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On Thestrals We Ride, Rose M. Weasley y Scorpius H. Malfoy

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On Thestrals We Ride, Rose M. Weasley y Scorpius H. Malfoy

Mensaje por Scorpius H. Malfoy el 6th Febrero 2015, 8:28 am

Casi no se escuchan sus pasos con aquel andar sigiloso. Tuvo mucho cuidado hasta llegar a la biblioteca intentando no ser visto, el problema estaba mas que nada en su metro noventa que era bastante difícil de esconder de vez en cuando, pero no se sorprendió al lograr su objetivo, incluso quizá se desánimo. Bostezo en la sala llena de libros y avanzo hasta la sección de historia, pensando que quizá si hubiera sido bueno encontrarse con un prefecto o con un profesor, o con alguien que le agregué algo a ese noche, pero no había nada, solo deseos de dormir, algo que había intentado en las últimas horas y había fracasado en el intento, notablemente. Tomo el primer libro que estaba en la sección de historia de la magia y comenzó a leer sin mucho interés. En la mansión, en su casa, había muchos libros que se habían acumulado con el tiempo, algunos estaban llenos de polvo y esos eran los mas interesantes de todos, tenían historias escribas casi a mano, historias que habían pasado de boca en boca hasta que alguien las plasmo en un libro. Scorpius había disfrutado ese privilegio por muchos años, pero una vez en el castillo tuvo que soportar libros que contaban las "historias oficiales" y siempre tenían las batallas con los duendes y troles. Eran aburridos, para nada interesantes y aún así el joven no conseguía su objetivo de leer algo que lo hiciera dormir.

Se volvió a poner de pie, algo en todo ese lugar tenía que ayudarlo. -¿Cual es la materia mas aburrida de todas?- Se pregunto en voz baja y se encamino al área de adivinación, pero luego cambio de opinión, esa materia no era aburrida, solo estaba destinada a fracasar y era para perdedores. Se dirigió al área de los libros de runa, pero al abrirlos recordó las clases que eran un tortura. Se quedo frente a la sección restringida, podría ser interesante, pero al dar un paso se dio cuenta de que entrar ahí lo despertaría mas de lo que estaba y eso no tenía sentido, iba en contra de su propósito. -Otro día amigo- Agrego girando con desgana a la parte de herbología, al fin y al cabo que había de interesante en las plantas, solo había que regar y esperar que no se muran, con un poco de paciencia era suficiente. Tomo un libro de título aburrido y acabo por tirarlo con el piso cuando, tras media hora, no servía para nada. La lectura le aburría, pero sus ojos no se cerraban, y estar sentado sin hacer nada no era lo suyo. Se volvió a poner de pie. Todos los títulos que empezó a leer le parecieron ridículos y comenzó a tirarlos al piso sin importarle que los mismos hicieran un sonido seco al caer sobre el piso. A esas alturas de la noche, lo mejor que le podía pasar, era ser castigado. Odiaba no poder dormir.
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Re: On Thestrals We Ride, Rose M. Weasley y Scorpius H. Malfoy

Mensaje por Rose M. Weasley el 8th Febrero 2015, 12:26 am

Rose estaba agotada, abatida, y sus amigos se lo hicieron saber cuando casi deja caer su cabeza sobre la comida, siendo su prima quién la salvó de tal humillación. Y aunque asegurara que nada le sucedía, pronto se pudo ver a ella misma saliendo del Gran Comedor, acompañada de cerca por su querida Roxanne, quien se negó a separarse de ella hasta que hubieran llegado a la Torre que protegía la Sala Común de Gryffindor. Allí, con solo observar su cama y reposar su cabeza en la mullida almohada, sus níveos párpados se cerraron, entregándose al sueño del que Morfeo le había arrebatado aquella mañana. No supo por cuanto tiempo durmió, pero si se pudo vislumbrar cierta alerta en sus orbes al desvelarse que ocasionó que la conversación que sus compañeras mantenían se interrumpiera, volviendo su vista a la muchacha en espera de una explicación. Ella solo movió sus labios, antes de levantarse en un ágil movimiento -que la hacía digna de su puesta en Quidditch- buscando una túnica y vistiéndose con la misma, teniendo que reemplazarla al pertenecer a su prima menor—. ¿Cómo es que no me despertaron? —exclamó por fin, buscando una liga para poder hacer algo con su rebelde cabello—. Hoy son las rondas generales, ¡No sé cómo pude quedarme dormida así! —tan apurada se encontraba que casi se lleva por delante la jaula de Höffen, la cual chilló demostrando su creciente enojo. La primogénita de Ronald se disculpó entre tropiezos, les prometió pasar por las cocinas en busca de algo para comer a sus amigas y posterior a ello, se fue, cerrando la puerta de madera tras de ella. Cada mes entrante la directora McGonagall organizaba una junta de prefectos por la noche, dividiendo el inmenso castillo escocés entre las pequeñas autoridades presentes, pidiendo que les entregara un informe al terminar si es que encontraban algún inconveniente, algo fuera de lo normal. Siempre hallaban algo para reportar, pero no así lo reportaban por tratarse de alumnos que se conocían entre ellos. ¿Para qué negarlo? Rose también había perdonado a sus primos de castigos, no obstante, nunca se iban de su vista sin una advertencia; como aquella que acababa de brotar de sus labios al descender las escaleras, y encontrarse con inquilinos desvelados en plena sala común de Gryffindor, con un reproductor de música muggle ambientando el lugar, además de múltiples botellas de sustancia sospechosa que pasaban de mano en mano.

Al detectar a la prefecta Weasley en las escaleras, observándolos, la escena cambió al instante, sacando un ajedrez mágico y un set de Gobstones que le hizo sonreír discretamente. Vaya con los hábiles que eran los jovenes hoy en día. Rose solo sacudió su cabeza, cruzando por el prototipo de sendero que le dejaron libre, soltando una última advertencia antes de irse, saludando a la Señora Gorda en el proceso. Llegar hasta donde la directora aguardaba no fue problema, escuchó las indicaciones, girando sobre sus talones cuando esta les concedió el permiso, disponiéndose a terminar aquella noche con éxito. Y lo estaba logrando, con su varita empuñada se movía por los sectores asignados, siempre con cautela y no dejando rincón sin husmear. Ningún estudiante filtrado, aquella debía ser su noche. Solo le faltaba la galería de armaduras y podría regresar a su sueño. Pero por supuesto, algo siempre sucedía. Uno de sus compañeros la sorprendió al cruzar el pasillo, contándole su problema y pidiéndole casi a ruegos que revisara la Biblioteca por él, ya que no llegaría con su ensayo de Runas Antiguas. Y nuevamente, sintiendo algo de pena por el muchacho, Rose no tuvo capacidad de negarse, accediendo a pesar de que las ojeras comenzaban a ser visible bajo sus párpados.

La Biblioteca había sido desde siempre su refugio de los demás, allí podría permanecer por horas únicamente en compañía de un libro. Por eso, fueron sus pies quienes la guiaron automáticamente con solo transmitir la orden de su cerebro. Mas cuando se acercaba, un ruido proveniente desde adentro la hizo detenerse en seco, dudando de si realmente lo había escuchado. El mismo volvió a repetirse casi al instante, tomando la decisión de entrar mientras silenciaba sus pasos y sus acciones, con el único propósito de que quién fuera que se encuentre clandestinamente allí, no advirtiera su presencia. El primer panorama que obtuvo fue de libros mal posicionados, tirados desprolijamente sobre el suelo, el cual no pudo evitar recoger cuando se acercó. Buscó su lugar en la estantería, encontrando un hueco vacío que se encargó de rellenar. Aquel sonido tan peculiar siguió escuchándose, encontrando más y más libros en el piso lo que solo le enojó. ¿Por qué no podrían tener un poco más de cuidado con las cosas? Libro que encontró, libro que recogió. Le urgía hallar al culpable de tal irresponsabilidad, teniendo que parpadear en cuanto divisó una figura masculina recortada en la oscuridad. Sin intimidarse, continuó con su tarea, no pudiendo evitar murmurar los siguientes títulos—: ¿Romeo y Julieta? ¿Cumbres borrascosas? ¿Orgullo y prejuicio? —sí, realmente le sorprendía que eligieran esos tomos de género romántico y de época a tales horas de la noche, sin embargo, su sorpresa fue en mayor al finalmente reconocer al culpable de que los libros no estén en los lugares que les correspondía. Ese cabello áureo, esa postura, esa elegancia solo podía pertenecerle a una persona en todo el castillo—.  ¿Qué se supone que haces aquí a estas horas, Scorpius? Conoces las reglas —colocó el último libro en su lugar, verificando que ningún tomo más se encontrara desparramado por el suelo, antes de voltear suavemente y recargarse contra la estantería, buscando que su avellana mirada conecte con una grisácea, dedicándole su completa atención por primera vez en aquella infortuita madrugada.



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Re: On Thestrals We Ride, Rose M. Weasley y Scorpius H. Malfoy

Mensaje por Scorpius H. Malfoy el 9th Febrero 2015, 12:52 pm

Apenas alumbraba la luna en aquella sala, pero bastaba para que el joven pudiera leer la linea de los libros. Su visión era buena, por eso sus reflejos eran notables en quidditch, por eso su buena reputación en cuanto al deporte se trataba. En aquellos rayos que entraban por la ventana el joven se acerco a leer uno de los libros de historia de la magia, libro que acabo leyendo resignado a que el sueño llegara por él. Poco después de quedarse en silencio, escucho unos pasos acercarse. De unos pasos se escondió detrás de las estanterías, agradeciendo por un poco de acción y maldiciendo porque no tenía deseos de acabar castigado. Silencio y luego un susurro. No podía ver de quien se trataba, pero por el hueco que había dejado un libro supo que se trataba de una mujer por su cabello largo. Aquella persona comenzó a nombrar el título de los libros y los comenzó a ordenar. Cuando la voz acabo por llegar a oídos del rubio la identifico. Rose Weasley. Le sorprendía que no irradiara luz propia, pues así parecía que hacía a la luz del día. Da otro paso y queda a la vista de la chica, solo que es bastante rápido para apoyar su cuerpo en la estantería y hacer que leía el libro de manera distraída. Ella no lo metería en problemas escolares, ella solo lo metía en otra clase de problemas que el joven no sabía por donde empezar a explicar. Si recordaba como habían comenzado una extraña amistad, rompiendo las barreras entre un Weasley y un Malfoy, la buena relación que esta tenía con Dom ayudaba, pero luego de pasar un tiempo juntos, el rubio supo que ella no estaría de acuerdo con lo que él deseaba, supo que debía elegir, y mejor era cortar las cosas de raíz, dolía menos que cuando se lo dejaba crecer, pero, de todas formas, deseaba hablar con ella cada vez que la encontraba a solas, por mas que en los pasillos siga diciendo cualquier cosa sobre ella.

-¿Reglas? ¿Existe eso?- Pregunta sin inmutarse ante la pregunta que le hace al notarlo en la sala. Alza la vista para encontrarse con esos ojos marrones que se veían mas oscuros ante la escasa luz, su pelo, en cambio, se hacía notar entre la oscuridad, brillante como siempre. El muchacho saca la varita y acomoda todos los libros que estaban en el suelo. Iba a hacerlo antes de irse, o eso quería creer, sin duda imaginar a la bibliotecaria al encontrarse todo ese desastre le causaba demasiada risa y ganas de verlo con sus propios ojos, pero, dado que ahora estaba Weasley, dudaba de que eso fuera posible. -No me vengas con regaños Rosie, si quieres retar a alguien me pareció ver a una parejita de cuarto pololear en una de las aulas vacías. Regañalos a ellos, yo solo estoy interesado en... ¿Mis deberes?- Explica señalando el libro de historia de la magia, que, por lo que había leído, no estaba ni cerca del programa que la profesora Martell daba. -Pero ya que estás aquí, porqué no te sientas y me cuentas cómo andas- Ofrece mientras se sienta en una de las sillas que estaba en una de las mesas de la biblioteca y que parecía quedarle chica. Se muestra relajado, pero no es como se sentía por dentro. Rose tenía cierta influencia en él y eso le molestaba tanto como le encantaba. Cuestionaba, a veces, que la chica tuviera algo de sangre veela en aquella sangre de segunda marca.

Contradictorio era que quisiera quedarse, lo normal hubiera sido que se fuera sin ser visto, o solo hacerse notar para luego desaparecer antes de que la pelirroja llegara a actuar, pero no, él se había sentado, dispuesto a hablar, dispuesto a saber como se encontraba. Sabía que la chica posiblemente se encontrara preocupada por su padre, que se enfrentaba a un grupo encubierto que no hacía mas que causar problemas, y que la prensa les había caído encima tras esa charla que había sido suspendida, y donde habían matado a un señor. El cumpleaños de su hermano estaba próximo y sabía que también debía estar pensando en eso, pues, la joven era demasiado protectora con el menor de los Weasleys. Los exámenes estaban próximos, los profesores no paraban de dar tareas y la parte dos de la temporada del año estaba cerca. Claro que la chica tenía de que preocuparse, él también tenía su parte, pero no solía mostrar preocupación, tampoco solía mostrar afecto, solo interés, y por gracioso que pareciera, no era interés lo que mostraba en esa noche, era algo que el joven no podía definir, pero que se acercaba a la curiosidad. Tal vez se trataba de un instinto que le incitaba que ayude a la joven. Quizá solo se podía resumir en preocupación, y por eso pensaba todas las posibilidades que podían estar pasando por la cabeza de aquella joven, para poder ayudarla, por mas de no poder hacer mucho. Quizá solo quería estar a su lado, por mas que fuera inútil y no pudiera hacer nada. Era idiota pensar así y lo sabía, por eso hizo que la idea desapareciera de su mente mientras esperaba a que la joven contestara a la propuesta que él le había echo hace un momento.


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Re: On Thestrals We Ride, Rose M. Weasley y Scorpius H. Malfoy

Mensaje por Rose M. Weasley el 13th Febrero 2015, 11:49 pm

Colocó sus brazos en jarra cuando el rubio evadió su pregunta, decidiendo devolver el mismo trato, mientras guardaba silencio ante su referencia a las reglas. Exactamente, ¿Qué significaba ese joven con el emblema de serpiente para ella? Una persona con quién le habían advertido de no tratar, un ser con muchas facetas que apenas conseguía visualizarlas a través de aquellas cristalinas orbes, una serpiente a la cual le había entregado su amistad, para que una tarde cualquiera, el muchacho intentara quebrar todo lazo que habían construido ladrillo a ladrillo todos esos meses. Y ella remarcaba ese verbo a medias en su mente, su intención era clara, mas ella no lo aceptaba ni jamás lo haría. ¿Por qué echar a perder algo en lo que había trabajado tanto? Una sonrisa, un detalle en el día de su cumpleaños, un consejo, una felicitación. No era nada fuera de lo normal, Rose poseía una personalidad muy cálida, cariñosa y con la ferviente necesidad de verificar el bienestar en sus seres queridos. Cuando Scorpius pasó a ser uno de ellos, continuó con su rutina, no encontrándolo nada extraño hasta el día en que él decidió alejarla de su vida, interrumpiendo bruscamente su anécdota de las vacaciones para acto seguido dejarla en pleno pasillo, con una tormenta de pensamientos carcomiéndole, intentando hallar la respuesta tras aquella presión en su corazón. No derramó ni una sola lágrima en su nombre, ni tampoco al reaccionar corrió tras de él exigiendo una razón. Simplemente lo dejó ir, observando cómo volvía a enmascararse tras su pétreo rostro, adoptando la actitud que todos tenían en mente en cuanto evocaban su ancestral apellido.

Ya otro se habrá encargado de ellos, además, ¿Quién soy yo para interponerse en el amor? —respondió de forma distraída, tal como actuaba en clases ante un profesor, encontrando su voz luego de varios minutos de permanecer en silencio. Ella no quitaba puntos por querer perjudicar a una casa en específico, era competitiva y su ambición cierto instrumento mágico la había calificado como peligrosa, sin embargo, nunca dañaría a alguien por accidente o para conseguir sus próspositos; y esto era algo que todos sus primos sabían, por lo que cuando amenazaba, nadie le prestaba atención. Miró el libro que Scorpius le mostraba, ladeando su cabeza al leer con cierta dificultad el título, debido a la poca iluminación y la evidente distancia que ella misma se encargaba de establecer—. ¿Te sientes inseguro últimamente con tus conocimientos, Scorpius? Ese es un tomo de segundo año, y recuerdo a la perfección tu rostro cuando te calificaron con Extraordinario en el último examen —muchos odiaban la asignatura e incluso algunos dormitaban sobre sus pupitres sin prestar atención a la clase, mas a opinión de la muchacha era una de las más fáciles. Solo era sentarse, leer y comenzar a relacionar hechos. En cuestión, la voluntad en uno mismo era lo que definía la calificación final del profesor.

Las próximas palabras consiguen que Rose dirija su mirada al inquilino, deteniendo su análisis de qué podría estar haciendo a esas horas en la Biblioteca. ¿Realmente estaba diciendo la verdad o allí había algo más? ¿Debería mirar la sección restringida? ¿o incluso pronunciar el hechizo que le revelaría si ellos dos eran los únicos en aquella habitación? Caminó unos pasos, deslizando una de sus hebras rojizas tras el escondite en su oreja—. Si te interesa qué es de mi vida, puedes venir cualquier día y yo como siempre te responderé con la más absoluta sinceridad. A una hora razonable, por supuesto y no en la madrugada escondidos en un sitio donde ninguno de los dos tendríamos que estar —se reprochó a ella misma el solo agradecer para sus adentros que su compañero le hubiera relevado su obligación aquella noche. Rose no tenía problema alguno con detenerse a hablar con el áureo en pleno colegio, curioseando por su día y su estado de ánimo. Los alumnos se quedaban mirando, aguardando ciertamente con anhelo el observar cómo una vez más, Malfoy dejaba a la muchacha Weasley con la palabra en la boca. Su último encuentro no distó de la realidad que vivían, pero si notó a tiempo la transformación que sufrieron las facciones del chico, pasando de la tranquilidad a la frialdad en un pestañeo, que fue lo que tardaron los inquilinos en acercarse. Ese chico la evitaba por algo más que su apellido o el origen de la sangre que recorría sus venas, estaba segura; si no, ¿Por qué cuando estaban a solas no la observaba como siempre? Suspirando para sí misma, se giró hacia la estantería, teniendo una idea de lo que pasaba en ese momento. 

Al hallar el título que estaba buscando transcurridos apenas unos minutos, lo sacó de su lugar, comenzando a hojearlo con especial delicadeza, como si en vez de páginas se tratara de un frágil pétalo de rosa. ¿Cómo ayudar al chico esa vez? Mejor dicho, ¿Cómo lograr que él acepte su ayuda? —El insomnio es causado por muchas razones, Scorp  —habló de pronto, sin abandonar su tarea—. Supongo que estás ansioso por el partido de mañana contra mi casa. Sin embargo —elevó su mentón por fin, mirando al primogénito de Malfoy con la determinación brillando en sus pupilas—, no me interesa competir contigo si no estás en tus facultades al cien por ciento. Por lo tanto, si te llegas presentar de esta forma, no pienso siquiera considerar tu existencia —aun no había nacido la persona a la cual le entregaría su completo odio, tenía hostilidades por aquí y por allá, pero como Lily siempre le recordaba, la pelirroja mayor era incapaz de albergar un sentimiento tan oscuro como ese. Mas tenía rivales, bastantes de hecho, reconociendo solo a unos pocos de todos aquellos que se declaraban ante ella. Finnigan y Malfoy, irónicamente quienes había sido sus amigos en algún momento, encabezaban la lista. Competían tanto académicamente como en el Quidditch, pero ella no recordaba que hubieran golpes bajos. Era una rivalidad sana, que aceptaba y se esforzaba por sobresalir, creciendo día a día cuando se superaba a sí misma.



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Re: On Thestrals We Ride, Rose M. Weasley y Scorpius H. Malfoy

Mensaje por Scorpius H. Malfoy el 22nd Febrero 2015, 12:19 pm

Sentimientos encontrados era lo que sentía cada vez que la veía, A veces solo quería tratarla como si fuera la peor de esa casa, y mandarla a donde bien le correspondía, otras veces tenía deseos de saber que se encontraba segura y que estaba a salvo. En ese momento y tras escuchar su comentario, se encontraba mas cerca de la primera opción. Destruirla, pero estaba cansado y no tenía demasiados deseos. Como responder a la pregunta que ella había echo, si no lo hacía para otra cosa mas que para molestarlo, picarlo y meter el dedo en aquella yaga que él había ocultado a todo el mundo y principalmente a ella. Había tenido que tomar una decisión, una decisión a futuro y siendo tan joven. Supo desde el primer momento en que tmo aquella iniciativa que sus personas cercanas podrías salir lastimadas, supo que esa misma joven no estaría de acuerdo y se negaría a aceptar que él era capaz de hacer tales cosas. La alejo, como quien aleja a una persona de una granada, considerándose a si mismo algo destructivo para la pelirroja, pero demostrando que simplemente no quería estar mas a su lado. La alejo de la peor manera que había podido pensar, pensando que de esa forma ella se alejaría sin mirar atrás, pero aún así ambos se buscaban queriendo saber mas del otro.

-Algunas veces tenemos que tomar decisiones difíciles para hacer bien nuestras tareas- Explica con tranquilidad haciendo que el libro girase en su mano con soltura. Se carcajeo por lo bajo cuando escucho su siguiente pregunta. -Cariño, la inseguridad no esta agregada a mi diccionario, pero esta claro que a ti es difícil engañarte- Le concede sin hacerse mucho problemas en lo que pudiera imaginar Rose en ese momento. -Pensé que te interesaría una respuesta antes que un ''no te interesa para nada lo que yo estoy haciendo en la biblioteca'', pero insistes en que las personas te dediquen palabras hirientes, ¿Disfrutas que te traten mal? Porque parece que eso es lo que buscas todo el tiempo. Diciendo todas las respuestas en clase, cumpliendo las reglas al pie de la letra y pretendiendo que otros también las cumpla. Fastidiando con tu voz a todo aquel que se cruza en tu camino. ¿Nunca te preguntaste porque le caes mal a las personas? Ahí tienes las respuestas, pero seguramente dirás que así te tratan porque tienen celos, o que así actúas porque eres competitiva, en realidad eres solo un fastidio- No eleva el tono de voz, pero si este se vuelve mas frío a medida que habla, siendo tan seco como se puede ser con una persona con la que se esta hablando. Muestra una sonrisa de lado. -Espero que no te moleste que te diga la verdad- Agrega mostrando por un segundo una mirada inocente, como si un ángel acabara de poseer su cuerpo.

-No te gusta la adrenalina, ¿Verdad?- Le pregunta sin pensarse el tema dos veces. -Si, podría preguntarte cualquier día, pero siempre estas rodeada de tus nefastos primos y amigos que me caen mal, y no quieras que cada vez que me acerque a ti, termine pegando un puñetazo en la cara a alguien en la cara, porque no sabe mantener la boca cerrada- Alza los brazos como si esa fuera la mas clara explicación de porque no se acercaba a ella en los pasillos, o porque ya no hablaban como antes solían hacer. Si, en cambio, era la mas fácil de explicar, la que no era un laberinto sin sentido alguno, y donde había que mirar mil veces a donde se debía ir, donde no había trucos para poder escapar de él. Inclina la cabeza de lado, como si fuera lo mas lógico y como si fuera tonto que ella no se haya dado cuenta de eso. En si toda la familia de ella era un problema, sacando a dos o tres personas, el resto era un completo desastre. Alza las cejas, incrédulo de lo que acababa de escuchar, y se vuelve a carcajear entre la oscuridad de la sala. -Si no durmiera a causa del partido, es porque quiero que las cosas sean justas y no se encuentren en tanta desventaja.- Comenta bastante seguro de sus palabras, sin dudar ni un momento. -No tienes porque tener tantas consideraciones, bien que respondes todas las preguntas en clase cuando hay estudiantes que están esperando ese momento para poder levantar las notas. No es necesario mentir, cariño, por lo menos no a mi, no te hagas la considerada en este momento. Eres peor que un Ravenclaw cuando de competencia se trata, siempre tratando de demostrar que seas la mejor. Puede que aún no hayas echo nada malo para conseguirlo, pero si Finnigan te sigue ganando en clase, no se cuanto te vas a poder resistir a no jugar un poquito sucio- Le dedica otra sonrisa, teniendo bien en claro que ella no era como él, y que no le causaría daño a otra persona para considerarse la mejor, pero nunca estaba de mas poner a prueba la mente de las personas.

Quienes lo vieran se preguntarían que pasa, porque se tratan así. Quienes lo vieran antes dirían que algo debía pasar entre ellos, pero ahora todos parecían querer asegurar que el amor no estaba entre ellos dos, sino entre las nuevas compañías de Malfoy, Quienes lo vieran se preguntarían porque no podía haber siempre palabras amables entre ellos, porque siempre tenía que haber una pizca de maldad, en especial de su parte, para saborear la noche y hacer que las palabras de uno se volvieran en contra del otro. Quienes los vieran, se preguntarían lo mismo que una vez el rubio se había preguntado. ¿Por qué? Era una sola pregunta que a veces podía llegar a carcomerle la cabeza, como lo hacía en ese momento mientras miraba fijamente a la pelirroja a la que le había dedicado palabras tan frías.


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Re: On Thestrals We Ride, Rose M. Weasley y Scorpius H. Malfoy

Mensaje por Rose M. Weasley el 8th Marzo 2015, 8:32 pm

¿Con quién suponía Scorpius qué estaba tratando, que estaba hablando a tales horas? ¿Con una niña insegura que almorzaba en el cubículo más aislado del baño para no enfrentarse a los demás? ¿Al que dirán, al que pensarán? Admitía que podía llegar a comportarse un tanto introvertida, tímida en ocasiones, pero eso era con gente de la cuál no conocía ni el nombre. Desde la primera vez que la habían intentado humillar u atacar, Rose había aprendido a defenderse; siempre recurriendo al arte del habla, nunca a la varita. Ella solo se estaba defendiendo, pero al mismo tiempo, no perdía oportunidad de dejar en claro que tanto con ella, como con sus seres queridos, no se jugaba. Nunca permitiría algo semejante. Y si así presumía de que era, ¿por qué esperaba en silencio a que el áureo terminara de despreciarla, antes de tomar la palabra? ¿Por qué no lo interrumpía? Las razones que el rubio presentaba ante ella ocasionó que pestañeé, preguntándose para sí misma si Scorpius estaba hablando en serio. ¿Celos? ¿Qué parte de ella originaba esa envidia? A su parecer, ningún rasgo podría justificar ese sentimiento tan deshonesto. Si le preguntaban a Rose, ella respondería que cada persona era única por sí misma, especial entre tantas otras gracias a algo que, al descubrir, le sacaban provecho. Más de la mitad que conocían a Rose hacían resaltar la evidente inteligencia en la muchacha. Era sobresaliente en cuánto lo académico, pero ¿Qué había sobre la vida real, esa que le aguardaba fuera de aquellas cuatro paredes? ¿Llegaría a ser lo suficientemente lista para sobrevivir a todos los obstáculos que se le presentarían?

Siempre valoraré la verdad, pero en este momento me pregunto, ¿Por qué se supone que me interesa lo que los demás elijen pensar de mí? Son libres de pensar como quieran, mi existencia no se basa en complacerlos —no era una estrategia para que las hirientes palabras no le afectaran, si no que la más absoluta verdad, una que no deseaba ocultar, menos cuando alguien se había empeñado en dañarle a través de esa pobre perspectiva que pudo rescatar de su vida cotidiana—. Pero gracias, porque eso solo me sigue confirmando que los que siguen a mi lado, es porque me valoran como soy  —dulzura, dulzura y agradecimiento hacia aquellos que se habían vuelto tan indispensables en su vida. Eso mismo expresaron sus palabras. Una sensación tan gratificante que no tardó en esparcirse en cuanto Malfoy volvió a mover sus labios, retornando su atención a él—. Creo que diferimos en cuánto a la definición de adrenalina  —musitó, sacudiendo su cabeza ante el adjetivo. El chico nunca perdía oportunidad para dejar en claro cuanto le desagrada los miembros de su familia, Y Rose muy pocas conseguía no comentar nada al respecto—.  ¿No puedes simplemente ignorarles, como hacía yo con tus amigos? Porque te recuerdo que ellos no eran especialmente delicados en sus comentarios. ¿En serio te importa tanto lo que los demás puedan decir? —deslizó sus pupilas de él hacia el librero, mientras frotaba sus brazos, intentando otorgarse un poco de calor por sí sola. No había salido desabrigada de su habitación, pero los techos de la Biblioteca eran tan altos, y el frío estaba lejos de abandonar la zona, que era complicado ambientar el inmenso espacio para la comodidad de los inquilinos a todas horas.

Sumado a eso, la joven tenía sueño, a tal punto que se hubiera quedado dormida en plena vigía, de no ser por el compañero que llegó a despertarla. Aunque intentar entender a Scorpius no era una tarea sencilla, Rose se percató de las bolsas apenas moradas bajo sus párpados, de cuánto se esforzaba por no arrastrar las palabras. ¿Cómo esperaba que no se preocupara? No quiso hacérselo saber, por ello es que se desvió por el tema de la latente competencia. ¿Qué esperaba qué le respondiera? ¿Qué se iría derecho a descansar, para dar lo mejor de sí siendo que era el capitán y encargado de guiar a su equipo a la victoria? Tenía que haberse mantenido despierta, consciente de que esas estruendosas carcajadas y las posteriores palabras sería su única respuesta. Volvió a descender su mirada al libro, escuchando las palabras repetirse una y otra vez en su presencia. Siempre recurría a ello para hacerla sentir mal, sus estudios, su círculo de amigos, sus actitudes. Nunca había pasado a convertirse en algo mayor, hasta que lo último que brotó de sus labios ocasionó que disparara su mirada avellana al aúreo, sorprendida y casi dejando caer el tomo de entre sus manos. Malfoy no podía estar hablando en serio, simplemente no podía—. Jamás dañaría a alguien para conseguir lo que quiero, ¿Qué sucede contigo? ¿Qué ganaría saboteando a Finnigan o a cualquier otra persona? Mejor respóndeme algo, ¿Qué ganas tú además de un descenso importante  de puntos cuando haces trampa en Quidditch? Si realmente deseas ganar, por ese camino no lo conseguirás nunca. Solo terminarás perjudicándote a tí y a los de tu equipo —cualquier se hubiera molestado por lo anterior, todos esos términos para definirla, sus risas, su frío mirar; pero no, Rose sintió sus mejillas empezar a tornarse rosadas dado el enojo que estaba sintiendo.

Sacudió su cabeza con decepción, con sus rojizas hebras acompañando en el movimiento, retornando a su libro, el cual contempló aun enojada. Scorpius volvía a hacerlo, volvía a arruinar ese encuentro como tantos otros—. Tómalo —le arrojó el libro que llevaba ojeando transcurridos unos cuantos segundos, sin molestarse en verificar que sus reflejos hayan sido lo suficientemente rápidos para que el hermoso ejemplar no se estrellara contra el suelo. Mordió su labio inferior, culpable de agarrárselas con el libro; uno de sus favoritos, cabía decir—. Ya tienes lo que buscabas, ¿no es así? Un libro que pudiera ayudarte a conciliar el sueño —se explicó, acomodando un último libro para comenzar a caminar rumbo hacia la puerta principal, no queriendo estar más allí en ese lugar, con él, con una persona que pensara así de ella. Pero se conocía, y al día siguiente lo observaría de lejos por pocos minutos, desviándola en el momento exacto que chocolate y gris se encontraran. Rose no quería alejarse, pero el Slytherin insistía en que lo hiciera. ¿A quién quería engañar? Su relación nunca había sido sencilla, los secretos siempre habían existido. Ambos se ocultaban cosas, ambos se sumergían en ese juego donde batallaban para tener la última palabra, y dónde siempre quedaban cabos sueltos para asegurar un próximo encuentro—. No lo entiendo... —susurró, deteniéndose frente a la salida, consciente de que si no se alejaba en ese momento, teniendo al insomnio como última de conversación, se podría llegar a arrepentir—. ¿Por qué no las dices? —acarició con la yema de sus dedos el roble de la puerta, odiando que dado el silencio, pudiera oír los latidos desenfrenados de su corazón. No se quería rendir, sin embargo, la necesidad de comprobarlo era urgente, lo suficiente como para dejarla pensativa un par de días si no era valiente en ese momento. Por eso mismo se giró, titubeando antes de encontrarse con su metálico mirar—. Déjame escucharlas, las palabras que sabes a la perfección que me lastimarán, más que todo este discurso ensayado sobre mi ambición, el fastidio que resulto a las personas, el quitarle la oportunidad a otros en clase. Pronúcialas, con claridad, mirándome a los ojos... y me verás lejos de tu vida, de tu círculo de amigos, como siempre deseaste.



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Re: On Thestrals We Ride, Rose M. Weasley y Scorpius H. Malfoy

Mensaje por Scorpius H. Malfoy el 8th Marzo 2015, 9:28 pm

Lo que percibe el sentido y conoce el espíritu nunca tiene su fin en si mismo.
Sin embargo, si el sentido y el espíritu pueden hacerte creer que son el fin de todas las cosas;


Era así como de verdad debía acabar. Todas las veces que se había encontrado con la pelirroja en los pasillos, siempre supo como eso acabaría, siempre supo que era lo correcto por hacer, pero desde un cierto momento, hasta sus encuentros en secreto parecían tirar a ello. Siempre recordaba las palabras de su abuelo, quien con su pelo largo y cano, sentado en una mecedora, recordaba que lo que debía ser iba a ser en algún momento. Scorpius había entendido las palabras de aquel hombre a quien llamaba familia. Supo que el crecería y no lo podía evitar, supo que pasaría de tener que ponerse en puntitas de pie para tomar un libro en la biblioteca de la familia, pasaría a inclinarse para saludar a ciertas personas que eran mas bajas que él. Supo que sería fuerte porque así él lo deseo, así como supo que tendría poder en ese castillo, y en vez de derrocharlo lo utilizo. Supo hacía tiempo que acabaría por herir a aquella muchacha que se encontraba frente a él, sabía que era algo inevitable y que acabaría siendo así, pues, lo que debía ser, sería, pero una parte de él se aferraba a la verdad de que no la quería lejos, de que aún la quería ahí, viendo como sus dientes se mostraban cuando sus labios se curvaban en una sonrisa que dejaba ver hasta sus molares. Aún deseaba ver sus ojos chispear cuando hacía algo que le gustaba o cuando estaba emocionada, y hacían parecer que no eran marrones sino un color verdoso. Aún deseaba escuchar sus palabras que se asemejaban a un canto de un ruiseñor, exactas, precisas y delicadas. Supo desde el momento en que cerro una puerta ante ella que algo se debía haber roto, en algún lugar de ambos, en la humildad o en las expectativas que cada uno tenía, supo, en aquel momento, que las cosas iban a cambiar, y se arrepintió, pero mantuvo su boca cerrada y mentón en alto, porque sabía que no podía dar marcha atrás. Supo que, de alguna forma, ese era un error que debía cometer, si cambiaba o no lo hacía, ya dependería de otras decisiones que aún no se habían tomado.

-Lindas palabras, ¿Las sacaste de alguno de esos libros que lees con tanta pasión?- Pregunta mordaz sin detenerse un segundo a seguir el instinto que su sentido guiaba, aquel que decía que cerrara la boca y admitiera por primera vez un error. Era imposible para él seguir ese instinto, pero sabía que ese también era un error en él, uno que lo acompañaría hasta el fin. Se había planteado mas de una vez si su forma de actuar era la correcta y no negaba haberlo echo, pues no sería cosa de una vez que lo hayan apuntado con el dedo, incluso cuando sus ojos claros amenazaban con matar al delator. No sería la primera vez que ponían etiquetas al lado de su nombre, cosas que él era, un monstruo en otras palabras, una bestia. Etiquetas que él ignoraba porque no le molestaba, pues mientras mas de él se hablara, mas poder tenía en los estudiantes y mas fácil le salían las cosas. Los estudiantes y profesores no parecían darse cuenta y seguían haciendo leña del árbol caído, y él luego usaba esas leñas para abrigarse en las noches de frío. Si su vida era triste o no lo era, no le importaba. Si había vacío en vez de vida, pues en ello no pensaba. Si pudiera encontrar una alegría al final del día, no era su intención, pues sabía que una vez que se ve la luz, no se puede regresar a la oscuridad, y eso era lo que le pasaba con Rose, la había visto, y ahora todo parecía opaco a su alrededor, y ella no parecía notar la estela que dejaba a su paso, un estela que algunos amaban y otros odiaban, porque era tan dulce y cálida como acogedora.

-¿Crees que te siguen solamente por lo que eres?- Deja escapar una carcajada de manera incrédula. Si bien Rose Weasley conocía la verdad y cuando con esta se hablaba, Scorpius era su negro, conocía la mentira y cuando esta era utilizada. -No te voy a decir que tu familia te utilice, pero ¿De verdad crees en todos tus amigos?- Pregunta poniéndose mas cómodo en su asiento que parecía desaparecer detrás de su cuerpo. No iba a andar con rodeos, sabía lo que tenía que decir tanto como sabía que a la pelirroja no le iba a gustar, por lo tanto cruzo sus brazos, frente a su pecho y la observo con tenacidad. -De tu familia lo acepto, crecieron todos creyendo que tirar flores a los demás bastaba para tenerlas besando sus pies, que la honestidad iba primero que cualquier cosa y algunos creyeron todas esas mariposas de colores que sus padres les contaban por la noche, pero ¿Crees que fue así en todas las familias?- Contrario a su tono desairado con el que venía hablando, esta vez no lo utiliza para hablar de la familia de la joven, su tono no es dulce ni amable, pero tampoco acribilla a aquella familia por la manera en la que había enseñado a los hijos a crecer, haciendo que confíen los unos en los otros. -No todos crecen de esa manera, mira a la misma Finnigan que aprendió en no confiar a nadie y te despreció cuando ya no le fuiste útil. No es la única en pensar así, por eso muchos se aferran a quienes tienen mas habilidades. Tu eres una de esas personas, lista, buena, humilde, caritativa, es fácil aferrarse a ti, siempre estas haciendo lo imposible para ayudar a los demás sin saber que los demás no te ayudaran cuando tu los necesites. No eres buena diciendo mentiras, pero que tu no tengas esa habilidad no quiere decir que los demás no la posean, y hay quienes las usan muy bien, por eso no debes confiar tanto en quienes están a tu lado, solo en las sombras vez quienes están siempre a tu lado, y no son siempre los que te acompañan en la luz- Por un segundo abrió la boca para ponerse a él mismo como ejemplo, pero en cambio la cerro poniendo un punto final a esa respuesta que le acababa de dar. No estaba en su naturaleza, cometer deslices en su vida y mucho menos frente a otras personas.

Alza una ceja ante la acusación pero se queda callado observando como las mejillas de la joven se tornaban rosadas ante el enojo experimentado. Se queda en silencio cuando esta acaba con sus preguntas, y alza las cejas curvando un lado de sus labios como si la respuesta a todo eso fuera lo mas lógico y racional del mundo entero. Él tenía su punto de vista, y ella el suyo. Pensó muy bien sus palabras, pero cuando fue a responder, la joven le lanzó un libro que el atajo con la agilidad de un cazador experimentado, y la miro de mala manera. -Creí que eras incapaz de hacer daño a otra persona, pero gracias por el libro- Ironizo, dejando el tomo a un lado de la mesa para luego probar su suerte con él, si, iba a leer ese libro, por mas que por como venía la noche, sería imposible que pegara un ojo hasta que no haya pensado en cada palabra dicha y en cada gesto que se paso por alto, y con suerte luego de eso podría dormir, sino era que se quedaba pensando en que palabras se podrían haber dicho o que reacciones hubieran sido mejores que otras. Cuando empieza a hablar de nuevo, Scorpius aún se mantenía en la misma posición que antes, pero contiene la respiración, por un momento cree que Rose pedirá una explicación, y estaba en todo su derecho a pedirla, pero el problema estaba en que no tenía forma de comenzar a dar una. Larga el aire cuando lo que pide es otra cosa, y se queda aún en silencio. Eran solo un par de palabras que pedía, pero en ese momento, el rubio no podía pensar en cuales debían ser. Seguro era algo como un "te odio" o "aléjate de mi vida", pero por mas que intentara pensar en decirlas, su cuerpo no respondía a semejante acción, se negaba a decir esas palabras que la alejarían para siempre, cuando en realidad la quería mas cerca que nunca. Ese era el problema, no la quería lejos. Se pone de pie y se acerca a ella hasta quedar cara a cara en el marco de la puerta. Si iba a decirlo, esperaba que nadie, nunca jamás, ni siquiera el insecto mas cercano a ellos pudiera ser capaz de escuchar. Se inclino sobre su oído, y con paciencia susurro. -¿Qué pasa si no quiero decirlas?-


«A veces no tienes ni idea de qué debes hacer, ni de quién se supone que eres, ni de donde estás, y parece que el día va a terminar igual qué empezó, pero de pronto ahí está delante de ti, rebosante de color y vida, esperándote tal como lo imaginaste»



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Re: On Thestrals We Ride, Rose M. Weasley y Scorpius H. Malfoy

Mensaje por Rose M. Weasley el 1st Abril 2015, 6:16 am

Y allí se instaló, una sonrisa sencilla por sus palabras. Increíble que la persona que más deseara tenerla lejos, a una distancia donde solo su cabello rojizo se adivinara, fuera quién más le conociera. El chico frente a ella tenía el discurso perfecto para lastimarla, y sí, había que concedérselo que, si bien era pocas, siempre lo conseguía. Rose era una muchacha tan transparente, tan sencilla que otros siempre veían a través del brillo de sus orbes sin dificultad alguna. Pero pocos prestaban atención a los verdaderos detalles, esos que ocasionaban que la joven experimentara aunque sea un segundo lo que era la felicidad. ¿Qué le gustaban los libros? Solo hacía falta ir a la Biblioteca para darse cuenta que la prefecta podía pasarse el día entero allí, teniendo que ser arrastrada por sus amistades para que recordara que su realidad distaba mucho de ser la que los libros narraban. ¿Qué disfrutaba de ellos con una pasión que no le permitía abandonar el relato hasta que llegara a la última página? Definitivamente, eso lo sabían pocos.  No obstante, prefirió no comentar nada, decidió guardarse aquel pequeño descubrimiento para ella. Y como cada vez que Rose veía algo bueno en él, algo que confirmara que los meses que pasaron juntos no fueron solo una pérdida de tiempo e intercambio de falsos sentimientos, Malfoy volvía a abrir la boca, arruinándolo todo. O tal vez, solo una parte.

No —se adelantó un paso, con su mirada avellana firme en él, interrumpiendo lo que tenía para decir, de todas formas, sabía que no se callaría—. Ni siquiera te atrevas a menospreciar la amistad, Scorpius —por supuesto, de nada sirvió porque su pequeña advertencia no lo detendría. Evitó colocar sus ojos en blanco, diciéndose a sí misma que con una sola mirada bastaba para hacerle saber lo absurdo que estaba siendo en ese momento. ¿Por qué hablaba siempre así de su familia, siendo que apenas y conocía nada sobre ella? ¿Qué tanto le había inducido a pensar el patriarca de los Malfoy sobre ellos? Su propio padre hablaba peste de la antigua familia de ideales puristas, le había recomendado no establecer relación con el primogenito, y sobre todo, que siempre procurara estar a paso por delante de él. Existía un hecho que ellos no entendían, y es que la verdadera guerra no era por los apellidos, o el tipo de sangre con el que cada hechicero nacía. Mientras terminaba de escucharlo hablar, Rose se preguntó si cuando se dieran cuenta, no sería ya demasiado tarde. De todas formas, el tema de sus familias era muy delicado para tratar tan a la ligera, incluso le sorprendía que fuera el áureo quién lo sacara a relucir. Sí, no habían tenido la misma crianza, seguramente ambos habían recibido amor de formas muy diferentes, y era aquello lo que había terminado de formar su personalidad. Ella siempre sonriente, cálida y él, frío, fingiendo no tener corazón cuando solo era otra víctima de algo que no pudo ser—. ¿Has terminado ya? —susurró, ya que no necesitaba levantar la voz para hacerse escuchar. El silencio pedía a gritos ser interrumpido, y ella al igual que él, tenía demasiado para decir. Comenzando por aquel menosprecio a un sentimiento que ambos conocían, en el cual ambos se apoyaban aunque uno de ellos lo negara hasta siendo víctima de un veritaserum. Y a Rose le molestaba, le frustraba el hecho de que él no sea capaz de ver todo lo que ella sí. No, no era la reencarnación de Merlín, pero estaba lejano a ser un monstruo; apenas se esforzaba por ser un villano—. Primero... Fiorella —determinó, aun sin desviar sus pupilas del metálico mirar: acero o metal fundido, una mirada expresaba más que mil palabras y para desgracia de muchos, el primogénito de los Malfoy sabía usarlo a su favor—, deja de hablar de ella así. No la conoces, no sabes absolutamente nada sobre su vida, ni siquiera puedes llegar a imaginarte los motivos por los cuales nos separamos. Así que, guarda silencio —¿Por qué se habían separado? Rose no lo sabía, nunca lo supo y la verdad que sospecha estaba muy lejos de acercarse a lo que sucedió. Mas nunca había sido de cuestionar las cosas, ni tampoco lo había empezado a ser a partir de esa fatídica mañana. No obstante, si conocía a Fiorella como lo hacía, estaba claro que había tenido un motivo para alejarla; uno que con su mejor amiga vivían preguntándose qué era—, Segundo, mi familia, la honestidad. ¿Qué tiene de malo hablar siempre con la verdad? —esperaba una respuesta válida, con argumentos que convirtieran en verídicas sus palabras—. Me supongo que has escuchado hablar sobre el corazón delator, una clara muestra, muy fiel, de que la verdad siempre saldrá a la luz. Ya sea porque uno lo descubra por su cuenta, o el otro, el que se empeña en mentir, no soporte las consecuencias que sus actos acarrearon —efectuó una pausa, esperando que sus palabras se hagan oír por sí solas.

¿Qué no había dicho antes que era competitiva, fastidiosa e insoportable? Sacudió su cabeza, recordando a la perfección todo lo que el muchacho había dicho. Lamentablemente para ella, siempre solía prestarle más atención que a ninguna otra persona—. Tercero, la amistad —cerró en un puño la mano con la cual se encontraba enumerando, presagiando la importancia que tenía para ella esa palabra, ese sentimiento que, aunque Scorpius lo negara, terminaba generando emociones únicas en uno mismo—, Si solo supieras que hablando como lo haces, solo estás insultándote a tí mismo. ¿O me negarás que no conoces lo que es ayudar a otros a costa de tu propia vida? ¿La ayuda desinteresada? O como dirías tú, el querer ir a cortar cabezas solo para que aquellas personas que te importan vuelvan a sonreír. Confías en ellos, Scorpius. Lo haces. Al otorgarle un apodo que denota cariño a mi prima, a tratar a Heeni como la hermana menor que hubieras deseado tener, o cuando intentas animar a Albus de una forma u otra. Te importan, más de lo que quieres admitir. Y aunque tú denominas a esos sentimientos como una debilidad, te asombrará cuando descubras por tí mismo que son tu mayor fortaleza —la seguridad en su tono de voz, mientras relajaba la presión en sus dedos, era cegadora. Después de todo, Rose era quién era por sus seres queridos—. Te agradezco por tu preocupación, pero confío y daría mi vida por cada uno de los que me rodean —no creía que tenían más para hablar, por su parte ese encuentro infortuito había llegado a su fin. O al menos eso era lo que su mente dictaba, antes de que su corazón decidiera hacer acto de presencia, obligando a su cuerpo como si de un mecanismo se tratara a dejar libre aquella pregunta, una que determinaría gran parte de su trato al otro.

Retrocedió al ver acercarse, trazar camino hacia su ubicación. Lo tuvo frente a ella, apreciando los matices grisáceos que jugaban con la poca iluminación del lugar. Rose antes le gustaba mirarlos, sin poder cansarse, consciente de que podría navegar en ese mar gris eternamente, y no sería recuerdos tristes lo que acudirían a su mente. No obstante, el pequeño remolino de sensaciones se detuvo en el acto que sintió su respiración en su oído y escuchó su aparente respuesta. ¿Qué sucedía si no quería decirlas? Pocas veces había sentido tal impotencia de tener que reprimir algo que deseaba hacer. ¿Cuánto más seguiría aquello? ¿Cuánto?—. Supongo que sí, soy demasiado ilusa como para creer que me darías una respuesta. Una sincera respuesta, y no otro enigma a descifrar —colocó una de sus manos en el pecho del Slytherin, empujándolo lejos de ella, queriendo en ese momento alejarse. Le estaba dando la oportunidad, la llave de la puerta por la cual pasaría para no verla más, y él solo optaba por evadir su pregunta—. Olvídalo, Scorpius. No sé a que merlínes estás jugando, pero enserio espero que un día puedas responderme, y que eso por lo cual me estás alejando, por lo cual te esmeras día a día es levantar este muro entre nosotros, entre lo que fue nuestra amistad, no lo termine descubriendo yo. Si no que seas tú mismo el que reúna la suficiente valentía para ser sincero conmigo lo miró una última vez, antes de sacudir su cabeza y girar la perilla de la puerta, dispuesta a irse—. Diez minutos, solo tienes ese tiempo para abandonar este lugar. Te recuerdo que Slytherin no necesita a su capitán castigado solo porque no pudo seguir una sencilla regla. Buenas noches —procuró que la puerta se cerrara tras ella, antes de dejar escapar aquel suspiro de resignación y de desear que las cosas fueran diferentes que llevaba reprimiendo. ¿Podría seguir soportando aquellos encuentros? ¿Aquella frialdad del muchacho Malfoy? Esperaba que sí, porque hasta que no tuviera una explicación lógica, ella no abandonaría su propósito.



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Re: On Thestrals We Ride, Rose M. Weasley y Scorpius H. Malfoy

Mensaje por Cunning el 4th Abril 2015, 1:35 am

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Re: On Thestrals We Ride, Rose M. Weasley y Scorpius H. Malfoy

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