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We are what we are, and we want to be » Dominique C.

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We are what we are, and we want to be » Dominique C.

Mensaje por Rose M. Weasley el 9th Febrero 2015, 2:46 am

Un pergamino en blanco, su infaltable pluma y una sonrisa que demostraba a la perfección los sentimientos plasmados en su carta. Solo eso necesitó para escribir una respuesta que dejaría satisfechos a sus progenitores, arrimando la misma a la pata de Höffen, su nival compañera, contemplándola marchar desde el aféizar de piedra de la Lechucería, con su cabeza recargada sobre su palma abierta. En sus libros de literatura muggle siempre existía una referencia al mayor deseo de estos: volar cuál pájaro libre. Un sueño por el que muchos se habían rendido, y otros pocos aun mantenían vivos en el fondo de su corazón, como si fuera este una motivación para continuar. Aun recordaba la primera vez que, en la madriguera bajo la supervisión de su padre y su tío, había convocado a su escoba, observando maravillada como se elevaba del suelo, posicionándose a su estatura; para posteriormente subirse a la misma y experimentar la sensación de vértigo con los brazos abiertos, sosteniéndose a duras penas sobre el fino palo de escoba. No había necesidad de recordar cómo se cayó del instrumento mágico, teniendo una larga discusión con su padre por prohibirle este volver a montar una. ¡Hasta le había negado el acompañarlo a los partidos de los Chudley Cannons! El jefe Wesley exageraba, y para su mala suerte, Granger también se había puesto de su lado. ¿Cómo es que hoy en día era bateadora de su equipo? Esa era otra historia de lo más peculiar.

La cual su mente podría haberle mostrado, de no ser por un estruendoso ruido que hizo revolotear a las aves que se encontraban plácidamente descansando, antes de regresar junto a sus compañeros. Rose parpadeó, volteando despreocupadamente su cabeza hacia el lugar de los hechos, abriendo sus pupilas avellanas al observar el desorden. Las lechuzas salieron volando en cualquier dirección, y no fue hasta que estas se dispersaron, -dejando todo el lugar cubierto de plumas de diversos colores- que pudo ver a la lechuza sobre el suelo, chillando al querer levantarse y no conseguirlo. La pelirroja ni siquiera lo pensó antes de esfumar la distancia que la separaba, siendo lo próxima tenerla en su regazo. Si bien fue un acto realizado con pura delicadeza, el ave comenzó a aletear, queriendo esconderse de la muchacha que había ido a su rescate.

¿Tú también sientes rechazo hacia nosotros? —se permitió bromear al conocer la identidad de su dueña, mientras intentaba verificar dónde es que se encontraba herida la lechuza. En su inspección el ave quiso picotearla, siendo alcanzada con éxito de no haber retirado su mano a tiempo. ¿Podía acaso culparle? Después de todo era otra desconocida más entre muchas cabezas, entre muchos rostros—. No quiero dañarte, pequeño. Solo ayudarte —Quién observara a la joven de cabellos fuego hablarle a un animal, como si este la entendiera y así dejara de revolverse entre los níveos brazos de la muchacha, buscando liberarse. Buscó su varita en el bolsillo de su túnica, donde habituaba ponerla desde su primer año estudiando magia, no obstante, al palpar ese y otros rincones no encontró nada más que las chocolatinas que solía comer, en compañía de un pañuelo; y para suerte de ella, algunos dulces especiales para lechuza que no dudó en obsequiarle a la presente. Aprovechando tal distracción, deslizó las yemas de sus dedos sobre el suave pelaje tomándose su tiempo, con cuidado, sonriendo imperceptiblemente al ver que no era rechazada en esa ocasión. Pronto encontró la herida en el ala izquierdo de la lechuza, no siendo esta muy profunda pero si estaba lo suficientemente infectada como para preocuparle. Como estaba privada de su magia, Rose recurrió a sus métodos muggles, tal como había curado a su hermano cuando sufría una caída en el colegio muggle, aun en tiempos donde poseer una varita era un sueño de niños. Sacó el pañuelo de su escondite y envolvió la zona afectada del animal, agradeciendo que esta poco a poco fuera confiando en ella. Permanecía tan concentrada, tan decidida a que aquel dolor en la criatura mermara que no alcanzó a escuchar la puerta moviéndose tras ella. Su única preocupación en ese momento era el ave entre sus brazos.



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Re: We are what we are, and we want to be » Dominique C.

Mensaje por Dominique C. Weasley el 9th Febrero 2015, 9:57 am

Por Merlín, ¿en dónde demonios se habría metido, Weasley? Sí, porque ese era el nombre que Dominique le puso a su ave a mitad de su paso por el castillo. Antes tenía otro, más femenino, más de ella, pero su lechuza solo poseía belleza, nada más, de resto era el animal más torpe de todos, su tío Charlie decía que se parecía a Errol, el ave que tuvieron sus tíos cuando estudiaban en el castillo, no era raro que perdiera las cartas de la abuela Molly y todos se metieran en problemas. Dominique era Dominique y la idea de llamar a su mascota de esa manera fue tentadora pero luego de una discusión con su hermana mayor en verano decidió llamarla Weasley afirmando que era igual de inútil que su familia, especialmente la rubia a la que tanto detestaba ver, tampoco era que intercambiaba muchas cartas a diario, de hecho sabía de sus padres por los encuentros que tenía con su hermano mayor, de resto Dominique hacía lo que mejor sabía hacer, mantenerse al margen de la situación, por lo tanto nadie había escuchado el nombre de la lechuza. Particularmente, ese día, la necesitaba, estaba intercambiando cartas con su tío Charlie, el único que le tenía paciencia y con el que se sentía cómoda al moldear su arrebatadora personalidad, el Weasley afirmaba que podrían regresar ese verano e ir a los partidos de quiddich con ella, ambos lo disfrutaban incluso más que Bill, el padre de Dominique, y desde luego era más sencillo todo el asunto de los permisos, nadie podría negarle a la rubia escaparse con un familiar, cosa que no pasaba a menudo. El detalle estaba que cuando fue a buscar a su ave no la encontró, por lo general le gustaba que llevara las cosas a su habitación, a una pequeña ventana que siempre gustaba de mantener abierta o la lechucería, pero en ninguno de los dos lugares había pista de Weasley y eso solo puso de mal humor a Dominique que enseguida tuvo que empezar su búsqueda por todo el castillo.

Dada la hora no había mucha gente en los pasillos por lo que la rubia pudo caminar tranquila a un paso considerable mientras giraba su rostro perfilado por cada corredor esperando ver a su ave estrellada o en mal estado. Rueda los ojos luego de que pasan diez minutos y no hay seña de ella, debería esperar y eso no la ponía de muy buen humor, solo quería su carta, ¿era mucho pedir? Dominique decide que posiblemente las torres sean un buen lugar para buscar, era probable que ahora Weasley quisiera aire fresco y no fuera suficiente bajar a las mazmorras. La chica sube hacia las torres esta vez con paso rápido, se topa con muy pocas personas y agradece en el fondo que así sea, iba a entrar pero una figura le impidió el paso. Sabía quién era incluso a metros de distancia, si en el castillo abundaban pelirrojos era por su familia; o eras del clan Weasley o posiblemente te podrían confundir con uno, la primera opción era la más viable. Ella tenía un ave, o parecía intentar curarla, por su tono de voz; dulce y musical, tenía que ser Rose, además que era más alta que Lily y ninguno de sus primos sentiría tanto esmero por curar a un pequeño animal, no con la dedicación con la que Rosie lo hacía. Ahí estaba, pensando si intervenir o no, Rose le daba prácticamente igual pero por poco era la prima a la que más respeto le guardaba, ella era como un castillo de cristal, uno delicado que Dominique de momento no quería romper. Sin embargo la chica Weasley entró con cierto cuidado buscando con la mirada a su deseada lechuza.

—Eh... ¿Has visto una lechuza blanca con plumas negras bajo las alas?—. No era el saludo más especial al tratarse de un familiar, pero hacía tiempo su nivel de delicadeza había decaído con sus primos y tíos así que no era de extrañarse que no supiera cómo iniciar una conversación medianamente coherente, conociendo a Rose a esta poco le importaría. —Hola, Rose—. Comentó con una especie de sonrisa en su rostro, una que quizás no salió como esperaba. Pasó al lugar en cortos pasos rodeándolo con su mirada fría buscando a Weasley que parecía no querer dar la cara, seguramente estaba retrasada y la rubia suponía que se había perdido buscándola por todo el castillo y sus alrededores. Vio el pichón que Rose tenía en sus brazos y frunció levemente el ceño señalándolo con uno de sus dedos, solo podía ver una mata de plumas blanca, se parecía a Weasley. —¿Pudiste curarlo?.


No todos pueden predecir, muchos se jactan de hacerlo a la perfección pero la verdad es que nadie conoce los rumbos que tomará la vida. Un día estas aquí, otro estás allá, el tiempo puede correr a la normalidad, pero incluso en las mejores situaciones siempre va a haber un segundo, uno solo, donde la historia pueda tomar otro curso.



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Re: We are what we are, and we want to be » Dominique C.

Mensaje por Rose M. Weasley el 11th Febrero 2015, 12:16 pm

Así como la varita creaba un vínculo único con el mago, lo mismo ocurría cuando se ganaba la fidelidad de un animal, sea de la especie que fuese. Su lechuza nival Höffen no fue un regalo, la había encontrado mal herida en las afueras de Hogsmeade una nevada en su segundo año escolar, cubierta de sangre y a punto de perder una de sus alas. Rose ni siquiera lo había pensado antes de interrumpir el encuentro con sus amigas, tomar a la lechuza en brazos y emprender un regreso al castillo con urgencia. Al llegar a la enfermería con la criatura gimoteando de dolor, gritó y le rogó a la medimaga de turno que lo salvara, que no lo dejara morir. La mujer no acostumbraba a sanar a los animales, sin embargo, le prometió que haría todo lo que estuviera en sus manos. Los siguientes días se pudo ver a una enana pelirroja de graciosos tirabuzones visitar a la lechuza, preguntando por su condición y ayudando posteriormente a suministrarle el medicamento. Cinco meses después, el ave sanó, mas con solo ver la jaula donde estaría se negó, en cambio voló por primera vez en mucho tiempo al hombro de Rose, donde permanecería mucho tiempo a partir de ese día. La niña Weasley no tenía mascota, el simple hecho de llamar a alguien así le disgustaba. Pero ella también deseaba conservar a la lechuza, y luego de tomar una decisión, acarició a su nuevo amigo y lo denominó como esperanza en alemán. Porque fue gracias a ese diminuto ser que conoció tal emoción, el anhelo de que se recuperara era incluso mayor a cualquier deseo que pudiera haber experimentado ese año.

Höffen era su amigo; leal, aventurero y curioso como su peculiar dueña. Quien además de intentar animarla en sus peores momentos, su mera presencia le producía una paz inexplicable a Rose. Y era por eso y mucho más, que estaría por siempre agradecida.

Pensar que el viaje que acababa de emprender tenía el destino de las tierras búlgaras, donde sus padres habían viajado de imprevisto por sospecha de uno de los altos rangos en el Ministerio, le hizo tragar con dificultad. ¿Estarían todos ellos bien? Sacudió su cabeza con una leve sonrisa, borrando cualquier mal presentimiento, confiando en la capacidad de sus progenitores. Y fue en ese preciso instante que el ave herida volvió a movilizarse entre sus brazos, encontrando la respuesta a ello unos segundos después, cuando una voz femenina con el encanto de una sirena se dejó oír, ampliando su sonrisa—. Es increíble el lazo que comparten ustedes dos, con solo sentirte ya te reconoció —comentó con dulzura, acariciando el blanco plumaje una vez, para acto seguido colocarse de pie, afirmando al ave contra su pecho cuidando de no presionar la zona afectada. ¿Cómo es que estaba tan segura que su prima era a quién aquella lechuza de un distintivo color bajo sus alas le rendía fidelidad? Rose siempre estaba atenta a sus seres queridos, cuando entraba en el Gran Comedor por las mañanas echaba un rápido vistazo a todas las mesas antes de apresurarse hacia la suya. Más de una vez había contemplado como la dichosa lechuza se paraba frente a la semi veela, con una carta bien sujeta en su pico; no obstante, desconocía su nombre—. Buenos días, Dominique. Pensé que no te vería hasta tu cumpleaños, y no, las clases no cuentan —se adelantó con humor, consciente de que la mención de dicho evento a ocurrir dos días posterior al de su hermano, podría molestarle. A pesar del claro deseo de la rubia mayor de alejarse de sus familiares, la pelirroja seguía insistiendo en tener habituales encuentros con su prima, no buscando que regrese con ellos, porque desde el momento en que el instrumento mágico en su primera noche en el castillo la había resguardado bajo el emblema de las serpientes, supo que a partir de allí todo cambiaría. Simplemente se conformaba con verla e intercambiar unas cuantas palabras, sin importarle que le respondiera con hostilidad o frialdad, con sarcasmo o algún recurso similar. Y si no, era cierto áureo con el que mantenía una extraña relación a quién disimuladamente le preguntaba por el bienestar de Dominique. Claro que este siempre terminaba descubriéndole, expresando que no era una lechuza mensajera, sin embargo, le respondía con sinceridad después de que se haya burlado de su aparente cobardía. Al finalizar Junio, sus parientes mayores se graduarían y daría inicio a una gran aventura por el mundo. Tenía la certeza de que seguiría viéndolos, a todos menos a la muchacha frente a ella.  

En la escuela muggle, cuando Hugo se caía y se lastimaba, yo no podía hacer más que curarlo de esta forma. Pero mamá era quién realizaba la magia final, haciendo como si nada hubiera sucedido —ladeó con suavidad su cabeza, sonriendo ante el recuerdo—. No tengo mi varita conmigo, así que esto es todo lo que pude hacer —encogió sus hombros, sin apenarse por reconocer que estaba desarmada hasta que regresara a la comodidad de su dormitorio. Casi pudo escuchar a su querida castaña regañarle: "Ay, Rose, ¿Qué es un mago sin varita?" . Y la castaña llevaba razón, pero en todo momento algo se le ocurría para refutarle, invocando el hecho de que los profesores deberían enseñar a canalizar la magia sin sus varitas. Dicha conversación que solía ser habitual entre las amigas terminaba entre cosquillas y risas, como no podría ser de otro modo—. Tu lechuza es muy bonita, ¿Cuál es su nombre? —si bien la lechuza se había tranquilizado con escuchar la voz de la alumna, Rose extendió sus brazos ejerciendo la suficiente fuerza para no dejarla caer. Se la estaba entregando a su prima, esperando que la recibiera y le efectuara los debidos cuidados.



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Re: We are what we are, and we want to be » Dominique C.

Mensaje por Dominique C. Weasley el 11th Febrero 2015, 1:32 pm

Y era Weasley de quien se trataba, la torpe Weasley y a la vez hermosa porque desde que la vio Dominique quedó encantada con su belleza. Se trataba de su primera visita al Callejón Diagon, su madre estaba enfocada en que su hija menor necesitaba una lechuza para recibir sus cartas, quizás porque Fleur ya sospechaba que iba a tener problemas con Dominique, su instinto de madre era algo que nunca fallaba por más que Dom no quisiera admitirlo. La pequeña rubia de trenzas miraba todo con curiosidad, las escobas en especial aunque su padre la tomó de la mano y la hizo pasar de largo afirmando que ya llegaría su turno de ser jugadora en el equipo de los leones, un pequeño fallo en el sustantivo final. Ya con su varita, sus libros y su caldero solo le faltaba su mascota, Dominique no tenía un repertorio amplio de animales que le gustaran pero tuvo que entrar a la tienda de igual forma, necesitaba uno y Lou parecía más contento que ella por poder entrar y ver a los animales. De ninguna manera querría un sapo, los gatos a veces hacían que su nariz se sonrojara y le causaban tos, una lechuza fue el descarte al sufrimiento de sus padres. Habían de todos los colores y tamaños, unas más grandes que otras, blancas habían por montones, para Dom eran las más comunes y a ella no le gustaba lo común, estaba pasando por las jaulas cuando los ojos punzantes y azules de Weasley se fijaron en ella, alzando sus alas y mostrando algunas plumas negras brillantes, como las de un cuervo, eso fue suficiente para que la comprara y la llevara orgullosa en su carrito mientras pasaba la pasarela para ir su primer día al castillo. Sin embargo el ave no venía con precauciones y no le dijeron lo torpe que podía ser a veces al perderse y tropezarse con los envíos. No hay que malinterpretarla, Dominique pensaba que su ave era inútil, sumamente inútil pero si había seres en quienes depositaba su confianza era en los animales, por su inocencia y porque no tenían esa malicia que poseen los seres humanos al moverse por el mundo. Weasley era la clara muestra, ella le había puesto ese nombre y el ave seguía a su lado, Dom nunca había hecho nada por lastimarla, ¡si hasta rumores habían inventado de ese asunto!

—Si, creo que por más que diga siempre va a seguir buscándome—. La rubia entra al lugar cruzando sus brazos y frotando un poco más, baja la guardia inmediatamente y no porque sea Rose una figura de autoridad a la que temiese, era porque precisamente se trataba de Rose y sabía que, entre todos sus primos, ella era con quien menos problemas tendría a lo largo de su vida. Rose Weasley era como el cristal en medio del invierno; delicado, transparente y con una belleza que no muchos lograban entender. Era la del sentido maternal entre los primos, se parecía un poco a Victoire solo que la perfección en Rose se daba de manera diferente y era por eso que no le molestaba a Dominique. —Digamos que he estado un poco ocupada, ya sabes, el quiddich, los deberes, además Historia de la Magia no es lo mío y Albus dice que si le dedico más tiempo quizás funcione—. Comenta como si nada encogiéndose de hombros mientras se sitúa cerca de su prima. Weasley no lucía tan terrible, quizás en esa pérdida hubiese tropezado con algo, algo que Dominique no ponía en duda, sin embargo parecía feliz en los brazos de Rose, consentida, algo que su dueña hacía en contadas ocasiones.

Escucha su historia y se apresura en poner sus brazos como si se tratara de un bebe para recibir a Weasley, lo menos que quería era quedarse sin lechuza ahora que el quiddich se avecinaba y tenía planes de ir con el tío Charlie a los partidos. Él era como todos, se preocupaba por su comportamiento, pero sí de quiddich se trataba el tío de Dominique podía ser la mejor compañía. Dom alza sus ojos que se fijan en el iris oscuro de Rose, ¿debería decirle?, no quería romper las ilusiones de su prima, y no era precisamente por tener en cuenta lo delicada que era, realmente lo que le preocupaba era un sermón en medio de la noche. —Gracias y… Leena, se llama Leena—. No era la verdad absoluta pero tampoco era mentira. Lo cierto es que ese fue el primer nombre que Dominique le puso a la lechuza al comprarla, sin embargo todo cambió en su cuarto curso cuando la situación con su familia empeoró y decidió pagarla con el animal. Cuando Weasley, o Leena, estuvo en sus brazos pareció extrañar la calidez de los brazos de rose y el gesto de su misma dueña, incluso ante la mención de ese antiguo nombre pareció mirar a la rubia de una manera que ella no sabría explicar. Dominique se sentía torpe y hace uso de toda su delicadeza para no sentir que iba a dejar caer al ave en el suelo. —Hiciste algo, por ella, no importa si fue con magia o sin magia. No la encontraba y estaba por recibir una carta del tío Charlie, a veces es un poco torpe, me recuerda a Errol, el ave de la que nos hablaba tu papá y el tío Percy—. Comenta con una especie de sonrisa.

Irse evidenciaría mala educación, con Rose podía tomarse ciertas libertades pero le parecía de mal gusto hacerlo cuando había salvado su vida, bueno, la de su lechuza. Además que sabía que preguntaba por ella y la inocencia de la pelirroja despertaba un sabor amargo en la garganta de la rubia que hacía que no quisiera rayarla con su falta de tacto. —Y… ¿Qué ha sido de tu vida?


No todos pueden predecir, muchos se jactan de hacerlo a la perfección pero la verdad es que nadie conoce los rumbos que tomará la vida. Un día estas aquí, otro estás allá, el tiempo puede correr a la normalidad, pero incluso en las mejores situaciones siempre va a haber un segundo, uno solo, donde la historia pueda tomar otro curso.



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Re: We are what we are, and we want to be » Dominique C.

Mensaje por Rose M. Weasley el 23rd Febrero 2015, 2:40 am

Dominique siempre había resultado ser un dilema, un rompecabezas que creías conocer pero al segundo siguiente que tomaba la palabra, caías en la cuenta que apenas tenías una pieza en tu poder; las demás, llegarían solo si es que demostrabas ser digno de su atención. Podía recordar perfectamente los tiempos en la madriguera, cuando pasaban tiempo juntas, hablando de nada en especial. Rose contándole sus nuevas adquisiciones, filtrando en el proceso alguna que otra recomendación, mientras que la rubia escuchaba y opinaba, en lo que terminaba de trenzar las rojizas hebras de la menor. No habían sido las más cercanas, sin embargo, se querían como las primas que eran. Incluso tal era su antigua confianza, que en su afán de no querer que ningún conocimiento escape a su entendimiento, le pidió que la ayudara con el francés, siendo un total fracaso la muchacha en dicho idioma, causando risas a las que fácilmente las demás se unían. Pero todo cambió cuando llegó la hora de ir a Hogwarts, esperando ansiosa que llegaran las vacaciones para ver a sus primos y escuchar más sobre aquel colegio que tanta historia guardaba. La noticia de que la rubia había caído bajo el emblema de las serpientes ocasionó que la familia se alborotara,   exceptuando a la pelirroja y al único que había heredado ciertas orbes esmeraldas que sabían que había una gran posibilidad de que se empezara a vestir en tonos verdes y plata. No era una mala persona, su corazón seguía siendo el de un Weasley, honorable y sincero, teniendo que ser acallado por el mismo portador si es que buscaba que la verdad no saliera a la luz. Ni tampoco lo era en ese entonces, donde una Rose de dieciséis inviernos observaba como miraba a la lechuza de plumaje blanco, intentando ocultar el aprecio que en verdad sentía por un ser tan diminuto. No estaba de acuerdo en juzgar a las personas por su linaje de sangre o sus casas, esa guerra a su parecer hace tiempo había culminado. Y si algunos insistían en desenterrar huesos de una época que no les pertenecía, Rose simplemente lo ignoraría, esperando que por su propio mérito descubra en el error que caminaba todos los días.

Aun no entiendo porqué continuas asistiendo a esa clase, pero siempre llego a la conclusión de que tu especialidad requiere el que continúes cursándola —sentía una genuina curiosidad, ¿Qué sería aquello que tanto pasión despertara en su exigente prima? ¿La sanación? ¿Los conjuros? ¿Las leyes? ¿El Quidditch? Fuera en lo que fuera que se desempañara al dejar atrás el castillo, la pelirroja sabía que triunfaría como la mejor en su área. Contaba con una determinación como pocos, y eso era una características que los oficiales siempre valorarían. Pero primero la muchacha disfrutaría el mundo, visitando los diferentes países y practicando, por qué no, sus diferentes culturas—. ¿Disfrutas de los libros aun, cierto? Entonces, olvídate de que se trata de esa odiosa asignatura, y disfrútalo como un tomo más. Aun me duele la cabeza de recordar la horrible prosa con la cual estaba escrita La Guerra de los gigantes. Cuando tuve que estudiarla para mis TIMO's, el año pasado, simplemente busqué un lugar tranquilo, donde nadie me molestara o encontrara. Y no fue el paso de las horas quienes me detuvieron, si no el mismo libro, al llegar a su última página —solo hacía falta escuchar la delicadeza y devoción que teñían sus palabras con solo hecho de invocar la figura de un libro en su mente. Para ella significaba la mayor fuente de vida, de conocimiento que podría existir. Aclaró su garganta, en el instante en que el ave estuvo a salvo en brazos de su dueña. Sonrió ante la enternecedora escena, aliviándose que su prima haya conseguido una compañera tan leal—. No tengo idea qué significa, pero suena a un nombre fuerte, por lo que estoy segura de que se repondrá muy rápido. E intentará acelerar el proceso por ti, para no preocuparte —se volvió a acercar, acariciando bajo la barbilla a la lechuza, endulzando su gesto sonriente.

Se queda pensativa ante sus palabras, recordando haber visto una forma similar como la que su prima describía entre tantas plumas. Se alejó unos pasos, buscando cerca de ella, encontrando dicho mensaje bajo el improvisado escritorio que muchos solían usar, acuclillándose para así alcanzar, sonriendo al tenerla en sus manos—. Creo que es a esta a la cuál te refieres, reza el nombre de Charles —pensó en entregársela, pero difícilmente podría sostenerla sin dejar caer a Leena, por lo que volvió a acortar la distancia entre ellas, depositando en un rápido movimiento el sobre en uno de los bolsillos de la túnica de Dominique—. Estoy segura de de haberse casado el tío Charlie, sería un gran padre ahora, ¿no lo crees? —inquiere con tono risueño, cantarin, perdiéndose un momento en cómo hubieran sido sus hijos de haber existido, sus primos. Sin embargo, y aunque no le gustara verlo solo, Rose respetaba su decisión, buscando siempre entablar conversación con él, interesada en las nuevas especies que pudieran llegarle. Era por esa confianza que le comentó su plan para el presente de cumpleaños de Hugo, recibiendo una afirmación con tanta seguridad, que animó a la pelirroja a continuar. No obstante, la áurea mitad veela era quién guardaba mayor confianza con el aludido, preguntándole hasta por ella en sus cartas cada cierto período de tiempo.

Y hablando de interrogantes, Rose aguardó en silencio varios segundos, pensando en lo que había sucedido esa semana. ¿Qué contarle de su vida? ¿La improvisada apuesta con James? ¿El que la tejona Shafiq había querido humillarla en pleno castigo? ¿Relatarle otro de sus rutinarios encuentros con Scorpius? ¿O su creciente preocupación con las noticias cada vez más desvastadoras que reinaban en El Profeta? Su mente era un caos, sus padres evitaban las cartas pidiendo respuestas, y los profesores para distraerlos los llenaban de deberes todos los días, acortando cada vez más el plazo de entrega, obligándola a desvelarse la mayoría de las noches para llegar a tiempo con su típica excelencia—. No sé si debería continuar con la Oclumancia, prima —sus labios terminaron por revelar una de sus mayores preocupaciones con tanta tranquilidad, que ella misma se sorprendió—. Ya aprendí lo básico, aunque estoy lejos de ser una experta. Me refiero a que, ¿en realidad vale la pena? Aunque me obliguen a hacer algo que no quiero, sea uno de mis mayores miedos, no es el único. Los muggles conocen el hecho de que canalizamos nuestra magia a través de las varitas, ¿Qué si atrapan a algunos de los nuestros y se las quitan? Estaríamos indefensos, muertos en cuestión de segundos —dichas personas sin magia tenían en su poder documentación que confirmara casos donde sus mentes estuvieron bajo el encantamiento desmemorizante, y otros pocos más un informe sobre cuerpos sin ninguna marca que evidenciara una violencia antes de que perdieran la vida. Por supuesto, eso había sido obra de un grupo de encapuchados, bastante numerosos, quienes solo buscaban sembrar el terror y la oscuridad. Entonces, ¿Cómo siquiera se lo explicabas a una sociedad que con solo escuchar algún sinónimo que involucrara a la palabra de 'mago' pedían clemencia?

Una sencilla pregunta, que había desencadenado que aquellos pensamientos volvieran a navegar en la mente de la prefecta de Gryffindor. Una opinión que tal vez no le interesara a su prima—. Lo siento, olvídalo, no dije nada. Yo estoy bien, gracias por preguntar, Dominique —era una idea que buscaba llevar a cabo, no teniendo la suficiente confianza para presentarse en el despacho del profesor Majere, dispuesta a aprender el arte de la magia sin varita. Para proteger a los suyos, para tener más oportunidad de vivir frente a un muggle. Aun avergonzada por aquellas palabras que habían fluido sin control de sus labios, Rose giró sobre sus talones, distrayéndose al juntar su tintero y sus pergaminos, mismos con los que había escrito una carta, esperando ansiosa una pronta y sincera respuesta.



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Re: We are what we are, and we want to be » Dominique C.

Mensaje por Dominique C. Weasley el 8th Marzo 2015, 7:23 pm

El futuro no estaba claro para Dominique , se veía distante, incluso nublado, como el despertar en invierno cuando el día no quiere darse a conocer y se oculta tras las cortinas de las sombras y las penumbras que parecen ser eternas. La hermosa rubia estaba cerca de pisar la mayoría de edad y su último curso por lo que era obvio que ya necesitaba un plan de apoyo para saber lo que haría al salir del castillo. La universidad era un mundo enorme, tenía ciertas libertades pero seguía siendo un hueco donde las normas prevalecían sobre cualquier preferencia que pudiera tener la muchacha de cabellos de oro. Dominique era inteligente cuando quería, quizás no responsable pero si muy inteligente, en ocasiones sorprendía con sus preguntas y dotes en materias como Encantamientos, Pociones y DCAO, sobre todo la última. Pero aún teniendo en cuenta todas esas cosas, ni ella misma podía decir en palabras claras y comunes que quería en su futuro. Tenía una familia de gran peso, una que variaba en sus profesiones y que habían dejado huella en el mundo mágico, ella era una interrogante. De pequeña tenía facilidad para las plantas, deseaba ser sanadora, luego quiso trabajar en Gringotts, solo que eso fue cuestión de una temporada, consideraba divertido el paseo por las bóvedas, pero en el fondo lo que más llamaba su atención era ser auror, sus primos varones se reían de sus deseos y acabaron por frustrarla de tal manera que ahora solo decía que estudiaría cualquier cosa de diplomacia que le diera una buena cantidad de dinero para subsistir de manera justa, con suerte de ganar lo suficiente para independizarse en cuanto pudiera. —Si, supongo que es eso, o quizás como dice mi madre en navidad cada vez que llego con esa nota baja; todas las áreas merecen un poco de cada cosa, he llegado a pensar que es verdad y que no lo dice solo para consolarme.

La muchacha no tenía ni idea de porqué ahora en los ojos de su prima se formaba una especie de ternura que ella a duras penas entendía, sin embargo no quiso pasar por desagradable e intentó mantener una curvatura sana y el cuidado necesario en sus brazos para no arriesgar la vida de Weasley. Nunca se había tomado tantas molestias con su lechuza, por otro lado en el fondo no se sentía tentada a dejarla caer así que se movió un poco para que el animal experimentara la sensación de mecerse en una suavidad simulada por la tez delicada de Dominique. —No te preocupes, no es nada especial, tenía once años cuando la compré con mis padres el año que entré al castillo. Lou parecía más emocionado que yo, a lo que voy es que no tenía mucha imaginación, no busqué algo verdaderamente especial como te podrás dar cuenta, pero... me gusta—. Si, bueno, por lo menos sonaba mejor que decirle su apellido a su mascota, y vaya que Malfoy le había reclamado algunas veces pidiéndole que le pusiera un nombre más normal, a tener que escuchar cada día el apellido de la chica innecesariamente.

La sola mención del apellido de su tío hizo que la rubia de ojos claros formara una curvatura en sus labios. Amaba a Charlie desde que él le habló como si fuera una adulta y la sentó en sus piernas para que pudiera entender cada una de sus heridas hechas por enormes dragones. Dominique recordaba como era una chica de coletas y vestido que lucía impresionada ante todo aquello, cubría sus labios y tocaba las finas líneas de piel removida en los brazos de su tío con admiración. El lazo con su padre era eterno por lo que la muchacha solo prefería decir que Charlie era como un segundo padre, incluso a veces como un hermano muy mayor que la molestaba cuando podía, porque estaba claro que él no subestimaba a su sobrina. —Gracias—. Dominique gira el rostro y ve que la carta haya caído en su lugar, luego de acostar a Weasley se dedicaría a responder, no podía aguantar las ganas de saber si iría al mundial, seguro podía decirle a sus amigos, sabía que no se negarían. —Si, definitivamente sería un gran padre, pero aunque no lo sea sigue siendo el mejor tío de todos, vale, todos tienen lo suyo pero mi cariño con Charlie es especial, él lo sabe, es... diferente, y creo que eso es lo que me gusta—. Probablemente porque su tío era opuesto a lo que debería de ser, a crear una familia, a tener muchos hijos... igual que ella, a su manera.

El tema que toca Rose es bastante serio, y si bien Dominique no estaba preparada para tanta seriedad, era algo que las involucraba a las dos por igual desde el momento que nacieron. Eran hijas de poderosas familias, pero el detalle estaba que peligraban desde el momento que la magia tocó sus venas. El misterio entre la lucha actual entre muggles y magos era algo que Dominique había jurado no pensar, por lo menos no demasiado, Malfoy se carcomía pensando en eso, ella lo sabía, y aunque se lo insinuara la rubia no quería darle cuerda. ¿Sería otra guerra lo que vendría?, ella ni en sus más remotos pensamientos deseo pasar por lo que pasaron sus padres y sus tíos, desde chica creció con el pensamiento de que ellos habían limpiado el mundo y todo era bueno, bien, por lo menos hablando desde la magia. Dominique apoya gran parte del peso de su cuerpo en un muro helado para poder sostener a su lechuza con tranquilidad, mientras tanto sus ojos claros se fijan en Rose. Toma un respiro antes de hablar. —No... no hablo mucho de esos temas, Rose. No debes hacer algo que no te guste, porque nunca verás la necesidad que eso exige, pero si de algo estoy clara es que es muy poco probable que los muggles encuentren todos los secretos de nuestro mundo para usarlos en nuestra contra. Mira, he aprendido a no subestimar, aunque a veces se me pase por alto, pero aún así intento no hacerlo, quizás quieran encontrarnos, atacarnos, pero nuestro mundo tiene tantos secretos que no encuentro la manera que descubran cada detalle para vencernos. La magia siempre va a prevalecer, por lo menos mientras un grupo de tontos siga dispuesto a que sea así y no hablo del purismo—. Dominique era mayor que Rose, era su trabajo de prima mayor, aunque siempre pareció todo lo contrario. No sabía si su argumento había sido muy bueno pero la rubia finaliza encogiéndose de hombros. —Debes estar más tranquila. ¿Si?


No todos pueden predecir, muchos se jactan de hacerlo a la perfección pero la verdad es que nadie conoce los rumbos que tomará la vida. Un día estas aquí, otro estás allá, el tiempo puede correr a la normalidad, pero incluso en las mejores situaciones siempre va a haber un segundo, uno solo, donde la historia pueda tomar otro curso.



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