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Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

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Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Robin Rovensky el 14th Marzo 2015, 5:10 pm

Robin había salido hacía un rato del baño de Myrtle, la Llorona, donde Argus Filch había reunido a una serie de alumnos castigados para que lo limpiasen a fondo. Por supuesto, eso nunca había llegado a pasar: los alumnos se habían desmadrado y habían convertido aquello en una fiesta, hasta que la misma directora los había interrumpido. Robin venía ahora del despacho de esta, donde los había citado para darles un sermón y castigarlos a todos otra vez. Pero ese nuevo castigo aún no había entrado en vigor, y ahora el chico tenía por delante unas pocas horas de libertad que saborear.

Lo primero que se le pasó por la cabeza fue que, como iba a volver a estar castigado de todas maneras, lo más práctico sería aprovechar aquel rato para hacer alguna otra diablura. Quizás incendiar el tapiz de Barnabás el chiflado, que siempre se lo tomaba a mal, y solía ser una muy fiable fuente de diversión. Decidió que esa era una buena idea, y comenzó a subir las escaleras hasta la séptima planta; ya iba por la mitad del camino cuando sin previo aviso empezó a sangrar por la nariz.

Al principio no le hizo mucho caso. Siempre estaba dándose golpes contra cosas, y aquel día, durante el alboroto en el baño de Myrtle, se había golpeado la cabeza contra la taza de un retrete. Probablemente era por eso, así que no parecía ser nada grave; convencido de que pararía en un momento, siguió subiendo las escaleras, y llegó a la séptima planta en un abrir y cerrar de ojos. Para cuando llegó frente al tapiz, sin embargo, seguía sangrando profusamente, y ya incluso se le había manchado la pechera del jersey.

- ¡Ah, el pirómano! -gritó Barnabás, desde el tapiz; los trolls se rieron- Aunque hoy parece que se está desangrando. ¿Qué te ha pasado, nenita?

- Cállate, anda -bufó Robin, empezando a preocuparse. Se pasó la mano por la nariz y se la llenó de sangre; mientras sacaba un pañuelo para limpiarse un poco, la restregó por el tapiz, dejando una asquerosa mancha. Barnabás protestó ruidosamente, pero Robin no le hizo ningún caso; apuntó al tapiz con la varita, murmuró "expelliemillus", y se dio la vuelta y volvió a dirigirse hacia las escaleras.

Fue a la enfermería; cuando llegó, sujetándose el pañuelo bajo la nariz, este estaba ya casi completamente ensangrentado. Sintiéndose ridículo, Robin miró a su alrededor, buscando a la enfermera; pero esta no estaba a la vista.

- ¿Hola? -preguntó al aire, por si acaso estaba detrás de alguno de los biombos- ¿Hay alguien?
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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 15th Marzo 2015, 8:02 pm

Perder clases era sinónimo de ir a visitar a Avy una vez más. Rosy no se cansaba de hacer aquello que tanto le encantaba como era ayudar a las personas y aprender cada día más de plantas y los secretos de cada medicamento. Aunque no le hubiese dado la atención merecida al tema de su padre, aún podía estar con la medimaga aprendiendo aquellos trucos que ignoraba, la castaña solía escaparse con habilidad del tema, de todos modos siempre entraba alguien con una venda en la cabeza mal hecha por tratarse de una travesura, o alguien que a duras penas caminaba por un doblón de pie, ella no perdía tiempo y, aún con el uniforme de la casa a la que asistía, se situaba al lado de la rubia enfermera para ayudar en lo que podía. Había sido un día poco usual en la enfermería, muchos casos se habían presentado, ninguno grave, pero habían veces que el lugar estaba en pleno silencio y, definitivamente, ese no había sido un día de esos. La castaña de ojos claros no había tenido Astronomía y eso la relajaba un poco, desde que supo el paradero de su padre no había podido concentrarse tanto como podía, incluso ahora iba peor que Alice o Miles y no quería explicarles a los mismos lo que le estaba sucediendo. Estaba lavando sus manos, tendría que irse cuanto antes, no se había dando cuenta pero estaba rozando la piel con cierta brusquedad, más de lo necesario. Suspira cuando se percata del enrojecimiento y seca comenzando con las palmas hasta finalizar y arreglar su pulcro uniforme.

Ya todo estaba listo, pero tendría que acomodar unas cosas para dejárselas a Avy en perfecto estado. Cerró algunas alacenas en la oficina principal, ordenó la silla y el escritorio, incluso acomodó unos papeles que, ya de por sí, estaban perfectos, quizás todo se tratara de que la muchacha no estaba lo suficientemente preparada para volver y le estaba dando largas al asunto. Rossana terminó y limpió sus manos en la falda, soltó sus cabellos y decidió salir, justo cuando una voz la hizo detenerse. Era masculina, tan solo un poco grave, hacía eco y eso indicaba que la enfermería estaba sola, Rosy estaba segura de que se trataba de un estudiante así que asomó parte de su cabeza y se dio cuenta de que así era; un chico castaño con el emblema del león en su uniforme, incluso desde su posición eso era visible, sostenía un pañuelo en su nariz, uno que estaba completamente manchado, esa fue la alarma que logró que la chica se moviera. Rosy apuró sus pasos y salió de la oficina hasta aparecer en el pasillo. —Hola, lo lamento pero... Avy, la enfermera, ella no se encuentra, pero me llamo Rossana, puedo ayudarte—. La chica se acerca con cierta timidez hasta quedar frente al muchacho que solo le llevaba unos pocos centímetros. —Permite que te vea, estas derramando mucha sangre—. Pero ya no lo ve directamente sino pone una de sus manos sobre las de el y permite que el pañuelo se aparte de una de las fosas nasales, solo le falta dar un vistazo para darse cuenta de que no paraba.—Ven, pasa a este cubículo, volveré en un momento.

La castaña deja al chico y da unos pasos rápidos a la oficina, toma el libro de Avy y lo abre mientras regresa al cubículo buscando cómo curar aquello, tenía una leve referencia pero no le parecía suficiente, podía ponerlo en peligro. La muchacha alza sus ojos claros y lo ve, tratando de calmarlo. —Soy estudiante de séptimo, no soy Avy pero se un poco, espero poder ayudarte.


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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Robin Rovensky el 16th Marzo 2015, 12:50 pm

La enfermera seguía sin aparecer. Pero, un momento después, salió de la oficina una chica de largo cabello castaño, vestida con el uniforme de Hufflepuff, que se acercó a él rápidamente. Robin, que no se lo esperaba, dio involuntariamente un paso atrás; ¿quién era aquella chica? Y la enfermera, ¿dónde estaba?

La muchacha se presentó. Se llamaba Rossana, y la enfermera no estaba allí; pero ella debía de ser su ayudante, o algo por el estilo, porque se ofreció a auxiliarle. Robin tardó un momento en responder, mientras intentaba decidir si la chica le tomaba el pelo o no; a veces, los de los cursos superiores se dedicaban a reírse de los más pequeños, y podía pasar que, si dejaba que cualquier desconocida le pusiera la mano encima, terminase tintado de color rosa, como les había pasado hacía poco a los de Slytherin. (Aunque esas habían sido circunstancias ligeramente distintas.) Pero aquella tal Rossana tenía una cara tan inocente, y se acercaba con tanto cuidado, que costaba pensar que tuviese malas intenciones.

- No pasa nada, no es nada grave... -comenzó a decir el chico; pero, antes de que pudiera darse cuenta, ella ya había puesto una mano sobre su asqueroso pañuelo y se lo había apartado suavemente. Robin ya estaba bastante rojo, con lo de la sangre y todo eso; pero, cuando se encontró de repente con aquella chica a tan poca distancia de su cara, enrojeció hasta las orejas. Sin pensar, dio otro paso atrás- Uh... en serio, si no está la enfermera... quiero decir...

Lo que quería decir era, en realidad, que por mucho que aquella fuera la ayudante de la enfermería o lo que fuese, le daba vergüenza dejar que una chica casi de su edad (y más aún, de aspecto tan pulcro y delicado) se las viese con su sangre y sus mocos. Pero ella lo invitó a pasar a uno de los cubículos, y se alejó rápidamente en dirección a la oficina; él obedeció, más por acto reflejo que por otra cosa, y se sentó sobre el borde de una camilla, todavía frotándose la nariz con aquel pañuelo que después de aquel episodio probablemente tendría que pasar a mejor vida. Rossana volvió un momento después, con un libro entre las manos, y dijo que era estudiante de séptimo y que esperaba poder ayudarlo.

- No quiero entretenerte si estabas haciendo otra cosa -aseguró Robin, intentando salir del paso como fuera- . Esto no es nada grave, puedo esperar a la enfermera. De hecho, no sé ni por qué he venido, porque seguro que para en un rato... no es la primera vez que me pasa -comentó, volviendo a su locuacidad habitual- . Es que hace un rato me di un golpe en la cabeza, con... uhm... con un retrete. Ya sabes, cosas que pasan... Oye, ¿eres enfermera en prácticas, o algo así? -por supuesto, si era todavía estudiante del colegio era difícil que lo fuera; pero Robin tenía curiosidad por saber qué hacía aquella chica allí.
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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 16th Marzo 2015, 9:20 pm

La apariencia de Rosy era delicada, cuidadosa, sencilla y muy hermosa, claro, no eran cosas que le gustara escuchar a menudo a la chica de cabellera castaña, pero a pesar de todos esos detalles que la rodeaban y le daban a su apariencia un toque más angelical, Rossana se destacaba por no temerle a las cosas y no sentir asco, repulsión o miedo a aquello que no fuera común de ver en su rutina. Los Aldridge de por sí eran respetados en la sociedad inglesa, era una familia de prestigio y se supone que eso significaba tener ciertas costumbres dentro de la casa que adoptaban la postura de no romper algunas normas de la sociedad en la que vivían. Rosy era la excepción, y a pesar de ello sus padres nunca le habían prohibido lo contrario. La chica desde que tuvo uso de razón no temía en meter sus pequeñas manos en la tierra llena de gusanos y humedad para sembrar hermosas flores, tampoco de ver la sangre de los pacientes de su padre ni escuchar palabras que sonaban atroces con su sola mención, mucho menos se desmayaba cuando se cortaba o se caía en el parque. Desde que Rosy tenía memoria había remplazado todos esos modales para adoptar una postura más bien suya y tener la capacidad de ayudar a otros sin sentir asco. Momentos como ese le causaban cierta gracia, si, era sorprendente para muchos ver como una chica tan sencilla y delicada podía enfrentar situaciones así, era como si pensaran que ella nunca había hecho algo en su vida.

—No podría dejarte ir así, no sería ético. Tranquilo, he visto cosas peores—. No sabía cuales pero probablemente había sido así, de todas maneras Rosy sonríe de lado mientras deja el libro en una pequeña mesa, ya sabe que hacer, pero primero se encargará de mejorar su aspecto y cerciorarse de que no exista una fractura visible. La muchacha corre las mangas de la camisa y coloca su cabello hacia atrás de un solo movimiento. —A ver, no te muevas, voy a limpiar un poco para poder preparar el brebaje luego, no te voy a dejar lleno de sangre. Alza un poco el mentón...—. Rosy roza sus dedos finos en el mentón del chico y lo alza un poco con cuidado, luego quita el pañuelo y lo deja sobre un pequeño recipiente para tomar otros pañuelos desechables y empezar a limpiar con cuidado y de a pequeños toques. —... si te duele solo tienes que decirme, puedo parar, mantén el rostro así, hacia arriba, ya no estas derramando tanta sangre—. Rosy sonríe de lado y se inclina un poco para seguir con su trabajo, se humedece los labios antes de responder. —No soy enfermera, solo soy estudiante, pero quiero trabajar en San Mungo en un futuro, ser sanadora. Conocí a Avy, la enfermera, aceptó enseñarme, así que si prefieres pensar que soy una pasante puedes hacerlo, suena bonito de ese modo.

Rosy termina de limpiar, se separa y moja una servilleta para quitar aquellas marcas que quedaron pegadas en la piel, de la misma forma lo hace con cuidado. Se fija y frunce el ceño, la tejona parece sumamente concentrada en lo que está haciendo en ese momento. —Mi padre... bueno, mi padre adoptivo es médico, pero es muggle, así que desde pequeña siempre quise ser como él. El mundo mágico no es tan diferente, tiene sus ventajas de hecho. Lo siento, me he inspirado con el tema, ni te he preguntado tu nombre—. Rosy sonríe con cierta timidez y deja a un lado el otro pañuelo mientras da una ojeada en el libro.


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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Robin Rovensky el 17th Marzo 2015, 10:28 am

Rossana parecía divertida ante el reparo que a Robin le daba la situación. Cuando le aseguró que había visto cosas peores, el chico volvió a sentirse algo estúpido: claro, si trabajaba en la enfermería, vería de todo; y había cosas mucho más asquerosas que ver que una hemorragia nasal. Esperar que se sintiera asqueada solo por ser joven y hermosa, a pesar de que esa era su profesión (o no, pero, como descubrió Robin unos momentos después, casi), no solo era tonto; era casi un poco insultante. Era como si alguien, sabiendo que Robin era cazador del equipo de Gryffindor, se preocupase por si le daban miedo las alturas. Suspiró, y dejó que la muchacha le alzara el mentón y empezara a limpiarle la nariz con unos pañuelos desechables.

- No me duele -aseguró, y era verdad; no le dolía, solo sangraba- . Maldita nariz... -farfulló, mientras miraba al techo, todavía con la cabeza levantada; Rossana podía ser perfectamente capaz, y él podía haber admitido que pensar lo contrario basándose solamente en prejuicios era injusto, pero eso no quitaba que, en su conjunto, la situación le siguiera dando bastante vergüenza- ¿Qué brebaje me vas a dar? Espero que no sea uno de esos que te taponan la nariz por tres días y te dejan con un acento gangoso que hace que todo el mundo se ría de ti -protestó, aunque más en tono de guasa que otra cosa.

Ella le explicó que quería ser sanadora y trabajar en san Mungo, y que la enfermera Breckenridge se había ofrecido a enseñarle algunas cosas. Debía de ser reconfortante tener tan claro lo que uno quería hacer con su futuro; Robin, que no tenía ni idea de hacia dónde se dirigía su vida, se preguntó por un momento cómo sería esta si tuviese una vocación. Quizás incluso estaría ayudando también en la enfermería, o estudiando en la biblioteca, en lugar de prenderle fuego a tapices y lanzar cubos de agua a otros alumnos; pero no podía imaginarse a sí mismo de esa manera. No sería él.

- Mi madre también es muggle -comentó, cuando ella explicó de dónde le venía su afición por la medicina- , así que tenemos eso en común, ¿no? Supongo que tu padre, si es médico, se quedaría flipado cuando se enteró de las cosas que pueden hacer los medimagos; las técnicas médicas del mundo mágico son increíbles -divagó, todavía con la vista fija en la esquina del techo, mientras ella terminaba de limpiarle la sangre de la nariz- . Me llamo Robin... Robin Rovensky, y si estás aquí a menudo nos veremos más de una vez, creo. Y si me curas bien procuraré no fastidiarte demasiado y te traeré un regalo al final de curso -bromeó, riéndose.
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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 17th Marzo 2015, 3:39 pm

Ceño fruncido, pequeñas líneas se formaban en la frente de la castaña, a veces arrugaba la nariz o rascaba la punta de la misma especialmente cuando veía una palabra que no conocía, humedecía sus labios creando una fina línea en el rostro cuando los introducía dentro de su boca. Ese era el típico rostro de Rosy Aldridge cuando estaba concentrada en algo que quería resolver. Si bien Robin no se estaba muriendo, un error de su parte podría haber ayudado a empeorar su salud y que estuviese derramando sangre toda la noche, ni ella ni el muchacho querían que eso pasara así que Ross se encargaba de revelar la medicina adecuada. El libro era viajo, se notaba desgastado, pero era uno de los favoritos de Avy y de ella, parecía tener todas y cada una de las respuestas para los problemas que cruzaban la puerta de la enfermería. La castaña de ojos claros ríe y deja el libro en la esquina de la mesa mientras lo ve y cruza los brazos. —Desde luego que no, no será así, es un tónico blanco, no sabe a nada, ya que no estás sangrado eso solo ayudará a normalizar el ritmo del paso de tu sangre en la cabeza, lo máximo que podrás sentir es un dolor de cabeza, dice en el libro que ocurre cuando duermes, pero te daré una aspirina antes de irte, así podrás estar más seguro si es lo que quieres—. Rossana se alza de puntillas para tomar un vaso de vidrio y se lo tiende antes de retirarse por un momento.

Está cerca de donde se encuentra Robin por lo que el muchacho no tiene que gritar y ella lo escucha a la perfección. Está buscando algunos ingredientes que conforman el tónico que le va a dar, justo cuando él hace mención del asunto de su padre y una de las botellas resbala de las manos de Rossana, afortunadamente da en la mesa, no estaba a una gran distancia, ella la mantenía en su brazo. Si Alex no fuera tan terco probablemente aceptaría las semejanzas que habían entre los dos mundos y como las ventajas mágicas podían favorecer incluso a los hijos de muggles, sin embargo él no prestaba atención, ni siquiera cuando su hija le hablaba del tema y sus ojos brillaban con admiración y ganas de que él la entendiera. Todo se había tornado de esos matices desde que la magia de Rosy se coló en sus vidas. —Si, si, a mi padre le llama mucho la atención todo ese tema—. Ya con dos botellas en sus brazos y un pequeño polvo blanco, Rosy entra en la habitación con su habitual sonrisa amable y ganas de ayudar. —Pues no me gustaría que estuvieras visitando la enfermería a cada rato, eso no es bueno. Pero si logro curarte cómo ha de ser, te aviso que me gustan los chocolates y el pastel de calabaza, no soy difícil de regalar—. Asegura mientras deja todo en la mesa y se prepara para agregar todos los ingredientes en su cantidad específica.

Rosy, con la velocidad que le permiten sus manos, empieza la preparación. Primero vierte un líquido transparente en el vaso, luego agrega dos cucharaditas del polvo y remueve. —Te aconsejo que vengas mañana, probablemente no esté, pero Avy va a estar, le dejaré un recordatorio de lo que pasó en su ausencia, así nos aseguramos que sigues mejor—. Finalmente la castaña vierte una cantidad menor del segundo líquido y una cucharadita del polvo blanco, remueve muy bien hasta que el contenido es del mismo color que había dicho. Cierra todo con su respectivo orden y le tiende el vaso a Robin. —Salud, caballero, hasta el fondo.


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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Robin Rovensky el 17th Marzo 2015, 5:33 pm

Rossana estaba tan concentrada que por un momento Robin dudó en romper el silencio. Le parecía que se estaba tomando aquello demasiado en serio; solo le sangraba la nariz, no es que tuviera un derrame cerebral ni nada por el estilo. Pero se imaginó que, si la chica estaba practicando, era normal que quisiera hacerlo todo perfecto; al fin y al cabo, la mayor parte de los enfermeros empezaban con muchas ganas, preocupándose por todos y cada uno de sus pacientes. Luego, con el tiempo, les iba dando todo un poco igual... y a algunos, igual del todo.

Al final, fue Rossana la que habló, y le explicó que con el tónico que le daría no tenía de qué preocuparse, excepto quizás de algún dolor de cabeza.

- No me hace falta ninguna aspirina -se hizo el macho Robin. ¡Dolores de cabeza a él!- Me da igual que me duela la cabeza o no; eso no me preocupa. Lo que me preocupa es ig por aguí hablandgo así -comentó; y en la última frase se pinzó la nariz con los dedos, para obtener el tono nasal que daban aquellos mejunjes tapona-narices. Eso no fue una muy buena idea; el sangrado había remitido un poco ya, pero en cuanto se soltó la nariz, volvió a empezar con energías renovadas- . Ah, maldición.

Por suerte, esa momentánea recaída fue un espejismo, y después de que le cayeran un par de goterones en el pantalón su nariz decidió volver a comportarse. Robin tomó el vaso que Rossana le ofrecía, y agradeció secretamente el que le hubiera tocado la enfermera simpática; así había menos probabilidades de que acabase echándole un sermón sobre, a saber, ser un descuidado y dificultar la labor de los sanadores. La chica entró en la oficina, que estaba cerca; y, cuando Robin aludió al padre de ella, se escuchó el sonido de algo golpeando una superficie.

- ¿Todo bien? -preguntó el chico, suponiendo que acababa de caérsele algo; esperaba que no se hubiera derramado nada, porque, honestamente, no tenía ganas de ayudar a limpiar. Pero Rossana volvió al cubículo llevando dos botellas y un polvillo, y se puso a preparar el tónico- A mi madre todo eso la vuelve loca. Cuando le conté que podían arreglar huesos rotos en un abrir y cerrar de ojos, me dijo que si había perdido el juicio. Me parece que todavía no se lo cree del todo... da igual de qué le hable, siempre contesta "ya será menos", o se cree que me lo estoy inventando. Vale que a veces me invento algunas cosas, pero... -protestó Robin, encogiéndose de hombros; y sí, se inventaba muchas cosas, y desde que entró en Hogwarts había cogido la costumbre de jugar a un jueguecillo llamado "la trola más grande sobre la magia que puedes colarle a Lina Rovensky"... cosa que a su víctima no le hacía ninguna gracia- También me dice que, si tan buenos son, por qué no van y le arreglan a ella la artrosis; y eso que no tiene artrosis, pero cuando le echo eso en cara me dice que bueno, que se la quiten cuando sea vieja.

Rossana le aconsejó que volviese al día siguiente (y Robin asintió con cara de tonto, a pesar de que no tenía ninguna intención de volver al día siguiente a no ser que se estuviera muriendo), y le tendió otro vaso con un líquido blanco de aspecto poco apetitoso. Robin lo miró por un momento con cara de asco; pero no quería parecer un niño chico que no se tomaba sus medicinas, así que un instante después se lo llevó a los labios y se lo bebió entero casi de un trago, sin pararse a respirar.

-Beaghhh -exclamó, asqueado, y le devolvió el vaso a la chica tan rápidamente como pudo- . Me dijiste que no sabía a nada, y sabe a... medicina -protestó, pero enseguida se limpió un poco la mano y se la llevó a uno de sus bolsillos; sacó una barrita de chocolate, aún en su envoltorio, un poco arrugada pero sin abrir, y se la tendió a Rossana- . Toma, mi agradecimiento: aquí tienes algo que sabrá mejor.
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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 17th Marzo 2015, 7:49 pm

Esa parte de la vida de Rossana era una paradoja bastante graciosa. Su padre era médico, así que solo bastaba un vistazo para que Alexander se diera cuenta que su hija estaba enferma, que tenía un resfriado o que la herida que marcaba su piel se infectaría si no la cuidaban, entonces rodeaba a la pequeña castaña de una cantidad inexplicable de médicos que le recetaban de todo un poco, le daban charlas que ella no comprendía y la sometían a miles de exámenes para luego premiarla con un simple caramelo rojo que, no sabía como, pero siempre aparecían en los consultorios a los que iba. Rosy odiaba todo aquello, era pesado, la cansaba, a veces se escondía para no ir se encerraba en su cuarto, lo que menos le agradaba era el olor, el olor de los consultorios la mareaban, perforaba su nariz y la hacía tener dolores de cabeza, lloraba por no saber explicarlo. Con todo eso es muy gracioso pensar que ahora la muchacha fuera una experta viendo heridas y curando personas, no le temía a nada y tampoco le tenía asco a las cosas que tenía que presenciar a un lado de Avy, menos cuando la sanadora la ponía a ella a hacer el trabajo para que aprendiera, Rosy había aprendido a moderar bien sus nervios. Cuando Robin puso esa cara de asco ella no tuvo más opción que reir con ganas, le parecía una visión de ella, solo que el temor a los médicos acabó pronto en la chica de ojos grises. —Me vas a hacer sentir mal, en serio, pensaré que no he sido lo suficientemente buena contigo y que casi te enveneno. No creo que sea tan malo, el sabor de la medicina, no sabe tan horrible como parece. Cuando era pequeña solìa aguantar la respiración hasta que terminaba de tragar la medicina y pensaba que era jugo de fresas o así, dependiendo del color, me ayudaba un poco, por lo menos hasta que caí de la escoba en el primer curso, era... soy un desastre y me tuvieron que acomodar unos huesos, ahí ya no pensé en más zumos.

Rosy se mostró sorprendida por el gesto, en verdad lo anterior lo había dicho en broma y no esperaba que el chico se sacara un chocolate del bolsillo para dárselo, sin embargo tendió la mano y lo aceptó con gusto, era su dulce favorito y su reserva estaba vacía gracias a Miles que la había encontrado. —No tenías que hacerlo, pero mi madre decía que no se quitaba lo que se regalaba así que ya no te lo puedo dar—. La castaña sonríe cual niña traviesa y abre la barra con cuidado. —Gracias, Robin.

Por otro lado, al tener la barra descubierta, Rosy la pica exactamente por la mitad y se la tiende al chico de la casa de los leones. —Y no me digas que no, que te lo debo por ese sabor tan horrible que le encontraste a la medicina, vamos, come conmigo, como próxima enfermera puede decirte que eso no te va a sentar mal, lo prometo—. Rosy eleva una de sus manos como una promesa bastante infantil y le da un mordisco al chocolate, estaba genial, le había gustado un montón así que espera un segundo a digerir para poder hablar de nuevo. —Lo bueno de tener padres muggles, como es mi caso, o una madre como es el tuyo, es que podemos conocer más su mundo, no se tu pero a mi me encanta, mis padres adoptivos me hicieron amarlo, por lo menos cuando era pequeña, no sabía nada de... mi magia, hasta que cumplí nueve, o creo que diez años, entonces hice florecer unas rosas en el jardín. Cuando vine al castillo y conocí todo... fue maravilloso, ambos mundos lo son, cuando estoy aqui siento que todo es fácil, uso la varita y hay un mundo completo que descubrir, pero cuando estoy allá tengo que esforzarme, caerme, y descubro otras cosas—. Sus ojos brillaban con intensidad, luego niega bajando el rostor y vuelve a mirar a Robin. —Lo siento, suelo inspirarme con esos temas.


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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Robin Rovensky el 18th Marzo 2015, 7:10 am

Robin soltó una risita ante la narración de Rossana.

- Eh, si vas a ser enfermera, lo primero que tienes que aprender es a ignorar a los idiotas cuando se quejen de que la medicina sabe mal -sugirió. A él le encantaba protestar; de pequeño, nunca había recurrido a la estrategia de pensar que lo que le daban era zumo de cualquier clase, sino más bien a la de patalear y escupir, pero ya era un poco mayor para esas cosas- . Aunque siempre me he preguntado... ¿por qué no le ponen sabores a las medicinas? Ya sé que a algunos brebajes les ponen sabor a naranja, y esas cosas, pero eso casi nunca disimula que están amargos y asquerosos. Yo me refiero a sabores de verdad, tan fuertes que ya ni te enteres de lo que estás bebiendo. Lo hacen con la mitad de la comida, ¿por qué no con las pastillas? -reflexionó.

La chica se sorprendió por lo de la barra de chocolate, pero le dio las gracias mientras la abría. Robin le dirigió una sonrisa cómica de tan exagerada.

- Dicen que en algunos sitios es costumbre sobornar al médico para que te atienda mejor -se explicó. Sin embargo, cuando ella partió la barrita por la mitad y le dio uno de los trozos, no se negó a que le devolvieran parte de su soborno; al fin y al cabo, todavía tenía en la boca aquel asqueroso sabor, y quería quitárselo cuanto antes- . Vale, entonces no te diré que no... ya que es recomendación médica -bromeó, y mordió su parte del chocolate.

La sanadora en prácticas comenzó a contarle entonces, con ojos brillantes, lo mucho que le gustaba ser parte de dos mundos, y cómo descubrió la magia. Robin sonrió; la chica le hacía gracia. Volvió a frotarse la nariz (que ya sentía casi seca, y ahora empezaba a picarle) y contestó:

- ¿Por qué te disculpas? La inspiración es una cosa genial. ¿Qué habrían hecho los grandes genios de la humanidad sin inspiración? -soltó otra risilla- Y además, estoy de acuerdo. No me imagino cómo sería eso de conocer solo el mundo mágico; sería como... tener una visión muy incompleta del universo. Sí me imagino cómo sería conocer solo el mundo muggle porque así es como vivía de pequeño... pero ahora tampoco podría volver a esa situación, creo -musitó- . ¿Hiciste florecer rosas? Yo nunca hice magia de ningún tipo hasta que llegó la carta de Hogwarts, que yo recuerde al menos. Pero, ¿sabes? No me parece que la vida en Mugglelandia sea más esforzada que en Magialandia. Casi al contrario; hay tantas normas aquí que la mitad de las veces uno no sabe ni dónde está de pie. No sé si me explico -se rió; daba igual de lo que hablara, siempre acababa criticando las normas. Empezaba a sentirse monotemático.
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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 18th Marzo 2015, 9:34 pm

Rosy suelta una risa cuando lo escucha, no se consideraba una experta en la materia médica, pero tenía a la mejor tutora y eso hacia que pensara en ocasiones que tampoco era mala en el asunto, por lo menos ninguno de los estudiantes a los que había atendido durante su estancia en la enfermería habían padecido efectos secundarios de sus curas o cosas peores. —Has herido mi autoestima médico, creo que todo este asunto del chocolate es un mensaje subliminal para darme a entender que no te he atendido muy bien después de todo—. Rossana lo ve de reojo pero luego ríe como es habitual en ella, no puede mantener la mueca de seriedad por mucho tiempo y toma su parte de la barra para darle una mordida y saborearlo de nuevo. —Esta muy bueno el chocolate, en verdad, tengo mis reservas en mi habitación pero mi mejor amigo siempre acaba con ellas antes de que yo me de cuenta.

La castaña asiente cuando Robin repite el asunto de su despertar de magia, igual que él ella no sabía nada de sus poderes hasta que pasó y su carta llegó después. Rosy lo escucha y pasa su brazo por sus labios quitando cualquier exceso de chocolate antes de hablar, parecía una niña pequeña. —Si, bueno, es gracioso. Papá me hizo un rosal, vale, ya la casa lo tenía pero él me hizo la encargada y como a mi me gustaban las flores no tuve problemas. Era invierno, mi hermanito estaba dentro de la casa con mis padres y yo decidí salir, estaba algo triste, no florecían y yo no entendía porque, entonces la sostuve en mi mano y poco a poco el hielo se fue borrando y los petalos brillaron—. Rossana movía sus manos mientras hablaba, sus ojos brillaban, le gustaba contar esa historia. —Se lo conté a mi padre, pero a él... bien, creo que aún no se acostumbra—. Porque desde luego ella no estaba preparada para contarle su vida privada a un extraño. —Creo que depende de cada persona, Robin, todos tenemos vidas diferentes, de seguro la tuya fue un tanto más tranquila.

Termina de comer el chocolate y se baja de la camilla para empezar a organizar las cosas que había desordenado; el vaso, las medicinas, el libro, todo lo toma entre sus brazos y habla conforme se mueve en el lugar para posicionarlo todo en su lugar. —Entonces eres como Potter y su pandilla, creo que él ha logrado contagiar a la mayoría de los de su casa. No creo que quieras que una prefecta te de una charla de normas, ¿no?


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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Robin Rovensky el 19th Marzo 2015, 2:06 pm

- Gmmmbh-hmmm -gruñó Robin, con la boca llena de chocolate, al insinuar Rossana que con el chocolate estaba intentando decirle que no estaba satisfecho con sus atenciones. Tragó rápidamente, y después dijo- . Créeme, si no me hubieras atendido bien no te habría dado chocolate. Más bien te habría quemado los calcetines, o algo así. Si necesitas que le queme los calcetines a ese amigo tuyo que te quita el chocolate -se ofreció- , estoy a tu disposición. Aunque, si yo fuera tú, creo que reduciría el tamaño de mis reservas de chocolate y las guardaría en algún lugar pequeño en el que no se le ocurriera mirar... y luego antes de comérmelas las devolvería a su estado original, claro está.

La historia de las rosas le hizo gracia. Tenía el aire de un cuento para niños, en el que la protagonista encontraba rosas floreciendo en mitad de la nieve y luego, en pago, tenía que irse a vivir a un castillo encantado, con una bestia o un brujo (o, en este caso, muchos brujos) que después resultaba ser un príncipe hechizado. La chica tenía ese aire de princesa inocente, desde luego. Cuando dijo que la vida de Robin tenía que haber sido un poco más tranquila, este soltó una risilla.

- Bueno, según alguna definición de "más tranquila"... -comentó, en tono de guasa, y narró- Mi padre se largó antes de que yo naciera; pasé los primeros años de mi vida mudándome cada seis meses; después me fui a vivir a lo alto de un monte, después a un centro de menores, y entonces, cuando por fin me dejaron volver a casa, ¡zas! Carta de Hogwarts. A veces me pregunto qué habrían hecho si mi tutela la hubiese tenido todavía el Estado... ¿qué demonios les habrían contado para que me dejaran venir? -se preguntó- Eso sí, no puedo quejarme; para lo poco que le gusta a mi familia el mundo mágico, se lo han tomado todo muy bien. ¿Qué te pasó a ti que te haga desear haber tenido una vida más tranquila?

Rossana se terminó el chocolate (Robin había devorado su trozo hacía rato ya) y comenzó a recogerlo todo. El chico, cuya nariz ya no sangraba y hasta estaba empezando a dejar de escocer, se preguntó si aquello era una indirecta para que se marchase; pero, aunque normalmente salía escapado de la enfermería tan rápidamente como podía, aquel día la compañía no le resultaba desagradable, y se decidió a remolonear un poco más.

- Bueno, Potter es mi capitán en el equipo de Gryffindor, así que... algo de caso le tendré que hacer, ¿no? -murmuró por lo bajo, y de repente se sobresaltó; sus ojos se desviaron hacia la insignia prendida en el uniforme de Rossana- Espera. ¿Tú eres prefecta?
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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 19th Marzo 2015, 4:01 pm

Hubiese cambiado un poco la oración de Robin a "una vida más tranquila actualmente". Rossana no podía negar que su vida de niña había sido buena, que mientras muchos de sus compañeros probablemente corrieron con la suerte de dar con padres que al final no los quisieron, ella creció en un círculo de amor donde se lo demostraban día a día de manera material y también de manera emocional, donde todo lo que la chica decía era ley y donde la educaron para ser una perfecta señorita de sociedad como para también ser una mujer de buenos valores que supiera ser independiente y no se atara a otros. Su vida nunca tuvo altos y bajos, siempre se mantuvo en un ritmo normal, o mas o menos algo así; sus padres fueron honestos desde que ella empezó a hablar, le decían la verdad, la trataban como una adulta pero a la vez le hacían vivir las ilusiones en las que una niña merece creer. Todo hubiese sido perfecto, de hecho todo lo fue hasta el día que la magia tocó las venas de la muchacha y la hizo crear y comprender muchas cosas, el día que Alex la apartó bruscamente de su hermano menor y toda la familia Aldridge le dio la espalda de una manera u otra sin importar lo que ella podía sentir o pensar y mucho menos el amor que le expresaba diariamente a su familia. Rossana tomó un respiro, no querìa dar muchos detalles de su vida pero el chico le parecía agradable y sería muy grosero de su parte no darle alguna explicación de sus comentarios. —Oh, no, no me malinterpretes, Robin. Si quiero una vida tranquila, pero la quiero ahora, verás, mis padres adoptivos me dieron todo cuanto quería, mi vida fue... fue la de la típica familia inglesa; hacía cursos desde niña, sabía dos idiomas por lo menos, iba al parque, tomaba té con las mujeres de la casa, recorrí lugares que no conocía, incluso fui a una escuela privada. Si deseo una vida traquila es ahora, mis padres... no entienden el asunto de la magia y bueno, me gustaría conocer a mi verdadero padre. Creo que es cuestión de crecer y darte cuenta que el mundo no es un lugar tan bonito como te lo pintaban, entonces empiezas a indagar cosas que antes... bien, que antes no tenía sentido que indagaras, es solo eso, ¿entiendes?

Mientras tanto la chica de ojos grises va acomodando las cosas en su lugar, una de las cosas que habia aprendido de Avy, además de sus ganas de que todo estuviera perfecto y su excesiva limpieza, era que uno le expresaba al paciente lo profesional que era nada más con el movimiento de sus manos, eso quería decir que cada mínimo detalle que ella le hubiese demostrado al Gryffindor esa noche, había hablado de lo que era y de lo que quería ser. Por eso la castaña trataba de ser tan pulcra y valiente, eran dos buenas referencias que tendría desde sus estudios en el castillo para cuando tuviese que hacer las pasantías en San Mungo. Mientras subía los frascos, acomoda los libros, guardaba todo como la enfermera lo había dejado, escuchaba a Robin, desde luego no tardó demasiado en volver así que antes de que el muchacho terminara de hablar ya ella estaba de nuevo en el cubículo. —Si, creo que es inevitable saber por referencia quien es James Potter, creo que le gusta mandar víctimas de sus bromas a la enfermería, o por lo menos he visto varias.

Rosy frunce el ceño cuando Robin se refiere a su posición de prefecta, enseguida la chica baja la mirada y ve la insignia perfectamente bordada en su uniforme, asiente con cierta timidéz, como si eso fuera algo malo o algo inesperado en medio de su conversación, como si Robin pensara que ella se estaba acostumbrando de la situación y le pondría un castigo o algo peor. —Si, si, si lo soy, pero no tienes que preocuparte, no soy de las malas y tampoco te voy a poner un castigo, se supone que esto queda entre nosotros, además, si conoces a Potter y por lo visto eres como él creo que una simple prefecta no será un problema, ¿o todavía nos temen?


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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Robin Rovensky el 19th Marzo 2015, 5:31 pm

Robin, que seguía aún sentado en la camilla, se bajó de un salto y se alejó un par de pasos, interponiendo el brazo entre Rossana y él como si pensara que la manga de su túnica lo defendería de ella.

- ¡Maldición! Y yo aquí tan tranquilo, hablándole a una prefecta de cómo le voy a quemar los calcetines -exclamó, y soltó un bufido- . Eh, Potter es uno de los bromistas que molan; yo solo soy el alumno problemático. Y para que quede constancia -añadió, porque no sabía callarse ni por su propio bien- , llegado el caso me daría igual que fueras una prefecta o la misma directora; no me dais miedo -aseguró, carraspeando y bajando por fin su brazo protector.

Además, lo suyo no eran las bromas que mandaban a nadie a la enfermería. Si tenía que enviar allí a alguien, sería por una pelea, como poco; y hacía ya tiempo que no se peleaba. Lo que mejor se le daba era destrozar material y reírse de la gente, y ninguna de esas dos cosas requerían después asistencia médica, así que, en lo que a él respectaba, Rossana podía estar más o menos tranquila. (A no ser que contase desastres como el del castigo comunal de hacía unas horas, en el que por lo menos dos alumnos habían acabado dando con sus huesos en el suelo como consecuencia de sus actos, como "bromas que llevaban a alguien a la enfermería". En ese caso, sí, la prefecta tenía de qué preocuparse.)

Pero Rossana había asegurado que no le pondría ningún castigo, y que todo aquello quedaría entre ellos dos. Eso estaba bien, porque Robin ya venía de un castigo e iba en dirección a otro, y solo le faltaba que le pusieran uno más para redondear el día por completo. En fin, se dijo el chico, probablemente aquella prefecta (que tenía cara de enfermera pero no de prefecta, en absoluto; por eso había pasado por alto su insignia durante tanto rato) era de las que eran fáciles de torear, y que acababan siendo más cómplices de los alumnos que de los profesores. Le costaba imaginarse a una persona de aspecto tan dulce patrullando los pasillos y quitándole puntos a nadie.

Además, no había que olvidar que la chica acababa de curarle, sin pedirle explicaciones nada menos; y no solo eso, sino que, después de que Robin resumiera su historial familiar, ella hizo lo mismo con el suyo, y le habló de su infancia.

- Ooh, eres adoptada -comentó Robin, sin asomo de delicadeza pero también sin maldad- . ¿Cómo se siente eso? Y ¿por qué quieres conocer a tu verdadero padre? ¿Es solo porque tus padres adoptivos no entienden la magia, o ya querías conocerlo de antes? -pese a que acababa de averiguar que era una prefecta, y a que de buenas a primeras Robin despreciaba casi sistemáticamente a cualquiera que tuviese algún tipo de autoridad, no pudo evitar sentirse un poco mal por lo que ella le contaba. Debía de ser bastante duro sufrir una decepción así, vivir en una burbuja perfecta y que de repente esa burbuja estallara. Robin era revoltoso, pero en el fondo no tenía mal corazón, así que siguió- Bueno, pero no te preocupes por eso; cuando indagas, también ves muchas cosas bonitas en el mundo que antes no veías. Y si tu vida se ha vuelto muy horrible de repente por lo de la magia... uh, no sé, siempre puedes irte de casa y empezar de nuevo en otra parte, ¿no?
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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 21st Marzo 2015, 11:03 am

Rossana tampoco quería darle miedo a los estudiantes del castillo, como prefecta tenía que infundir cierta autoridad en los chicos pero lo hacía de una manera muy dulce y amigable, no para que la tomaran por tonta y le pasaran por encima, al contrario, para obtener la confianza de los estudiantes y que estos supieran que no sería bueno volver a hacer otra travesura en su presencia, su historial de castigos era un tanto largo pero es que las cosas habían cambiado mucho a otros tiempos, o eso decían y aunque le doliera tenía que hacer valer su papel ante los otros, si no le vieran la insignia grabada en su túnica seguramente nadie pensaría que Rosy era prefecta, menos con su pose tan dulce y amistosa a otros. Suelta una risa, luego de esa charla lo menos que quiere es darle miedo a Robin, bien, el chico se veía algo revoltoso y tosco con las palabras pero no parecía ser malo y esas cualidades no le molestaban a Rosy, cosa que fue evidente cuando la vida le empezó a contar detalles de su vida que no quería dar. —Creeme que yo no tengo la intención de que me tengas miedo, Robin, no me gusta que me teman, solo que me respeten, por lo menos cuando yo estoy frente al estudiante, nada más. Si puedes hacer eso creo que todo estará bien.

Ella se ríe un tanto nerviosa cuando le pregunta sobre el asunto de su verdadero padre, estaba claro que no pondría a Avy en peligro diciendo que en un cúbiculo cercano, de la nada, empezaron a hacer magia oscura para saber donde estaba el padre de Rosy y sus antecedentes por una razón que la castaña no podía explicar, pero tampoco le iba a mentir en la cara, no servía para eso, debía buscar un sano equilibrio. Rossana tomó un respiro, apartó cierta porción de sus cabellos de su rostro y habló. —Si, bueno... me dejaron en un orfanato cuando era un bebe, mis padres me adoptaron a los meses, son muy buenos, en el fondo lo son, nunca me ocultaron nada, desde que empecé a hablar me dijeron que me amaban, que yo no era su hija de sangre pero si en el corazón y que era lo mismo, que era incluso mucho más valeroso que otra cosa, que me querían y que siempre lo harían. Honestamente nunca sentí la diferencia a ser una hija adoptiva, me sentía igual que otros niños. Supongo que la intolerancia de mis padres con lo de la magia viene por el lado de que nunca imaginaron que su hija haría cosas similares y eso es... raro, ellos son la típica familia inglesa y creo que mi magia pudo haberlos perturbado un poco—. Aunque el trato con sus padres esté como está, aunque separen a la chica de su hermano menor, ella nunca ha culpado a nadie y a veces a la única que culpa es a ella misma, cosa que sus amigos siempre le dicen, no debe ser. —Cuando era pequeña mis padres dijeron que la mujer que era mi madre dijo en el orfanato que no me quería porque "ese" hombre la hechizó y abusó de ella, años después de que estudiara en el castillo supuse que "ese" hombre podía tener la misma dosis de magia que yo, eso no tiene mucho que ver, hay chicos muggles que tienen magia sin antecedentes pero... no se, quizás fue una manera de empezar a ocuparme de ese asunto, nunca lo había hecho y francamente no tengo tantos datos por donde empezar, hay mil familias de sangre mágica así que... requiere tiempo—. Finaliza encogiéndose de hombros con una leve sonrisa en sus labios, el resto de la historia eran secretos, secretos que no podía compartir.

La castaña niega con una sonrisa, al verdad estaba muy acostumbrada a su mundo, a la magia, le gustaba, ir al mundo muggle, si no fuera por su tía, ahora solo sería como visitar un recuerdo vacío, uno que por más que se trate no tiene comodidad aparente. —Este es mi último año y aunque no lo creas he pensado en ejercer como doctora en el mundo muggle, pero... me encanta este mundo, me siento... viva, así que supongo que cuando vaya a la universidad estudiaré para ser sanadora y me quedaré, si mis padres quieren verme no tendré problema pero este mundo es... todo lo que soy—. Explica moviendo sus manos mientras ve a chico de nuevo. —El tema es largo pero, en resumen es eso, lamento si casi te duermes, por eso te dije que tu vida seguramente sería más entretenida.


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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Robin Rovensky el 21st Marzo 2015, 7:02 pm

La chica soltó una risa cuando Robin afirmó que no le tenía miedo; y aseguró que no era ese su propósito, sino simplemente el que la respetaran. Eso podía parecer bastante razonable, para cualquiera que no fuese Robin. A lo largo de su vida se había encontrado con muchas personas que decían cosas parecidas, y había descubierto desde muy joven que algunas se merecían ese respeto... y la mayoría no. Al fin y al cabo, a cualquiera podían ponerle un título y regalarle un rango, pero el que fuera adecuado para ostentarlo era una cosa muy distinta.

- ¿Respetarte? No sé si puedo hacer eso -contestó Robin, frunciendo el ceño- . Quiero decir... respetarte como persona sí, más o menos, porque bueno, luego vienen los del rollo de la paz y la amistad y... -calló por un momento, confuso, como si ni siquiera él entendiese muy bien qué estaba diciendo- En fin, respetarte como persona sí, porque me has caído bien y me acabas de ayudar. Pero una cosa es eso y otra es respetarte como prefecta. Eso es... a ver, tú vienes y me dices que tienes autoridad sobre mí porque la directora lo ha dicho, y se supone que yo tengo que asentir a eso como un tonto y creer que efectivamente eres competente y capaz de tomar decisiones por mí. Pero la autoridad no es eso, ni el respeto tampoco; no te los inyectan directamente cuando te dan una insignia. Esos hay que ganárselos.

Sin embargo, después de aquella declaración de intenciones bajó un poco el tono. Rossana parecía nerviosa al hablar de su familia; y Robin podía insistir lo que quisiera en que por principio no pensaba respetarla, pero la chica era tan amigable que... no sentía ningún deseo de meterse con ella, la verdad.

- Entiendo -dijo, aunque en realidad no lo entendía del todo- . Quieres... ¿saber de dónde viene tu magia, o algo así? ¿Encontrar tus raíces? Aunque tengo que decir que eso de tus padres de decir que siempre te querrían y luego sentirse perturbados por lo de la magia me parece un poco cobarde. No quiero meterme con tus padres ni nada, pero... bueno -bufó- . De todas maneras, lo de las adopciones nunca funciona. Conozco a un par de chavales a los que adoptaron también, y todos han acabado bastante mal. Uno volvió al orfanato, otro... está en la cárcel, creo, pero no sé muy bien por qué. Un desastre.

Él también se encogió de hombros. Su propio paso por el orfanato había sido fugaz, y nunca había llegado a estar completamente separado de su familia, pero aún así le había parecido un lugar horrible. Y lo de la adopción, y lo de la magia... comprendía que Rossana se sintiese confundida, y quisiese investigar y saber de dónde venía, aunque, no obstante, no le parecía la mejor de las ideas buscar a un padre que probablemente hubiese abusado de su madre. Pero eso no lo dijo.

- Ser sanadora tiene que ser una profesión muy chunga -comentó, en su lugar, y soltó una risilla- . Siempre tendrás que estar viendo cosas asquerosas, y tratando con pacientes desagradecidos. Me imagino que un tiempo puede tener gracia, pero... a la larga, no creo que fuera una profesión para mí.
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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 22nd Marzo 2015, 10:03 pm

Y ese era su punto como prefecta, más allá de exigir respeto porque una insignia y un título lo decía, Rosy quería ganarse el cariño, aprecio y respeto de las personas por lo que era, eso se lo había demostrado su padre, no como una enseñanza sino simplemente era algo que ella observaba. Cuando Alexander Aldridge entraba en una habitación con su bata blanca, su impecable dentadura y su imponente postura, todos se levantaban y lo miraban con admiración, lo dejaban hablar primero y muy pocas veces le expresaban negativas determinantes, Rossana tenía curiosidad, ella veía así a su padre pero era precisamente porque era su padre, Alex no era padre de tantas personas. Luego, a medida que iba al consultorio, se daba cuenta de que todo se trataba por las buenas acciones del medico; por su bondad, su ayuda desinteresada a las personas, sus conocimientos, su amabilidad con cualquiera que se cruzara en su camino; un motivo más para que Rosy quisiera ser como él, fue entonces como comprendió que el respeto era algo que no se podía exigir, asi uno tuviese miles de estudios ganados, condecoraciones o premios, todo estaba en dar lo mejor de sí a los demás para que estos hicieran lo mismo. Rossana estaba segura que habían prefectos con características similares a ella en el castillo, no los conocía pero sabía que las nuevas generaciones eran totalmente diferentes y entendían esos cambios. —Bueno, no es algo que te voy a exigir, me gusta que las personas lo hagan porque quieren, por ejemplo, si te nace ser bueno conmigo luego de que te ayudé, si es que lo hice bien, lo acepto, de otra manera no.

Cobarde. Era un término fuerte, Rosy no se molestó porque Robin lo dijera con tanta libertad, al contrario, su expresión se tornó pensativa, nunca hubiese imaginado que alguien diera con esa palabra para catalogar la actitud de sus padres hacia ella, ni la misma castaña lo había considerado. Si bien si le molestaba y llamaba su curiosidad que de un momento para otro fuera la hija negada en lugar de la amada, tampoco los consideraba cobardes, ella prefería decir que sus padres no tenían un amplio conocimiento del mundo mágico y por esa misma ignoracia pensaban que ella podía causarles mucho daño, incluso a Michael. —No tienes que disculparte, es tu opinión, yo prefiero pensar que no conocen lo suficiente y temen, siempre ha sido así, cuando el ser humano no conoce algo teme y quiere dominarlo, así como la clase de Historia de la magia—. Rosy se encoge de hombros y hace referencia a una de las clases que tanto le gustan. —Creo que todo depende de como lo lleven los padres, nunca tuve problemas con ser adoptada, mis padres siempre me dijeron la verdad y me ayudaron a diferenciar las cosas, creo que incluso si hubiera estado de su mano ayudarme a encontrar a mis padres lo habrían hecho. Lo de la magia es solo una suposición básica, ese dato del hombre misterioso es el único que tengo del orfanato, de resto no se más nada, y vaya que he ido a hablar con la encargada, creo que me quiere más ahora que me conoció de adulta al poco tiempo que pasó conmigo cuando era una bebe.

La castaña ríe y rasca la punta de su nariz con sus uñas, la explicación de Robin era parecida a la que le había dado su hermano Michael en una de sus últimas cartas, le causaba gracia pues su hermanito era solo un niño y no imaginaba como su hermana haría lo mismo que su padre siendo de apariencia tan delicada, el pequeño rubio incluso pensaba que la mayor sería de esas personas que curaban dragones, solo esa parte lograba llamar su atención, lástima que la correspondencia de Rosy muy pocas veces llegara al niño, seguramente si su hermana le hubiese explicado estaría maravillado con el mundo en el que vivía Rossana. —Me recuerdas a mi hermano menor, Michael, dice lo mismo incluso de la profesión de mi padre en el mundo muggle, es gracioso escucharlo. Depende de la pasión que tenga cada persona, yo amo lo que hago, creo que nunca me cansaría, pero ahora que lo dices, ¿cuál es tu plan, Robin? cuando salgas del castillo, claro está.


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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Robin Rovensky el 23rd Marzo 2015, 3:43 pm

Robin escuchó la tranquila respuesta de Rossana a sus impertinencias, y estuvo a punto de llevarse las manos a la cabeza.

- No deberías ser tan buena con la gente -musitó, y ni él mismo sabía por qué aquello lo molestaba. Robin no había crecido en un mundo de honestidad y confianza, ni mucho menos en uno justo. En su opinión, el mundo se comía a aquellos que eran demasiado amables; y, aunque el propio Robin no tenía ningún problema con ser amable y simpático cuando ello no le perjudicaba, no tenía un concepto demasiado alto de la paz o de la amistad, ni de la capacidad de la bondad para resolver problemas. En cierto modo, admiraba a las personas dulces y desinteresadas, porque uno tenía que ser un idiota con muy buena voluntad para ser dulce y desinteresado; pero pensaba que eran pobres diablos, condenados a que el resto de la humanidad los pisoteara a placer.

La explicación de la chica a por qué no pensaba que sus padres fueran cobardes no hizo sino afianzarlo en estos pensamientos. Movió la cabeza de un lado a otro, en señal de desaprobación.

- Es normal temer lo que no conoces -aceptó- , pero si tus padres se enfrentaron a una decisión, que era quererte tal y como eres o ceder al miedo a lo desconocido, y escogieron ceder, entonces es que o nunca te quisieron o que son unos cobardes. -bufó, e hizo una comparación- Mi familia no es la típica familia inglesa. No tienen dinero, no tienen apellido y no tienen conexiones. Yo nunca fui a cursos de ningún tipo, ni aprendí un idioma extranjero, aparte de las cuatro palabrotas que oía gritar a mi madre en ruso cuando estaba furiosa; faltaba al colegio cuatro días a la semana y a nadie le importaba un comino. Pero lo que quiero decirte con todo esto es... mi familia, que es tan imperfecta y tan poco educada, me grita al oído lo que piensa de mí, pero me acepta tal y como soy, y no porque tengan miedo de lo que hago han dejado de quererme, o de apoyarme. -tragó saliva, y se preguntó si había hablado demasiado- Lo hace a uno pensar.

Se rió un poco cuando ella lo comparó con su hermano menor. Esperaba que su hermano menor no fuese mucho menor, o al menos que fuese muy avispado, porque, la verdad, lo disgustaría bastante enterarse de que estaba haciendo los mismos comentarios que un bebé.

- ¿Qué edad tiene tu hermano? -preguntó. Entonces ella quiso saber cuáles eran sus planes para el futuro, y Robin tartamudeó por un momento, pillado por sorpresa- Ahm... uhm... yo... no tengo planes para el futuro. De momento, tal y como están las cosas, supongo que con que sobrevivamos todos me doy por satisfecho -se encogió de hombros.
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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 23rd Marzo 2015, 4:28 pm

Hablar de su hermano le transmitía cierta nostalgia a la chica de ojos grises, sin embargo sus ojos brillaban y eso se debía a que mayor era la felicidad al poder hablar de Michael que la tristeza que sentía al no poder verlo siquiera al pisar Londres en el verano, ese pequeño niño era lo más importante para ella; su mejor amigo, su confidente, su motivo de risas y su crítico más fuerte. Desde que el pequeño abrió sus ojos claros y alzó sus puños regordetes ella lo amó con locura y prometió que iba a ser la mejor hermana mayor del mundo. Las diferencias entre ellos eran evidentes, se podía notar que ambos no eran hermanos, el cabello del pequeño era más claro y sus ojos de un color como el agua, puros y soñadores, pero incluso cuando Rosy era pequeña esas diferencias no parecieron hacerle ruido, ella lo quería tal como era y desde que supo que su madre estaba embarazada empezó a decir que ese era su bebe, su hermano favorito, aún cuando ella estaba segura de que quería más hermano menores para cuidar y jugar. Rosy ríe cuando ve la cara de Robin y apuesta a que el chico está pensando si lo está comparando con un bebe. —Nueve años, los acaba de cumplir pero te puedo jurar que es uno de los niños más inteligentes de todo el mundo, avispado como él solo, antes de que dejara de ir a casa le gustaba pensar que su hermana era de esos magos con sombrero y me pedía trucos, creeme, es una buena comparación y no es por la edad es que... sus comentario fueron muy similares y de seguro alguien que concuerde con tu opinión diría palabras muy parecidas.

No quería seguir con el tema de sus padres, además lo estaba hablando con alguien muy franco como era aquel chico de la casa de los leones, ella era mas suave para decir las cosas, más humana con las personas, no iban a coincidir y para ella era mucho más complicado sentir que la convencían con el asunto de que sus padres eran unos cobardes por no aceptarla, si tenía que huir del tema para aferrarse a su punto de vista entonces lo haría, por eso puso mayor atención en lo que Robin quería para el futuro, era una pregunta de mayores, una que solo hacen los adultos, pero en momentos como esos Rosy estaba segura que era una adulta atrapada en el cuerpo de una chica de diesisiete años. Por otro lado la respuesta del muchacho la tomó por sorpresa, quizás fuera por eso que ella a su corta edad ya tenía planes, por su misma familia controladora y ordenada, aristócrata y famosa; Robin había carecido de todo eso pero aún así era una chico libre que parecía no preocuparse por adelantar las cosas.

—¿Sabes?, eso en parte es bueno, no lo se, creo que si mi familia no hubiese sido como era probablemente yo sería como tu, sin preocuparme por lo que viene y ya tener planes para afrontar la salida del castillo. Los Aldridge siempre fueron ordenados, con la vista hacia el futuro, buscan crecer y prosperar, no hay nada que no esté controlado por esa meta, supongo que por eso yo soy así, aunque siempre me gustó el asunto de sanar y ayudar a las personas, incluso desde que jugaba con mis muñecas, no me imagino haciendo otra cosa que no sea eso, además soy muy frágil para el quiddich y los hechizos de defensas no me salen tan bien como quisiera, historia me agrada pero... no soy tan valiente para narrar a la perfección la historia de ambos mundos, muchas fechas, muchas visiones diferentes. No está mal hacer lo que tu haces, Robin, a mi también me gustaría decir que no tengo planes y que sea el destino quien me tome de sorpresa—. Finaliza con una sonrisa pisando el suelo para buscar la carpeta y empezar a llenar un corto expediente, no podía hacer de cuenta que estuvo ahí sin dejarle referentes a Avy.


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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Robin Rovensky el 24th Marzo 2015, 1:29 pm

Robin respiró aliviado cuando escuchó que el hermano de Rossana tenía nueve años.

- Bueno, nueve años... -comentó- Eso lo puedo aceptar; no puedo competir con un chaval de nueve años. Si tuviera cuatro habría sido otra cosa, pero... -y, ante el entusiasmo con el que la chica hablaba de su hermano, no pudo menos que reír- Oye, eso no es mala idea. Supongo que ya no, con todo este lío con los muggles, pero antes de que descubrieran la magia, habría sido una idea genial hacerse pasar por prestidigitador siendo mago. Podrías hacer trucos maravillosos y nadie sabría nunca cómo los hiciste, pero tampoco sospecharían de ti porque pensarían que son solo eso, trucos. -nada más pensar eso se le ocurrió que aquella habría sido la profesión perfecta para él. ¿Por qué no podía haber nacido veinte años antes? Maldición, siempre llegaba tarde a todo... aunque en esta ocasión no fuese exactamente culpa suya- ¿Tienes solo un hermano, o tienes más?

Cuando llegaron de nuevo al tema de sus padres, Rossana evitó seguir hablando. Se sentiría incómoda, seguro; Robin podía llegar a hacer comentarios muy poco delicados, y en este caso había hablado más de la cuenta. Pero incomodar a alguien no era por lo general nada que lo molestara ni que lo preocupase, mientras solo se tratara de palabras; al contrario, muchas veces le divertía ver cómo reaccionaba la gente cuando le decían a la cara algunas cosas que no era común exteriorizar. Pero la aprendiz de enfermera le había caído bastante bien, y solo por eso no insistió más, y dejó el asunto correr... aunque para nada se sintió mal por haberlo sacado.

Entonces ella dijo que no era nada malo no tener planes para el futuro, y que a ella también le gustaría poder decir lo mismo; y Robin se quedó con la boca abierta, ofreciendo una hermosa estampa que en un museo podría titularse Tonto mirando a doncella.

- ¿No te parece que esté mal? -preguntó, cuando consiguió volver a cerrar la boca- Porque... crecer y prosperar está bien, ¿no? ¿De verdad crees que es bueno no tener planes para el futuro? -repitió, incrédulo.

Entonces, la chica volvió a lo que estaba; sacó una carpeta y empezó a rellenar unos papeles. Robin, desconfiado, se acercó un poco para mirar el papel de reojo, como si fuera un perrito olisqueando una farola.

- ¿Qué estás escribiendo? -quiso saber- Espero que, sea lo que sea, estés poniendo que Robin Rovensky es simpático y listo y encantador, y que no da ningún problema -sugirió, bromeando.
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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 24th Marzo 2015, 8:52 pm

¿Tendría más hermanos?, por lo menos sabía que por sus padres adoptivos solo contaba con Michael. Eloise tuvo que pasar muchos tratamientos para poder ser madre, de hecho adoptaron a Rosy pensando que nunca lograría serlo y que ambos estaban entusiasmados por tener hijos, no podrían vivir sin uno. Michael fue un milagro, un verdadero milagro, la madre de Rosy había probado todos los tratamientos incluso siendo su esposo médico pero nada había funcionado, entonces de la nada salió embarazada y la vida en la casa de los Aldridge fue más alegre si eso era posible. Pero a ciencia cierta Rosy no sabía si tenía más hermanos, si su madre biológica había tenido otros hijos al recuperarse o si su padre tuvo más pequeños, incluso como ella, su repentina curiosidad por su familia hacía que se preguntara eso repetidas veces. —No, solo Michael, mi madre tuvo problemas para quedar embarazada, por eso me adoptaron, creyeron que nunca lo haría, pero tengo primos, muchos, los Aldridge son numerosos aunque como viven en ciudades diferentes y solo se reúnen para eventos importantes entonces todos piensan que se trata de una familia pequeña, pero no es así, mi padre es el mayor de cinco hermanos y mi abuelo tuvo un matrimonio anterior, cuando era joven, su esposa murió y él se encargó de ellos, no los ven tan distintos a los hijos de mi abuela, creo que por eso mi padre nunca tuvo problemas conmigo y me vio como si fuera su hija de verdad.

Su incredulidad la hizo reír, dos hoyuelos se formaron en sus mejillas y ella asintió como si fuera la maestra explicándole de nuevo la teoría a un alumno que acaba de entender y quiere corroborar la información. —No, no creo que esté mal. A ver, mi forma de verlo es diferente pero eso no quiere decir que la tuya esté equivocada. Robin, si te soy honesta te envidio un poquito, quisiera no haber crecido con tanto orden. Que no tengas planes ahorita no significa que vivirás pidiendo dinero en la calle o serás un bueno para nada. La experiencia te va a dar las herramientas para que decidas bien y cuando lo hagas verás que serás de ese tipo de chicos que hace las cosas que realmente le apasionen, no porque lo obligan o están programados a querer ser mejores.

Básicamente lo que Rosy estaba anotando eran notas de su encuentro, cómo llegó, los síntomas, las medicinas usadas y los síntomas posteriores si fueron mejorando o no y los efectos secundarios esperados, el nombre, la casa por una próxima visita y la firma de la misma Rosy. Rossana ríe y niega mientras le enseña sus notas. —No, de hecho no, solo estaba colocando que mañana tienes que venir obligatorio o si no te sangrará de nuevo la nariz—. Se muerde los labios pero no puede aguantar y suelta una risa. —Es broma, solo puse cosas bastante generales de tus síntomas—. Ahora en su papel de prefecta ve el reloj y la enfermería solitaria. —Pero si no me equivoco es hora de que te vayas a dormir, Robin, no creo que luego de la enfermería sea lo mejor encontrarse con un prefecto gruñón.


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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Robin Rovensky el 25th Marzo 2015, 1:34 pm

Robin se encogió de hombros.

- Supongo que uno es mejor que ninguno -afirmó- . Oooh, ¿tienes una gran familia? ¿Con montones de primos que se juntan en las fiestas sonadas y gastan bromas a todo el mundo mientras los mayores mueven la cabeza desaprobatoriamente pero los dejan hacer porque ellos en sus tiempos eran iguales? -inventó, con entusiasmo; tener una familia numerosa, siempre que estuviera bien avenida, tenía que ser una delicia- ¿Y entonces se beben su champán a sorbitos, y los primos os reís todos escondidos detrás de la puerta de la cocina, porque habéis echado sirope y curry en la botella, pero como tu primo segundo el mayor es ingeniero y muy manitas ha conseguido disimular el tapón para que parezca que no estaba abierta? ¡Eso sería la leche! Tenéis que hacerlo la próxima vez que os reunáis -sugirió.

Se retorció las manos cuando escuchó lo que Rossana tenía que decir sobre su desordenada forma de vivir la vida, y más aún cuando dijo que lo envidiaba un poco.

- Eso que me estás diciendo... es muy bonito. ¿No crees que voy a acabar pidiendo dinero en la calle? Porque no serías la primera que lo cree -refunfuñó, aunque con una sonrisa pícara- , y yo mismo no estoy tan seguro, porque... sabes, es verdad que no sirvo para nada, no es que lo digan por decir -admitió, desviando la mirada por un momento- . Pero es bonito que me digas lo contrario. Lo aprecio. Vale, eres una buena prefecta -concedió, con una carcajada- . Si te veo por los pasillos y me dices cosas a lo mejor hasta te haré caso.

Exhibió una mueca de disgusto cuando la chica le informó de que si no volvía al día siguiente le volvería a sangrar la nariz. Por suerte, solo estaba bromeando... aunque era incierto que incluso esa amenaza hubiera servido para obligar a Robin a volver tan pronto a la enfermería. Cuando insinuó que era hora de irse, el chico suspiró. En realidad, como seguía castigado, había estado remoloneando cuanto podía, e incluso había albergado la esperanza de poder esgrimir la excusa de "es que estaba con una prefecta" si le decían algo; pero parecía que el truco no iba a funcionar tan bien.

- Vale, está bien -gruñó, maquinando ya nuevos planes para perderse por los pasillos y después pretender que se había quedado encerrado en alguna parte para eludir el castigo- . Ya me voy. Pero me lo he pasado bien hablando contigo -sacudió la cabeza, y se rascó otra vez la nariz- . Gracias por curarme.
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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 28th Marzo 2015, 12:02 pm

Rossana soltó una carcajada cuando Robin insinuó todo aquello, vaya que el chico era revoltoso, la idea le gustó, lástima que eran pocas las veces que se reunía ahora con toda la familia completa. —Vale, eres un genio, creo que le diré a mis primos cuando tenga la oportunidad, y creo que con un toque de magia no sería tan difícil, aunque si lo hago frente a ellos capaz mueren y me ahuyentan con cruces, ajo y agua bendita—. La castaña arruga la nariz negando como si fuera una idea muy tonta, luego sonríe y chasquea la lengua antes de hablar, por un momento se siente de la misma edad que el chico y no con el montón de responsabilidades que tiene encima y que la hacen mucho mayor de lo que es. —Aunque ojalá fueran así, creo que yo siempre fui la rara entre todos, ¿sabes?, no sé si fue por la adopción o porque, aunque lo intenté, nunca me acoplé de lleno a esa vida. Mis primos son divertidos, a su manera, pero nunca de una forma desastrosa o estrepitosa, son bastante formales, los chicos son estudiosos y muy formados a la antigua, las chicas también, de esas que toman té todos los días a las cinco de la tarde hablando del matrimonio, las tiendas y los próximos eventos. Yo me cansaba, aunque no lo creas me cansaba, Robin, entonces iba al jardín y corría o jugaba con las flores y la tierra, mi tía siempre cuidó que no se dieran cuenta. Me sentía como una capitana estrella cuando logré que mis primos revolotearan por la casa de campo un verano, todo hasta que los adultos se dieron cuenta y bueno, le dijeron a mi padre, aunque él nunca hizo nada por contenerme, hasta ahora.

Los ojos grises de Rosy se abrieron por la sorpresa, incluso formó una pequeña letra O con sus labios bañados en un suave bálsamo. —Escuchar eso de alguien que rompe las normas es todo un logro, gracias por el halago—. Rosy aprieta la carpeta en su pecho y pone una de sus manos finas en el hombro del león. —No, yo no lo creo, y así como son muchas personas que opinan lo contrario también están las que piensan como yo y te apoyan, estoy segura, Robin. Mi madre me decía que hay tiempo para todo, ella lo decía porque yo tenía muchas responsabilidades y todo el asunto, pero ahora quiero moldear el consejo y decirte que tienes el tiempo suficiente para hacer lo que quieras y tomar de la vida lo que necesites para tomar tus decisiones, tarde o temprano ellas llegan a ti, incluso sin que nadie te las imponga y vas a estar preparado, yo que te lo digo—. Finaliza con un guiño de ojo y una amplia sonrisa en su rostro.

La tejona pone la carpeta sobre la camilla, Avy seguro la verá al día siguiente, le ha dejado todo lo que necesita y eso es suficiente para dar por finalizada su tarea. Baja las mangas de su camisa y acomoda su cabello de una manera más natural. —Yo también me la he pasado bien hablando contigo, Robin—. Comenta con sinceridad mientras sale rápido y busca su túnica a poca distancia. —No agradezcas, es mi deber, me alegra que todo saliera bien y no te hubiera dado una hemorragia—. Ya lista, Rosy mete la mano en los bolsillos. —Vamos, yo también voy de salida—. Rossana se encamina a la salida y ya a distancia de la puerta se despide con la mano del chico para bajar a su sala común. —Adios, Robin. Espero verte de nuevo, pero no en la enfermería, tampoco en una ronda como castigo si llegas a pensarlo—. Y luego de soltar una risilla musical Rosy da la vuelta y empieza a caminar hacia su sala común, necesitaba descansar, solo esperaba que todos estuviesen dormidos.


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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Robin Rovensky el 28th Marzo 2015, 3:34 pm

El chico escuchó a la aprendiz de enfermera hablar un poco más de su familia. Cada vez tenía más la impresión de que había caído en una familia de estirados peleles demasiado asustados para enfrentarse a la vida real, y que ella, por ser adoptada y luego por haber resultado ser bruja, era quien estaba pagando las consecuencias de todo ello. Pero eso no era asunto suyo, y Rossana ya había dado muestras de que el tema la incomodaba, así que Robin hizo gala de buena educación por una vez, y se guardó sus pensamientos para sí.

- Qué pena -comentó, solamente- . Pero bueno, supongo que eso de tomar té, y esas cosas, también tiene su parte divertida. Y como ahora eres mayor, o al menos pronto lo serás, podrás hacer lo que quieras... y nadie podrá detenerte.

Se rió un poco por la sorpresa de la chica, y su afirmación de que escuchar aquello de sus labios era un halago. Si había algo que la gente hacía muy frecuentemente era encasillar a los demás según su conducta, y asignarles una serie de características imaginarias en función de lo que ya habían visto de ellos. A Robin, que era una persona contradictoria y que había pasado por experiencias poco coherentes, le ocurría esto muy a menudo; lo que no le ocurría tan a menudo era que alguien, sin razón aparente, exhibiera demasiada confianza en él.

- Estaría bien si eso fuera así -contestó al guiño de la chica con otra sonrisa- . Gracias.

Después de eso, Rossana dejó la carpeta sobre una de las camillas, y lo acompañó fuera. Frente a la puerta, se despidieron; la chica expresó sus esperanzas de volver a verlo en algo que no fuera ni la enfermería ni un castigo.

- A sus órdenes, señora -bromeó Robin, llevándose la mano a la frente e imitando un saludo militar- . ¡Nos vemos! -y, cuando ella se dio la vuelta, Robin hizo lo mismo, y echó a correr en dirección contraria. Había pasado un buen rato, no lo podía negar; y, en general, y aunque todavía tendría que encontrar a alguien que supiera algo de sortilegios de tintorería para que lo ayudara a quitar las manchas de sangre de su uniforme, la tarde había sido provechosa. Y pensando en eso... ¿qué hora era? El chico resopló, y llegando a las escaleras empezó a subir apresuradamente, esperando que alguno de sus compañeros de habitación hubiese tenido la decencia de guardarle algo de la cena.
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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

Mensaje por Cunning el 28th Marzo 2015, 3:59 pm

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Re: Pirómano en apuros, Robin Rovensky y Rosy E. Aldridge

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