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stop little lion || Finnigan

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stop little lion || Finnigan

Mensaje por Fred G. Weasley el 31st Marzo 2015, 7:30 pm

Una, dos, tres, cuatro, no, no eso es el lente. Merlín, no puede ser que esta mujer parezca la pasa de mi cereal. Ese era el único comentario coherente que pasaba por la mente de Fred cada vez que Mcgonagall lo miraba sobre sus gafas de media luna comenzando todas las oraciones con un odioso “Señor Weasley”,  no, el no era un señor y no entendía como los profesores usaban ese método para todo, ¿acaso querían infundirles algo de responsabilidad? La cara de Fred reposaba sobre su mano de manera que, de quedarse dormido, no tuviera que despertar con un golpe de lleno a la mesa. El moreno solo asentía, a veces más de la cuenta, pero la directora parecía tan acostumbrada a su actitud que no le pedía que cambiara, los ojos del chico se fruncían cada vez que la profesora hacía lo mismo y una nueva arruga aparecía, dentro de sí su versión miniatura celebraba como si hubiera sido todo un logro seguir trazando un mapa de vejes en la cara de la mujer que ahora tanto tiempo le estaba quitando.

Probablemente su primo y los gemelos estuvieran instalando el nuevo sistema de bombas fétidas en la sala de Slytherin y el cual idiota se estaría perdiendo gran parte del trabajo cosa que hizo que diera un golpe en la mesa y volviera a rodar sus ojos, el golpeteo de sus pies en el suelo aumenta cosa que no pasa desapercibida para Minerva. —Señor, Weasley, supongo que tiene una explicación para tan repentino ataque de rebeldía— ¿Es en serio?, ¿de verdad me lo estas preguntando?, estoy frente a una mujer que me lleva más de cien años, la escucho hablar por una hora y probablemente James se esté llevando todo el crédito de MI idea?, bueno, la de mi padre, ¡pero igual cuenta como mía!, ¿y a ti te importa que cojones me picó para poder moverme? El chico de tez morena toma un respiro y esboza su mejor y más inocente sonrisa, cosa que la docente ve con desconfianza. —Si, profesora, lo que sucede es que se viene una temporada extensa de quiddich y quisiera ir a practicar, pero no se preocupe, no voy a explotar el campo, creo que es la manera adecuada para drenar mi, ¿cómo le dice usted? Exceso de entusiasmo por la vida.

Y quizás muchos vieran la falsedad en la cara del joven pero no fue el caso de la directora que luego de treinta minutos de repetición dejó que se fuera. Fred pudo respirar y estiró de manera exagerada su cuerpo llenando de aire sus pulmones y extendiendo sus brazos hasta que no pudo más. Rascó su nuca y empezó a caminar por los pasillos donde un grupo de chicas de quinto curso se acercaban cuchicheando quien sabe que chisme de Corazón de Bruja. —Señoritas.—. Su reverencia fue torpe pero por lo menos fue creíble ante las féminas cosa que llenó su pecho de más orgullo si fuese posible.

Iba a girar por un pasillo cuando una cabellera rubia llamó su atención, danzaba conforme al contoneo de caderas de la chica que atrapó a Fred más que cualquier otro detalle ya le he visto la cara, por si acaso, casi se cae cuando cambia su rumbo y se apura para llegar a las espaldas de Finnigan. —¿Pensando en mi?, no me extraña que estés considerando las diversas formas para atarme y usarme para tu propio beneficio, Finnigan—. Susurra cerca del oído de la chica finalizando con una sonrisa amplia que muestra la blancura de sus dentadura.


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Re: stop little lion || Finnigan

Mensaje por Fiorella L. Finnigan el 31st Marzo 2015, 8:00 pm

Había quedado con Alice encontrarse esa tarde. Habían quedado para empezar a correr juntas. Las mañanas casi siempre estaban ocupadas con clases, y Fiore, generalmente se levantaba antes de tiempo para poder tener sus corridas matutinas, pero el fin de año comenzaba a pesar, el cansancio se hacía mayor, y algunas mañanas le costaba levantarse otras, ya no tenía ganas de correr, por mas de estar despierta. La morocha pensaba que era una buena idea correr en compañía, hablar despertaba a la otra, y el orgullo de ambas las haría seguir adelante y no detenerse, por mas de haber prometido que no harían competencias y tampoco carreras. Era el primer día que correrían juntas. Fiorella había arreglado todo. Esa mañana se había despertado temprano y había adelantado un par de lecturas para no atrasarse luego. Había ido a clases hasta la tarde y finalmente se había quedado haciendo deberes a orillas del lago esperando que la castaña, que no había visto en todo el día, se encontrara con ella. Los deberes avanzaban conforme lo hacía la tarde, y Alice no daba señales de vida. Dónde se abría metido, se pregunto la rubia mientras continuaba con sus cosas, hasta que por fin se canso y se puso de pie. Fue hasta la sala común de Hufflepuff donde intercepto a una joven que era mas alta que ella y le pregunto si le podía decir si Alice estaba dentro. La chica puso una mueca en su rostro y le pidió que pasara. Alice estaba ocupada, haciendo sus cosas, le dijo que no quería ir a correr y que lamentaba no haberle avisado, se le había pasado. Los ojos de la rubia se entrecerraron sin comprender. Cuando dijo que se iba, la castaña asintió y la dejo marchar. Pocos fueron los pasos que dio cuando se vio obligada a dar un salto hacia atrás para esquivar una bomba de agua. Escucho risas masculinas y no dudo de quien se trataba. James Potter.

Sus pies provocaron una melodía cuando subía los escalones rápido yendo a la sala común de Gryffindor. No le hubiera molestado aquella broma si no fuera por el echo de que... le hubiera molestado esa broma sea de parte de quien sea, pero si se trataba de Potter, entonces este iba a estar en un inmenso problema. Ya estaba cansada de las bromas del castaño y sabía bien que este era capaz de huir a su sala común donde estudiantes de otras casas no podrían entrar.No comprendía a su amiga, en ese momento no lo hacía, y eso solo aumentaba un poco mas lo molesta que se encontraba la rubia. Si entendía que se hubiera olvidado de avisar, pero eso también era extraño en ella. las escaleras se movieron de golpe, y se dio un costado contra el barandal de concreto. Hizo una mueca de dolor, mientras se apoyaba en el mismo para poder ponerse derecha. Cuando termino de subir las escaleras tuvo que dar un rodeo para poder retomar su curso. Le iba a salir un buen hematoma de ese golpe, pensaba cuando alguien susurra algo en su oído. Aparta la cabeza por puro instinto, pero se aleja unos pasos del chico al reconocer de quien se trataba. —Claro, Fred, estaba pensando en muchas cosas bonitas acerca de ti, pero en este momento tengo cosas mas importantes que hacer... como sacarle un par de palabras a tu amiguito— Expreso con la voz un poco contenida, y todos sus pensamientos se expresaron en sus ojos como una flama rabiosa, ya suponiendo que James debía pagar por cualquier cosa que hubiera echo. Sin importar que había pasado con Alice en realidad.


Última edición por Fiorella L. Finnigan el 8th Abril 2015, 7:25 pm, editado 1 vez






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Re: stop little lion || Finnigan

Mensaje por Fred G. Weasley el 31st Marzo 2015, 8:27 pm

¿Todas las chicas se ven igual de atractivas enojadas? Sus arrugas no son tan desagradables como la de Doña Pasa, mira esa, la que se hace en la comisura de su labio, ya basta Fred. Fiorella Finnigan era como esos dulces de edición limitada que vendían en contadas tiendas donde solo pocos afortunados podían comprar. Fred no supo cuando la chica se convirtió en ese dulce de la discordia, ese que él no podía tener y que quería, probablemente porque la rubia era una fiera y él se consideraba el domador ideal de todas las fieras del castillo, o porque alguien necesitaba darle de lleno en su orgullo, si, porque más de una vez Fred pensó que estaba lidiando con un rubiecito chillón insoportable que una chica de buenas caderas, calladita Fiorella era mucho más bonita, sin embargo cuando abría la boca solo sabía destilar veneno. ¿Por qué no es Slytherin? Eso le quitaría encanto. De cualquier manera era uno de sus tantos deportes molestarla y sacarla de quicio, el marcador se alzaba cada vez que se encontraban a ver cuál de los dos podía más, ella parecía buscarlo, siempre se encontraban aunque no se buscaran, y él no perdía oportunidad de saber en dónde estaba, así tuviese que sonsacar a James de prestarle el dichoso mapa para ver los pies que marcaban el sendero del águila.

Su día había sido una completa porquería, sería todo un chiste contarle a los chicos que la única mujer con la que había compartido habitación había sido con la directora, ella en un extremo y él del otro, por eso la aparición de la cabellera rubia y el repique peculiar de sus pasos fue una oportunidad milagrosa para saber que las cosas podían cambiar. Fred se detiene por un segundo se da un paso hacia atrás alzando sus manos como si se declarara inocente, Fiorella tenía muy buenos reflejos y no quería una mano hinchada en su mejilla. Eso más estar encerrado una hora con Mcgonagall, James es capaz de decir que me invento un sado con la directora.. Ante ese pensamiento Fred no puede evitar poner cara de asco pero concentra toda su atención en la rubia por lo menos lo que dijo logró que él se concentrara en su objetivo. —Tengo tres amiguitos más así que vas a tener que especificar, aunque sacando a los gemelos a los que pareces amar creo que descarto a mi querido primo—. Mientras habla el moreno cuenta con los dedos de su mano alzando sus cejas y viendo a la chica de reojo. —La cosa es que los cotilleos me dan fuertes dolores de cabeza pero tratándose de un Weasley las cosas pueden cambiar, vamos cariño, no me importa escoltarte hasta la sala común de Gryffindor, por lo menos así cuido mis faldas—. Fred le guiña el ojo y muestra su impecable dentadura, sabe que la chica está tan enojada que su centro solo es su primo por lo que hace un gesto de antaño de dejarla pasar y la sigue unos cortos pasos atrás. —No me digas que James se metió en tu sala común, el muy idiota tenía que esperarme, no sirve de nada estando solo—. Fred chasquea la lengua y rasca su mentón. —¿O es algo mejor lo que me estoy perdiendo?


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Re: stop little lion || Finnigan

Mensaje por Fiorella L. Finnigan el 31st Marzo 2015, 10:32 pm

Fred Weasley no era mas que otro calco de su primo. Creían que porque ellos eran... ellos, podían tener a cualquier mujer en la palma de su mano, y sin duda fue algo que Fiore rechazo desde el primer momento, lo que genero un gran problema, porque eso significo que desde el primer momento se estaban llevando mal. La rubia era así, le aburría cuando la gente se ponía a hablar de sentimientos y de esas cosas que le causaban repulsión a la joven, y solo podía pensar que veían la vida como una novela, barata y fácil de pagar. No era fiel a los sentimientos de amor, no expresaba demasiado sobre lo que había dentro de su corazón y por eso muchos le decían corazón de hielo, corazón de piedra, la mujer de hielo, pero simplemente no podía creer en cuantos de hadas, había muchas cosas mas interesantes en la vida real. Fred Weasley, en cambio, se pasaba la vida conquistando mujeres con frases que no eran mas que patéticas en vista de la rubia que siempre que podía le llevaba la contra. Eran sentimientos encontrados, las ganas de golpearlo y la fascinación por las normas del colegio. Fiore veía a Weasley como una agradable competencia, el chico trataba de tirar abajo sus logros y su manera de ser, ella lograba contrarrestar sus palabras y actos. Eran piques constantes, uno contra otro. Una competencia que nunca terminaba, y que siempre la llevaban en empate. Fiorella no buscaba al chico porque si, a veces lo buscaba porque solo quería ganar de una buena vez para poder irse victoriosa. Le gustaba ser una gladiadora, una luchadora que peleaba a capa y espada por lo que creía, y era feminista algo que no era algo que sirviera para que la relación entre ambos llegara a un momento de paz.

Bufo al ver sus manos alzadas en señal de inocencia, algo que claramente estaba fuera de lugar en una persona como él. Cruzo sus brazos y dejo descansar el peso de su cuerpo en una pierna. Una de sus comisuras apenas se curvo hacía abajo ante el disgusto de encontrarlo y de la sensación que provocaban sus palabras. Una arruga afloro entorno a dicha comisura. —No... olvídalo— Se apresuro a decir irrumpiendo sus palabras. Ella no amaba a los gemelos, estos la volvían loca casi todos los días y si no los mandaba a algún lugar inapropiado era porque eran buenos como cazador y golpeador respectivamente, y ella era su capitana, no podía odiarlos aunque tuviera todos los deseos e intenciones del mundo. Explicar eso a una persona como Fred, era un caso perdido, y Fiore sabía distinguir los casos perdidos, el chico era uno, solo que aún la joven tenía esperanzas de que demuestre lo contrario, algo que solo acababa con mas esperanzas rotas después de cada encuentro. —Primero, no me ando con cotilleos baratos. Segundo,— Apretó la mandíbula al darse cuenta de lo que iba a decir, pero no iba a dar marcha atrás por lo que pudiera llegar a pensar el morocho. —También me dan dolores de cabeza.— Termino por decir entre dientes para recuperar nuevamente su voz alzando el mentón. —Tercero, no necesito una escolta, si tu necesitas una, busca entre otras personas que de verdad se interesen por tu vida— Frunció su ceño al escuchar dicho comentario, y apretó mas sus brazos cruzados. —No lo ha hecho aún o por lo menos no me he enterado, pero gracias por la advertencia, ahora sabre sobre quien hay que tomar venganza si algo esta fuera de lugar— Mostró una media sonrisa fanfarrona. Molesta como siempre que estaba cerca del muchacho. —Pero si te interesa saber, digamos que me han dicho algo que, si llega a hacer verdad, provocara que tu amigo pierda su cara bonita... ¡oh! ¡Espera! No, no tiene una cara bonita, por lo tanto solo perderá su cara y la posibilidad de engendrar hijos, y lo mismo te ocurrirá a ti si intentas detenerme— Advirtió antes de retomar su avance a la sala común.






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Re: stop little lion || Finnigan

Mensaje por Fred G. Weasley el 1st Abril 2015, 8:52 pm

”¡Merlín, Fiorella! ¿Acaso hay algún hechizo para dejar muda a su lengua ponzoñosa?” Ella era así, Fred estaba acostumbrado a que todos sus encuentros con la chica fueran el mismo debate que no parecía tener fin. Él no había hablado y ella ya tenía esas molestas ”y a la vez curiosas” arrugas en el ceño y esa pose de querer comerse a todo el que le llevara la contraria ”y no me importaba ser comido, pero a gritos no es una manera muy atractiva”.

No podían estar juntos en el mismo lugar, él no se quedaba callado nunca y ella no estaba dispuesta a dejarse vencer, quizás fuera por eso que era su manzana de la discordia, había sido la única a la que no había podido dejar sin habla en muchos sentidos, era venenosa y llamativa a la vez, el moreno Weasley había tratado por todos los medios de entretenerse con otras chicas pero estas resbalaban en sus manos como seda y habían unas que simplemente no le llamaban la atención por lo que siempre terminaba yendo a su juego favorito; la capitana de las águilas. En lugar de estar en su sala común planeando nuevas ideas con James, estaba detrás de una chica averiguando porque su primo probablemente se quedara con la cara distorsionada. La vida no es justa.

Fred rueda los ojos sin entender porque siempre se tomaban una sola bromita como fin de mundo, parecían chiquillos ante las faldas de una madre sobre protectora, los veían a él y a James como el anticristo solo porque les gustaba divertirse y era su manera de expresar los que muchos pensaban y no hacían. ¿Qué querían poner bombas fétidas en la sala de las serpientes?, si, desde luego ¿Quién más no quería hacerlo?, estaba seguro que muchos lo habían pensado pero por las normas no lo hacían, ¿Qué querían entrar a la sala común de las águilas a escondidas?, también, de hecho Fred pensaba que las chicas más guapas estaban en esa casa. Ok, eso es relativo, no es por Finnigan, o puede ser, pero también es algo que funciona si quieres ganarte a una de una casa específica, consejo numero 34465434 de Fred: Dile que su casa produce a las mejores. Además cualquier chico querría hacerlo. Lorcan, Lyssander, James y él solo hacían lo que muchos pensaban y no se atrevían. —Dañas por completo toda la diversión, Finnigan, pensaré que lo haces solo porque vengo incluído en el paquete—. Finge una completa obstinación.

El Weasley solo tiene que adelantar unos pasos rápidos para poder tomar el brazo de Fiorella, no lo hace con fuerza, al contrario, no tiene que halar mucho para ya tenerla a su lado. —No creo que quieras dejarme sin hijos, van a ser tus hijos así que a ti no te conviene—. Sabiendo que por eso va a recibir un golpe simplemente la suelta y se queda a su lado antes de que esta vuelva a andar a su sala común. —No sé qué carajo ha hecho James ahora, solo es más torpe, debes entenderlo, necesita que alguien lo cuide. Ahora, no quiero que le partas la cara a mi primo pero tampoco pienso detenerte, entonces, teniendo esas dos opciones ¿me concede el honor de ir con usted, “señorita patea pelotas”?—. Hace una reverencia pero luego se endereza, parece tomar un aire serio mientras ve los ojos de Fiorella. —Ya, prometo no ser un estorbo, por lo menos en el camino.


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Re: stop little lion || Finnigan

Mensaje por Fiorella L. Finnigan el 2nd Abril 2015, 1:31 am

Fiorella amaba la lluvia, por eso nunca abría los paraguas cuando comenzaba a llover, prefería sentir las gotas entrelazarse entre las hebras de su cabello dorado. Amaba sentir el calor del sol en su cara, y no se ocultaba bajo una sombra cuando brillaba fuerte, se dejaba exponer ante él, su piel curtida pocas veces se ponía roja por quemaduras y ella era preventiva, pero le gustaba sentir los abrazos del sol sobre ella. También gustaba del viento, pero nunca cerraba las ventanas, salvo cuando otra persona se lo pedía. Agarraba sus cosas, las corría de lugar, pero dejaba que las cortinas danzaran por un buen rato, sintiendo como aquellas ráfagas llegaban a ella, calmas, frías, serenas. Nunca entendió a las personas que contradecían sus acciones, por mas que a ella la tacharan de loca, pero no podía decirse que se amaba algo cuando se resguardaba de lo mismo. Fred era una de esas personas, decía amar la diversión y las travesuras, pero se escondía cada vez que cometía una con el fin de no acabar castigado. Y no era solo ese punto, ese aspecto, que la rubia no entendía del muchacho, no entendía montones, pero nunca avanzaba para averiguar porque reaccionaba así, lo dejaba como una incógnita y a veces esa incógnita la mataba de curiosidad, y no se animaba a frenar esa curiosidad, no la dejaba avanzar y por eso solo hacía gestos y decía palabras para que el tema cambie de dirección, tal y como pasaba en ese momento. Puso sus ojos en blanco, ante aquel comentario y soltó un bufido bajo.

—Por favor Fred, madura— Pidió en palabras que parecían mas un ruego que otra cosa. Ella sabía ser divertida, solo que no regalaba su risa a cualquiera. Sabía reír, ser un hombro y también ser compañera. Sabía hacer reír, hacer que las personas sintieran confianza y dar ánimos. Sabía que todas esas cosas eran regalos que una persona le daba a otra, y ella no era regalera, ella conservaba esos presentes para situaciones en las que realmente sean necesarios, cuando alguien de verdad necesitaba reír o cuando quería mostrar con un gesto cuando apreciaba a dicha persona. Ella sabía lo mucho que le costaba expresarse a sentimientos, que tan difícil era detectar los filtros que detenían las palabras que no se debían decir. De esa forma tenía un respaldo para si misma, y sin duda alguna, Fred no era una persona que mereciera alguno de esos gestos, tampoco los necesitaba, y de necesitarlos, podría encontrar en tantas otras personas que se lo darían sin pensar. La rubia eso lo mantenía en cuenta.

Trata de escaparse de la mano del morocho que sujetaba su brazo, pero él la suelta, y su brazo se mueve de una manera extraña por el aire. Retira su cabeza hacia atrás y curva sus cejas, en un gesto de sorpresa y preocupación. —¿Sabes algo? Antes de este momento creí que eras un tonto, y que Lorcan y Lyssander hacían que aprobaras de curso, igual que con tu primo, pero me acabas de demostrar que no eres tonto,— Habla mostrando inocencia y preocupación, comprensión y compasión, todas falsas. —solo tienes mariposas de colores flotando en una cabeza vacía— Acaba cambiado su tono cálido de voz a uno mas frío, seco y cruel. —Sueña, con que yo quiera tener hijos contigo, pero no mezcles la realidad con los sueños, suele sonar bastante desagradable— Responde firme y sin retroceder un paso ante las palabras que decía. —¿No piensas detenerme? Entonces ¿Qué demonios estas haciendo ahora?— Pregunta señalando como sus pies no avanzaban por estar hablando con el Gryffindor. —Y para tu información, ya eres un estorbo. Y no me llames de esa manera— Era obvio que varios apodos corrieran sobre ella a sus espaldas, había escuchado varios, se reía de ellos, pero que se riera de ellos no significaba que le gustara que se lo dijeran en la cara. Apreciaba la verdad, no la crueldad, por mas hipócrita que ese pensamiento llegará a pensar, pero que ella sea cruel en determinadas ocasiones no implicaba que le gustara serlo, solo lo hacía para defenderse, y si era cruel con Fred, era porque sentía como si él la estuviera amenazando continuamente. ¿De que? No sabía. ¿Para que? Menos. Solo se defendía, golpeaba antes de ser atacada, y no veía nada malo en eso.






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Re: stop little lion || Finnigan

Mensaje por Fred G. Weasley el 4th Abril 2015, 9:43 pm

Joder, ¿por qué carajo es tan complicado entablar una conversación decente con esta chica?, estoy por pensar que no soy yo si no ella. Fred había acabado de salir de un castigo, uno largo y con una compañía no tan grata, por lo menos si se hubiese tratado de la profesora Delacour, Samuels... hasta la misma sexy enfermera rubia seguramente habría deseado estar en detención más tiempo de lo usual, pero sin más remedio le habían puesto a Matusalén en persona y Fred no podía poseer una mayor cantidad en su cuerpo de hastío y ganas de llegar a su habitación a tirarse en la cama, cada palabra de esa mujer había sido desesperante y había hecho que el joven de tez morena considerara seriamente lanzarse de la ventana más cercana. Si, había buscado a Finnigan para divertirse, pero vaya que la chica con su amargura se lo hacia bien difícil y pasaba de ser una tarea que le gustaba a un manual de quejas, como en lo que se transformaba su madre cuando dejaba sus calcetines sucios en medio de la sala. Fred se sintió tentado a irse antes de escuchar un discurso de Mcgonagall dos, pero no lo hizo y pensó que era por esa razón que tanto le gustaba molestar a Fiorella, porque en lugar de unirse a sus tonterías y reirse por todo se comportaba como una guerrera y sacaba a relucir todo lo que no le gustara, aunque fuera exasperante. ¿Madurar?, ¿yo?, primero Hufflepuff gana la copa este año, James se casa, Malfoy admite lo homosexual de su peinado y Dominique abraza a Victoire en un intento desesperado por volver a ser una Weasley y tatuárselo en el pecho. No, querida, imposible.

Fred rueda sus ojos oscuros, aquello había sonado más de libro de cuentos que lo que hubiera deseado y él no estaba acostumbrado a esa lírica. —Esta bien, esta bien, pero por favor no me salgas con esas cosas de sueños, realidades y metáforas de libros, tu lo has dicho y a penas logré pasar los cursos, prefiero que me digas "No, Weasley, no deseo tu musculoso, bien formado y bronceado cuerpo, tengo grandes problemas de la vista y voy a ignorar de por vida que el destino nos hizo para estar juntos..." que todo eso—. Finaliza con una curvatura en sus labios como si de verdad hubiera dicho algo honesto y serio.

—A ver, leoncita—. El joven abre sus manos como si le explicara su teoría a una chica de dos años. —Te dije que no voy a detenerte porque es inutil, lo único que te pedi fue acompañarte. No creo que llegues a romperle la cara a James pero deseo estar ahí por si las cosas pasan a mayores, ya que por lo visto no piensas contarme el drama completo, y yo que pensaba que la avispada aquí eras tu—. Fred toma un respiro llenando de aire sus pulmones, la chica era desesperante, era como una leona a la caza pero en este caso era cuestión de todos los días.

El moreno se mueve lo suficiente para dejarle libre el paso seguro de que irá tras ella. —Ya basta, Fiorella—. Y dice su nombre completo con un tono de voz extraño, a veces la seriedad en Fred era así, extraña. —A veces las personas solo quieren seguirte, nada más eso, sin segundas intenciones, solo para tener la oportunidad de entablar una conversación contigo, si, por muy extraño que pueda ser—. Mueve las manos y los ojos un poco desesperado, gesto que había heredado de su madre después de que esta cometiera la valentía de casarse con un inquieto George Weasley. —Tuve una noche de perros con Mcgonagall álias la momia viviente, lo mínimo que quiero es un poco de tranquilidad antes de llegar a la sala común y verte armar un cuadrilatero con James—. Admite señalándo el sendero con una sonrisa más tranquila, llena de picardía y, aunque parezca raro, de buenas intenciones.


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Re: stop little lion || Finnigan

Mensaje por Fiorella L. Finnigan el 8th Abril 2015, 8:01 pm

Ingreso a la escuela de magia a la edad de los seis años. En su primer año había descubierto muchas mas cosas que las simples que se enseñaban en Hogwarts. En su escuela les enseñaban a sentir antes que a saber, y una buena forma de practicar eso era con las prácticas de supervivencia. Su padre en cuclillas frente a ella le había dicho que no tema y confiara en su equipo, la rubia por su parte había mirado a los chicos mayores con los que les tocaba ir, el colegio buscaba que las edades se compensaran. Temía, temía que quisieran pasarla por arriba. Temía caer y que se rieran de ella, pero asintió a su padre y había ido con esas personas que la observaron de arriba a abajo sin disculpas por la falta de discreción. Cayó, pero la ayudaron a pararse, y cuando vieron que no pensaba rendirse comenzaron a dar consejos que la pequeña atesoro hasta el día de hoy. Había pasado por muchas de esas practicas antes de cambiar de colegio, pero Fred Weasley era algo mucho mas peligroso que quedar varado en mitad de un bosque donde a cada paso que se daba, el paisaje parecía mantenerse igual. El morocho era una prueba pendiente que la joven llevaba en sus hombros, porque nunca lograba terminar de evadir, porque este siempre tenía palabras que replicar a sus comentarios, porque nunca se quedaba callado como un bosque cuando el sol caía. Sus ojos se entrecerraron, y pensó que soltar una maldición y partir de ahí, era la mejor idea que podía tener, pero vencer a ese chico por la fuerza era algo demasiado simple y no era lo que ella quería. Fiorella no buscaba alejarse de él, buscaba que él se alejara de ella, pero no solo en ese momento, sino que para siempre, y al mismo tiempo, esa idea se tornaba vacía en su mente. Se había vuelto un juego que no quería que se acabara, pero quería terminarlo.

—Cariño, ¿Porque no en vez de ejercitar tus músculos ejercitas tu mente? Estas bastante falto de pensamientos que tengan sentido. Si quieres dejo esos comentarios demasiados complicados para que el niño aquí presente los entienda, pero no por eso me voy a creer que estamos destinados a estar juntos, porque eso esta en tu mente, y, si tuviera problemas con la vista no les estaríamos ganando en cada partido como lo hacemos, pero, eso no es justificación suficiente, creo que hasta un ciego les gana hoy en día— Respondió con dejes de inocencia y una mueca final para demostrar lo triste que le hacía decir ese comentario. Se había contenido de decir mas porque sabía que gryffindor era un equipo fuerte, aún les quedaba un partido por ganar y era un a todo o nada, y las ansías del partido también se veían reflejadas en el modo en el que trataba al gryffindor, que insistía una y otra vez en decir que debían estar juntos. Fiorella se negaba a creer esa realidad, pero el chico había marcado los puntos que mas fuerte lo hacían, y por dentro la rubia envidió la razón que había en ellas. Cualquiera ya la hubiera juzgado de loca y demente, al mismo tiempo que rara y lesbiana. Era cierto, el chico tenía buen cuerpo, por lo que la rubia había logrado apreciar en los partidos cuando se colocaba a su lado en intentos de derribar al muchacho, y su cuerpo estaba bronceado todos los días del año, algo que la rubia no compartía pues solo se bronceaba un poco en las vacaciones de invierno y en el verano, pero jamás tomaría un color similar al que el muchacho mostraba todo el tiempo. Negó mentalmente, Fred la estaba distrayendo de su cometido, de nuevo, quiso pegarle por usar esas cartas en las que la chica caía y lo odio en su interior sin decir una palabra.

—¿Dudas de mis capacidades para romperle la cara a tu amigo?— Ya casi que se había olvidado por completo de porque había decidido ir a la sala común de Gryffindor y porque estaba James en el medio, pero aquel comentario motivaban a la joven de deseos de encontrar al castaño y pegarle un par de puñetazos solo para demostrar que era capaz de eso y mucho mas, solo que si no había terminado de hacerlo era porque, la mayoría de las veces, era prudente y consideraba cuales iban a ser las consecuencias, algo que estaba haciendo en ese momento. Deslizo su mirada evaluando al morocho. ¿Cuánto tardaría este en inmovilizarla? Casi que le sacaba una cabeza, sus brazos eran anchos y fuertes al igual que su espalda. En magia la rubia lo pasaba, eso lo apostaba incluso sin haber tenido la oportunidad de tener un duelo con el chico, un duelo legal. En fuerza física, las cosas eran cambiantes, ella podía ser hábil, pero él tenía reflejos suficientes para detenerla. Quizá no era tan buena idea, pensó en su mente, visualizando el ridículo que podía llegar a hacer si Weasley acababa por detenerla antes de llegar siquiera a su objetivo. Alzo el mentón con el orgullo y la tozudez rozando los límites. Rodó los ojos ante sus comentarios. —Claroo— Respondió con sarcasmo. —¿También quieres peinar mi cabello y ayudarme a trenzarlo?— Agrego sin inmutarse o arrepentirse de esas palabras. —Perdiste el derecho a tener una conversación conmigo desde el momento en que comenzaste a apuntar con cada cosa que tuvieras a mano, ya sean bromas o comentarios fuera de lugar, si te arrepientes de ello, haya tu con tus problemas, pero no me culpes a mi por eso. Y McGonagall puede ser una momia viviente, pero es una de las mejores brujas de su generación y de esta también, deberías ser mas respetuoso, o comenzar por agregar esa palabra a tu diccionario, porque si te dice algo es porque deberías escucharlo, aunque espero el día en que te saque a patadas de este colegio con un letrero de expulsado por retardado. Ahora muévete, estás en mi camino— Pidió antes de girar al lado opuesto de su andar anterior y comenzaba a dirigirse a las escaleras para ir a su propia sala común. Weasley se buscaba que ella lo tratará así, se repetía en su mente vez tras otra.






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Re: stop little lion || Finnigan

Mensaje por Fred G. Weasley el 9th Abril 2015, 6:13 pm

Fred no estaba hecho para entender o para sacar las conclusiones de una manera demasiado detallista, él simplemente se jactaba de tener la suerte de que todas las respuestas que deseaba aparecían frente a sus ojos en un solo chasquido de dedos, quizás ese fuera el truco que lo ayudaba a pasar de grado porque estaba claro que en un examen no era como Rose que perdía sus ojos en los libros, y lo peor es que se los conoce de memoria, nunca he entendido como, él miraba al techo y esperaba que la respuesta llegara y refrescara su cara, a veces demoraba, a veces no, pero lo cierto es que siempre terminaba llegando y él pasando de curso de un solo salto uno que si fuera por mi madre definiría como las Olimpiadas de magia.. Pero el punto es que con Fiorella era diferente, él nunca tenía las respuestas por más que las había buscado no las había encontrado.

Bien es cierto que Fred era una piedra en el zapato, una espina en el ojo, una piña debajo del brazo, y bastaba conocerlo para saber que el joven había dedicado gran parte de su vida escolar a sacar lo peor de la rubia que tenía frente a sus narices. No era una sola travesura, era un combo lo que le dedicaba, quería verla fallar, quejarse, enojarse y todo para que las águilas a su alrededor revolotearan porque sin ella no eran nada, era tan simple como eso. Sin embargo el Weasley también tenía sus momentos de seriedad y era en esos donde menos lograba responderse todas las dudas hacia la chica de Ravenclaw, a veces, tan solo a veces, intentaba tratarla bien, no como un muchacho, como una chica, pero ella parecía necesitar señales de humo para darse cuenta que él esperaba llevar la fiesta en paz, o simplemente no cabía en su cabeza que se tratara del mismo Weasley. Fred era paciente, o decía que lo era, pero cuando Fiorella y él tocaban en el mismo piso, su nivel de paciencia se ponía en duda.

Maldita rubia cabezota, ¿ahora eres la reina del cielo? Había sido un golpe bajo lo del quiddich, si hubiera sido un compañero el que lo hubiera dicho seguramente Fred ya habría estampillado un puño en su nariz, pero tuvo que apretar sus manos en puños para contenerse y no verse tan brusco en las próximas palabras que diría. Se relame los labios y trata de enfocar su vista en otra parte; una columna, una armadura.

Detestaba los sermones, si, Merlín y Morgana en la cama, los detestaba, no solo de ella, de su madre, de su hermana, de todos los que pensaran que con eso iban a abordar algo positivo a su persona más allá de meras palabrerías vacías. No le gustaba escuchar, él era conciso, no le gustaban los rodeos pero a diferencia de muchos otros la voz de Fiorella no se tornaba como un canario chillón, todavía no se había hartado así que haría lo posible por aprovechar esa ventaja. —Mira, Finnigan—. Pero antes de que pudiera hablar ella ya se había largado y Fred no tuvo más opción que seguirla con sus pasos largos y rápidos. Estaba bajando las escaleras cuando el moreno la llamo. —¡Fiorella!—. Algunos cuadros voltearon, otros se quejaron y a lo lejos Fred estaba seguro que escuchó un claro "Señor Weasley". Joder, Tutankamon despertó y ahora viene por mí. —Te propongo un trato, en lugar de ver cómo le partes el bello rostro a mi primo y le quitas toda la habilidad de ligar con chicas, ¿te parece un cambio justo ir a dar una vuelta?—. Fred traga, le cuesta, ni él mismo cree lo que está diciendo. —Si, ya sé que dudas de mis capacidades mentales y que no piensas que pueda tener una conversación normal contigo, pero dicen que los sabiondos, esos que van por tu casa, saben dar segundas oportunidades. Si, en mi caso la número mil. El punto es que no quiero volver a pasar otra noche de mierda y quién sabe si algo bueno salga de esto—. Carraspea y baja las escaleras, mete las manos en sus bolsillos y sonríe como un niño —No, aún no te emociones, no espero casarme ahora, pero puedes sorprenderte de saber que si tengo tema de conversación—. Tiende su mano a la altura de la chica. —¿Aceptas?


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Re: stop little lion || Finnigan

Mensaje por Fiorella L. Finnigan el 9th Abril 2015, 7:36 pm

Apresuro su marcha al escuchar su apellido, pero en vez de girar solo alzo el mentón, cuadro sus hombros y continuo con su andar. Parte de su orgullo se encontraba roto, y eso era lo que dentro de ella florecía como una llama en forma de flor. No quería volver a hablar con ese chico, porque sabía que en el fondo se había rendido, siendo una de las primeras veces, a terminar las discusiones, largas o cortas, que solían tener. Amaba ganar, se jactaba de sus victorias porque la victoria y la sangre siembre iban mano a mano, como si todos fueran guerreros que se defendían sin saberlo, pero ella nunca veía sus manos manchadas de sangre, nunca sangraba, ella solo se contagiaba de la victoria y seguía adelante. Esa vez había anunciado su retirada, y sus ondas doradas golpearon en su espalda con cada escalón que bajaba. Se giro al chico al escuchar que la llamaba por su nombre. Alzo una ceja cuestionando la cordura del muchacho, dado que ella aún no le había dado permiso, y su relación no había llegado nunca a tanto. En su pueblo podía aceptar que hasta un desconocido la llamara por su apodo, y era lo que mas le había sorprendido de ese país, la gente no usaba tanto los apodos, eso era para los mas íntimos conocidos, el nombre solo era para aquellos que conocían a la persona, y aquellos que solo resultaban ser indiferente a uno o que lo conocían y habían demostrado no llevarse bien, se llamaban por los apellidos. Se había acostumbrado le gustase o no, pero le extrañaba que alguien que había nacido en ese país y se había criado con esas costumbres la llamara de aquella forma que no estaba acostumbrada a escuchar. Busco disfrazar su sorpresa por una enigmática expresión, tratando de evitar que el morocho lo notara. Y no solo era la sorpresa lo que intentaba ocultar, sino también como le había afectado dicha palabra. Escudriño en el rostro del chico buscando una explicación a que supiera decir su nombre de aquella manera que solo había logrado escuchar en las personas de raíces latinas, no en ingleses que tenían tan marcado acento en sus palabras. No encontró respuesta alguna.

La propuesta del muchacho solo sirvió para tomar mas por sorpresa a la joven que se quedo plantada en aquel escalón como si su cuerpo hubiera echado unas raíces que se adentraban en el concreto de la misma. Ni se movió cuando el chico bajo hasta quedar cerca de ella, solo alzo su cabeza junto con su mirada para inspeccionar el rostro de Weasley, en especial su mirada, intentando concluir cuales eran las verdaderas razones de aquella petición. Se concentró en ello e incluso dejo pasar por alto las mil bromas y comentarios que podría haber dicho por el hecho de que el morocho dijera que el rostro de su primo era bello. Callo todas aquellas palabras y solo dejo que hablara, pero la respuesta era mas que evidente. Era un no de acá a su pueblo natal, de ida y de vuelta. Un no tras otro que gritaba en su mente, cruzando sus brazos y poniendo sus ojos en blanco al escuchar como teñía de gracias aquella propuesta tan imprudente de alguien que venía mofándose de ella desde que había puesto un pie en el castillo. Su respuesta era irrebatible.

—¿Porqué me expondría a ello?— Pregunto subiendo un escalón y acortando la distancia entre alturas que había entre ambos. Ignora con creces la mano que le extiende, para cerrar un acuerdo en el que ella no esta de acuerdo. No ganaba nada, no servía para nada, era una perdida total y completa de tiempo. No solo la propuesta era imprudente, sino que le resultaba inoportuna a como venían siendo sus encuentros, y por alguna extraña cuestión se veía tentada a aceptar. Concluyendo que solo se trataban de deseos de por fin acabar con las disputas que había entre ambos, mas cuando faltaba tan poco para que por fin el chico se marchara del castillo, mostró una sonrisa que podía resultar tan misteriosa como inquietante. —¿Quieres una segunda oportunidad?— Pregunta con una inocencia artificial. —Bien, dame tres razones por las cuales debería acompañarte que no sean tu cuerpo, tu ego o tu supuesta genialidad que exhibes constantemente. Dame tres razones que no tengan que ver contigo y tu capricho, y te diré si accedo o no lo hago— Nunca digas nunca. Su mente pensó en aquella frase mientras decía sus palabras y se callaba bruscamente para no pedir mas. No estaba diciendo que si, eso no era lo extraño, pero tampoco negaba la oferta, al menos no completamente, y eso era tan llamativo como peculiar, tan inquietante como peligroso, según la rubia que ya comenzaba a arrepentirse. Tachaba al chico por no tener muchas luces, pero dudaba de que fallara en esa prueba que le tendía frente a él. ¿Qué pasaba si acertaba, si de una forma u otra Fred Weasley encontraba tres razones para que ella fuera y tuviera que acceder? Pensó aquella respuesta y al no encontrarla, la sensación que la invadió fue escalofriante. Lograba encontrar la mayor cantidad de respuesta a todo lo que le proponían, y para aquella tan simple, no tenía ni una. Alzo su rostro indescifrable, incluso para ella, que no sabía que expresión mostraba o tenía que mostrar en ese momento, pero no agacho la mirada con las agallas que siempre mostraba, no importaba  a quien se enfrentara. —¿Y?— Exigió apurando al muchacho esperando que sus palabras fueran equivocas.






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Re: stop little lion || Finnigan

Mensaje por Fred G. Weasley el 12th Abril 2015, 10:39 am

Tome asiento y prepárese para presentar el examen que le permitirá salir con Fiorella Finnigan, verá, no es complicado, no, ¡joder!, nada más es imposible. Fred maldijo quizás un millón de veces en su interior por pretender que su idea, que ahora consideraba una aberración, había sido lo suficientemente buena. De saber que la rubia le estaba exigiendo prácticamente un examen para salir al jardín con ella, seguramente Fred se habría quedado en pleno pasillo imitando a una estatua tratando de huir de Tutankamon, alías la directora, esperando no ser pescado de una manera muy inútil ya que a esa mujer no se le escapaba nada, de hecho, no se le escapaba nada que tuviese que ver con él o con su numerosa familia, era como si todos sus tíos y padres hubieran confabulado para no meterlos en una guardería si no enclaustrarlos directamente en el castillo de la mano de Doña Pasa. En fin, Fred sabía que no era bueno respondiendo preguntas, generalmente prefería estar callado cuando le preguntaban en clases, su prima Rose le había enseñado que no era bueno perder puntos de la casa, para el moreno eso era malo, o prefería ponerle ese adjetivo antes de las largas explicaciones su prima pelirroja.

Fiorella se acercó y él por un momento quedó nublado con una fragancia que no supo explicar, era dulce pero no empalagosa, la chica le estaba poniendo las cosas más complicadas sumado a ello que estaba haciendo uso de todas sus facultades mentales para poder responder algo medianamente coherente. Fred baja su mano al ver que es inútil que siga de frente a la chica y mantiene sus ojos muy abiertos cuando esta le habla con su reto habitual, él no rueda los ojos y mantiene su iris concentrado en el mar claro de la mirada de la argentina.

Mierda. Ya no tengo opciones. De un solo cuajo Fiorella se las había arrancado todas pero Fred tuvo que aceptar que para que ella cediera tenía que decir un par de cosas más que no iban de la mano con el monólogo de siempre y eso ponía en aprietos la cordura del joven que no se veía capacitada para imaginar algo más. Si tienes cabeza para tantas bromas, esto no debe ser diferente. Desde luego planear una travesura era distinto pero el proceso logístico no podía ser muy diferente. El pecho de Fred se infla tomando un respiro de aire fresco y vuelve su mirada a la chica que estaba más o menos a su altura, él baja un último escalón situándose en el que esta arriba del de Fiorella. —Me pides que te de razones que no tengo, Fiorella, me pides todo un manual para escudar un solo recorrido por los terrenos que no pasará más de una hora si te cansas o no lo deseas, pero pasas por alto el gesto de que te lo estoy pidiendo con toda la poca seriedad de la que soy capaz, sin juegos ni bromas, quizás no vas a tener una conversación profunda del mundo y sus alrededores como las que da Rosie Weasley, pero algo que te puedo prometer es honestidad y suprimir mi ego si tan solo tú lo pides—. Los gemelos y James lo matarían si escucharan lo que estaba diciendo pero el punto es que Fred estaba lejos de pensar en ellos. Sonríe de lado y baja unos peldaños volteándose para ver a la chica de nuevo.

—Mi abuela tiene montones de nietos, aunque eso ya es obvio y seguro todos piensan que somos iguales pero recuerdo que una vez le dijo a Charlie, mi tío, que cuando nos veía no sabía que podía esperar. Hasta ahora todos somos diferentes, si no mira nuestra inteligencia y la de Dominique es la oveja negra y renegada de la familia. El punto es que quiero mostrarte que hay cosas que no son lo que parecen. No te prometo a un Romeo bajo la máscara pero si ser honesto contigo Fiorella. Solo te pido un paseo sin discusiones, si no te parezco lo suficientemente apto para pasar tu examen te prometo que puedes irte y yo no voy a hacer nada por detenerte.


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Re: stop little lion || Finnigan

Mensaje por Fiorella L. Finnigan el 13th Abril 2015, 3:20 pm

-¡Papá! ¡Papá!- Chilló una pequeña y su madre frunció el ceño mientras levantaba la vista de la revista que leía para decirle que no grite tan fuerte, mientras su padre se arrimaba a la joven bruja para ver cual era su problema. -es que decía que tenía que ir en el congelador por dos horas, pero pasaron tres y ahora no puedo comer mi helado- Explica la misma con voz apurada, con palabras que se juntaban con otras y con un puchero y cachetes inflados mientras alzaba un pote a su padre y este reía. Era común en la heladera de los Finnigan que hubiera cosas dulces, su madre, no era fanática de ello, era mas amiga de las frutas y esas cosas, pero tanto padre e hija se saboreaban con postres de chocolate, galletas cargadas de manteca y tortas que debían ser ilegales. Malcriaba de esa forma aquel padre a tal niña, y luego se ponía a jugar con ella. Ya era habitual en la familia, que los domingos tras acabar de comer, los dos se fueran por un postre, y ese era el que les tocaba ese día. Su padre sonrío ante ella y le dijo que dejara el postre en la mesa, que luego irían por él, que eso pasaba cuando las cosas se endurecían demasiado, se hacía imposible poder acceder a ella. Las palabras de Fred Weasley tuvieron un efecto que la rubia no esperaba. Su labio tembló de una manera que casi no era notable, y la joven apretó su mordida para que se notara menos. Por un momento se sintió como aquel helado, y un escalofrío recorrió su espalda al notar que se había dejado cerrar a un mundo, solo por alguna razón que ahora no venía a su mente. Paciencia. Esa palabra fue lo primero que pensó, cuando lo escucho hablar. El joven continúo hablando y la rubia no aparto la mirada de sus ojos, manteniendo sus ojos claros tan fríos como podía, pero aún así, una arruga se marcaba entre sus cejas, en aquel frunce de ceño que ni era había notado en si misma.

Se perdió por un segundo en aquella cálida voz. En aquella profundidad que parecía que las palabras quedaban retumbando en algún lugar. En su garganta su orgullo se atasco, y todos sus defectos se hicieron presente en su mente. Estaba de mas decir que eso no le gustaba, pero a la vez algo le decía que diera el brazo a torcer y que aceptara, había algo en su voz que le inspiraba una confianza que no sabía definir bien, y eso, también le molestaba. A su vez, un sentimiento de tozudez crecía dentro de ella diciendo que el chico podría esperar toda una vida antes de que ella aceptara tal petición. —Lastima que los celulares no anden dentro de este castillo— Comenzó a lamentarte. —Debería firmarte, Fred Weasley siendo serio, no es algo que se vea todos los días, tengo que decir. Incluso te digo que me has tomado por sorpresa— Le asegura con una sonrisa de superioridad que era muy difícil contener en ese momento. Después de esas palabras, se planteo entonces la duda. ¿Qué debería responder? El no, era lo mas seguro, lo mas normal y lo mas sensato, pero por mas que lo negara a la joven le gustaba tomar algunos retos, arriesgarse cuando podía hacerlo y sabía que nada malo pasaría. Además de que le daba pena que el chico cayera tan bajo solo para pedirle que la acompañara a dar una vuelta, y eso era algo que le motivaba a ir tanto como le decía que si tanto quería que fuera, era porque algo iba a querer a cambio. Sus ojos se entrecerraron y observo al muchacho por un segundo. —Bien.— Acepto con una palabra que sonaba a golpe seco. —Iré, pero a lo mas mínimo que dejes de comportarte no tan solo me iré, sino que te daré una buena paliza.— Se giro en su lugar y sus cabellos formaron un abanico dorado antes de volver a golpear contra su espalda. Bajo dos escalones antes de darse vuelva. —¿Vienes o no? No tengo todo el día, no todos somos uno vagos que no hacen los deberes—

Espero un segundo antes de continuar bajando escalones que sonaban secos como sus pasos. No le dio tiempo para que la alcance y se coloque a su lado, pero pudo notar como lo lograba cuando el aire de un lado de ella se entibio de manera notable. Se cruzo de brazos mientras abajaba. —¿Y ahora...?— Pregunto y se sintió cruel al decir eso. —¿Sobre que quieres hablar o piensas ir en silencio hasta los jardines?— Le pregunto dedicando una mirada rápida a su acompañante. Se estaba volviendo completamente loca. Se había dicho mil y una vez que la compañía de ese muchacho no tan solo era nefasta y una perdida de tiempo, y ahí se encontraba ella bajando los escalones para dar una vuelta por los terrenos como si no hubieran pasado los últimos seis años y fueran grandes amigos. No. Eso último no. Saltaba a la milla que no eran amigos. Fiore cuando estaba con amigos se relajaba, una sonrisa parecía estar siempre presente en sus labios, y su postura no solo era mas relajada, sino que se asemejaba mas a una persona de su edad, donde dejaba salir su cultura con la que había crecido y con la cual había sido criada. En cambio, en ese momento, su espalda era rígida, no había sonrisa alguna en su rostro, su mirada era tenaz. Fiorella parecía dispuesta a imitar a una estatua en cualquier momento, y al hablar tiraba su maxilar inferior hacia delante. Y todo eso, para las personas que la conocían solo significaba una cosa, estaba incómoda o estaba enojada, en este caso, era la primera. La pregunta no la había echo porque si, había preguntado eso, porque todas las conversaciones que antes había tenido con el moreno habían sido discusiones, palabras que menos preciaban el trabajo del otro y demás, pero una conversación normal, nunca se había abierto paso entre ellos, y ella no sabía de que podían hablar los dos, parecían no tener absolutamente nada en común.






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Re: stop little lion || Finnigan

Mensaje por Fred G. Weasley el 14th Abril 2015, 3:30 pm

Eres una marica, Weasley, lo eres, incluso Merlín en interiores se reiría si te viera en este momento. ¿Por qué?, ¿por qué lo había hecho? Tenía un montón de faldas a sus espaldas que bailaban sin cesar; cortas, largas, de novicia, pero el punto es que de todas las chicas del castillo él podía alzar su dedo y señalar una para cada noche que seguramente caerían rendidas ante sus bromas y buen sentido del humor, incluso una labia de la que Fred se enorgullecía casi que a diario, don que compartía con su primo James. Pero de todas las féminas que iban y venían a él se había antojado nada más y nada menos que la Finnigan; no era su cuerpo, no eran sus ojos que centelleaban cuando peleaba, tampoco el vaivén de sus caderas o la melena que olía a frutas, mucho menos esas pequeñas arrugas que se hacían en su frente cuando... ¡Ya pensaste demasiado! No era el físico de la chica, era su arrolladora personalidad, la intocable le decían algunos, Fred pensó que sería todo un reto, una apuesta, pero cuanto más difícil era más apetecible le resultaba, más llamaba su atención. Tenía más de un mes que no paseaba por ninguna cama vecina si, todo un logro, y estaba seguro que era desde su último encuentro con la rubia a solas. Finnigan no solo sacaba lo peor de él con su testarudez y orgullo como en ese momento, la chica también nublaba sus sentidos al punto que el moreno no sabía definir quién era o dejaba de ser; si era deseo o algo más allá que no estaba tentado a descubrir. Anyway, había aceptado y el león que habitaba en el pecho del joven rugió glorioso cuando la rubia aceptó ir con él. Fred asintió tratando de que su sonrisa orgullosa no apareciera pero el gesto de una sonrisa amigable fue un tanto distorsionado así que prefirió caminar y emprender los pasos a espaldas de Fiorella. Un hombre de verdad siempre va tras la dama.

—Tranquila, fierecita, no me diste tiempo para decorar el barco que nos está esperando a la orilla del lago para llevarnos al Bosque Tenebroso a una hermosa velada de vino y ternera entre los murciélagos y ramas que cobran vida a mitad de la noche y pueden matarnos—. En realidad su voz se escuchaba como si fuera una explicación turística, no con el baño de sarcasmo de siempre, era solo una broma inocente. Sonríe mostrando todos sus dientes, un hoyuelo se forma en su mejilla mientras ve el rostro de mármol de Fiorella y se encoge de hombros. —No vayas tan rápido, voy improvisando sobre la marcha, dicen que funciona mejor—. Sigue su marcha tratando de que sus pasos sean cortos para ir al compas de Fiorella.

¿Qué carajo digo? Era algo similar al cumpleaños de su padre, Fred era muy cercano a George y siempre que el gemelo cumplía años el hijo mayor era el encargado de dar un discurso propio, o por lo menos debía de ser el encargado ya que siempre encontraba una buena excusa para huir y las palabras quedaban en manos de Roxanne o de su tío Harry que por haber sobrevivido al apocalipsis sabía mucho de esas cosas de honor y agradecimiento. Ahora Harry no estaba, tampoco su hermana, él estaba solo con Fiorella a la que, tenía la ligera impresión, debía sorprender con si destacado sentido de los temas de conversación. Un poco nervioso, Fred pasa la mano por su cabello corto y toma un respiro inflando sus mejillas, sabía que si no decía nada ella se iría corriendo y no arriesgaría la mejor hazaña de su vida hasta ahora. Estaban llegando a los primeros pisos cuando empezó a hablar. —Vale, ya se de lo que quiero hablar. Quiero hablar de ti—. El mismo sonríe y niega antes de que la lengua venenosa de la argentina venga con una carga potente. —Si, venga, soy un idiota pero si estamos metidos en esta aventura de dar un paseo puedes presentarme a la Fiorella que no conozco, la que no es capitana ni quiere patear los balones de los hombres del castillo a diestra y siniestra. Por ejemplo, yo soy Fred George Weasley, el que no es un maravilloso jugador de quiddich ni pone bombas fétidas en la sala de Slytherin, tampoco el que despierta pasiones—. Y de nuevo tiende su mano, esperando que esta vez no sea rechazada y agradecimiento que estaba a varios metros de distancia de su habitación y de sus amigos donde era el chico que siempre había sido. La diferencia era atractiva, podía usarla a su antojo pero las cosas que se salían de control nunca eran las mejores y mientras mantenía sus ojos oscuros fijos en el iris de hielo de Fiorella, Fred agradecía que esa aventura no lo tomara al lado desconocido, a uno que no había querido tomar desde que se pescó pensando en la arrebatadora rubia de las águilas.


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Re: stop little lion || Finnigan

Mensaje por Fiorella L. Finnigan el 18th Abril 2015, 12:31 am

A veces la rubia podía jurar sobre la tumba de su padre que podía sentir cuando las personas la estaban mirando, pero aquella pregunta fue mas allá. Sus ojos se volvieron a aquellos marrones, y pudo distinguir por el rabillo del ojo que él chico aún tenía marcados aquellos hoyuelos que desaparecen cuando dejas de ser un niño, pero que no era su caso. Regreso su mirada a los escalones que bajaban soltando un suspiro por lo bajo. Notaba el ácido sabor de ser culpable por no haber contado tanto de su vida anteriormente. Quizá hablaba de las caminatas y paisajes, de la tierra que volaba por el cielo y que no dejaba nada limpio a su paso. Se quejaba y comparaba, pero nunca contaba las cosas que nadie sabía, era su pequeño secreto, dejaba que las personas se armaran una Fiorella en su mente y ella secundaba todo lo que eran capaces de decir y pensar. Posiblemente lo que nadie supiera es como su relación con su madre paso de charlas y salidas a correr por el barrio, paso a silencios incómodos y miradas que nunca se conectaban. Había quizá tantas cosas por decir que la rubia se quedo callada pensando en cada una de ellas. Era como caer por un espejo infinito de recuerdos y algunos aún se sentían como heridas frescas. Sonrió a medias. Hubiera preferido proponer ella un tema de conversación mas amigable a la vida o a una conversación sin importancia donde ambas partes olvidaran lo que habían dicho a la hora de haberse despedido. Se sintió observada, como si alguien quisiera observar a través de ella, y luego simplemente negó para si misma. No siempre las personas buscaban atacarla, y lo que dijera no siempre iba a acabar siendo usado en su contra. Solo tenía que relajarse y hablar como si fuera cualquier otro.

—No poseo tanta creatividad para imaginar ese Fred— Respondió tras unos minutos, y acomodo su cabello de lado. Lo triste de eso era que era verdad. Así como ella no podía desprender su vida del Quidditch, él no podía pretender eliminar esas cosas de su vida, aún que podía ser que se contuviera por un tiempo. —Y no busco patearle las bolas a todo el que se me cruza, ellos me provocan— Se defendió a sus palabras, pero mostró una pequeña sonrisa en sus labios. Contrario a lo que todos creían, jamás hubiera pateado a un hombre allí abajo. Podía decir que lo haría, pero no. Tenía muchos amigos hombres que habían logrado disuadirla de la idea de pensar que eso era una buena alternativa, y por piedad y pena se apiado de eso. Prefería golpearlos donde mas les dolía, que era en el orgullo y casi siempre tenía los resultados deseados.

Soltó un suspiro mordiendo el lado de adentro de su cachete, como hacía cuando se ponía nerviosa. —No se que quieres que te diga, a decir verdades. Mi vida a sido un tanto aburrida— Comentó restando importancia a su vida, mientras se debatía internamente entre hablar o no hablar. Al final se decidió por la primera, suponiendo que nada de eso la iba a matar. —Tengo tres ovejeras alemanes, Pandora, Tabata y Daphne. Suelo salir a correr con ellas cuando estoy en mi casa, es su paseo diario a veces les toca doble cuando no quiero estar en casa— Explico, era lo mas simple, esas perras eran, a veces, las únicas que la comprendían en la casa. —Se las regalaron a mi madre cuando eran cachorras, prácticamente las vi crecer y ellas me vieron crecer a mi. Ehmm, vivo en un barrio, no son nada iguales a los de aquí... las casas son todas diferentes, las calles son de tierra y los terrenos son grandes cosa de que te puedes matar gritando tres días seguidos y nadie reparara de aquel sonido.— Explica recordando la cantidad de veces que, siendo pequeña había utilizado su magia y ninguno de los vecinos había reparado en ello. Río al recordar como jugaba con la nieve que se acumulaba en el jardín haciendo muñecos de nieves y formas que se le ocurrían sobre aquella blanca superficie, y luego se encontraba con compañeros que no entendían como había logrado tal perfección, y cuya acción le había valido uno de los únicos regaños que su padre le había echado encima. Se dio cuenta entonces que le había pedido que hablara de ella, y no había soltado mucho. —No se que mas quieres saber, soy alérgica a las almendras y al polen, pero no son muchas plantes de esta zona, pero la primavera donde nacía suele ser la muerte— Se encogió de hombros haciendo una mueca. —Y ¿tu? ¿Que es algo que no se de ti y debería saber?— Preguntó de manera rápida sin ganas de seguir hablando de ella misma, y tratando de devolverle el favor al muchacho.






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Re: stop little lion || Finnigan

Mensaje por Fred G. Weasley el 3rd Mayo 2015, 5:18 pm

No era notorio pero el pecho de Fred se infló de aire puro que tuvo que soltar por su boca de manera disimulada, era la manera más auténtica de dejar salir toda la presión mental que se adueñó de él los cortos minutos que tuvo que esperar a que la rubia comenzara a hablar con algo que no fuera su habitual sarcasmo o desdén a todos los que reposaban sobre la banca del género masculino encabezados por él. Había logrado sacar una palabra diferente en Fiorella y se podía dar por servido, estuvo a punto de considerar que sería algo que ni James ni los gemelos le creerían aún si su vida dependía de ello, pero también la parte cuerda y a la vez insignificante de su cerebro le pidió a gritos que no estropeara algo que le costó tanto construir, por lo menos que le había costado tanta seriedad y quizás una pisca de su orgullo. El moreno camina a un lado de la argentina con sus manos en los bolsillos, busca alternar su mirada entre Fiorella y el suelo que pisa lejos de su punto inicial de encuentro, la verdad no esperaba detalles tan superficiales pero era mejor eso que nada, le costaría saber cualquier detalle profundo que viniera de la famosa capitana de las águilas.

Demonios. Querido tío Fred, espero que si me estás viendo desde algún lugar a ese donde van los valientes como tú, además de reírte me mandes una buena idea, vamos, si la conocieras sabrías que la chica lo vale, está bien, necesito también salvar mi pellejo. El muchacho chasquea la lengua mientras asiente luego de la historia de Fiorella. —Interesante, debo decir que no conozco tu ciudad pero espero salir de Inglaterra en algún momento—. No iba a despreciar el intento de Fiorella por iniciar una conversación normal con él, ya tendría tiempo de sacarle otras cosas. —Mi vida, vale, sabes quién es mi familia, quisiera decir que fue muy normal mi infancia pero la verdad es que no lo fue, aunque si tengo algo que agradecerle a mi madre es que nos apartó a Rox y a mi de los reflectores, eso era más de James, Lily, Albus, Rose y Hugo. Incluso los oxigenados Delacour se vieron favorecidos pero pienso que mi padre necesitaba de su otra mitad para... ya sabes, llevar la función—. Con cierta pereza el moreno rasca su nuca un gesto que hacía cuando no sabía que más decir, no era el más cercano a los momentos de tristeza así que se cortaba con facilidad cuando tocaba uno de esos temas. —Tuve mascotas de pequeño, eso sí, pero era Roxanne que las cuidaba, llámame loco o como sea pero nunca tuve la capacidad de cuidar bien a una mascota, creo que fue el abuelo Arthur que aconsejó a mi padre de que dejara de intentarlo, tengo una lechuza y créeme que solo la uso cuando es necesario, además mi madre me quitó toda la intención cuando me regaló mi primera escoba eso... eso sí fue amor de verdad.

Fred suelta una carcajada en medio de las sombras de la noche, rasca su mejilla mientras sonríe dirigiendo sus ojos hacia el camino, siempre alerta, no quiere encontrarse con alguien indeseado llamando indeseado a cualquier prefecto Slytherin porque era obvio que con cualquier otro podría zafarse con facilidad. —No conozco el mundo muggle, creo que fui uno de los nietos de mi abuelo que no mostró interés, no es por nada malo, la mayoría de los veranos ayudo a papá en la tienda, creo que soy más de ayuda que Roxanne, ella se aburre con facilidad, una vez...—. Duda en decir lo siguiente así que su agarre a sus bolsillos se endurece un poco más y frunce sus labios mientras ve al suelo. No seas tan maricón, Fred. —Una vez papá me dijo Fred, para explicarme un nuevo invento, solo que sabía que no era precisamente a mí que se lo quería contar, desde ahí empecé a turnarme con los chicos, estoy seguro que James no le molesta trabajar ahí ni tampoco a los gemelos—. Sonríe de lado, la verdad no le incomodaba seguir hablando pero no estaba acostumbrado. Ve a Fiorella de reojo y se detiene un momento. —¿Estas bien aquí afuera?, si tienes frío podemos entrar de nuevo.


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