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All the Small Thing » Hugo A.

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All the Small Thing » Hugo A.

Mensaje por Rose M. Weasley el 24th Enero 2015, 2:09 am

» All the Small Thing
Viernes por la tarde
Aula de Castigos
w. Hugo A. Weasley
Rose solía ser una muchacha dulce, empática y responsable. A doquier lugar que concurría recibía muchos saludos que le era inevitable corresponder e intercambiar unas cuántas palabras antes de continuar su camino. Sin embargo, esa tarde caminaba con los libros apresados contra su pecho y su ceño fruncido, sin importarle el disimular para otros su descontento con alguna situación. Dado que en la Torre de Gryffindor se encontraban preparando una fiesta sorpresa para una alumna muy apreciada del séptimo año, buscar concentración allí sería más difícil que en el sitio que acababa de dejar atrás. Y aunque la única opción que se apoderó de su mente de forma fugaz no le convencía -ya que jamás pisaría dicho aula por puro consentimiento- tuvo que acceder a su primer impulso, rotando drásticamente el rumbo de sus pasos. Mientras se acercaba a la quinta planta, haciendo uso de su respectivo pasadizo, pensaba sobre cierto cumpleaños que estaba por acontecer, en exactamente veintiséis días. Exceptuando el de su prima veela mayor, la joven Weasley disfrutaba de esos festejos, planeando con anterioridad con Lily y Roxanne para que ningún contratiempo surja de la nada. El problema que le veía en esos momentos, era que no encontraría en Hogsmeade lo que quería para ese ser tan especial para ella; y escapar del castillo escocés no lo veía como una elección a considerar, menos cuando los muggles podrían detectarlos sin problemas. No obstante, ella conseguiría ese regalo, estaba segura de que alguna forma hallaría para cumplir su objetivo. Siempre lo hacía. Siempre resultaba ser un éxito.

La solicitada Quinta Planta esa tarde se encontraba en completa soledad, si es que poseía la capacidad de ignorar los quejidos y abucheos de los inquilinos por la clase de Adivinación. Casi pudo escuchar a su madre relatarle que dicha asignatura no importaba, que existían otras con mejor formación y lógica. Mas algo obvió su madre en esa conversación, y es que Rose adoraba soñar, por tal razón creía en los astros y sus cálculos hipotéticos. Según ella aumentaba las posibilidades de que los hechos realmente ocurrieran. —Resulta que cierto cuarteto perteneciente a nuestra casa, está detrás de Robinson, que cómo sabrás, vive entre libros. No sé si será una apuesta o qué merlínes, pero ella parecía tan encantada con la atención, que supe que la Biblioteca hoy no sería un gran lugar para estudiar —Rose siempre optaba por hablar con un ligero sarcasmo tiñendo sus palabras cuando estaba molesta. Y es que, ¡había sido tan ilusa! ¿Por cuál otro motivo más que para coquetear irían sus primos y compañía? Su prima la observó con una ceja alzada con la diversión gobernando su bronceado rostro, no sorprendiéndole en lo absoluto que Rose reclame esas cosas. Sin embargo, la conocía y sabía que existía algo más, algo que la colocaba de ese humor cuando era muy pocos quienes lo conseguían. La ojiavellana escapó de esa mirada, no obstante, se permitió descargarse—. De acuerdo... no son solo los primos, tal vez, me molestó que Robinson pidiera mi ayuda con Transformaciones y no le importara consultarme si lo dejábamos para otro día —elevó suavemente sus hombros, dejando libre un suspiro en lo que Roxanne la envolvía con dulzura, no pudiendo no corresponder con el mismo aprecio—. No necesitas compadecerme, Roxie —sonrió la joven, con sus energías renovadas. Eso es lo que ocasionaba una simple demostración de amistad, para ella poseía tal magia, que era realmente sencillo olvidar lo sucedido—. Ni tampoco insultarla, ya lo hago yo por las dos —cerró un párpado en su dirección, bromeando, antes de despedirse e introducirse en el aula de castigos, que como venía sospechando, se encontraba vacía. Su prima seguía con sus oscuras orbes en ella, evaluando por primera vez su juicio mental. ¿Rose Weasley entrando en una sala de castigos? ¿Debería llevarla a la enfermería? Sin embargo, decidió no actuar, arrancándole la promesa a su querida mejor amiga de ir a la fiesta de esa noche por más prefecta que fuera, antes de retornarla de vuelta a su tan ansiada soledad.

La primogénita de los Granger, por otro lado, estuvo leyendo -con sus ámbar pupilas prestando atención a cada letra plasmada en su pergamino- hasta que se distrajo con el cantar de un ave que se había posado en el alféizar de la ventana, permaneciendo con su mirada en el pequeño ser, con curiosidad. Iniciando su mente un viaje a través de un traslador hacia el pasado, donde se pudo visualizar a ella de niña, en una situación similar a aquella presente.

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Re: All the Small Thing » Hugo A.

Mensaje por Hugo A. Weasley el 24th Enero 2015, 12:31 pm

All the small things
La lectura era mas que interesante. Mama me había enviado mas de un libro literario muggle para que me entretenga en mis tiempos libres y ya iba por el tercero. Aprovechando la habitación vacía, me había tirado sobre la cama, cubriendo mis piernas con una manta mientras mis ojos comían las palabras escritas en cada hoja. El Noc-Noc en la puerta me obligo a levantar la mirada, al notar que no había nadie en la sala para responder, me puse de pie de un salto, dejando el libro en la cama. Al abrir note la mirada marrón y amable de Neville Longbottom. Mire para ambos lados procurando que no haya nadie cerca. —Hola Neville! ¿Cómo esta? Mi madre le manda saludos, se lo digo antes de que me olvide— El profesor río y me dijo que personalmente les escribiría una carta de agradecimiento que hacía mucho que no sabía de ellos. Lo invite a pasar y compartimos unas cortas palabras, pero no podía dejar de notar su mirada nerviosa que observaba las camas vacías. En particular mi vista siempre se paraba sobre la de Fio, siempre ordenada, y luego en la de Carol, quien siempre tenía una foto de la familia en la mesita de luz, y que justo ese día tenía todo el contenido que una mochila podía tener sobre la cama desecha. —¿Puedo ayudarlo en algo?— Pregunto antes de que el mismo repare en el desorden de su hija, si es que ya no lo había notado. Abrió la boca para responderme, pero Mr. Shakeiorbodi aprovecho ese momento para salir entre las ropas sucias de la enana. Se acerco a los pies de Neville y este lo tomo en brazos acariciando su cabeza. -En realidad estaba buscando a Carol, ¿Sabes donde se encuentra?- Mi mente trata de viajar al pasado, la había visto con Fio, solo que estaba bajaba a la biblioteca, Carol, por otra parte había mencionado a Lily, y algo de que no habría pociones al otro dia... Muestro mi mejor sonrisa. —Con Lily, creo que habían dicho que irían de una corrida a Honeydukes para comprar dulces, aprovechando la tarde libre— Neville rodó los ojos, dejo al pequeño gato en una de las camas y se despidió diciendo que iba a ir a buscarla. Espere a que se fuera, aún con la sonrisa de despedida en mi rostro. Conté mentalmente hasta cien, y cuando llegue a dicho numero, tomé la túnica y salí corriendo de la sala común.

¿Donde podría encontrarse la Enana? Era mejor que estuviera cerca, porque debía encontrarla antes que su padre. Mi primera opción fue la cancha de quidditch, pero había entrenamiento de Slytherin, salude a Heeni y a Albus con la mano, pero dudaba que me hayan visto, y luego busque por los rincones mas frecuentados por las dos pequeñas. Nada, nada por ninguna parte. Fui a la sala de pociones, pero esta se encontraba vacía y cerrada, era un buen augurio. Al final acabe en la sala de castigos. Abrí la puerta con cautela, esperando que no estuviera ahí, pero solo se encontraba una joven de melena pelirroja que conocía desde que había nacido. Me acerque por su espalda hasta situarme justo detrás.

—¡HOLA ROSIE! ¿COMO ESTAS?— Salude con un tono de voz una octava mas alta de lo que debería. Y mostrando una sonrisa que automáticamente había aparecido en mi rostro. Era algo que le hacía siempre que la notaba concentrada en algo, y tenía la oportunidad, aunque mama siempre comentaba de que algún día, la agarraría con el pie izquierdo y acabaría por quedar hechizado. Nuestro padre se reía de la reacción de su hija y comentaba de que si me hechizaba, posiblemente mama supiera el contrahechizo. En definitiva, siempre que la asustaba en casa acababa mama y Rose gritando, papá y yo riendo. Supongo que eran los genes Weasley que se hacían presentes, aunque estaba mas que seguro que la joven agradecía no ser la hermana de James o de Fred, pues estos en mi lugar ya le hubieran dejado el pelo de un color brillante y chillón como mínimo. —Rose, antes de que te enojes, ¿Has visto a Carol o a Lily? Neville anda buscando a la enana, y siempre la anda amenazando de que si acaba castigada una vez mas no podrá jugar al quidditch, y a Fiore le pone los nervios de punta... ¿Sabes donde están?—
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Re: All the Small Thing » Hugo A.

Mensaje por Rose M. Weasley el 6th Febrero 2015, 2:00 am

» All the Small Thing
 
||"—¿Qué quieres ser cuando seas grande, Rosie? —la aludida parpadeó, sorprendiéndose con la inocente pregunta de su prima menor. Estaban ambas sentadas sobre el piso de la Madriguera, la mayor leyendo su libro favorito con el título de 'Peter Pan' a Lily cuando esta la interrumpió de pronto, curiosa por cual sería su respuesta. ¿A qué quería dedicarse una vez graduada? La pelirroja estaba segura que deseaba aprender más y más, y volcar todo ese conocimiento adquirido en algo que mejorara a la humanidad. Ya sea creando una ley que los beneficie, una poción que les conceda un día más al lado de sus seres queridos o simplemente escribiendo, tratando de transmitir una sensación única de felicidad.    
Yo... realmente no lo sé —musitó finalmente, confundida ante el remolino de emociones que parecía haberse adueñado de su corazón.  
Pues yo quiero volar, ser libre —anunció la pequeña Potter, no queriendo atormentar a su prima hasta que obtuviera una respuesta.  
¿Libre?  
¡Sí! Como... como... —las avellanas pupilas de la menor revolotearon por la pequeña habitación que compartían, encontrando lo que buscaba fuera de este—, ¡Como ese ave!    
Rose dirigió su mirada hacia la diminuta criatura de diversos colores, que se mantenía en el aire y a la vista de ellas gracias a sus alas—. A mí me parece que lo que quieres es jugar al Quidditch, como tía Ginny.  
Eso también —admitió Potter, mirándose un momento con su prima antes de romper a carcajadas, a las cuales se terminaron uniendo los demás sin siquiera conocer la razón. Porque cuando uno solo reía y era feliz, los demás se contagiaban la misma alegría" .||

El ave en el aféizar había dejado de cantar advirtiendo la presencia de la alumna, no obstante, en vez de huir se quedó allí, contemplándola, igualmente alerta por si intentaba dañarle. Rose mientras sonreía aun perdida en el recuerdo, dejando que la leve brisa que se filtraba por la pequeña abertura removiera sus coloradas hebras. Cuando decidió despertar, volvió a centrar su atención con el pergamino, escribiendo algo que otra palabra antes de elegir uno nuevo, totalmente en blanco, donde tuvo la urgencia de plasmar la idea que había atacado su mente. Aunque realmente no deseaba dedicarse a la literatura -siendo sus metas demasiado altas, demasiado ambiciosas- la muchacha Weasley siempre disfrutaría de escribir. Dudaba que todas esas hojas sueltas que se encontraban en su diario personal alguna vez vieran la luz, pero para ella así estaba bien. Todo ser humano o no guardaba un secreto, una pasión que no deseaba compartir con nadie. Por esa misma razón, cuando escuchó tal grito masculino cercano a ella, Rose buscó esconder con rapidez el pergamino, acomodándolo en el último lugar de su pila, mientras buscaba contener la exclamación de sorpresa que luchaba por hacerse oír—. ¡Hugo Arthur Weasley! ¿Quieres dejar de asustarme así? —y claramente, falló. Tomar por sorpresa a la pelirroja era una tarea muy sencilla, solo bastaba que la joven Gryffindor se metiera en su propio mundo y lo demás surgía por sí mismo. Desde un susurro hasta un grito como el que su hermano acababa de protagonizar. Se disponía a reclamarle, asegurándole que algún día le saldría mal la broma, sin embargo, el inteligente águila se le adelantó, consiguiendo entender a la perfección lo que quiso decir. Y fue gracias a ese mínimo detalle que demostraba el querer siempre ayudar a todo el mundo, que Rose no pudo evitar enternecerse, mermando su enojo al instante.

Hugo, respira —rió con suavidad ante la rapidez con que su hermano dejaba escapar las palabras, ya un tanto acostumbrada—. Sí, me pidieron permiso para ir a Hogsmeade, más específicamente a Zonko. Cierta Slytherin que todos sabemos quién es, quiso jugarles una broma que casi las ridiculiza frente a McGonagall —suelta un suspiro, recordando que ella estuvo presente en dicha escena, observando de lejos con su varita alzada, dispuesta a intervenir si era necesario—, no salió bien como era de esperarse. Sin embargo, ellas igual sienten la necesidad de vengarse —elevó suavemente sus hombros, con una sonrisa que expresaba ternura y resignación a partes iguales. Alzó su pluma, retornando a su pergamino mientras le daba el toque final a su redacción—. Y, ¡oh, vamos! El profesor Neville lleva advirtiendo a Care desde que puso un pie en este colegio, los cinco sabemos a la perfección que nunca la alejará del Quidditch. Y si llegara a hacerlo, tanto su esposa como Frank y Alice saltarían a defenderla —así como Lily era la debilidad de todo aquel que portara siquiera una pizca del 'Weasley' en sus venas -lo que despertaba enojo y el querer que la reconozcan por su capacidad y determinación- la pequeña Longbottom era el tesoro de la familia, incluso juntas despertaban más de un corazón adolescente dentro del castillo. Si adorabas a una, era imposible no sentir el mismo sentimiento por la otra. Juntas se complementaban a la perfección, encontrando el suficiente refugio y travesura para asegurar una amistad que duraría por años—. En cuanto a Fio... —se aclaró la garganta, interrumpiéndose a sí misma antes de que su pariente notara el desliz—, Finnigan. ¿Existe algo que no altere a esa chica? Quiere que su camino esté cubierto de rosas, y para eso, querido hermanito, se debe trabajar —era un secreto a voces que, si bien Weasley y la aludida habían establecido una cercana amistad en sus comienzos, todo cambió en una tarde, donde ambas malhumoradas sacaron a relucir los peores defectos en la otra, poniendo fin a aquella preciosa relación. Hugo había sido de los primeros en enterarse de tal acontecimiento, declarándose neutro en aquella discusión. Rose no era alguien que requería una absoluta lealtad, su nivel de inmadurez no llegaba a que sus seres queridos tuvieran que compartir sus ideales. Cada persona tenía la decisión en sus manos, y la pelirroja en ningún momento cambiaría el trato por mero resentimiento. Tal vez por ese motivo seguía insistiendo en hablar con su prima semi veela, trazando múltiples encuentros o infiltrándose en las clases de séptimo solo para verificar su bienestar a pesar de ser un año mayor.    

Mientras esperaba a que su hermano volviera a tomar la palabra, Rose volvió a dar una rápida leída a su redacción, quedando satisfecha con la misma, antes de devolver la pluma a su tintero y alzar el mentón, en dirección al único ocupante -además de ella- de la habitación—. Ya terminé con la tarea de Herbología, aun me falta el ensayo de Historia de la Magia, pero primero vayamos a tranquilizar a Neville —se coloca de pie, arreglando rápidamente sus útiles escolares, dejando todo tan prolijamente como estaba antes de su entrada a dicho aula. Cruzó su mirada una última vez con el ave cantor, antes de acercarse a Hugo y depositar un leve beso en su mejilla en forma de saludo—. Hola para ti, hermanito —reafirmó el agarre en su morral, sonriendo con dulzura como era su habitual—. Entonces, ¿dónde es que estaba el profesor? Salvo que te quieras quedar aquí, y comprobar la pésima ventilación que tiene este lugar. ¿Debería escribir una queja por cómo tratan a los estudiantes castigados?
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Re: All the Small Thing » Hugo A.

Mensaje por Hugo A. Weasley el 15th Febrero 2015, 6:15 pm

All the small things
A veces me encontraba observando a las personas, sus acciones, sus palabras, sus gestos al hablar. Muchas veces me perdía entre amigos que reían mostrándose como son en verdad. También observaba a los hermanos. Rose y yo nos llevábamos meses de diferencia, siempre habíamos sido hermanos, de esos que son como mejores amigos, yo sabía que podía contar con ella, y ella sabía que podía contar conmigo, pero no todos los hermanos eran iguales, bastaba con observar a nuestros primos. Los hermanos podían llegar a odiarse, a desear no ser familia, pero eso no era lo que me pasaba con Rose. Con ella simplemente nos picábamos, nos gastábamos bromas, nos molestábamos. Nunca imagine que las cosas fueran diferente, llevarme mal con ella, era misión imposible, pero como todo hermano teníamos nuestras pequeñas discusiones, y en la mayoría de ellas, me parecía ver una sonrisa en el rostro de mamá y papá, como si se divirtieran, como si fuera lo que esperaban de nosotros, que nos molestáramos e hiciéramos rabiar al otro, aunque mamá generalmente cortaba con todo dado que le gustaba que nos lleváramos bien. Por lo tanto, contaba con las manos las veces que Rose me había llamado con mi nombre completo. Me encojo un poco al escucharlo y hago una mueca, de esas que pone un hermano cuando mete la pata, y después le muestro una sonrisa pequeña. —Te olvidaste del Granger. Es Hugo Arthur Weasley Granger.— Le explico con un poco de calma, pero en el fondo seguía un poco sobresaltado por su reacción. —Mamá sigue dando mas miedo— Agrego con otra sonrisa y me siento cerca de ella.

Ruedo los ojos, Carol y Lily, mas la primera, provocaría que algún día sean expulsadas. Había que darles todos los méritos, para ir a cuarto año, podían llegar a ser comparadas con James, Fred, Lyssander y Lorcan, por lo tanto me daba miedo llegar a pensar que era lo que podían lograr si se ponían a trabajar en eso. —Lo que me temía, Neville la matará, y a tía Ginny le agarrara un ataque al corazón— No menciono al tío Harry porque este ya estaba acostumbrado de las locuras de James. —Es lo que me preocupa, que Caro se de cuanta de eso. Lily también. Están siendo muy protegidas por todos nosotros, si la llegará a sacar del Quidditch hasta yo saltaría, bueno, Fiore sería la primera, ya sabes que nadie toca a su equipo, pero si siguen así alguien va a tener que ponerles un alto, y no quiero que McGonnagall ponga el punto final. Siquiera se como hacen para mantener sus calificaciones con lo justo, un pequeño error y caerán en picada, ¿Es que a ti no te preocupa? Ya se que James y Fred junto con Lyssander y Lorcan llegaron a séptimo, pero... ¿Cuantas veces mandaron una lechuza a los tíos? Las dos están comportándose con demasiadas libertades, y creo que eso viene porque todos las protegemos cuando va mal— Y yo era uno de los primeros, que cuando veía que se quedarían hasta muy tarde con los deberes las ayudaba sin necesidad de que me lo pidieran. No quería pensar que tan lejos llegarían si todos fueran así con ellas. Neville era bueno con su hija, pero había que confesar que Carol se abusaba de eso.

—Rose...— Comienzo a decir cuando el tema de la rubia sale a colación. —Fio no espera que todo este cubierto de rosas, trabaja duro para conseguir lo que tiene y pelea con uñas y dientes para defenderlo y lo sabes, no lo niegues que yo se que lo se. Protege al equipo, hay que entenderla, es la capitana si algo sale mal su nombre será el primero en aparecer en la lista. Y no la alteran muchas cosas, solo el estudio y el quidditch, después es buena y no quiero que me hables mal de ella, así como yo no dejo que hable mal de ti cuando estoy yo presente. Se que tuvieron sus peleas, por mas que no sepa cuales fueron, pero ¿Podrían olvidar el pasado y vivir el presente? Por mi— Junto mis manos como si fuera una plegaría, pero cada vez que escuchaba como una se ponía en contra de la otra algo apretaba mi pecho, porque quería a amabas, a ambas las quería como hermanas, no me gustaba que estuvieran enojadas la una con la otra, me agradaba mas cuando eran amigas, fue una pena que ese tiempo haya quedado atrás.

Muestro una sonrisa. —Si, mejor vayamos a tranquilizar a Neville, le podemos decir que las viste en la sala de Gryffindor haciendo sus deberes. El otro día Lily trato de arrastrar a Carol a preparar pociones, la vi volver como a las dos horas, si no es que fue menos tiempo, podemos decir que la pelirroja anda intentando con eso de nuevo— Propongo con un leve encoger de mis hombros. —Buenas tardes— Agrego extendiendo el brazo para que lo tome e ir a buscar a Neville. —No es necesario que escribas una queja, creo que la falta de aire es parte del castigo, para que entiendan ya sabes. Además de que el viejo celador comenzara a quejarse de que antes a los alumnos se los colgaba de los dedos de los pies para que aprendan a respetar las reglas, y no quiero escucharlo— Trato de imitar la voz del viejo, pero, era un caso perdido. —Tu vida si que tiene muchos deberes. Yo esta mañana hice los que me quedaban de historia y después me puse a leer los libros nuevos que me envió mamá. Mando chocolate, tengo que darte la mitad, salvo que a ti también te haya enviado, y en ese caso, quedan todos para mi— Le digo antes de abrir la puerta de la sala de castigos para que ella pasara primero.




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Re: All the Small Thing » Hugo A.

Mensaje por Rose M. Weasley el 8th Marzo 2015, 2:46 am

» All the Small Thing
Lo siento... —fue una disculpa sincera. Observó al muchacho en silencio, a la vez que guardaba sus escritos. Ella había exagerado con su llamada de atención, lo supo en cuanto detectó aquel brillo cruzar por las avellanas orbes de su hermano, pero al parecer no era la única que se había abstraído del mundo fácilmente. Decidió no preguntar, ladeando su cabeza con un gesto sonriente deslizándose en su rostro al escuchar su último comentario. No podía otra cosa que darle la razón, la señora Weasley, su querida madre, en cuánto fruncía su ceño, arrugando ligeramente la nariz en el proceso, y clavaba su mirada en algunos de los presentes, estos automáticamente perdían tono el color de sus rostros, esperando el regaño con la piel tensa y la respiración entrecortada. Sí, daba miedo, pero no tanto para ellos, sus hijos—. ¿Ah, sí? ¿Eso piensas? Entonces, no te recomiendo que pongas a prueba cuán temible puedo ser si me enojo —bromeaba, claramente lo hacía. Mas no del todo, con su hermano no llegaría a portarse de tal forma, aquello sería lo máximo que su tono de voz alcanzaría en su presencia, sobre todo si ella podía controlarlo. Y es que, era un hecho imposible con la ternura que el castaño despertaba en la mayor el dirigirle siquiera una mirada fría. Él siempre tan amable y conciliador, tan cálido y sensato. Su compañero preferido, su consejero personal aunque siempre repitiera que no necesitaba su ayuda, que por más que dijera estar en perfectas condiciones para no preocuparle, Hugo siempre la descubría. Pocos llegaban a entender a Rose en todas sus facetas: su inesperado malhumor, lo competitiva que podía llegar a ser, la calidez con la que trataba a todo ser que le cruzara por el frente aunque no recibiera más que hostilidad, lo obstinada que era, creyendo fielmente en sus palabras aunque tuviera a medio castillo escocés en su contra; sin olvidar esa fría necesidad de hacer saber a los demás, hasta el más mínimo detalle, del temario tratado.

Su sonrisa fue perdiendo poco a poco su usual intensidad ante lo que su hermano decía, hasta que se terminó esfumando por completo, teniendo que frotar su frente con ahínco al entender su preocupación, el verdadero rumbo que sus palabras sugerían—. Son niñas excepcionalmente inteligentes, si así no fueran, sus aventuras podrían haber acabado con ellas a esta altura de la vida. Pero no son inconscientes, y eso lo sabes tanto como yo. Conocen sus límites, saben cuándo una broma deja de ser un simple juego, están al tanto del desastre que podrían ocasionar si no se controlan. No son malas personas, están lejos de serlo. Tampoco nuestros primos lo son, aunque tengan ese odio a las serpientes, jamás causarían un daño irremediable. Al menos, no siendo estudiantes —y es que muchos solían malinterpretar sus palabras o sus acciones. Que siguiera las órdenes, que castigara o llamara la atención de alguien que rompía las reglas, no significaba que no entendiera el pasatiempo de hacer una broma, u el interpretar un personaje contrario a tu verdadera personalidad. Ella misma de vez en cuando se divertía, uniéndose a sus primos para dar una inocente lección. Lo único que no podía premiar, era la falta de respeto o la nula responsabilidad—. Por supuesto que me preocupa, Hugo —en ningún momento levantó la voz, si no que mermó la pequeña molestia que causó su pregunta—, y fue por eso mismo que accedí a que fueran, si alguien les dice que no, para ellas siempre será sí. ¿Qué propones, entonces? ¿Encerrarlas? ¿Triplicar sus obligaciones escolares? ¿Mantenerlas bajo constante vigilancia? ¿Disminuir nuestro instinto de protección hacia ellas? Eso será peor, de hecho, no es la mejor opción —deslizó la pluma entre el hueco de sus dedos, entreteniéndose mientras su mente se centraba en su propia relación con ambas pequeñas. Su hermano no comentaba nada nuevo, ni tampoco esa era la primera de sus conversaciones, teniendo como protagonistas a las estudiantes de cuarto año. ¿Cuántas veces no habían dado de qué hablar en la familia? Famosas eran las tardes donde los señores Potter y Longbottom se juntaban a rememorar viejas aventuras, en los cuales, las niñas siempre terminaban siendo nombradas. Mención que no moría ahí, si no que era transmitida por un vociferador que llegaba a Hogwarts, interrumpiendo siempre a la hora del desayuno.

Eso es trampa, no te puedes mencionar en mi aparente enemistad con Finnigan. Sabes que por tí haría cualquier cosa —reprochó la pelirroja, mirando con cierta seriedad a su hermano menor. Nombrar a cierta águila no había sido una buena jugada, y ni siquiera tuvo que empezar a escucharlo, para empezar a sentir remordimiento—. No lo niego porque sé que es verdad, que estemos en un terreno bastante frágil hoy en día, no es razón suficiente para que me ciegue ante sus virtudes —un rasgo que admiraba en la muchacha era su fuerza, tanto como la que habitaba en su interior, como la que mostraba poseer. Finnigan lidiaba con muchos problemas, y a casi nadie le permitía el acceso a intentar solucionarlo. Era arisca en ese sentido, solitaria, pero la había escuchado varias veces decir que era mejor así—. Supongo que existirá un día donde nos sentemos a hablar como las adultas por las cuales queremos que nos traten, y... ya veremos que sucederá. Pero —descansa su mirada sobre su hermano—, deja de adular tanto a Finnigan o me pondré celosa —hizo una especie de puchero, inflando sus mejillas y frunciendo sus afresados labios, como cuando quería galletas de chispas de chocolate antes de la cena, y alguien siempre se las arreglaba para impedírselo. Acto seguido se acercó a su querido pariente, aceptando su brazo y apresurándose en dejar atrás aquel salón—. Bueno, dudo que el profesor Longbottom se acerque por voluntad propia a las pociones, más considerando el hecho de que la señora Delacour es la titular y encargada de dicha materia —volvió a hacer un ademán afirmativo con su mentón, sin dejar de seguir sus pasos a la par. Y es que, desafortunadamente, sus descendientes habían heredado tal falta de talento con los brebajes mágicos. Sabían la teoría de memoria, había visto a Alice leerlas y memorizarlas más veces de las que podría contar, mas no era lo mismo. Lo que realmente se evaluaba era la práctica, no lo que los libros contaban dentro de sus páginas. Meneó su cabeza de lado a lado ante lo otro, esbozando una leve sonrisa además por su imitación—. Cuidado, te llega a escuchar y en un instante estarás limpiando el baño de la segunda planta. Y creéme, no es nada agradable —sus palabras se remitían a la tarde donde había optado ayudar a los implicados, siendo una pésima idea, mas no arrepintiéndose en absoluto a pesar de los hechos que allí habían tomado lugar.

Rose suspiró, observando como el pasillo se llenaba cada vez más de inquilinos—. Me preocupan los exámenes finales, además, ayudo a varios con las materias que se les complican. No me molesta, en realidad, me encanta. Pero me preocupa no llegar a tiempo con las entregas —nuevamente se encogió de hombros, con gesto despreocupado—. Simple precaución —muchas palabras sonaban mágicas a sus oídos, sin embargo, 'Chocolate' era la más efectiva de todas para hacerla reaccionar—. ¡Yo quiero, yo quiero! —exclamó, tironeando de la manga de la túnica del castaño—. Vaya injusticia, a mí no me envió ninguna caja. Te consiente más, ¿Qué clase de madre es una mujer que muestra preferencia?  —muchos los miraban sorprendidos de que la prefecta mostrara ese carácter aniñado, y todos se olvidaban de algo que para su familia y amigos era obvio: Rose era una niña, y lo sería por siempre.



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Re: All the Small Thing » Hugo A.

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