre y pone sus brazos en jarra como lo hacía Molly Weasley, un gesto que al parecer habían heredado todas las nietas de la misma. —Entiendo, esta bien que no quieras hablar del tema solo... si deseas hablar con alguien, aunque sea entre las últimas personas que consideres, estaré—. Hace un gesto de no poder hacer más nada mientras cruza sus brazos y se encoge de hombros. —Nunca hemos estado mal, Miles, solo vamos como debe ir la corriente, es todo—. Dominique le resta importancia al asunto, no podía explicar más, sobre todo cuando hace unos años ellos estuvieron bien, completamente bien, compararlo con su actualidad solo era... mezclar un dibujo de color con uno blanco y negro.

Hacía dos años, quizás un poco más, una rubia de catorce años corría al campo de quiddich con su escoba en mano, trataba de alzarla para que no se dañara, sus ondas bailaban con el viento y su boca estaba entreabierta gracias a la prisa que ponía en llegar a su destino, era Dominique, esa tarde entrenaría con Miles, un año no era demasiado para separarlos pero el chico se valía de sus habilidades y estatura para decirle en lo que estaba fallando, cosa que no le gustaba a Dom pero igual lo aceptaba. Finalmente jugaron por horas, hasta que el cielo se tornó oscuro, Miles dijo que deberían volver pero Dom no se daba por vencida, buscaba acabar con él y no le importó la lluvia. Una de sus travesuras logró confundirlo hasta el punto que el cielo no fue suficiente para esconderla y tuvo que bajar a la tierra para poder huir de su búsqueda, lo hacía contenta, se divertía, en sus labios se forjaba una sonrisa de triunfo, una grande. Cuando estaba por salir del campo él logró agarrarla, tan fuerte que Dominique no pudo escapar, se vieron unos segundos mientras ella se recomponía hasta que las miradas dejaron de ser solo de diversión para tornarse un poco más serias, serias en lo que cabe entre dos adolescentes. Fue uno de sus besos; inocentes, dulces, con el permiso de ambos, con el deseo de ambos, todo finalizó con Miles robándole el balón y la rubia siguiéndola por haberla entretenido de esa forma. Al día siguiente la Weasley pescó un resfriado pero todo el mundo parecía pasar por alto que el tejón y la serpiente iban por el castillo en similares condiciones.

Dominique alza el rostro de nuevo, las gotas llenan su rostro y su cuerpo, pegan aún más su cabello. —Voy a pensar que estoy destinada a verte en este mismo lugar como cuando eramos niños y... tonterías, nada nos importaba, supongo—. Confiesa. Sus labios empiezan a temblar y muerde uno de ellos, no sabe si fue el mejor comentario así que solo se inclina un poco a buscar su chaqueta empapada. —Esta vez si será extraño que tengamos un mismo resfriado.


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Re: we make a storm - M. Wittler

Mensaje por G. Miles Wittler el 30th Marzo 2015, 1:25 pm

¿Cómo hacer para meter un limón en un frasco, cuando la boca del frasco es mas pequeña que el limón? Era una de las historias favoritas de Miles cuando era pequeño. La escuchaba una y otra vez. Recordaba perfectamente cuando le hicieron esa pregunta, dejando frente a él una botella gorda y un limón maduro. No había forma se decía el castaño una y otra vez, claro que para esas alturas aún desconocía de la magia. Una semana y algo lo dejo su padre pensar, y ninguna idea llego a la mente de Miles, o mejor dicho, ninguna buena idea. Veía en limón en la botella que era su modelo, y veía la botella vacía con el limón fuera y no sabia como hacer. Pasado ese tiempo, su padre lo felicito por la paciencia y por no haber enloquecido en el proceso, el castaño aún tenía presente como menciono la cara de su madre cuando se lo propuso, pero inmediatamente se callo sin contar que era lo que había pasado. Miles ahora podría decir que su madre encanto la botella o achico el limón y luego lo agrando dentro, todo con magia. Seguro había pasado la prueba, pero él desconocía la magia, y cómo meter el limón dentro de la botella, era un misterio. Su padre con una sonrisa lo guió hasta el jardín de la casa, donde un limonero descansaba sobre la medianera que separaba la casa con el vecino. Era el mismo limonero donde habían querido poner una casa del árbol con Callan y Nadine y habían fallado a la hora de obtener la aprobación de su padre. Zoran, sonrió al pequeño mientras sacaba un alambre del bolsillo. Tomo el frasco y un limón que recién empezaba a crecer, puso el pequeño fruto ahí dentro, y ato con el alambre la botella a su alrededor. Lo soltó y quedo colgando la botella con el limón dentro. Su padre se volvió hacia él. La vida no es acerca de hacer las cosas instantáneas, cuando maduran, ya es tarde, a veces tienes que comenzar a tratarlas desde que son pequeñas y esperar a que maduren tal y como queremos. Espera un mes, y tendrás tu limón dentro de un frasco. La respuesta esta en comenzar desde antes de que sepan que es lo que quieres.

La lluvia golpeaba contra las gradas, con el suelo, producía un sonido que si se dejaba de fondo, era constante, pero no era el caso de Miles. Miles en ese momento creía escuchar una música divertida de fondo, como el mismo lugar se jactara del momento que estaban pasando. Rió para sus adentros. Recordando el cuento del árbol de limón, aquel cuento que su padre cuando este era pequeño, cuando aún no los culpaba por todo. Le volvía a dar vueltas al asunto observando la mirada clara de la muchacha. Hacía dos años atrás hubiera dicho que ellos eran como el limón y la botella, que comenzarían desde antes de madurar del todo, y crecerían juntos. Se sentía tonto al pensar eso ahora. Sentía que no valían las palabras y pensamiento que antes había pensado, porque Dominique y él habían crecido, pero separados, habían decidido dejarse ir.

No esperaba que Dominique reaccionara como lo hiciera, y pese a sentir que su tono de piel era mas claro por la baja temperatura y el frío que estaban tomando, siente sus mejillas sonrojarse. ¿Tan obvio era? Se pregunto a sabiendas de que todos parecían saber que él había querido intentar algo con Alice. Todos parecían estar al tanto, y todos parecían negar como si hubiera sido un tonto por creer que era posible, y lo había sido, sin lugar a duda. Era el único que había creído que Alice había olvidado a James, él único que creyó que lo había superado, pero no. Alice no lo había olvidado y jamás había visto en él algo mas que un amigo. Cada vez que pensaba en eso, peor se sentía, peor. Le mostró una sonrisa a Dominique esperando que se calme. Era una sonrisa acogedora, porque le agradaba saber que aún Dominique tenía cierto aprecio por las personas o al menos cierta compasión. Cruzo su mirada de nuevo con la de ella, y noto que eran completos extraños que alguna vez se habían conocido, pero que aceptaban que en el pasado del otro estaba uno, y que el otro estaba en su propio pasado. —No pasa nada Domi, todo estará bien— Respondió, y sintió como si se lo dijera a si mismo, como si se repitiera las palabras que esperaba que alguien le dijera y que nadie parecía estar dispuesto a decir. Sonrió mas intensamente, queriendo saber si alguna vez podría decir que volvía a conocer a la muchacha como antes solía hacerlo, y, en cierta forma el pensamiento le causo gracia.

—No eramos tan niños en aquella época, solo han pasado dos años, no dos décadas— Bromea con la rubia volviendo la mirada al campo, y a ese día, donde la inocencia estaba en ambos. Donde no había preocupaciones y todo era diversión. Habían sido felices juntos, por lo menos el tiempo suficiente, pero todo había quedado en un pasado pisado. Ahora solo eran dos viejos amigos. —¿Te preocupa lo que los otros puedan llegar a pensar?— Pregunta alzando una ceja hacia la joven que era casi de su misma altura. Se divertía al pensar eso, porque dudaba de que alguien relacionara los dos refriados, mas porque la mitad de los comentarios que había escuchado sobre ellos dos, era sobre lo imposible de que estuvieran juntos. —Además, hoy no te he besado, ¿Es lo que quieres que haga?— Agrega en broma, y se acerca para dejar un beso en la mejilla de la joven entre sonrisas divertidas, con total inocencia, como si fuera casual.


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Re: we make a storm - M. Wittler

Mensaje por Dominique C. Weasley el 30th Marzo 2015, 2:16 pm

Si, dos años para ti, porque para mí ha sido mucho más, endemoniado tiempo. Fue el primer pensamiento que cruzó por la mente de la rubia serpiente. Habían sido exactamente dos años pero para ella el paso del tiempo fue mucho más lento una vez que se separó de Miles, ni hablar del primer año luego de toda esa aventura, quizás fue el peor ya que en el último Dominique no tuvo más opción que abrazar lo que tanto deseaba ser y olvidar lo que en un pasado fue.

Los matices eran… tan diferentes. Cuando estuvo con Miles los días pasaban rápido, cada segundo volaba y ella solo podía desear que el tiempo le ofreciera más horas para poder vivir ese secreto que se perdía en los pasillos, en las aulas vacías o en aquellos terrenos donde simplemente no había nadie que nos viera. Si bien Dominique nunca fue tan dulce y pura como algunas de sus primas se le veía más inocente, más feliz, más llena de vida en esos días, días que solo sus tres mejores amigos sabían porque ni su familia conocía la historia de la serpiente que solo podía sonreir cuando estaba con el tejón. Luego de la ruptura los días iban a un paso lento y desesperante, su humor iba de caída y las clases parecían aún más eternas. Dominique no tenía ese motivo, esas ganas de salir con el firme objetivo de encontrarlo, su rutina se veía reducida a sus amigos y al quiddich, en el último ponía todo su esmero, incluso estuvo cerca de lesionarse en un partido contra Gryffindor de no ser por Scorpius que le habló más claro que lo que una persona se atrevió a hacer en su vida. La serpiente no podía verlo, no quería dirigir sus ojos a la mesa de los tejones, había asegurado que su separación iba directamente con el deseo de que Miles fuera feliz pero verlo feliz le dolía, incluso cuando empezó a ver las miradas a la chica Longbottom sintió algo en su pecho, algo parecido al enojo, a una envidia que no tenía que ver con algo de chica a chica; ¿celos?, eso fue lo que dijo Heeni antes de que la almohada de Dominique impactara en su cara. Fue un año terrible, uno que no hizo más que endurecer su corazón de hielo, a principios del segundo ya era ella, o por lo menos y avance y la peor versión de lo que se avecinaba en Dominique. El carácter de la rubia era regio, frío, distante, solo se centraba en las cosas que en verdad le importaban y el resto pasaba bajo sus talones, no se enamoró, no entregó su corazón, se divertía pero no en exceso, prefería dar su atención a aquellos momentos donde hacía lo que le viniera en gana solo con el objetivo de ser libre, muy libre. —Si, solo dos años.

Dominique niega, no le importa lo que otros piensen, es más bien los cabos que ella podía atar de todo y lo que sus amigos, que tan bien la conocían, podían llegar a pensar. —¿Yo?, no, desde luego que no me importa lo que las otras personas piensen. Además, creo que sería ilógico, todos saben que somos diferentes. Muy diferentes—. Luego de hacer una pausa se encarga de recalcar la palabra MUY. Los ojos de la rubia se abren como platos ante la insinuación de Miles, ella frunce el ceño y vuelve a negar pero ante el paso del chico ella solo puede retroceder de manera involuntaria, solo un paso, no logra huir porque Miles queda frente a ella en un parpadeo. —No… yo…—. Su voz se pierde entre la lluvia, pero antes de que pueda reaccionar los labios de Miles van a dar a su mejilla en un roce tímido, cálido y lleno del agua que caía del cielo. Es solo un roce, uno tan simple que no podía pasar por un beso de verdad pero que hizo que algo en el interior del abdomen de Dominique se moviera y se expandiera por todo el área haciendo que sus mejillas adquirieran un leve color rojizo. Cuando Miles se separa ella aún no reacciona, tarda un par de segundos en soltar una risa nerviosa y fruncir el ceño como si no se lo creyera. —No recuerdo que las cosas fueran así—. Si, tenían catorce, no diez precisamente. La rubia frunce los labios y pone sus manos en jarras mientras ladea el rostro. —Ahora que lo pienso, eres tu quien sugiere la idea, ¿no serás tú el que quiere un beso de veela?—. Dominique no lo veía como una ventaja en su forma de ser, pero si le gustaba bromear con el asunto. Con ese espíritu de no temerle a nada la chica Weasley da un paso al frente, casi que su pecho puede rozar el de Miles, solo tiene que alzar un poco su rostro para ver sus ojos. Otro paso, ya estaba totalmente dependiente de él, pegada a su cuerpo y sus labios, si ella lo quiere, podrían rozar con facilidad el mentón de Miles. —¿Eso es lo que quieres que haga?—. Repite al igual que él con un tono más bajo mientras sus labios rozan por segundos sus mejillas hasta, finalmente, plantan un suave beso más cerca de sus labios que de cualquier otra cosa. La serpiente no le da tiempo de reaccionar y se aleja unos pasos con un andar infantil. —No lo sé, Miles, el pasado me espanta—. Admite aunque suene como una broma. Sonríe con cierta travesura y va dando pasos sin ver de frente a la salida del campo.


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Re: we make a storm - M. Wittler

Mensaje por G. Miles Wittler el 30th Marzo 2015, 2:58 pm

Solo ella había podido sacar una nueva sonrisa en el rostro del muchacho, que generalmente eran sencillas de enumerar. Miles era una persona predecible, cuyos pensamientos parecían ser dichos en voz alta para que hasta un desconocido se de cuenta de por donde iban sus pensamientos. Dominique era todo lo contrario, tenía miles de sonrisas que cambiaban según lo que quería conseguir. Miles la había separado en dos personas antes de llegar a conocerla mejor, la persona que quería algo, la engatusadora y mentirosa; y la persona a la que no le importaba nada, la fría, calculadora, egoísta. Para Miles, Dominique había sido un misterio con pistas para ver quien se animaba a resolver, y ya se por curiosidad o por vaya a saber que, él se metió en ese juego. Él aceptó el reto. En ese juego conoció una tercera personalidad en la rubia, una que era tranquila, divertida, que unía las otras dos. Al final el castaño se hizo una idea muy clara de ella, no quería sufrir, solo quería ser feliz. Cuando lo dejo, en eso pensó el castaño, que solo quería ser feliz y eso no lo estaba logrando a su lado. Fue un golpe bajo, pero Miles trato de mantenerse en pie. Sus dos amigas lo ayudaron a distraer su mente. Una casa llena de risas, canciones y juegos a veces ayudaba, estar con personas que sonreían a todos lo ayudo a seguir adelante. Pasaron meses antes de que dirigiera la mirada a la mesa de Slytherin, antes de que volviera a cruzar su mirada con la rubia, y al notarla como siempre, solo le había sonreído, como muestra de que todo estaba bien. Y ahí había acabado todo. Ninguno de los dos había dicho mucho mas del tema, ninguno de los dos se había acercado al otro con dobles intenciones. Miles no peleo por ella. Ella no peleo por él. Y ahora él se arrepentía de no haber peleado.

En el mundo de la vida y la supervivencia, solo hay una manera de sobrevivir. Hay que luchar por lo que uno quiere, por sus valores, por las personas que ama. El valor y el coraje de uno no radica solo en pararse en el borde de un acantilado y saltar, eso no es ser valiente, ser valiente esta en defender a las personas que lo necesitaban, en ayudar sin importar el costo. Olvidarse del entorno para hacer lo que era necesario. Era una manera de ser justo. Miles había sido un cobarde, había dejado que el miedo lo consumiera sin que se diera cuenta de que era eso, la había dejado ir y no se había movido para poder evitar dicho echo. Cuando se quiso dar cuenta, ya estaba todo terminado, ya lo habían olvidado, ya era tarde. Se había obligado a olvidar. A olvidar aquella sonrisa sincera que la rubia era capaz de mostrar, como sus ojos se volvían casi grises cuando estaba aburrida, como chispeaban cuando estaba enojada, como vibraban, vivos, cuando estaba feliz y cuando sentía curiosidad. Dominique avanzo haciendo una pregunta que ensancho la sonrisa del castaño, pero dicha sonrisa desapareció al sentir su cercanía. Cuando sus cuerpos se rozaron, ya la miraba con seriedad. El juego había terminado, pero sentía que la rubia había comenzado a jugar otro juego, uno mas peligroso, uno donde las cosas no solo podían salir muy mal, podía ser una catástrofe. Sintió sus labios rozar su piel y tuvo que cerrar los ojos. Se sentía como antes, se sentía como si los últimos dos años hubieran sido dos segundos, y todos los sentimientos que había sentido por ella alguna vez volvían a nacer dentro de su pecho. Trago saliva cuando al final solo beso sus comisuras y se giro danzante, alejándose de él. Solo la miro, y al final, un lado de sus labios su curvo en una media sonrisa. Como era de imaginarse, Dominique estaba jugando, y Miles volvía a ser el ratón asechado.

—Yo no saque el pasado a colación— Aseguro no muy seguro de esas palabras, ya ni se acordaba que había llevado a la joven a mencionar aquel día. Solo sabía que aún cosquilleaba la piel donde Dominique lo había rozado. Entorno los ojos hacia ella e inclino la cabeza ligeramente de lado. —Yo creo que lo que quieres es una revancha del juego, porque después de dos años, sigues enojada porque te gane— Bromea remarcando la distancia del tiempo, mas como un reto hacia si que para la rubia. Se mordió el interior del labio preguntándose que tan mal estaba jugar el juego que Dominique ponía sobre la mesa, mas cuando hacía segundos estaba lamentándose por Alice, mas cuando hacía cinco minutos podría haber jurado estar enamorado de una de sus mejores amigas. Y en cambio, en ese momento, se daba cuenta de que todo lo que había sentido por Alice, no era nada comprado con lo que una vez había sentido por Dominique. ¿Había sido amor? Se pregunto pensando firmemente en ello, o solo habían confundido la amistad con algo mas, como tantas otras personas. Quizá solo se habían dejado llevar y ahora solo pagaban lo que quedaba. Cruza una mirada traviesa con la rubia y se acerca a ella cruzando sus brazos. Iba a decir alguna broma o algo, pero se ve obligado a ponerse serio, a callar las palabras fuera de lugar. Su semblante se aclara, la sonrisa desaparece, y mira a la joven con sinceridad. —No estoy de humor para juegos Domi, lo siento— Se disculpa, porque no podía jugar con ella, no ese día, quizá mas adelante. —Ya no estoy para eso— Y por algún pensamiento pasajero, por algún instinto, se inclino y beso los labios de la chica.


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Re: we make a storm - M. Wittler

Mensaje por Dominique C. Weasley el 30th Marzo 2015, 3:57 pm

Dominique odiaba perder, pero le encantaba jugar. Para la rubia la vida era un reto constante que bailaba frente a sus ojos y le exigía presencia, cada oportunidad se convertía en una tentación para la Weasley, una que ella tenía que aprovechar y llevar al límite de sus posibilidades, ganar, porque al perder no estaría muy contenta. Dominique era mala perdiendo, eso no solo lo sabía ella y sus amigos, lo sabían todos los que la conocían y los que escuchaban su nombre en los alrededores del castillo, no aceptaba una derrota y mucho menos de un oponente que considerara no digno. Era posible que sus ganas de demostrar lo poderosa que era surgieran desde que empezó a jugar con sus primos en la Madriguera. Fred y James siempre eran un equipo, en todo llevaban la delantera, cuando la chica era pequeña no les hacía caso, aún podía moldearse jugando con Rose, Molly, Lu Y Roxann, pero cuando fue creciendo y descubriendo que lo suyo no eran las muñecas y delicadeces entonces empezó a competir junto a Albus, quizás fue ese momento cuando su lazo se hizo más fuerte, cuando ambos querían, por el bien de la humanidad, callar a Fred y a James y sus ganas de ser los mejores todo el tiempo, si por Dominique fuera seguramente con una piedra bastaría, pero Albus siempre lograba detenerla. Su llegada al castillo no fue diferente, para entonces era la única persona con apellido Weasley en la casa de las serpientes por lo que la única opción que consideró válida fue empezar a crecer por su cuenta hasta llevar la corona de la que se jactaba en su propia casa, no por nada su mejor amigo le decía “Princesa”, no deseaba el puesto por aristocracia, lo quería para que todos se dieran cuenta de que ella no era una más del montón de su famosa familia, que ella era diferente, que era Dominique.

Miles supo acoplarse a la perfección a sus juegos, a sus ganas de ganar. Desde luego el tejón no cedía ante los impulsos de Dominique, eso fue lo que a ella le encantó de él, el detalle estaba en que él competía con igual o mayor fuerza para ganarle a la chica de ojos azules, si ella jugaba, él ya conocía el truco para doblarle el juego, si ella se perdía él sabía dónde encontrarla sin buscar mucho, si estaba aburrida Miles sabía las palabras para que se levantara y saliera corriendo tras de él. Dominique no sabe si fue por agradarle pero el chico tuvo la habilidad de estar a la par y eso fue algo que ella nunca esperó, ni de él ni mucho menos por ser tejón. Ahora volvían al ruedo y eso solo aumentaba aquello que se perdía en el estómago de la rubia; adrenalina quizás, o eso deseaba pensar ella, Dominique tenía sus cartas, las jugaba muy bien, pero Miles tenía las suyas y siempre parecía tener un truco bajo la manga. Haberse apartado le permitió a la Weasley poder respirar, porque ni aunque la distancia fuera provocada por ella pudo hacerlo. Suelta una carcajada musical mientras echa su cabeza hacia arriba y niega. —¿Me ganaste?, vale, no quiero hacerte sentir mal a estas alturas por lo que prefiero decir que quedamos en iguales condiciones, Wittler.

El chico se acerca de nuevo de brazos cruzados y esa vez Dominique no retrocede, se queda quieta y soporta esa inquietante falta de distancia con sus ojos fijos en los del castaño, su semblante no estaba tenso, al contrario, no mostraba muchas expresiones pero sus gestos parecían estar calmos, como si no le molestara lo que estuviera pasando. La rubia rueda sus ojos, si había un detalle entre ellos dos es que Miles siempre tuvo exceso de seriedad ante la vida, pensaba girar e irse cuando terminara pero él no le dio tiempo, pareció anticipar todos sus gestos cuando, de la nada, juntó sus labios con los de ella.

¿Lo esperaba? No, o quizás la distancia entre ellos había sido tanta que Dominique no consideró que su juego diera frutos o que algún día estuvieran en una situación parecida, pero ahí estaba, con sus ojos abiertos y sus labios pegados a los de Miles. Lo había olvidado, había olvidado cómo se sentía un beso de verdad, porque solo los de Miles lograron reproducir miles de mariposas en su pecho y en su nuca, hicieron que una llama se perdiera en sus pies, sus brazos, sus piernas y recorriera cada parte de su cuerpo recordándole lo que era cada pequeño movimiento que trazaba en ese roce, esas sensaciones la hacían pensar que eso era un beso de verdad y no los vagos intentos que había tenido en esos dos años. No estaba en sus planes alejarse pero tampoco supo explicar cómo acabó con los pocos centímetros que quedaban entre ellos, si era que aún quedaban, y se pegó de lleno al chico cerrando sus ojos y rodeando sus hombros con sus brazos, alzándose de puntillas para quedar de lleno a su altura. Era diferente, si, diferente a hace dos años, pero no por ello era peor, al contrario, era mejor de lo que recordaba, en ella despertaban sensaciones desconocidas y más fuertes, mucho más fuertes que cuando tenía catorce. Una de sus manos pasea con cuidado por el cabello mojado de Miles, sus labios se mueven despacio pero poco a poco entreabre los del chico y da suaves mordidas, siente como su pecho arde y como su cuerpo ignora el frío del exterior, como si ya hubiese dejado de llover.

Pero el oxígeno es necesario y Dominique lo necesita así que se separa despacio y abre sus ojos aún en la misma posición, aún en la misma cercanía. Ve los ojos de Miles y entreabre sus labios, solo que las palabras tardan en salir. —Debo… irme… si, debemos—. Susurra un poco perdida pero lo cierto es que el peso iba a llegar cuando le tocara separarse porque no solo era el hecho de que el chico era guapo, que sus hormonas habían madurado o que hacía tiempo Dominique no sentía algo así, no, el hecho era que su corazón latía tanto que ni la lluvia podía opacar el sonido y ella descifrar que debía hacer.


No todos pueden predecir, muchos se jactan de hacerlo a la perfección pero la verdad es que nadie conoce los rumbos que tomará la vida. Un día estas aquí, otro estás allá, el tiempo puede correr a la normalidad, pero incluso en las mejores situaciones siempre va a haber un segundo, uno solo, donde la historia pueda tomar otro curso.



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Re: we make a storm - M. Wittler

Mensaje por G. Miles Wittler el 30th Marzo 2015, 5:12 pm

Su primer beso no había sido como el que todos creían que era. No había sido un romántico beso bajo la lluvia. No había sido en el jardín tras hablar de sus sentimientos por horas. Había sido en una de las aulas vacías y olvidadas. Habían decidido reunirse ahí para hablar de cualquier cosa, y, mas, estaban hablando de Quidditch. Se reunían en lugares así, donde nadie era capaz de verlos, donde las palabras de los demás quedaban aplacadas tras una pared y no importaba lo que pudieran ser capaces de pensar. Así era con ellos, hablaban durante horas o salían a ver como podía uno ganarle a otro. Su discusión ese día era entre las casas y un partido que casi se empata si no hubiera sido por un tanto de ultimo momento. Y de pronto un silencio, silencio que llevo a otro y este a otro. Los labios de los dos se juntaron y ninguno de los dos se retiro. Miles menciono poco de ese beso, pero siempre tuvo presente la sensación de que el tiempo, por primera vez entre ellos se detuvo totalmente. Junto a Dominique el tiempo parecía volar. Las tardes siempre caían demasiado temprano, los almuerzos siempre parecían quedarse cortos, nunca el tiempo era suficiente para ellos. Su relación iba a contrarreloj, como una vez había dicho Miles, cuando creyó que nunca seria suficiente para ellos. Pero en ese beso, y en la mayoría que siguieron, sentía eso. Que el tiempo se detenía para ellos. Al castaño le había gustado, quizá mas de lo moral, aquellos besos, y había extrañado cuando habían dejado de estar presentes.

Esa sensación lo invadió en el momento en el que la beso. Para él, la lluvia ceso, la temperatura subió notablemente, y una corriente recorrió toda su columna vertebral. En ese momento, dejo de pensar y cerro sus ojos para sentir. Dominique rodeo sus hombros, y antes de que el chico pudiera moverse, noto que ya la estaba tomando con una mano por la espalda, mientras que otra mano se aferraba al cuello de ella, sosteniendo su cabeza. El tiempo volvía a volar entre ellos, pero no era eso lo que sentía Miles, Miles sentía que el tiempo se había detenido nuevamente, como si esos dos años no hubieran valido nada, como si nada malo hubiera pasado entre ellos. La beso con suavidad, pidiendo permiso con cada movimiento. Mostró la dulzura que sabía que la rubia necesitaba, y noto como la conocía casi de memoria. Dejo de importar el frío, la lluvia y todo, dejo de aparecer Alice en sus memorias. No hubo preocupaciones, no hubo problemas, todo desapareció en su mente, y una guerra pudo haber explotado en ese beso, y él no se daría cuenta. Se dejo llevar por la calidez del cuerpo de la joven, se dejo llevar por el instinto y por las sensaciones agradables. Dominique evaporo la tristeza que sentía, el pesar que cargaban sus hombros, lo despojo de esa pesada carga que estaba llevando esos días, y todo en un simple beso.

Dominique fue quien se separo en busca de aire, y Miles respiro cuando hubo un poco de distancia entre ellos. Sabía desde el momento en que todo había empezado a sentirse vivo nuevamente que él no iba a cortarlo, y que no quería que así sea, pero no protesto cuando paso. Dominique hablo de irse, de que ambos tenían que irse. El castaño respiro, y sus hombros acompañaron el movimiento, la respuesta era no, pero bien sabía él que Dominique no era de las que aceptaban las respuestas porque si. La beso de nuevo, pero fue un beso corto y se separo nuevamente para volver a mirar sus ojos. —No— Dijo al fin de un momento de silencio. —No tenemos que irnos— Aclaro y llevo una mano a los cabellos mojados de la rubia y las acaricio sin torpeza. Apoyo la frente en la de ella y cerro los ojos, volviendo a sentir la lluvia contra su espalda. —¿Qué pasa... ¿Qué pasa si siempre has sido tu?— Le pregunto, siendo esa una duda que tenía en su cabeza, junto a todas las preguntas de porque la había besado o porque había caído en el juego de la veela, porque se arriesgaba a que le rompieran de nuevo. Ninguna de esas se las iba a hacer a ella, pero las resolvería de alguna forma u otra. —¿Qué pasa si no quiero que te vayas? ¿Y si quiero que te quedes?— Podía sentir su cercanía, su perfume que se mezclaba con el olor a tierra mojada, producto de la lluvia. Podía sentir su respiración dar con él. La abrazo con mas fuerza. —¿Qué pasa si quiero luchar por vos? ¿Qué pasa si no me quiero quedar de brazos cruzados de nuevo? No podemos volver el tiempo atrás, no podemos regresar a ser los que antes eramos, pero podemos volver a intentar— Propone sin apartarse ni un centímetro. —Dominique— Susurra el nombre de ella, intentando llamar su atención. —¿Qué pasa si pase dos años creyendo que te había olvidado y ahora me encuentro con que siempre fuiste tu la que abrigaba mas que el sol?— Su corazón golpeaba sus costillas, su respiración requería trabajo, y tenía que contenerse de las ganas de besarla nuevamente.


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Re: we make a storm - M. Wittler

Mensaje por Dominique C. Weasley el 30th Marzo 2015, 5:57 pm

Los sentimientos la aturdían, era por eso que los odiaba y que se había apartado de ellos a toda velocidad. Dominique prefería pensar que era débil y tonta cuando sentía y por ende era como era, o prefería ser como era; fría, sarcástica, distante, brusca… era mejor que estar en un mar de la felicidad que se evaporaba a la menor oportunidad, por eso no sintió más, por eso todo lo que vino posterior a Miles fue un inmenso vacío, por lo menos en lo que se refiere a la parte amorosa ya que Dominique nunca cambiaría a sus amigos, tampoco a diversas experiencias que le había otorgado ser como era, pero en el romance… en el romance ella misma se había condenado a no sentir de nuevo, a no pensar, no analizar, a no ver más allá de lo que era obvio para ella y para ella lo obvio era que era una chica deseable y hermosa que muchos querían tener pero que nadie iba a poder a menos de que la rubia diera todo su consentimiento, sus relaciones posteriores o un intento de ellas solo se fundamentaron en ese punto, en nada más. Si, había sentido, había experimentado las mariposas, el rubor, la emoción, el estallido en el pecho y en cada parte del cuerpo, y por eso mismo Dominique sabía que no deseaba volver a sentir, no de esa forma, porque una vez condenada ya no tendría el control de las cosas, afortunadamente cuando todo sucedió con Miles ella aún podía contenerse, pero ahora era una mujer, si, una mujer de diecisiete años cuyas emociones si se presentan van a ser más grandes, más variadas y no se sabe qué fin puedan tener.

Tenía que irse, no quería pero tenía, era la única manera de pensar, de analizar lo que estaba haciendo. Dominique no estaba clara, no se sentía segura y eso solo la asustaba, la hacía sentir débil y en parte la enojaba a tal punto que lo que deseaba con todas sus fuerzas era estar en su habitación sola. Sin embargo Miles en lugar de dejarla ir se aferró a ella y le imposibilitó cualquier salida, ahí estaba, atrapada entre sus brazos y con sus propias piernas atadas al suelo por raíces invisibles. Ella no lo ve cuando mueve sus cabellos, y cierra sus ojos en cuanto el rostro de Miles queda cerca del suyo, solo se dedica a escuchar su voz, por lo menos en ese mundo se siente tranquila, si abre los ojos sabe que dará de bruses contra la realidad y eso no era bueno. Él la estaba debilitando, con sus palabras lo estaba logrando, incluso cuando la aprieta aún más Dominique ya no puede usar sus codos y brazos como defensa así que pone sus manos en sus hombros, ella en ese momento no podía luchar y alza sus ojos para ver a Miles porque sabía que era real, que en ese instante era lo único real. Su nombre proveniente de sus labios la hace estremecerse y ella solo puede morder su labio inferior como una manera de detener el impulso loco de besarlo de nuevo, tenía sed y Miles era el único que de momento podía curarla. Su última pregunta la deja sin habla, ella no lo había imaginado, dos años apartada viviendo su vida y ahora lo encuentra y prácticamente todo se va por la borda, vuelve a sentir su corazón latir, sus ojos brillar, vuelve a tener el impulso de necesitarlo incluso más de lo normal, ¿y si era verdad?, ¿si nunca pudo olvidarlo? Quizás solo faltara ese detonante, quizás verlo era necesario para que ella se diera cuenta que todo el giro que dio su vida fue en vano ya que ahí estaba, rendida en sus brazos. —No, esto no puede pasar, no de nuevo, Miles, por favor—. Ella le imploraba, le suplicaba que no la dejara ceder porque abandonar a la Dominique que entró al campo era ver a una que no tenía forma y ni futuro, la rubia alza sus ojos, su boca está temblando, de repente ha perdido todo el calor, como si necesitara de él para sentirlo de nuevo.

—No, no soy yo, yo no puedo ser, tú te mereces a alguien mejor, no a mí, Miles. Busca a… Alice, pero no, yo no soy, no puedo ser—. Ella niega varias veces y forma pequeños puños en el pecho del chico, como si fuera la única distancia que le queda por marcar, mencionar el nombre de la tejona le dolía, le causaba rabia, pero era la única defensa que tenía. —No puedo, no puedo hacerte daño de nuevo, no a ti. Yo nunca voy a poder cambiar, yo soy lo que soy, por Merlín, no quiero dañarte, debes entender—. Alza sus ojos y lo ve, aún bajo la lluvia y bajo el frío puede ver su iris perfectamente fijo en ella. Una de sus manos abandona el puño que tenía formado, su dedo medio y el índice rozan los labios que besó y que a la vez tanto deseaba. —Hay una sola cosa que debes saber, Miles—. Dominique vuelve a alzar sus puntas y se acerca al oído del chico. —Siempre fuiste tú el que abrigó más que un sol, solo tú, luego de ti nada más pasó—. Y ella le estaba dando a entender todo; besos, salidas… pero todo fue en vano porque nunca más volvió a sentir, no tenía novio, tampoco a nadie entre sus sábanas y por más que intentara iniciar una relación nunca sería lo mismo, porque él… él había sido único, el único sol. La chica vuelve a tocar el suelo aún está atrapada y era obvio que Miles tenía más fuerza que ella. —Ahora, tienes que dejarme ir, ya sabes… lo que debes saber—. Menciona fijando sus ojos en otro sitio que no fuera él, sus mejillas ardían y su cuerpo poco a poco parecía abandonar el fuego que alguna vez arrasó con ella sin piedad, que la hizo rozar las nubes cuando el tejón la besó.


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Re: we make a storm - M. Wittler

Mensaje por G. Miles Wittler el 31st Marzo 2015, 3:30 am

Había dudado de poner una carta sobre otra para crear un castillo de naipes. Siempre dudaba. Siempre temía que todo se cayera y que su castillo acabara devastado. Ese castillo a veces representaba su vida. Dudaba sobre las grandes decisiones a tomar. Había dudado de contarle la verdad a Alice durante meses, y cuando quiso hacerlo era tarde, pero no dudo en besar a Dominique. No lo había pensado, y eso era lo que llenaba su mente de preguntas. Se imaginaba tantas razones para haber actuado de esa manera, pero cada vez que trataba de ampliar una terminaba pensando que era absurdo. Por otra parte ella también lo había besado y era de ahí que todo se confundía, todo se volvía un borrón poco definido. No había respuestas coherentes, ni actos que se puedan catalogar como correctos o incorrectos. La veía, y la podía notar. Su cabello tan rubio como siempre, su mirada azul y profunda que encantaba, era como un océano, uno claro, pero que dentro guardaba muchos secretos, muchos peligros, muchos misterios. Sabia que la joven era una veela, que hechizar a las personas era natural, pero no sentía que ella estuviera usando esa magia para tenerlo cerca, ya de por si, había algo mas, algo que lo jalaba a querer estar cerca de ella y sabía que, en el fondo ella quería lo mismo, porque algo él había significado para que aquel beso también regresara a él.

La escena en su mente cambio de pronto. Recordó como la joven había caído de su escoba ese mismo día, y su cuerpo tembló. Supo cuando vio aquel cuerpo caer que alguien había puesto su vida en juego, y eso le aterraba, pero ahora pensar que se trataba de Dominique, parecía aterrar todos sus pensamientos, y le daban ganas de fruncir el ceño preocupado. Su mente viajaba a toda velocidad cambiando la perspectiva de su pasado. Arrepentido de no haber dejado todo por esa rubia cuando tuvo la oportunidad. En su mente recordó a su hermana pequeña susurrar que cuando una puerta se cierra una ventana se abre. Alice y él nunca iba a funcionar, eran perfectos, como amigos, no como algo mas. Supo eso. Lo pudo ver cuando beso los labios de la rubia, pero aún así sentía que algo era incorrecto, que algo no estaba bien, y no entendía porque de algo tan bueno podía surgir algo que no lo seria. Pensó en su amiga en la sala común, seguramente aún hablando de Potter como si fuera lo mas genial del castillo, y él solo ahí, escuchando como nunca podría tomar ese lugar, y ahora que lo pensaba, no lo quería. El puesto era de Potter, porque él aún amaba al misterio de la chica que tenía enfrente, y aún estaba dispuesto a luchar por ella, ahora quería luchar por ella. Estaba decidido a eso, pero las palabras de Dominique tienen el efecto de una piedra golpeando un vidrio, una ráfaga de viento derribando el castillo de naipes. Enmudeció. Mientras la joven hablaba, y respiro profundamente varias veces cuando termino.

Parecía ser que la joven pretendía irse después de aquellas palabras. —No tienes que hacerlo. No tienes que hacer nada de lo que dijiste— Dice con firmeza mirando a los ojos de la chica, pero suelta lentamente el agarre  con la que lo sostenía. La libera. —No tienes que lastimarme si no quieres, pero debes saber que lo harás si dejas las cosas tal y como están ahora. Debes saber que así será— Confiesa, sintiendo la culpa de usar esas palabras para poder atraer a la joven hacia él. Cierra los ojos como si se tratara de un mero pestañeo y los abre al instante para poder observar a la rubia. —Escuche una vez a alguien decir, que no importaba cuando tiempo pasara, siempre se podía reconocer a una persona, incluso cuando se la veía, caminar entre la gente, totalmente ignorante que el otro se encontraba ahí, observando. Siento que eso nos ha pasado, no dejes que estos dos años acabe por determinar quienes somos, pero si quieres hablar, puedes comenzar por decirme que fue lo que te llevo a decir esas palabras en aquel tiempo, y que es lo que te esta llevando a decir esto ahora, porque quiero saber.— Hablaba de manera intensa, como quien cree que el asunto del que hablaban era de vida o muerte. —Por favor Dominique— Susurro mas bajo, pidiendo una respuesta. —Yo te dejo ir, no soy quien para tenerte cautiva, pero dame, al menos una razón para hacerlo. Una razón para dejarte ir, porque es difícl creer que eso quieres cuando acabas de decir las palabras que utilizaste. ¿A qué le temes?—


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Re: we make a storm - M. Wittler

Mensaje por Dominique C. Weasley el 31st Marzo 2015, 10:22 am

Agradeció la distancia, no porque la quisiera, desde luego que a si Dominique le hubiesen dado la opción de quedarse en los brazos de Miles, habría acatado sin mayor problema; disfrutaba su calidez, su fuerza y todas esas emociones que despertaba con solo mantenerla a salvo entre su cuerpo. Pero por otro lado estando tan cerca de él no podía pensar las cosas con claridad, el aire no llegaba a su cerebro y los pensamientos coherentes se esfumaban, cada vez que sentía que los brazos de Miles se movían y rozaban su piel cualquier indicio realista se esfumaba, en cambio, cuando guardaban distancia ella por lo menos podía dedicarse a pensar que estaba haciendo y que rumbo tendrían que tomar las cosas para beneficio de los dos, algo que de por sí es un poco irónico porque Dominique nunca se encargó de ver que podía ser bueno para los demás o para cualquier otra persona que no fuese ella. ¿Qué estaba pasando?, que básicamente había caído en su propio juego, la rubia pensó que dos años serían suficientes para alejar cualquier pensamiento y sentir que alguna vez tuvo de Miles, que su juego solo sería un chiste y ya, no que el juego fuera en serio y aquel beso la hiciera rozar el mismo cielo, no, para nada, ni en su despertar esa mañana ella imaginó que estaría en el campo de quiddich, con Miles, bajo la lluvia, luego de casi matarse y habiendo besado al chico incluso con más ansias de cuando tenía catorce años. La rubia Weasley retrocede unos cuantos pasos, necesita más aire aunque aún no acaba por irse, las odiosas raíces seguían atadas a sus pies y eso de alguna manera empeoraba las cosas. Dominique alza sus ojos, lo ve bajo la lluvia cuando la condena de ambas maneras; si se iba lo dañaría, si se quedaba también lo haría, eran dos versiones y cada uno estaba atada a una de ellas pero la rubia sospechaba que todas tendrían un mismo final. color=seagreen]—No es justo que lo veas de esa manera—.[/color] Pero ella se lo reprochaba porque él sabía que no quería irse y que cualquiera de las opciones, para Dom, tendrían el mismo fin. ¿Por qué lo hacía tan complicado?, ella podría irse y dejar las cosas como estaban, olvidarlo aunque eso costara, volver a su vida diaria. Pero ahora con cada palabra Miles la acercaba más y sumaba más peso a esas raíces que no le permitían irse.

Hablar del pasado era la peor idea que podía cruzar por la mente del castaño. En cuanto todo acabó la chica habían encerrado todos esos secretos y unas cuantas emociones en su caja de Pandora, impidiendo que se viera más de la cuenta, impidiendo sentir más de la cuenta. Abrirla luego de dos años era ¿inesperado?, ¿escalofriante?, ella no sabía señalar exactamente cuál. Pero Miles por otra parte había puesto su condición y solo habían dos vías; que la escuchara y pudiera irse o que ambos se hundieran más cuando supiera la verdad de toda la trama que Dominique trazó para no decirle lo que en realidad sentía cuando tenía catorce años. —Nunca te dejé de querer, tampoco eras poco para mí o me aburriste como te dije esa noche, ¿recuerdas?—. Un rayo estalla a una distancia considerable, la chica da un pequeño brinco pero frota sus brazos y se empeña en seguir hablando. —Todo lo que te dije esa noche fue una mentira porque estaba segura que si te decía la verdad sería… tonto. Yo sabía lo que venía Miles, incluso cuando tenía catorce me faltaba mucho por ser, para llegar a lo que soy, no lo veas como algo que tenía fabricado, solo… no podía ser la niña soñadora para siempre y temía que tu no pudieras con eso o lastimarte en el camino. Somos… diferentes y mi entorno es distinto, se acostumbraron a una Dominique de hielo, una fuerte, y esa chica chocaba mucho con la que te veía a escondidas. Entonces pensé que si yo te apartaba menor era el riesgo que otro te lastimara porque eso si no me lo iba a perdonar, así que decidí mentirte y que te quedaras con la idea de que me aburriste o ya no te quería en lugar de pensar que fui una… tonta que solo quería resguardarte—. Ella es capaz de verlo luego de todo su monólogo tiene que arrugar el ceño cada vez que las gotas le quitan la posibilidad de ver mejor.

—Tengo miedo a que nada sea suficiente y termine por lastimarte. Que siempre hayas sido tu no significa que no pueda hacerlo, soy torpe en estas cosas Miles, tú fuiste lo más cercano a una relación que tuve y éramos aún pequeños, no sé qué tan fuerte sea lo que soy y no se si termine de llevarte por el medio, a eso le tengo miedo, porque tú te mereces más, mucho más, mereces a alguien que te valore y te de la misma cantidad que tu das, mi manera de expresarlo, de sentirlo es diferente… tosca—. Dominique da unos pasos al frente por inercia más que cualquier otra cosa, se detiene porque sabe lo aturdida que estará si se encuentra tan cerca de nuevo. —Esa es mi verdad, Miles, esta vez no hay mentiras, es… la pura verdad y aunque esté aquí bajo la lluvia mojándome segura de que voy a enfermar, solo queriendo estar contigo, solo deseando que los segundos anteriores fuesen eternos, estoy segura que prefiero guardar todas las ganas que tengo de besarte de nuevo antes de condenarte otra vez, si, duele, pero tú y yo sabemos que no es imposible—. Y ahí se queda, estática, esperando un juicio de parte del tejón, su boca tiembla y tiene que morder su labio inferior para dejar de hacerlo.


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Re: we make a storm - M. Wittler

Mensaje por G. Miles Wittler el 31st Marzo 2015, 10:07 pm

El frío y el viento ya parecían atravesar su cuerpo como si no fuera nada mas que una hoja de papel suspendida en el aire. Estaban los dos fumándose esa tormenta que traería consecuencias en los días posteriores, pero ninguno de los dos parecía dar cuenta de eso. Ninguno de los dos mostraba señales de frío, ni se quejaba de tener la piel de gallina, mucho menos de las ropas que parecían haber salido recién de ser lavadas. La lluvia dejaba marcas en los cuerpos de los dos, pequeñas gotas formaban lineas en los brazos de ambos, en la cara, el pelo que se pegaba a la piel. Estaban en la peor situación posible, climáticamente hablando, y ninguno de los dos parecía querer retroceder para tener esa charla bajo un techo reparador, cerca de un hogar acogedor. Miles desvió su mirada de aquellos ojos celestes a una de las gotas que deslizaba por la nariz de Dominique, y dejaba una marca plateada que a él mismo le hubiera gustado marcar. La chica en si parecía estar echa de una piedra preciosa que no se mostraba pequeña ante el frío, la lluvia, la tormenta que caía sobre ellos. Los dos enfrascados en la charla ni cuenta habían dado a como había empeorado el tiempo, y Dominique parecía ser la razón de que Miles encontrara un fuego dentro de si, uno que abrigaba y que lo ayudaba a aislarse, aún mas, de todo el entorno que los rodeaba, porque ya no le importaba. Era un fuego callado que lo invadía, y en lugar de alterarse, Miles no se inmutaba. Ni quería imaginarse al otro día resfriado, con la nariz roja, los dolores de cabeza y las clases que iban a terminar siendo un suplicio. Solo necesitaba escuchar la respuesta que la joven veela tenía para dar.

Si cualquier persona estuviera hablando en ese preciso momento, si cualquier irrumpiera el lugar, para interrumpirlos, las palabras de dicha persona se hubiera quemado antes de llegar a los oídos de Miles, que se quedo observando a la rubia con los ojos abiertos y también la boca. En este momento fue donde mas se arrepintió de no haber ido tras ella, donde mas maldijo por haber dejado pasar tantos meses, dos años se había quedado en el molde, dos años donde lo único que tenía que hacer era ir y pelear por ella. Había pasado de decir su nombre a susurrarlo, y ahora sentía que podía decir su nombre nuevamente. Era tan claro como el agua lo que había pasado con ellos, que Miles no pudo entender como había sido tan tonto como para no verlo. Estaba ahí. Siempre había estado ahí. Se paso una mano por el pelo y este se quedo parado un segundo antes de volver a caer desordenado por el peso de la lluvia. Giro alejándose unos pasos porque tenía ganas de sacudir a Dominique, ¿Cómo podía estar tan calma? El joven se sentía como una chispa a punto de iniciar un incendio, ella decía la verdad de una forma que parecía estar hablando de como hacer una excelentes galletas al horno, y esas palabras tenían tantos efectos en el chico que ni capaz de enumerarlo era este. Se alejo uno pasos porque sentía que estaba por hacer algo impulsivo y que eso no iba a estar bien, sentía que iba a hacer algo sin pensar y quería pensar bien todo, pero a su vez, ella jamás hubiera confesado todo eso si no hubiera sido por un acto como ese. Se volvió a acercar, y no perdió tiempo para volver a besar sus labios. La necesitaba. La necesitaba cerca para saber que estaba ahí, y que nada de eso iba a ser llevado por la lluvia que todo lavaba.

Solo la beso por un momento sin palabras que decir, sin nada que responder porque ya las últimas palabras de la chica habían sido mudas para el joven que estaba a mil revoluciones por minuto. las chispas explotaban dentro de él, y quería parar para decir algo como quería seguir besando sus finos labios. Al final se obliga a separarse, sin poder creer como era que habían terminado de esa manera, contando los hechos desde hacía dos años hasta el momento. Los colores parecían desaparecer a su alrededor, porque ella lo era todo y ahora lo podía notar, lo había notado siempre, pero hasta ese momento lo había ignorado totalmente por alguna razón que ahora era incomprensible para Miles. La noche comenzaba a caer, y Miles creyó que en esa noche no habría estrella que brillara mas que ella. —No me importa— Le dijo con calma respirando profundo tratando de recuperar el aire. —No me importa lo que puedas hacer. Si estamos juntos vamos a salir de esto bien, por mas cliché que suenen esas palabras. Es la verdad y tienes que saberlos. Pasaron dos años y aún estamos aquí, si tuviéramos que estar separados no estaríamos en esta situación.— Dice conteniendo el mar de palabras que quería decir, pero esas eran las únicas que tenían sentido. —Deja que tengamos nuestra oportunidad, veamos a que llegamos, por mas que sea una lucha intensa, por mas que sepamos que a pesar de estar rodeados de magia no habrá soluciones mágicas para esto. Déjate llevar en esto Dom. Por favor— Se vuelve a acercar, rozando su nariz con la de ella. No la besa de nuevo, por mas que quiere, pero quiere escuchar antes su respuesta.


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Re: we make a storm - M. Wittler

Mensaje por Dominique C. Weasley el 1st Abril 2015, 7:46 pm

Ella no era honesta, no es que amara ser mentirosa, de hecho Dominique se jactaba de decir las cosas como las pensara al momento sin anestesia, no le importaba si la juzgaban o si la miraban mal, tampoco si perdía personas que podrían ayudarla, no, nada de eso le importaba. Pero cuando se trataba de engañar a las personas y de crear una tetra para que le creyeran, era perfectamente encantadora, tanto que nadie pondría en duda si lo que decía era verdad o mentira. Había usado ese talento con Miles, y eso que aún era menor, pero todo salió como esperaba, además que Dominique estaba empezando a dar muestras de lo que realmente era y el tejón no era estúpido para darse cuenta. Ella afirmó que estaba cansada, que quería otras cosas, que él no era suficiente, que podrían intentarlo luego pero que ahora le convendría un respiro en medio de toda esa confusa relación. La rubia hizo uso de todas sus fuerzas, evitó abrazarlo aún cuando tenía ganas de hacerlo, evitó besarlo aún cuando eso era una maravilla para ella a sus catorce años, evitó verlo a los ojos aún cuando era lo que más amaba en cada encuentro, Dominique se cerró y no volvió a abrir su corazón, su máscara funcionó frente a Miles y eso solo hizo que ella sintiera que tenía el mundo ganado, algo que logró que avanzara y que terminara de crear a la princesa de hielo que todos conocían. Sin embargo esa vez había sido honesta, había dicho toda la verdad y nada más que la verdad, se había confesado frente al chico de cabellos castaños sin la necesidad de un esfuerzo completo, todo había salido como si el destino le dijera que en algún momento tenía que ser así, que todo estaba planeado y que ambos iban a encontrarse y tarde o temprano ella tendría que haber dicho todas esas palabras. Dominique estaba confundida, sumamente confundida en medio del caos pero antes de que tuviera tiempo de enredarse más, los labios de Miles se adelantaron y dieron otro beso en los suyos, esta vez más suave, más comedido, corto pero con el mismo sentimiento si no mayor, la chica solo pudo alzar sus manos y rozar sus brazos antes de cerrar sus ojos y ceder al movimiento tenue de sus labios.

Y había dado en el clavo, sin darse cuenta Miles había callado a Dominique porque ella no tenía respuesta para contradecir su argumento, ¿habrían estado juntos de una manera u otra?, ¿ese día o… cualquier otro? Ella por un momento pensó que no, que era simple cuestión de que las cosas se dieron por todas las causas antes de ese encuentro y ya, pero el destino los ponía a prueba y le dejaba pensar a la rubia que si de no ser ese encuentro si no otro, ¿estarían igual? Miles había respondido a la perfección, siempre inteligente como ella recordaba. Quizás no fuera en el campo, quizás fuera en las cocinas, en los pasillos, en la torre norte, pero si se hubiesen olvidado como tanto decían no se habrían hablado con tanta familiaridad, mucho menos se habrían besado como si el mundo se fuera a acabar en cuestión de segundos y Dominique no estaría dudando hasta de cual era su nombre completo. Él tenía la razón y ella odiaba tener que admitirlo. —Tienes… razón—. Afirmó a esa parte en cuanto el muchacho terminó de hablar.

De nuevo la cercanía la nubló, hizo que sus piernas flaquearan y que Dominique pensara que se iba a caer si daba un paso. La nariz de Miles rozaba la suya y ella solo pudo soltar un respiro mientras alzaba sus curiosos ojos azules para verlo, para darse cuenta que él parecía más en paz que ella con toda la confesión que había hecho. —Miles—. Pasa una de sus manos por su rostro apartando aún más el cabello mojado, ella tiene su iris bien abierto y se separa unos centímetros para verlo mejor. —Voy a jugar este juego, pero no te prometo no rendirme si se pone peligroso para ambos voy a… hacer lo que pueda siguiendo las reglas del juego—. Ella misma se estaba condenando, lo sabía ya que en ese instante sintió un peso terrible en el pecho. La rubia esbozó una ligera sonrisa y dio un corto beso a sus labios. Antes de que el chico reaccionara ella había tomado su escoba y en rápidos pasos se fue al castillo, con una escoba que no quería montar y muchos pensamientos que tenía que ordenar antes de darle la cara a sus mejores amigos.


No todos pueden predecir, muchos se jactan de hacerlo a la perfección pero la verdad es que nadie conoce los rumbos que tomará la vida. Un día estas aquí, otro estás allá, el tiempo puede correr a la normalidad, pero incluso en las mejores situaciones siempre va a haber un segundo, uno solo, donde la historia pueda tomar otro curso.



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