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Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

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Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 13th Febrero 2015, 9:41 pm

La clase luego del almuerzo había sido suspendida y muchos respiraron al saber que se trataba de herbología. Rosy no se sentía ni bien ni mal, pero le hubiera gustado compartir con la profesora sus recientes hallazgos que había logrado plasmar en su recetario desgastado, sabía que en cualquier momento tendría que cambiar ese libro, los años le habían pasado factura. Rossana fue a comer con Miles y Alice, ellos discutían del quiddich mientras la chica iba leyendo un libro de esos muggles que tanto le gustaban. A diferencia de sus amigos ella no sentía tanto apetito por lo que no tomó demasiado del almuerzo y comió de una manera muy lenta mientras intentaba ver la lectura que reposaba sobre sus piernas, sus amistades se enfocaron en decirle que dejara de leer y disfrutara el almuerzo, que eso no era bueno para ella. Todos hablaban de los maravillosos planes que tendrían esa tarde, una tarde libre después de mucho tiempo. Alice intentó crear algunos planes para ella pero Rosie prefería dejarla con Miles un rato e ir a la biblioteca o buscar adelantar unos deberes que no existían, necesitaba un poco de paz ahora que se había acoplado a la idea que no tenía su clase de la tarde. La castaña se levantó antes de que muchos lo hiciera y se despidió de los demás y de Al y Miles con un beso en la mejilla, tomó su bolso y se aferró a su libro mientras escapaba y hurgaba en su mente que dirección podía seguir.

Rossana iba un poco distraída pero un pequeño grupo de gente llamó su atención, parecían ser de cursos inferiores y como prefecta ella sintió la enorme curiosidad de ir, además que eran de su casa y solía conocer algunos rostros. Pasar entre el tumulto de gente no fue problema, llevaba la insignia en su pecho y ya de por sí algunos se retiraban con solo verla. Cuando llegó al centro se encontró con un chico tumbado en el suelo, fruncía sus gestos cada vez que otro le decía, sin percatarse de la presencia de la muchacha, que moviera el pie. —Chicos, creo que deberían ir a enfermería, no parece grave pero es mejor a que esté aquí, puedo acompañarlos, no tendrán problemas—. Y varios jóvenes tomaron al pequeño rubio y con cuidado subieron a la enfermería. La historia era que el pequeño Charlie iba corriendo por los pasillos cuando tropezó y cayó, algo simple pero que podía costarle un buen movimiento de su talón por algunas semanas, o ese era juicio de Rosy. Cuando llegaron la muchacha dejó sus cosas e hizo que acostaran al joven en una camilla. —Voy por Avy... la enfermera—. Tuvo que decir debido a las caras curiosas por su trato cercano con la enfermera.

Ross empezó a correr un poco hasta llegar a los últimos cubículos donde pudo vislumbrar una cabellera corta rubia brillante que seguro debía estar en sus asuntos normales de sanadora en una escuela tan grande. —Avy, lamento... venir así pero... hay un chico que se dobló el pie, lo encontré en el pasillo y creo que era mejor traerlo—. Comenta con una tímida sonrisa a la trabajadora de la escuela.


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Re: Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

Mensaje por Z. Avy Breckenridge el 17th Febrero 2015, 3:54 pm

Quienes osaban decir que estar en una enfermería toda las mañanas, tardes y noches, era aburrido. Lo era algunas veces, Avy lo aceptaba y estaba de acuerdo, pero, tampoco era para tanto. Se dejo caer en un su silla, en su pequeña sala que estaba dentro de la enfermería, al lado de donde se guardaban todas las pociones listas para ayudar a quien lo necesitara. La noche anterior había sido dura. La habían despertado al encontrar a un joven que intentando salir a los jardines había saltado por una ventana, quebrándose la pierna. Avy tras unos segundos entre el sueño y la realidad se puso a trabajar. Solo con una bata arriba le dio al joven la poción que necesitaba, lo vendó y le dijo que descansara. El chico asentía seguido como si estuviera demasiado concentrado en lo que salían por los labios de la rubia. Sus amigos preguntaron si podían quedarse, y el no rotundo de Avy les hizo darse vuelta y marcharse. Ella pensaba hacer lo mismo, pero quería asegurarse que el joven se quedara dormido. -¿Si quiere puede dormir conmigo?- Propuso el enfermo, y la rubia considero todas las posibilidades de que tuviera una enfermedad mental. ─¡No!─ Respondió aún mirando al joven extrañada, este se echo a reír y lamentándose se dio vuelta para quedarse dormido bajo los efectos de las pociones que la rubia le había dado.

Cuando comenzó a escuchar los ronquidos del muchacho, decidió esperar media hora e irse a dormir, pero cuando estaba por hacerlo, alguien golpeo fuera de la sala. Los ronquidos pararon, y la lenta respiración del alumno que ya se encontraba ahí, se acelero, lo que le indico a la enfermera que se había despertado. Rodó los ojos en la oscuridad y abrió para ver de que se trataba. Cuatro fueron las personas que entraron en la sala apresurados, y comenzaron a hablar de manera mas apresurada de lo que habían entrado. Avy tuvo que juntar toda su concentración para entender. Al parecer querían hacer una poción para guardar una muestra de la poción bien echa y así poder obtener una buena calificación en pociones, pero algo había salido mal. El caldero exploto en la cara de uno, ante el estruendo uno se apoyo en la mesa y no sabía como había acabado por clavarse el cuchillo en la mano. El resultado era que de los cuatro, uno no veía nada, pues era quien había estado mas cerca de la explosión. Otro aún tenía el cuchillo en la mano. Y los otros dos estaban aturdidos, pero las heridas eran superficiales. Se puso de inmediato con quien tenía el cuchillo, siguió con el que estaba ciego y finalmente miro a los otros dos, eliminando cualquier signo de haber estado cerca de la sala de pociones. Cuando les indico que se sentaran y esperaran a que amaneciera antes de ir a sus respectivas salas comunes, los dos que mejor estaba se negaron, pues según ellos, la sala de pociones era un desastre y tenía que terminar limpia antes de que la profesora la viera. Tras un suspiro, miro a los tres que aún estaban en cama y les indico que si algo pasara la fueran a buscar. Paso el resto de la noche ayudando con la limpieza, y ayudando a los dos muchachos con la poción, que, esa vez, no exploto. Guardaron las cuatro muestras, y subieron con ella de nuevo a enfermería agradeciendo en cada escalón que subían. Después del almuerzo se retiraron todos, y la joven rubia se dejo caer en la silla.

Se despertó cuando la puerta volvió a abrirse, sus ojos claros tardaron en brillar como lo hacían siempre, y escucho la voz de Rosy que se dirigía a ella. ─Era la decisión mas prudente, no pasa nada─ Le indico a su aprendiz, o así era como Avy llamaba a Rosy, y fue hasta donde estaba el chico. ─Ayudenlo a acostarse en la camilla─ Los chicos que acompañaban al herido, lo acostaron, y Avy busco el pie herido. ─¿Qué paso?─ Pregunto sumamente concentrada en el tema, sin rastro alguno de haber estado durmiendo hacía menos de un minuto, salvo por su pelo despeinado.




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Re: Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 17th Febrero 2015, 4:40 pm

Desde pequeña Rosy había sido una niña curiosa, una que quería saber todo y probar al mundo cuan inteligente era. Su padre adoptivo era médico, uno de los mejores de Londres según las revistas y apreciaciones de muchos de sus pacientes, no era extraño entonces que la pequeña de cabello castaño y ojos grises se interesara tanto por la salud y por ayudar tanto a muggles como personas con sangre mágica. Rossana podía recordar con facilidad sus primeros paseos por la clínica donde atendía Alexander; era grande, blanca, desprendía un olor que a ella no le molestaba. En sus inicios se quedaba en la oficina de su padre jugando con sus muñecas bajo la mesa, cuando el tiempo fue avanzando empezó a entrar a las salas y poco a poco fue comprendiendo lo que había que hacer cuando uno caía, cuando dolía el estómago o la cabeza, quizás por eso siempre fue la más madura y correcta entre sus amigos, la que ayudaba cuando alguno se caía y solo quería llorar sin ver una oportunidad de solución. El mundo mágico en lugar de asustarla la sorprendió de buena manera y es que Rosy no podía creer como podía existir una gama tan amplia de plantas y ungüentos para curar cosas que en su mundo se hubieran demorado más, era una ventaja, una que podía ayudar a muchos. La vena médica se amplió más y descartó todas las oportunidades para, en un futuro, ser sanadora y ayudar a otros como tanto le gustaba. Ahora el trato con su padre era distante, todo desde el día que la magia despertó dentro de Rosy y se fue magnificando hasta el punto que ya estaba cerca de terminar sus estudios de magia, a veces ella se preguntaba si él estaría contento cuando supiera que incluso de esa manera podía ayudar, como él hacía.

El trato con Avy había sido algo que se dio por sí solo. Todo empezó hacía un tiempo considerable cuando la castaña fue a enfermería en busca de un medicamento específico por su jaqueca que solo despertaba cuando estaba en una alta temporada de exámenes, ella sabía que tomar pero no podía entrar de la nada como si la enfermería fuera suya, se topó con la rubia de aspecto delicado y amable que le brindó un medicamento parecido pero Rosy insistió en su compuesto y le explicó que sus conocimientos le hacían pensar que ese medicamento era el que siempre le quitaba los dolores. Ross no sabe si pensar que la sorprendió o que la asustó, pero lo cierto es que a las semanas empezaron a hablar y al tiempo ya la muchacha de ojos grises era una aprendiz entusiasta a la que le gustaba pasar su tiempo libre en la enfermería aprendiendo tipos de vendajes, uso de las raíces, incluso Avy era la única persona a la que Rosy le había confiado su recetario completo, a veces hasta le pedía consejos para revisarlo. No era extraño entonces que pensara que acudir a aquel lugar fuera mejor que dejar al chico en el suelo, estaba segura que no sería el mejor sitio para algunos estudiantes pero era necesario y ella estaría quebrantando su labor de prefecta si no hacía nada por el menor. Claro está que luego tendría que pensar un castigo pero Ross era tan buena que ahora solo podía concentrarse en la salud de la victima de los pasillos y carreras fuera de clases.

Avy pareció estar de acuerdo y Rosy se sintió más tranquila de no haberla molestado. La siguió y mantuvo la distancia del grupo de estudiantes y de la sanadora, no quería estorbar y prefería dejar que la rubia hiciera su trabajo. Una vez Rosy dio un paso al frente, el joven que se había caído torció sus gestos cuando lo acostaron y la castaña estuvo cerca de ayudar pero se mantuvo al margen esperando que alguno respondiera la pregunta de la enfermera. Todos se miraban entre ellos un tanto nerviosos, Ross sabía lo que pasaba y era que pensaban que por hablar la prefecta les quitaría puntos o saldrían castigados, era gracioso y hasta un poco tierno. —Si me permites, Avy. Me dijeron en el camino que Charlie iba corriendo y se cayó solo eso, supongo que todo el peso dio sobre el pie, creo que puede ser inflamación, no sé si pensar que es una fractura, por eso lo traje—. Rosy vio al grupo y alzó una mano como si pretendiera tranquilizarlos. —No tienen que tener miedo, ahora no piensen en sanciones—. Les aseguró con una leve curvatura en sus labios mientras veía a la docente, por lo menos a su docente en medicinas y esas cosas. —¿Qué crees que sea?


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Re: Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

Mensaje por Z. Avy Breckenridge el 17th Febrero 2015, 6:25 pm

-¿Qué quieres ser cuando seas grande?- Le preguntaba el padre a una hija de no mas de cinco años de edad. Esta se llevaba el dedo al mentón, como había visto que hacían las personas cuando estaban muy concentradas pensando. ─Medimaga─ Termina por responder como si fuera una idea que se le acababa de ocurrir, y la sonrisa se borra al sentir la mano de su padre sobre su mejilla. Sus labios se curvan en un puchero y sus ojos claros se llenan de lagrimas. -No. Tu te dedicarás a la política, ¿Quedo claro?- La niña no asiente, se queda quieta observando a su padre aún con la misma expresión que antes en su rostro. -¿Quedo claro?- Repite el padre que la toma de los brazos para sacudirla. La sensación de peligro es algo que solo se siente cuando se lo puede oler, y eso lo sintió Avy con tan solo cinco años, que se las ingenio para soltarse, y correr en pos de su madre buscando protección. Su padre la seguía caminando, y aún así la diferencia entre ambos no se alargaba dado que la niña tenía piernas cortas. Bajo las escaleras corriendo, resbalo y los últimos escalones los bajo rodando. Ya en el piso, la niña fue atendida por su madre, tenía golpes en la cabeza, y no podía pisar con el pie, se lo había quebrado y recordaba llorar de dolor camino a un medimago.

Ser medimaga era algo que siempre había deseado ser, ayudar al resto, tratar de curar las heridas era algo que estaba en ella. Se podría decir que era así porque ella misma tenía heridas que nadie podía ver, heridas que ella no podía curar y que la acompañarían por el resto de su vida. Como una vez le había dicho una persona, no había que temer por las cicatrices que había dejado el pasado, solo recordaban que uno había sido mas fuerte que quien había tratado de lastimar. Tenía que pensar así, era su única forma de seguir adelante.

Sonrió a los jóvenes esperando una respuesta, mientras liberaba el pie para tener una mejor visión. Rosy se había ido a un costado, dejando a la rubia todo el espacio que necesitaba, y un poco mas, lo que hizo que la medimaga sonriera. Espero una respuesta que no llego, y trato de ablandar su semblante para ver si así estos hablaban, pero en cambio solo intercambiaban miradas entre ellos, alternando entre Rosy y Avy. La rubia abrió la boca para hablar, pero Rosie se le adelanto. ─Veo─ Dijo examinando mas el pie. ─Fractura no es, te dolería que solo te mirara, creo que solamente pisaste mal o caíste mal, no debería ser nada grave, quizá solo es un esguince y eso se arregla en menos de cinco minutos.─ Comento dejando el pie sobre la camilla, y mirando a todos los presentes. ─Eso si, yo no tengo autoridad para bajarles puntos, si la tengo, pero han llegado cada cosa pasada media noche que ya ni quito puntos por mero aburrimiento, prefiero que vengan con la verdad antes de que se haga una herida grave. Y no he visto a nadie que restara puntos entre estas paredes. Les recomiendo que la próxima vez, sean honestos, que yo no dejaré que los puntos desciendan por accidentes─ Comento seriamente, y luego se volvió al joven. ─Muy bien, Charlie, no te quiero dar algo para tomar, me parece que esto se puede resolver de una manera para que salgas caminando ahora mismo, esperen aquí─ Fue a su sala y volvió con una crema color naranja que al abrir desprendió un fuerte olor que penetraba por las narices, mas que el alcohol. Unto sus manos y comenzó a masajear el tobillo, notando que el hueso estaba, como había predicho fuera de lugar, pero no estaba fracturado. Masajeo un buen rato hasta que el tobillo entro en calor, y de un seco movimiento acomodo el hueso donde iba. ─¿Se siente mejor Charlie?─ Pregunto sin dejar de mover sus manos entorno al tobillo.

No era la primera vez que acomodaba huesos, en realidad era frecuente. Ella por su parte se había descolocado el hombro tantas veces que había aprendido a colocarlo ella misma. Lo peor siempre era el sonido, aquel crack que parecía que algo se había roto, pero no dolía, tanto, después del movimiento, el dolor desaparecía en el momento. Era como magia, pero simplemente era saber un poco sobre como arreglar algo sin tener que acudir a pociones y sus efectos secundarios.




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Re: Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 17th Febrero 2015, 8:42 pm

Si algo había llevado a Rosy al punto académico en el que estaba era su evidente atención a todo lo que la rodeaba. La chica podía ser callada, muchas veces las personas ni se enteraban de que ella estaba presente, pero bajo la falta de palabra que evidenciaban sus labios se escondía una profunda atención a todo lo que estaba a su alcance, un análisis que posteriormente la ayudaba a entender muchas cosas o aclarar posiciones que ni las mismas personas eran capaces de explicar de una manera coherente. De pequeña quizás esa había sido la explicación a que supiera hacer vendajes y entendiera el tema médico, con sus propias palabras, pero que lo entendiera y se lo explicara a los compañeros que huían de ella como si fuera un bicho raro y obsesionado con el tema de sanar más allá de los hechizos que podían hacerlo. Su padre siempre se sintió orgulloso de que Rossana se guiara a su debilidad, de hecho los regalos de navidad de la pequeña eran replicas perfectas en plástico de los implementos que su padre tanto usaba, cuando Rosy a sus ocho años usó una bata parecida a la de su padre pero rosa con su nombre se sintió especial, feliz, y en secreto ese era uno de sus pensamientos felices, uno que la había ayudado en sus inicios a crear su patronus, tras muchos intentos descubrió que no había nada que la hiciera tan feliz como la mirada de sus padres adoptivos orgullosos y felices de lo que era, no como los últimos veranos cuando apenas le dirigían la palabra y la veían sobre el hombro mientras le daban unos pocos minutos para que jugara con su hermano, Rosy sabía que la rutina de vida de Michael era una vaga farsa para alejarlo de ella, conocía a sus padres, no eran malos y a ella nunca le habían impuesto una forma de vida específica, siempre fue libre, una niña libre.

Rossana se mantiene atenta y le da a Avy su espacio, a pesar de que se llevaban tan bien y parecían amigas de la misma ella más allá de ser la rubia una autoridad, Rosy no quería que los demás pensaran que estaba demasiado metida en el trabajo de la medimaga. La castaña cruza sus brazos y frunce el ceño causando pequeñas arrugas en su piel, muy interesada en el tema y haciendo los gestos que siempre hacía cada vez que estaba verdaderamente interesada en algo. Alguno de los compañeros de Charlie se posaron a su lado, ella parecía menos intimidante que la autoridad que desprendía la medimaga. Una de las chicas le preguntó tan solo modulando y con un leve susurro que si él estaría bien y no serían castigados. —Si, Avy es la mejor enfermera de todo el castillo, puedes tenerlo por seguro. En cuanto a castigos no se preocupen por eso ahora, no ha pasado nada que signifique restar puntos a las casas, además yo estaré con ustedes—. La niña de coletas azabache pareció más tranquila tras la observación de Ross y mantuvo su vista fija en su amigo y en todo lo que hacía la sanadora. Avy sacó una crema cuyo olor perforó las narices de todos los presentes, era un poco fuerte así que fue inevitable que Rossana arrugara su nariz mientras veía todo con sumo interés. Charlie asintió con cierto nerviosismo agradeciendo, parecía sentirse mejor y uno de sus amigos lo ayudó a levantarse. Eran tejones y Rosy no podía sentirse más orgullosa de su casa, con esa pequeña muestra de los cursos inferiores le quedaba claro que la casa de Helga Hufflepuff siempre tendría personas que se ayudaban entre si y que no se dejaban unas a otras. Tras unas últimas miradas a las dos chicas todos se fueron, seguramente Charlie podría quedarse en cama ese día.

Rosy mantenía sus brazos cruzados con una sonrisa. —Menos mal que lo traje, eres maravillosa, Avy, ¿Qué era esa crema?, el olor no me dio a saber que podría haber sido, no he conocido alguna flor similar. Igual iba a venir para acá, no tengo más clases y no creí que te molestara—. Si bien estaba un poco apenada siempre iba a cualquier hora y su mentora nunca parecía tener problema.


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Re: Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

Mensaje por Z. Avy Breckenridge el 18th Febrero 2015, 11:59 pm

Sonrió al joven cuando se puso de pie, sin duda era algo bueno. Al rato se fueron y Avy le hizo señas a Rosy para que la acompañara a su saloncito donde comenzó a lavarse las manos como si hubiera tocado algo contaminado. La pomada que había usado era sumamente efectivo, pero su olor era tan desagradable que la enfermera casi nunca podía tolerar que quedará impregnado en su piel. Como su madre le había recordado tantas veces, Avy tenía la suerte de que los perfumes en ella duraban mucho tiempo. Bastaban solo un par de gotitas debajo de su oreja a primeras horas de la mañana para que durara hasta la noche, pero eso mismo tenía sus desventajas. Cuando usaba una crema como esa, el olor la perseguía durante todo el día, y tan idea se hacía la rubia que podían llegar a pasar dos días y aún lo podía sentir en su piel, incluso cuando otra persona no olía nada mas que el perfume que ella se había puesto esa misma mañana. Los perfumes le duraban bastante tiempo, eso si. Limpiando entre dedo y dedo sonrió a Rossana de manera amable.

─El olor es lo que mas se reconoce de esa crema. Es una pomada analgésica y anti-inflamatoria. Una medimaga siempre nos regalaba potes de esa crema por si...─ Se detuvo en seco un segundo, mirando un punto perdido del lavabo. ─por si las dudas─ Se corrigió en el momento esperando que su acompañante no notara la pausa. Olvidar había sido su remedio. Olvidar y seguir adelante. Recordar era como un agujero negro que la absorbía y solo la llevaba a la desesperación. Siguió lavando sus manos con intensidad hasta que la piel empezó a ponerse roja. ─Suele ser muy útil para ese tipo de cosas, si te duele un musculo te pones esa crema como si fuera una crema hidratante y te aliviara el dolor, es lo que hice con Charlie, le alivie el dolor para poder acomodar bien el hueso y que no le doliera tanto. Esas cosas en realidad se pueden hacer en seco, pero siempre andan diciendo que es de salvajes y anti-humanos. En realidad no duele tanto, o por lo menos, el dolor pasa rápido.─ Comento con seguridad, recordando uno que otro grito de sus hermanos o de ella misma cuando su madre los sanaba de la misma manera que una madre sin estudios puede curar a sus hijos. ─Y nunca vas a encontrar el olor en una flor, porque es una hoja. Alcanfor. Proviene de un árbol, el árbol alcanforero. Es un árbol perenne típico de Asia. Me salen docientos galeones cada una de sus hojas, pero, con una basta para hacer un pote entero, y dura bastante si no se usa todos los días. Desgraciadamente no es el caso cuando comienzan los torneos de quidditch, pero el colegio se hace cargo de la mayoría de los materiales que uso, no me molesta pagar por este.─ Comento, secando sus manos para luego girarse a la estantería llena de frascos. Al final dio con uno que tenía un cierre hermético. Lo bajo con cuidado y se lo paso a la morocha.

─Esta es la hoja, y esas bolitas son semillas del árbol, no tienen el mismo efecto que la hoja, se usa mas para pomadas o pociones que ayuden en la circulación de la sangre o para purificar el ambiente.─ Le explica sacando una de las hojas del frasco con cuidado. La misma era color verde brillante, y se transparentaba con la luz, parecía sumamente delicada, y así era como la trataba la enfermera. ─Lo que hueles es acre, áspero y picante, detesto el aroma, pero es lo que hay. Extiende tu mano─ Le pidió y cuando lo hizo coloco la hoja en su palma. ─Toca, ¿Sientes lo fuerte que es, y lo resbaladiza? Es porque es muy cerosa, es lo que hace que rinda tanto. Cuando la mueles dentro de un mortero, se hace una pasta casi al momento, necesita otras cosas para hacer la pomada, pero creo que con esa crema sola se aliviaría el dolor al momento─ Explica cerrando el frasco, aún cuando Rosy tenía la hoja en su mano. El guiña un ojo y le pasa un frasco vacío, pero mas pequeño que los otros. ─Conserva y estudia, puede oler feo, pero es una planta sumamente interesante─ Confiesa con una sonrisa pequeña. ─El frasco esta encantado, dentro es como si no hubiera tiempo, no se secara, y tampoco se echara a perder, no necesitas darle agua ni tierra. Se mantendrá tal y como la guardes dentro─ Así era como la rubia mantenía todo, todas las plantas, flores y ojos que se mantenían en esa repisa dentro de aquellos frascos, todo tan fresco. ─Claro que si quieres puedes secarla y agregarla a tu diario, pero te recomiendo que uses un libro que no te interese, pues este se engrasara, pero ahora siéntate, dime cómo has estado, hacía tiempo que no pasabas por acá.─




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Re: Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 20th Febrero 2015, 10:16 am

Todo niño tenía un ídolo a seguir, de pequeños son como una esponja, siempre absorben conocimientos de otros y buscan usarlo en situaciones determinadas. De chicos siempre suelen preguntarles ”¿Quiénes son sus ídolos?”, claramente es típico escuchar la respuesta de que papá y mamá son la mejor referencia a seguir y no era la diferencia en el caso de Rosy, ella desde que tuvo memoria aprendió a decir que su padre era su ídolo, su héroe, todo lo que quería ser y aprender. Alex tenía una gran retentiva, ayudaba a sus pacientes, era amable como médico y un padre extraordinario, a Rossana nunca le faltó nada ni material ni emocionalmente. Sin embargo, dados los tiempos actuales, Rosy apenas podía decía que veía a su padre sin que este la mirara de reojo o alejara a su pequeño hermano de ella, a veces pensaba que ya Alexander entendía que su hija dominaba su magia y que en el corazón de la muchacha estaba esa pequeña curiosa y amorosa de grandes ojos grises que iluminaban cualquier lugar y que jamás dañaría a nadie, o por lo menos era mejor pensar eso a que el gran médico se había convertido en alguien que no la quería ni deseaba verla más. Por eso Avy se había convertido en una buena referencia de lo que ella quería ser. No solo era una sanadora hermosa y amable que podía tranquilizar hasta el niño más escandaloso, si no que conocía de cada tema, era experta en hojas, flores, raíces… la rubia estaba segura de cualquier medicamento que aplicaba y que este no tuviera la mala suerte de traer efectos secundarios al paciente. Por eso Rosy se sentía afortunada de conocerla, era quien la iluminaba cuando no conocía algo y así pensara la muchacha que a veces podía entorpecer el trabajo de su tutora, Avy le hacía ver que no era así, siempre estaba cuando ella la necesitaba; era honesta y se aferraba a su trabajo, en fin, tenía todas las cualidades que Rosy esperaba tener en un futuro cuando tratara con personas cuyas vidas estarían en sus manos. La castaña se mantiene cerca de la rubia cuando esta lava sus manos, no quiere perder detalle de las explicaciones y aún cuando Avy está de espaldas a ella, Rosy se arrepiente de no tener una libreta limpia para anotar todo, era lo que siempre hacía, anotaba en hojas pulcras y luego las anexaba a su libreta de teoría, una separada de donde guardaba las plantas, eran como pequeñas explicaciones que algún día le serían de utilidad.

¿Por qué anotar?, en sí la memoria de Rosy era completamente visual, ella siempre estaba llena de lapiceros de colores y cosas que le permitieran anotar datos importantes de manera diferente para recordar. Cada vez que iba a la enfermería para una de sus clases particulares con Avy siempre parecía una sombra tras los pies de la sanadora. Cuando la rubia hablaba, Rosy iba tras de ella anotando a toda velocidad, cuando la curiosidad era mucha y la chica de ojos claros quería ver, se cercioraba de hechizar su pluma para que esta tomara los apuntes y así las manos de Rossana pudieran ocuparse de la practica para poder palpar la realidad que le estaban explicando. Las explicaciones de Avy eran siempre así, como esa, dejaban a Ross boquiabierta más de una vez, eran completas y mezclaban la teoría y práctica tan solo en un momento pero que hacía que la chica entendiera todo sin duda alguna. Quien viera a Rosy en ese momento notaría lo abiertos que estaban sus ojos y que incluso sus labios estaban un poco separados, no conocía mucho de esa pomada aunque podía estar segura de que se trataba de uno de esos tratamientos que alguna vez habían usado en Miles o en Alice con el quiddich, especialmente sabiendo lo fanáticos que eran sus amigos en ese aspecto. —Si, no lo pongo en duda, creo que es por eso que no practico quiddich, me siento mejor viéndolo todo tras bastidores, ya sabes, de todos modos siempre hay alguien que termina con un dolor.

Rosy abrió su mano de inmediato y alternó su mirada entre Avy y entre la pequeña hoja resbaladiza y refrescante que había en su mano, le causaba una extraña sensación, incluso en esa pequeña área, pero no era nada que le molestara, al contrario, estuvo tentada a palparla con uno de los dedos de su otra mano libre. Siguió las indicaciones de su tutora y asintió, desde luego que lo estudiaría y tendría el cuidado de guardarlo todo entre sus posesiones para que no se dañara, Rossana era muy cuidadosa con sus cosas. —Gracias, Avy, en verdad… la cuidaré y la estudiaré, se ve bastante interesante—. Comenta con una sonrisa guardando finalmente el pequeño frasco con la hoja en uno de los bolsillos de su bolso que mantiene en pleno cuidado mientras lo carga. Luego cruza sus brazos en su pecho y suelta un suspiro antes de responder, si, llevaban un tiempo considerable sin verse. —Bien, no ha sido demasiado, lo mismo de siempre, aunque tengo muchos deberes que mandan los profesores y es por eso que a veces me pierdo, vine hoy porque no dieron una clase, el resto de los días estoy en la biblioteca, he tenido pequeños piques con Alice, siempre voy a ver el entrenamiento y últimamente no he podido—. Desde luego no era nada grave, sin embargo los gestos de Rosy se alteran ante lo último. —He intentado… buscar algo de mis padres, algo de mi familia biológica pero es como seguir un camino que no tiene inicio, es… frustrante. Supongo que a raíz de los problemas con mis padres adoptivos me surgió esa… curiosidad. Pero en fin, ¿todo ha estado tranquilo para ti?


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Re: Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

Mensaje por Z. Avy Breckenridge el 20th Febrero 2015, 4:30 pm

Recordaba de manera clara a sus compañeros de la universidad, cuando se acercaban a ella y le decían que ya no era necesario que estudie mas. La joven solo aferraba mas los libros a ella, y continuaba estudiante. Desde que había llegado a Londres, toda su vida había sido un ir y correr hacía todos lados, trabajar cuando podía cuando la llamaban para poder ganar algo de dinero y poder así ayudar a sus hermanos a mantener a una familia que moriría de hambre si no se alimentaba bien. Sina y Sea eran pequeñas y necesitaban mas cuidados y atenciones, y Avy hacía cuanto podía, aprovechando cada momento que tenía para poder memorizar todo lo que era necesario aprender, pero cuando de plantas, flores y hojas se trataba, podían pasar días hasta que se diera cuenta de que necesitaba ingerir líquido en su cuerpo. Mas de una vez la habían comparado con una estatua cuando leí, y ella a veces reía, pero así era como se la veía, tan quieta, tan interesada en lo que leía, que apenas movía su mirada que avanzaba renglón tras otro. Estaba maravillada con la parte de herbología y no lo negaba. Al observar la cara maravillada de la joven, no puede evitar sonreír con cierta nostalgia, viéndose a si misma, en una versión mas joven. Esa era la razón por la que había aceptado a la joven como una aprendiz, veía muchas cosas de ella en la menor, ambas tenían un trágico pasado, ambas habían tenido que superar las vueltas de la vida y ambas aún estaban de pie.

─Si tengo que serte sincera, no practique Quidditch en mi vida porque en Rusia las mujeres eran demasiado competitivas, ni bien practicamos volar en escoba la primera vez, me regañaron porque había tardado segundos menos que ella. No tuve intenciones de perder el tiempo, e ir a esa enfermería nunca me gustaba, la enfermera era de esas viejas que te analizan como si fueras un bicho raro, era demasiado fría para mi gusto. Aquí al menos parecen tomarlo como una diversión─ Comentó mirando por la ventana, como si en cualquier momento fuera a pasar un jugador, como solían hacer cuando se encontraban en practicas. Volvió al tema de la planta y le sonrío con dulzura. ─Se que lo harás, cuidas mucho las cosas, me doy cuenta de ello sin que me lo digas, y espero que sepas que puedes venir acá a observar cualquiera de las plantas que tengo guardas─ Agrega señalando la pared, y luego mirando el Bonsai que estaba en su escritorio. ─Incluso se que si te dejo ver mi bonsái de callicarpa, tendrás mucho cuidado con él, y eso que no dejo que se le acerquen ni mis hermanas.─ Avy adoraba ese bonsái, había sido el regalo de una niña a la que había cuidado un tiempo mientras era estudiante, pero como al recibirse, Avy había conseguido empleo en San Mungo, se tuvo que ir, despidiéndose de aquellos niños a los que cuidaba cuando sus padres estaban demasiado ocupados. La niña se lo había dado como una muestra de gratitud por pasar tanto tiempo con ella. Avy casi llora cuando observo lo hermoso que era.

Presto atención a la palabra de la joven y frunció su ceño a medida que esta avanzaba, como si tratara de deducir que pasara o como si no estuviera de acuerdo con nada de lo que escuchaba, lo que terminaba siendo, por culpa de una mezcla entre las dos. Se queda en silencio asintiendo para si misma, y alternando la mirada entre Rosy el mismo vacío. ─Nada nuevo que contar, ya sabes, otro día en el paraíso─ Comenta de pronto regresando a la vida, pero sin mirar a los ojos a la chica. Incluso su respuesta salió tan deprisa que hasta ella misma se sobresalto, para luego acomodar un mechón de su cabello detrás de la oreja como si nada pasara. Cuando volvió a mirar a la hufflepuff, parecía que intentaba traspasarla con la mirada, cuando en realidad solo se preguntaba que estaba dispuesta a hacer para lograr su objetivo. Dos golpes en la puerta la distrajeron de su análisis, y la rubia se dirigió a la misma con una seria mirada, y perdido su mirada nuevamente. -Dis...- Comenzó a hablar una joven que se quedo callada al notar la falta de brillo en los ojos de la enfermera, esta solo la observo. -Disculpe, mi compañera comió algo que no le hizo bien, nos...- Se volvió a callar cuando la enfermera se perdió puertas adentro, y miro extrañada para todos lados. Avy solo fue por una poción que le tendió sin dejarla entrar dentro. ─Que tome un sorbo de esto cada una hora y que descanse, si no se siente mejor en la mañana que vuelva─. Cerro la puerta en las narices de las jóvenes, sabiendo que no era nada importante, y se volvió a Rosy. ─¿Quieres encontrarlo?─ Pregunto, cerrando con llave la enfermería, y volviendo a regresar a su estudio. ─Quédate aquí─ Le ordeno indicando el centro de la sala llena de camillas, y se perdió un momento para regresar con una piedra lunar, una rosa roja, una cadena y muchos mapas. ─Si quieres encontrarlo, yo conozco una manera─ Le dijo con seriedad. ─pero antes que aceptes, tengo que decirte que esto no se lo podrás contar a nadie, no tan solo yo perdería mi empleo, a ti te sacarían del colegio. Depende de ti, ¿Quieres encontrar a tus padres?─




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Re: Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 20th Febrero 2015, 6:03 pm

No sabía cómo era Rusia, por lo menos no su parte mágica, aunque para Rossana los magos y los muggles en el interior no se diferenciaban mucho, su esencia seguía siendo la misma, o eran buenos o eran malos, solo que los muggles no tenían magia y los magos si, pero un mago bueno siempre haría maravillas con sus poderes, uno malo… acabaría causando la guerra que tantos padres de sus amistades habían vivido de una forma que ni ella misma lograba explicar, por lo menos eso era lo que había concluido luego de las historias que Alice le contaba desde sus cursos iníciales cuando ambas empezaron a hablar y podían quedarse pasada las doce de la noche, incluso cuando sus compañeros las mandaban a callar. A la castaña no le gustaba aventurarse demasiado a temas que no conocía, por lo menos no sin investigar o dar un vistazo a aquello que podría extraer de todo el asunto, pero había ido a Moscú cuando era pequeña, siempre viajó con sus padres y ella, al ser como era, se ganaba fácilmente a las personas a su alrededor así no la conocieran. Por otro lado los rusos no eran muy amables, eran como su eterno clima; siempre callados, regios, con el mentón en alto… fríos, muy fríos. Así que probablemente la historia que Avy le contaba tendría todo sentido si Rosy lo relacionaba con ese único punto que conocía. —Aquí lo toman como si fuese la vida misma—. Corrige con un tono de voz más bajo. Ella jugaba quiddich a veces, pero solo por mero entretenimiento, no era tan ágil como Miles o Alice, ni una supuesta estrella como Wood, ella solo volaba por los aires dando vueltas y nada más eso la relajaba enormemente. Rossana sonríe para sus adentros y sus mejillas se ruborizan, ella era torpe, o por lo menos sentía que era muy torpe, que alguien la halagara de esa manera, y una persona tan admirada por ella además, hacía que se sintiera orgullosa y especial. —No tienes que dudarlo, Avy, si necesitas ayuda sabes que puedes contar conmigo y que cuidaría tus cosas como si fueran mías—. Aun con sus brazos cruzados, la castaña se gira para ver el bonsái, era muy hermoso y por lo fresco que estaba sabía que valía demasiado para su tutora.

Algo le pasaba a Avy, o por lo menos eso era lo que sentía Rossana; su manera de hablar, de moverse, era como si intentara hacer un papel a la perfección y estuviera ocultando algo. A ciencia cierta Rosy no sabía cuánto podría conocer de Avy, o por lo menos cuanto le permitiría la misma saber de ella para poderse meter en sus asuntos. La chica de ojos grises prefiere no decir nada y esperar un momento, si seguía notando cosas extrañas intervendría sin dudarlo pero quizás fuera algo de momento, Avy podría estar estresada por su trabajo o la misma Ross podría estar pensando cosas que no eran dado el tema que acababan de tocar. —Si, bueno, ¿estás segur…?—. Y no pudo terminar ya que una chica entró con una urgencia y ella solo atinó a girarse para ver que Avy, en menos de dos minutos, ya le había dado un medicamento y varias indicaciones asegurándole que si su amiga no mejoraba tendría que ir al día siguiente. La visitante se mostró al contrariada pero enseguida se encogió de hombros y se fue despreocupada, Rosy no tenía que estar en todos los cursos y preguntar para saber que a nadie le gustaba estar en la enfermería en la que ella se la pasaba incluso antes de que se lo pidieran. Antes de que pudiera hablar la rubia cerró la puerta y la miró, planteándole una interrogante que Rosy, hasta ahora, no se había sentido preparada para poder contestar.

—¿Cómo?—. Pero no se preguntaba sobre la forma, esta vez ella susurraba ese Cómo porque sabía que no estaba segura de haber escuchado bien, o quizás si, pero no quería palpar la realidad en ese instante.

Desde luego Rossana quería saber de su familia biológica, quizás era una de las ventajas de que sus padres siempre le dijeron todo, solo que incluso ellos nunca tuvieron información de la madre y el padre de la muchacha. Lo único que Rosy sabía era que había sido una muchacha parecida a ella, algo demente que decía que ese hombre la había “hechizado”. Rosy nunca pudo hacer conclusiones coherentes, incluso luego de que su magia despertara tuvo que esperar dos años para plantearse la idea de que ese hombre podía haber sido el causante de que ella contara con su magia, y si era así él tendría algún registro en ese mundo, su segundo hogar. Pero incluso, él podía estar muerto, de ella no se supo más nada, pero su figura paterna fue siempre quien le causó mayor curiosidad, ¿estaría vivo? Tantas oportunidades que pasó por su mente la idea y ahora podía materializarla. Rosy sentía sus manos frías, su corazón latiendo a mil por hora, estaba sumamente confundida y hasta creía que mareada, pero hizo uso de toda su fuerza en mirar a Avy cuando esta regresó. —No… no, nadie… nadie sabrá pero… ¿cómo puede ser? Avy, yo no tengo nombres, apellidos, no tengo… no sé nada de lo que pudo ser la vida de esas personas—. Rosy baja la mirada y ve todas las herramientas con suma curiosidad, luego sus ojos grises se fijaron en los de su amiga. —¿Segura que esto… puede funcionar?—. Sentía que tentaba al demonio, pero no podía evitar un rayo de luz en sus ojos; esperanza.


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Re: Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

Mensaje por Z. Avy Breckenridge el 21st Febrero 2015, 9:57 am

Secretos. Secretos se ocultaban bajo el manto de sus ojos celestes. Con secretos se escribía su pasado. Secretos que escondía de un mundo y que a veces no se atrevía a rebelar a nadie, pero ahí estaba Rosy, necesitando un poco de ayuda y Avy estaba segura de poder contar con ella, para poder ayudarla. La analizó con cautela mientras esperaba una respuesta y asintió cuando la respuesta fue afirmativa. Había olvidado hacía cuanto su padre se había empeñado en enseñarle un poco de magia negra, la rubia deducía que era para que la familia fuera mas pura, y por eso la hacía relatar los viejos conjuros de un pasado oscuro. La joven había tenido que aprenderlos, sin opción, era eso o un golpe, y recordaba perfectamente el ritual para encontrar a una persona, y había costado dos latigazos en el brazo, golpes que habían marcado su vida, para siempre. Aún podía notar las marcas en su piel, por mas de estar cubiertas con magia. El secreto mas profundo de Avy, ella nunca podría escapar de su pasado, nunca, pero al menos podría hacer algo útil con él.

─Cómo...─ Repite en un susurro mientras se sienta en el piso y cruza sus piernas, como indio, y le hace señas a la Hufflepuff para que la imite. ─Hay muchas formas de encontrar a una persona, todos recurren a la oficial, el boca en boca, siempre habrá una persona que sabrá algo, quizá un nombre o un lugar, tal vez solamente una idea. Casi siempre te lleva a otra pista, y esa pista a otra, y al final das con la persona─ Por eso habían mantenido, sus hermanos y ella, el apellido de su madre, era la manera mas fácil de ocultarse, porque sería por lo que menos preguntarían. Cuando se mudaron a Londres, diez años atrás, pensó que su padre llegaría en cualquier momento a decir que todos debían regresar a Rusia, y los castigaría por cada hora que estuvieron fuera, aún lo piensa, aún lo espera, pero, ya a esas alturas, sabe, que si hubiera querido buscarlos, los hubiera encontrado hace tiempo ya. Hace mucho tiempo. ─Luego esta el Ministerio de Magia, ahí guardan información sobre cada mago, si cometía algún delito o algún error, el Ministerio de Magia guardo hasta la dirección y la hora donde se cometió, pero para eso, debes tener el nombre, y es algo que no tienes─ Explica de manera tranquila, al tiempo que se pone de pie y regresa al rato con una daga. Se sienta de la misma manera y comienza a afilar la misma, ayudándose de la piedra lunar. ─Dices que no tienes nada, pero en realidad tienes todo.─ Levanta la vista a la alumna. ─¿Nunca has escuchado decir "Nunca des tu sangre a nadie, pues lo único que lograras es hacerte malasangre"? Creo que tenía otras palabras que hacían que rimara, pero ahora no las recuerdo con exactitud, el tema es que la sangre es lo único que cualquier mago puede utilizar para torturar a otro mago, sin que este se de cuenta, sin que este este cerca.─

Sonríe al recordar que posiblemente no dieran nada de magia negra en ese castillo, por lo tanto deja las cosas en el piso, y observando a la joven comienza desde el principio. ─Al principio usaban la sangre como garantía. Tu pedías dinero a alguien y ese alguien no tenía forma de saber que tu no te irías corriendo a cualquier parte del mundo. Entonces, tomaban una gota de su sangre como garantía. Con eso bastaba para que, si no regresabas en el tiempo estimado, podían encontrarte, torturarte, incluso prenderte fuego. Los muñecos vudú, son lo único que se conserva en las historias muggles, pero de la historia mágica fueron erradicados, porque decían que no era justo que alguien pudiera tener la vida de otra persona en su mano. La sangre es lo que mas te identifica, y por eso algunos son tan puritanos, si tu sangre es de magia pura, entonces es mas fuerte y mas difícil es que la usen en tu contra. Mientras mas impura es, mas maleable es con tan solo un poco de magia─ Explica de manera que la chica pudiera entender lo que iban a hacer ahí. ─Mi padre,─ Dice, como si supiera que la joven iba a preguntar como sabía todo eso, pero, lo preguntara o no, Avy creía que tenía derecho a saber. ─Mi padre era retrograda y puritano, nos enseño muchas cosas con tal de mantener el ''linaje'' y ese tipo de cosas horribles, es así como aprendí todo esto. Algunos personas no aceptan que ciertas cosas debieron ser enterradas hace tiempo─ Confirma para luego sonreír a Rosy. ─Cada uno tiene su pasado con sus secretos, ¿Verdad?─

Se limpia las manos en la falda, sin que en ellas hubiera algo que limpiar. ─Lo que te propongo hacer es un ritual, con tu sangre podemos armar un puente que conecte con tu padre. Con su sangre en la piedra, la misma nos indicara donde puedes encontrarlo. Te diría que lo hice al menos una vez, pero es mentira. Si lo intente, pero al ver mis hermanos mayores lo que intentaba, me cortaron el ritual para que no pudiera encontrar a esa persona─ Traga saliva, porque la persona a la que quería encontrar, era a su padre, Avy había querido saber si su padre aún estaba en Rusia. ─Tiene sus desventajas, si la persona es intuitiva o sabe reconocer los síntomas, sabrá que la están buscando, pero esos síntomas solo los conocen aquellos que hayan practicado magia negra al menos una vez.─




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Re: Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 21st Febrero 2015, 11:55 pm

Es el síntoma de cualquier niño adoptado, todos quieren saber de sus padres por una curiosidad que viene de nacimiento. No es fácil decirle a una persona que sus progenitores originales tuvieron el valor de dejarlo en las puertas de un orfanato, sin embargo el amor con el que Alex y Eloise cubrieron a Rosy por tantos años fue tan grande que ella nunca tuvo la iniciativa de rechazarlos, además que la castaña siempre contó con la verdad, no tenía razones para odiar. Pero siempre formó parte de ella, era algo que venía con el contrato de su existencia. De una u otra forma, Rosy acabaría preguntando por sus padres e intentando dar con ellos en algún momento de su vida. La tejona pensó que ese momento se extendería, que nunca llegaría, pero el punto era que solo le hizo falta una caída para darse cuenta que era necesario retroceder al punto de su origen y ese suceso fue el rechazo de quienes más amaba por la magia que toco sus venas. Rosy no puede mentir, no muchos lo saben, pero por años se odio, se odio a sí misma por producir trucos, por tener magia, por haber derrumbado su castillo de amor, sin embargo fue ese indicio el que ahora la quería hacer saber todo de su pasado; el saber si ese hechicero que tanto habló su loca madre cuando la entregó en verdad tendría magia o solo eran los delirios de una joven adolescente cuya vida ya estaba destrozada, todo parecía tener sentido, pero perdía horizonte al saber que incluso los chicos muggles tenían ese despertar; era como una ruleta, tener magia era cuestión de suerte y ella no tenía tiempo para confiar en la suerte o dejarse llevar por los juegos de azar. Sin embargo parecía ser la única manera, Rosy soñaba con que llegara el día en que pudiera tener un documento en sus manos que demostrara que no era culpa suya haber destruido el núcleo de los Aldridge, que nunca fue algo que ella planeo o pensó hacer. Aún confundida se sentó igual que Avy, frente a ella, esta vez cruzando sus piernas y acomodando la falda, la enfermería en ese momento estaba en un profundo silencio.

La castaña la escucha, totalmente atenta, para ella solo existe Avy en ese momento, la enfermera y sus palabras que la atrapaban cada vez que comenzaba una nueva oración. De boca en boca, ella no podía confiar en ese método, no había nadie que supiera de su familia, el único testimonio que tenía era de Miriam, una anciana actual que la recibió en brazos de una mujer muy parecida a ella que decía que un hombre la hechizó y la violó y desapareció, pero desapareció en el aire, algo así había escuchado, pero era lo único, y en una sociedad como la inglesa, una violación no era precisamente algo que saliera a colación todos los días y a toda hora. El Ministerio, parecía ser la fuente de todo, parecían tener respuesta incluso para las cosas que no la tenían, pero ella carecía de nombres y era inútil que llegara con esa suposición absurda con los poderosos, la tildarían de loca, desde luego lo tomó en sus cuentas pero era ilógico, nunca le darían algo útil porque ni ella misma lo tenía. ¿Sangre?, ¿su sangre?, eso la dejó sin habla, el líquido carmín corría por sus venas y Rosy no estaba clara de cuánto podría ayudarla eso pero si algo tenía por seguro es que era lo único que aún conservaba que podía unirla a aquellos padres que nunca conoció; vivos, heridos, muertos, pero aún corría en sus venas el mismo elixir que en sus padres, ahí no pudo pensar demasiado. —Dar… mi sangre—. Susurra como si ya supiera la respuesta, si se basaban en esa teoría es lo único que tendría que dar después de todo.

Rossana sigue escuchando pero inevitablemente baja la mirada a sus venas azules e imagina la cantidad de líquido que corre por ellas de manera libre, lo único que ahora puede ayudarla, su garantía de saber o no algo de su pasado. —Si mi sangre tiene magia y no soy impura entonces…¿será más sencillo, cierto?—. No había nada que la magia no pudiera hacer y quizás esa fuera la respuesta a una de sus tantas dudas, si la sangre de Rosy cooperaba era porque alguien la condenó a esa vida y no todo fue su responsabilidad como los chicos muggles. No se arrepentía de su vida, eso era obvio, pero no era como su padre decía y eso solo hacía que se sintiera libre, completamente libre. Rossana asiente, ella tiene sus secretos, secretos que guarda minuciosamente porque para todos era la prefecta perfecta y no quería que eso se quebrantara. Siente que tiene muchas cosas que preguntarle a Avy de su pasado, cosas que no sabe, pero siente que tiene que esperar, la curiosidad bulle en su interior como un mar de fuego imposible de cesar.

—Puede, como no puede funcionar—. Afirma. Todo tenía si riesgo. Rosy alterna su mirada entre la rubia y entre los elementos. Estaba a un paso de obtener todas las respuestas que siempre quiso, quizás su familia era buena y estaban arrepentidos, no podía pensar que alguien malo la hubiese creado, ella no era así, y si su magia vino con su padre quizás su buen corazón también. Se estaba arriesgando a conocer datos que cambiarían su historia, pero la verdad no quería pensar más de la cuenta así que tendió su mano aún sin estirar el brazo completo. —Yo… solo quiero saber donde está él, quien es. Haz lo que tengas que hacer, Avy, yo confío en ti y sé que nunca me harías daño, esto va a quedar entre las dos, no diré nada—. Asegura, y antes que todo inicie sonríe al ver a su amiga, tenía fe que lo que pasara fuera para mejor.


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Re: Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

Mensaje por Z. Avy Breckenridge el 22nd Febrero 2015, 10:57 am

Nunca había considerado la opción de tener hijos. El problema quizá partía de que nunca había encontrado a la persona indicada con cual querer tener un hijo. Adoraba a los niños y eso la había llevado a trabajar como niñera cuando era mas joven o a trabajar como enfermera en ese castillo y no como medimaga en cualquier otro lado. Tenía dos hermanas menores a las que había cuidado y dos hermanos mayores que habían cuidado de ella, sabía lo que era cuidar y ser cuidada, eso no lo negaba. También recordaba las palabras de su madre cuando adopto a Sina y a Sea sin juzgar su procedencia, recordaba a esa mujer decir que cuando Maika nació lo único que pudo pensar era que nunca mas estaría sola. Recordaba la fuerte que habían sonado esas palabras, y también sabía que ahí había algo que le decía que no. Avy adoraba a los niños, pero nunca había pensado en tener uno o unos, no lo pensaba porque le gustaba la tranquilidad y también el silencio. Le gustaba la calma y la libertad de poder ir a cualquier lado que quisiera sin tener que pensar demasiado en que haría con quien o con que. No sabía si estaría lista para tener hijos, y claramente, nunca encontrar al indicado también era un buen punto para que la medimaga no dejara bajar demasiado sus sueños. Pero entre tantas incertezas había algo de lo que si estaba segura. Nunca dejaría botado a un niño en la calle, nunca abandonaría a un alma a merced del destino, porque sabía que este podía ser cruel, sabía que este no jugaba limpio, y sabía que podía llevar ruina y tortura a un lugar lleno de paz.

Observo cada una de las expresiones de Rosy, como estas cambiaban y como estaba o no de acuerdo con ciertas, cosas. Dudo con el tema de la sangre, y a Avy le dieron ganas de decir que solo sería una gota, dos en realidad, pero nada mas. Volvió a sonreír para infundirle valor, y en ese momento se dio cuenta de que tan maternal había sido ese instinto de querer abrazarla y decirle que todo iba a estar bien. Todo iba a estar bien. Avy estaba segura de eso, pero no podía dejar de pensar que mente podrida y maligna dejaría esa niña en cualquier lado, como no podrían quererla si era tan cálida como el sol, tan amable como el roce de una pluma sobre la piel y tan hermosa como una flor que florece por primera vez. Su ceño se frunce al pensar a que persona estaría llevando a ver a Rosy. Por un momento imagino al propio demonio sentado dentro de una casa, a la espera de ser descubierto, la muerte disfrazada de una persona. Era demasiado exagerado, y dramático de su parte, tanto que se insulto para sus adentros y regreso su atención a la menor. ─No seas ridícula─ Le dijo en un tono mas elevado del que estaba llevando hasta el momento, y soltó un gruñido bajo tratando de contenerse y regresar al tono anterior, susurrante y bajo. ─Si no tuvieras magia en tus venas entonces no estarías en este castillo y tampoco estarías hablando conmigo, estarías en tu casa posiblemente estudiando las materias en un colegio muggle sin saber de la existencia de ninguno de nosotros.─ Explico luego de su anterior reacción, en la que tuvo ganas de darle un golpe suave en la cabeza de la niña. ─Todos los magos tenemos sangre en nuestras venas─ Dijo como si fuera lo mas lógico del mundo. ─La diferencia esta que en ciertos magos nace por si sola, como es tu caso, pues tus padres no te dieron magia en ningún momento, pero sin embargo eres una bruja, eso es porque nace de ti. Y en otros magos viene por herencia. La sangre mágica domina sobre la sangre muggle, y por eso el hijo del mas puro mago, y un muggle mediocre siguen teniendo hijos magos.─ Termina como si eso fuera algo que la joven ya tuviera que saber, y en de cierta manera, era porque pensaba que ya lo debería saber.

Asintió ante su confirmación, y puso frente a ella la piedra lunar y le paso el cuchillo. ─Rompe la piedra. Yo voy a poder hacer muchas cosas, pero si hago ciertas yo corremos el riesgo de que a quien encontremos sea a mi padre, o que la búsqueda se vea con interferencia, y créeme, no quieres encontrar a mi padre─ A pensar del tono bajo de su voz, busco la manera de que el último comentario sonara como una broma, pero no lo era. Lo mas peligroso de todo eso, sería que el padre de Avy sintiera que era buscado por su hija. ─Clava el cuchillo con fuerza, parecen duras, las piedras lunares, pero cuando una grita se abre en ella se rompe con facilidad─ Espera a que Rosy rompa la piedra, para deja el mapa del mundo entero entre ellas. ─Ahora dame tu mano y cierra los ojos─ Le pidió volviendo a tomar el cuchillo e ignorando las piedras por un momento. ─Primer tenemos que ver en que parte del mundo esta─ Explico pinchando suavemente el dedo índice de la Hufflepuff y poniendo boca abajo la mano para que la gota caiga sobre el mapa. Cuando la gota estaba por caer, Avy hizo que el mapa gire mediante magia. Al final la gota cayo sobre el mapa. ─Abre los ojos y mira. Cada lugar donde hay sangre es un lugar donde tus padres han dejado rastros, pero donde ha caído la gota, es donde vas a encontrarlo. Solo que ahora necesitamos ser mas especificas, ¿No crees?─ Comento, mientras engarzaba la parte ropa de la piedra que mas afilada había estado. ─¿Lista para seguir?─


Última edición por Z. Avy Breckenridge el 7th Marzo 2015, 1:37 am, editado 1 vez




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Re: Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 22nd Febrero 2015, 9:58 pm

Rossana había despertado antes que sus compañeros, se había duchado con agua caliente y aún en el baño se había vestido con su impecable uniforme moldeando sus cabellos en suaves ondas, no le gustaba mucho alisarlo sin necesidad, esperó a Alice en la sala común leyendo un libro muggle por segunda vez, su tía se lo había regalado el último verano. Había desayunado con su mejor amiga; una tostada con mermelada, un vaso de jugo de calabaza y un café para estar lo suficientemente despierta, fue a sus clases y se mantuvo atenta, todo parecía seguir su curso incluso luego de la hora de almuerzo donde comió sola muy despacio como siempre hacía. ¿Quién diría que las cosas iban a tomar ese rumbo? Seguramente podría haber ido a la biblioteca a ver a Avy y aprender nuevos trucos o enseñarle lo nuevo que tenía en su libro, o quizás si hubiese tomado otro pasillo las circunstancias fueran otras y estaría en ese momento en su habitación con su mascota, en la sala común o en el campo de quiddich con Alie y Miles claro está que ella estaría viendo lo que sus amigos hacían, no cedía a montarse en una escoba a menos que fuera necesario. Pero ahora todo parecía de película, estaba con su tutora en la enfermería, ambas sentadas en el suelo con objetos de magia oscura que ella nunca había palpado, intentando buscar al padre que nunca la quiso, verdaderamente si le hubiesen preguntado a Rosy si habría imaginado que eso pasaría, la chica habría negado al primer intento. Se sentía confundida, llena de un peso profundo en el alma, a veces le costaba respirar pero la curiosidad era más importante que cualquier cosa y era lo que la mantenía frente a la rubia con su mano tendida sin querer retroceder.

La castaña abre en exageración sus ojos claros, nunca había recibido un regaño de Avy, estaba acostumbrada a la docente tranquila que siempre le sonreía y le aconsejaba, en su mente no pasaba recibir algún regaño fuerte o un reclamo, pero probablemente no reaccionó porque era necesario, era elemental estar alerta ante las palabras de quien la acompañaba y no perder tiempo en tonterías. Ella lo sabía, pero necesitaba oírlo porque estaba tan nublada que dudaba hasta de sus mismos conocimientos. Por un momento pensó que al ser hija de muggles la magia era cuestión suya, pero luego de que entrara al castillo, en medio de esa soledad, recordó las únicas referencias que tenía de su padre y de su madre y supuso que todo lo que en algún momento no tuvo sentido en realidad lo tenía y ella no lo había descubierto por no ser la oportunidad adecuada. —Lo… lamento—. Se sentía estúpida, sentía que no sabía nada pero Avy hacía esas cosas por su bien así que trata de mantener la compostura. Frunce el ceño aún viendo los implementos mientras sigue escuchando.

Toma en su mano la piedra y con la otra el cuchillo, todo estaba frío y de repente siente un peso en sus manos que va mas allá del físico de los objetos, es lo que ellos significan lo que ahora le preocupa, nada más. Nunca había tenido en su poder armas o una sombra de ellas así que era como un ser diminuto frente a cosas que podían causar grandes daños. ¿Romper la piedra?, al principio Rosy cree que no podrá hacerlo pero intenta una vez dando con el filo en el centro, como es de esperarse no se rompe así que tiene que usar más fuerza, cierra sus dedos en torno a la piedra para que esta no tenga la posibilidad de escapar y vuelve a clavar el cuchillo, esta vez se abre una pequeña grieta y, como era de esperarse conforme a las indicaciones de Avy. Al tercer golpe ya termina por abrirse en pedazos perfectos y se lo pasa a la enfermera antes de lo pensado, como si le perturbara tenerlo todo y causara en sus manos un cosquilleo portar aquello más tiempo de lo debido. Luego Rosy endereza su espalda y cierra los ojos, escucha la voz de Avy pero su concentración se corta cuando siente un ligero pinchazo en su dedo, no se queja, no siente mucho dolor, los abre solo para ver como una ligera gota cae en el mapa, suficiente para encontrar su destino. Por un momento Rossana no quiere mirar pero sus ojos grises se fijan hacia dónde va su sangre, como es de esperarse se fija en Inglaterra, no en otro país o en un continente más grande, Rosy siente un fuerte pesar, en parte no esperaba saber que su progenitor estuviera en el mismo país de ella, no sabe si quiere continuar, es demasiado. —Él ha estado, todo el tiempo, es… increíble—. Si, y probablemente no pudiera creerlo al venir ella de una familia que le dio tanto amor, uno que le hizo dudar si en verdad el nexo de padre e hijo se pudiera romper con tanta facilidad. Asiente al final, más por reflejo que por cualquier otra cosa.

Ve la parte filosa de la roca y abre mucho sus ojos mientras asiente manteniendo sus manos unidas, su mente le indicaba que no era lo correcto pero su corazón latía desesperado con ganas de seguir investigando lo que nadie nunca pudo decirle. —Adelante, continuemos.


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Re: Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

Mensaje por Z. Avy Breckenridge el 9th Marzo 2015, 1:17 pm

¿Porque debemos aprender esto? Le preguntaba a su hermano, mientras este la miraba de reojo y le hacía señas para que evitar preguntar al respecto. Su padre, como siempre, no había sido tolerante a la curiosidad, algo por lo que Avy sentía plena curiosidad. Durante todos los años se había echo la pregunta de porqué tenían que aprender esas cosas que eran horribles, que causaban mal, que hacían que algunas personas o criaturas sufran, pero solo en ese momento había visto una increíble utilidad. Le vuelve a sonreír con dulzura a la joven que observaba con entusiasmo la mancha de sangre en la misma Inglaterra. Había admiración en aquella sonrisa, como una persona podía ser tan feliz de encontrar a un padre, mientras que para otras volver a ver al progenitor podía ser la peor de las torturas. Se quedo observando por un segundo a la castaña antes de sacudir su melena y limpiar nuevamente las manos en su falda. Sentía que si se quedaba allí iba a llorar. Como le hubiera gustado tener un poco mas de relación con su padre, que este fuera como los padres de todos los demás, amable, que contaba historias antes de dormir para que su hijo durmiera en paz. Nada de eso le había tocado vivir, y era un martirio solo recordarlo, pero en parte sabía que Rosy no sabía lo que eso significaba, pues si bien sus padres adoptivos parecían haber sido muy buenos con ella, nunca habían sido su verdadero padre, nunca había habido sangre que vinculara a las dos personas. Respiro profundamente, y se puso de pie en un solo movimiento.

─Olvide las velas─ Informo mientras se perdía dentro de su pequeña sala a la que llamaba oficina y cerraba los ojos por un segundo. Froto las palmas de sus manos y pensó porque le era tan difícil ayudar a alguien a encontrar a un padre. Estaba preocupada, preocupada por la conmoción de la castaña que parecía tan decidida a saber donde estaba su padre que estaba dispuesta a hacer magia negra en medio de una enfermería con una persona que decía ser su mentora. ¿Qué pasaba si ese señor no era lo que Rosy esperaba? ¿Que pasaba si era como su propio padre? ¿Y qué si no la amaba? Todas esas preguntas vinieron a su mente en ese segundo. ¿Porque no pensé mejor antes de comenzar? Se pregunto en voz alta, y giro para observar por la pequeña ventanilla a ver si Rosy aún seguía a la misma distancia para no escuchar lo que acaba de preguntar. No podía ir para atrás, no podía retractarse de lo que había ofrecido. No podía arrebatarle ese sueño a aquella niña. No le quedaba opción. Se prometió que estaría a su lado en cada momento, y que no permitirían que le profanaran en corazón, ese corazón tan puro que la chica tenía. Volvió a limpiar sus manos en la falda, era una vieja manía que la enfermera tenía, y abrió los cajones en busca de las velas amarillas y enanas que tenía guardadas en algún lado. Cuando las encontró, regreso hasta donde estaba la estudiante.

─Lo siento, no las encontraba─ En su rostro puso una mascara de tranquilidad, queriendo evitar la concentración que estaba teniendo en esos momentos para que los recuerdos del pasado no se abalanzaran sobre ella, mientras intentaba recordar todos los pasos que aún yacían en su memoria. ─Lo que haremos será una estrella con las velas─ Indico poniendo el mapa de la ciudad donde la gota había caído, y dejando los mapas de los pueblos mas cercanos debajo. El truco que iban a hacer funcionaba, solo que a veces, había que dar con la ciudad exacta. Puso las velas en el centro, y sacando una a una, fue siguiendo el camino de una estrella, pasando por los caminos que hacía con cada nueva vela, y dejando cada una de estas en las puntas de la estrella. Cuando las cinco estuvieron en posición. Avy movió sus manos, y las velas se prendieron, dejando una estela luminosa en los lugares donde las velas habían recorrido para formar la estrella. ─Si alguna vez te enseñan esto en defensa, prométeme que vendrás a mi inmediatamente─ Le pide con la intención de guardar la inocencia de la mayoría de los estudiantes, ya se sentía bastante culpable por corromper el alma de Rosy. Observo por un momento la estrella de luz que se formaba en el suelo conteniendo el mapa, y le pidió la mano a Rosy. Cuando esta se la dio, enlazo la cadena de la cual colgaba la piedra lunar. ─No pasa nada si se cae, no te tienes que aferrar a ella, incluso mientras mas suelta la tengas mejor sentirás a donde tira Explico, mientras ponía sus manos sobre las velas y sentía como las llamas comenzaba a calentar sus palmas. ─Pasea al piedra sobre el mapa, donde se quede es donde encontrarás a tu padre─ Le explica mientras ella comienza a decir unas palabras en latín con los ojos cerrados, y sentía como la magia negra comenzaba a aparecer en la sala.




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Re: Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 12th Marzo 2015, 4:02 pm

Generalmente cuando un chico es adoptado busca saber todo sobre sus padres biológicos, es como una pequeña semilla que se siembra en su interior y va creciendo, hasta hacer florecer una interrogante que pide ser contestada al momento. No se trata de una cuestión de odio y rencor, es algo que pasa, que es natural, es solo por saber la verdad, nada más, como un dato que se necesita para seguir y cerrar el capítulo con el mejor pie, esa fue la referencia que el psicólogo le dio a Eloise cuando empezó a asistir a terapia por ser la madre de una niña adoptada, requisito que pedía el orfanato para aprobar todo el asunto. En el caso de Rossana siempre fue diferente, ella nunca tuvo la iniciativa de buscar a sus padres verdaderos, si, ella sabía que era distinta tanto en físico como en personalidad a su familia, pero siempre fue tratada con más amor que incluso cualquier miembro original de la familia que la cobijo desde que aprendió a caminar. También estaba el hecho de que sus padres fueron muy abiertos con ella desde el principio, nunca le mintieron ni la engañaron, le hablaban de su adopción desde que le cambiaban los pañales, desde luego con amor y delicadeza, eso habían aprendido. Ahora, en ese momento, Rosy no sabía que palabras usar para aceptar el hecho de que estaba buscando a su padre luego de tantos años, quizás la única manera de darle forma a la idea era aceptando que fue algo que estuvo dentro de ella toda la vida, como es obvio, pero creció tan llena de amor que nunca tuvo tiempo de investigar y ahora, que su padre la negaba de todas las maneras posibles, había sido necesario ir más allá.

Cuando Avy se fue, ella tuvo el tiempo necesario para pensar si en verdad quería hacer todo aquello. No solo se trataba del tema de su padre, estaba cerca de rozar un límite de magia a la que no estaba preparada. Rosy estaba tan nerviosa que sus manos sudaban y ella las frotaba poco a poco lejos de la sanadora, no quería que la rubia se diera cuenta, la pasara por cobarde y seguramente no siguiera con el ritual que la ayudaría a aclarar sus dudas. ¿Serviría de algo poner en fuego toda su moral?, quizás encontrara el paradero de su padre pero si algo era cierto es que muchas cosas no son lo que se espera y ella tenía dos opciones; encontrar un hombre que la amara y que la tuvo que abandonar en su momento sin poder evitarlo, o simplemente alguien que hubiese respaldado la elección de dejarla en el orfanato. Cualquiera de ambas era válida y la castaña temía con cual encontrarse, no sabía cómo reaccionaría. Avy llegó con algunas velas y ella asintió dos veces para darle a entender que seguía ahí, que no se iría y que probablemente no retrocedería con el ritual oscuro. -No hay problema, tranquila-.  Susurra tratando de formar una sonrisa en sus labios que no sale precisamente como ella desea así que mantiene sus ojos fijos en lo que estaban haciendo y escucha atentamente las indicaciones de Avy sin alzar la vista para mirarla, sus ojos pasean por el mapa ampliado esperando que este le de las respuestas aún sin ella haber actuado antes.

La castaña alzó sus ojos y sonrió de lado mientras asentía, no sabía si en algún momento de ese año que le quedaba le enseñarían tales cosas, pero aún cuando no estaban haciendo un ritual completamente profano, ya Rosy sentía que su alma estaba comprometida, esperaba que fueran solo los nervios por estar a la espera de saber el paradero de su padre. Rossana tiende su mano y vuelve a sentir la piedra fría rozando con su piel, siente como pesa y aún así no la aprieta, la mantiene más suelta aunque aún así nota como hay una fuerza que impulsa el objeto hacia el papel. -¿Dónde tire?-. Pero enseguida empieza a pasar la piedra de manera lenta sobre el mapa, se demora un momento pero cuando ve que no tiene respuesta aumenta el ritmo pese a la ansiedad que sentía. Estaba por darse por vencida cuando una fuerza superior a ella arrojó la piedra en un punto del mapa, uno de los filos indicaba la posición y Rosy tuvo que calmarse para que el agitado ritmo de su corazón le permitiera leer. -Haworth-. Susurra casi sin voz acercando su rostro más al mapa. Se trataba de un pequeño pueblo inglés, perdido y reconocido por ser el recuerdo de la época victoriana. Rosy no pierde tiempo cuando alza sus ojos y ve e Avy de nuevo. -Avy, él está ahí, o estuvo ahí, no lo sé, puedo… pude sentir la magia de la piedra, fue fuerte, mi padre es mago, lo sé, lo siento. Pero… ¿y si está muerto?, ¿qué más puedo saber de él?-. De repente no le importaba arriesgar mucho para obtener respuestas.    


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Re: Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

Mensaje por Z. Avy Breckenridge el 17th Marzo 2015, 12:46 am

Nunca se podía conseguir el ideal. Nunca se podía ser exactamente lo que uno quería ser, mucho menos ser los que otros querían sin traicionarse a si mismos. Temía la rubia que Rosy se decepcionara. Nuevamente sus ojos se iluminaron al notar donde se encontraba su padre, y Avy lo único que pudo hacer fue sonreír con amabilidad. La sonrisa desapareció cuando escucho sus palabras. Negó en silencio y comenzó a doblar el mapa y a apagar las velas. ─Lo siento Rosy, ha sido suficiente por hoy─ Le indico mientras termino de dejar todo a un costado, y se pone de pie para dejarlo todo sobre una de las camillas. Al decir esas palabras algo se encogió en su pecho. No podía ni quería decepcionar ella misma a la castaña, después de todo era ella quien le había dicho que encontrar a su padre era posible. ─Espera aquí, déjame tirar todo para que no queden rastros.─ Explico aún mas callada y seria de los normal. Cogió las cosas marcho a su estudio, y regreso con un aceite aromático, y palillos de bambú. Coloco muchos por la gran enfermería, recitando unos viejos versos mágicos que borraban los rastros de la magia negra. Debía ser muy cuidadosa, en ese colegio tan puro, un poco de magia negra podía ser descubierto con suma facilidad, y sea por buenas razones o no, habían roto las leyes y decretos de la institución. Cuando acabo se sentó al lado de Rosy.

─Fue suficiente por un día Rosy─ Repitió nuevamente, sentándose en el borde de una de las camillas. ─La magia negra consume energía y estoy cien por ciento segura que necesitas recargar un poco antes de seguir adelante. Déjame ir por chocolate, eso te animara, y continuaremos hablando.─ Se puso de pie para retirarse otro momento. Adoraba a Rosy, se había encariñado tanto con ella que no sabía como decirle que en realidad no quería que le rompieran el corazón. Tenía deseos de que encontrara a su padre, pero no quería que acabara tan desilusionada, como la misma Avy estaba de su padre. No todos los magos eran buenos, no todos eran ideales, no todos los padres se comportaban como tales, y bien que la enfermera sabía eso. Nuevamente veía a Rosy como si fuera una hija propia. Trago saliva mientras buscaba entre las cosas que habían usado y que iban a quemar, y recogió el trozo de piedra lunar que Rosy había usado para saber la ubicación de su padre. Brillaba con un tenue color azul y violeta. Según sabía se tenía de rojo cuando estaba cerca de lo que se estaba buscando. Tenía que tomar una nueva decisión, pero esta vez no quería que Rosy se viera involucrada. Si la había necesitado hace rato para poder saber donde comenzar a buscar, pero de ahí en adelante podía encargarse ella misma. Decidida regresa a donde se encontraba la castaña, y se vuelve a apoyar en una de las camillas. Le pasa el trozo de chocolate y hace un gesto para que coma.

─Se que es confuso ahora, después de todo esto. Se que te preguntaras donde he aprendido todas estas cosas, pero te pido que no me preguntes, si un día quieres que te cuente mi historia lo haré, pero debes estar preparada porque no es una historia de princesas y castillos, flores y sueños. No me arrepiento del pasado que tuve, me formo como persona y tampoco quiero que tu te arrepientas de los padres y la familia que te crío, aprecialos y agradece porque lo hayan echo─ Comenzó a decir con pausa, y sintiendo como se desvía de las ramas al hablar. Sacudió su cabeza. ─A lo que quiero ir es que se que este último tiempo no ha sido el mejor, pero, hay cosas mucho peores que esas. Si tu padre nunca supo de ti, por algo fue. Si nunca fue a buscarte, fue por una razón. Déjame entonces ir por él. Hay un método de llegar a él, puedo investigar, sacar su nombre, donde trabaja, a que se dedica, cuales son sus hobbies e incluso que comentan los vecinos sobre él. Puedo sacar todos los datos que quieras, se muchas cosas como verás, se que es nuevo, pero puedes confiar en mi, mi niña.─ Suelta un suspiro cansino, arrepentida en parte, agradecida de haber ayudado por otra. ─No quiero que te arriesgues, tienes mi cariño y mi protección, déjame seguir desde aquí, yo me encargaré del resto y te daré toda la información que consiga sobre este hombre.─




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Re: Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

Mensaje por Rosy E. Aldridge el 17th Marzo 2015, 3:58 pm

Las respuestas no llegaban siempre como se deseaban. Rosy no consideró que pudiera saber algo en ese ritual, lo hizo más que todo por curiosidad, pero ahora tenía un nombre, tenía unos pasos que la podían acercar al hombre que en verdad era su padre. No sabía que pensar, no sabía que decir, estaba muda por dentro y por fuera y quizás esa era la mejor opción a estar toda alterada, estaba en un potente estado de shock, uno en donde todo lo que decía y lo que hablaba era por inercia, seguramente no sabría la magnitud de lo que acababa de hacer si no hasta esa noche cuando se rindiera cuentas de lo que acababa de pasar y supiera que el secreto moriría con ella, no solo porque Avy podía quedarse sin trabajo, si no porque ella misma no quería involucrar a nadie de sus seres queridos en ese tema. Antes de que pudiese reaccionar completamente, ya Avy estaba recogiendo todo de una manera tan tosca y veloz que la castaña no pudo evitar reaccionar y mirarla con sus ojos bien abiertos, pidiendo una explicación. Su excusa fue válida, o de eso se daría cuenta después cuando sintiera el peso que llevaba en el cuerpo y lo cansada que estaba. Probablemente fuera por la sorpresa del momento que Rosy no se dio cuenta de que su cuerpo se sentía exhausto y que Avy también estaría así, la magia negra no solo la había tomado a ella, si no a portadora que había creado todo aquel hechizo. —Pero... —. Aunque seguramente lo dijo tan bajo que la sanadora no se dio cuenta. Ya en su soledad, Rosy pasó una mano por sus cabellos, estaba sudando frío, estaba helada pero por dentro estaba ardiendo, incluso se sentía un poco mareada, como si le hubieran arrebatado todas las energías con las que entró a aquel lugar. Un nuevo olor empezó a impregnar sus fosas nasales, ni le gustaba o quizás era por la fatiga, sin embargo solo reaccionó cuando Avy llegó y se sentó a su lado, fue en ese momento que tuvo la valentía de verla a los ojos.

La castaña asiente varias veces y se queda sola de nuevo, un frío la invade, uno fuerte. Rosy tiene que frotar sus brazos, ¿qué había hecho?, ni en sus más remotos sueños se hubiese imaginado con su amiga, la sanadora de la escuela, haciendo un ritual de magia negra para encontrar a su padre, estaba confundida, solo quería estar sola, pero a la vez necesitaba respuestas y en ese mismo instante sabía que no se podía apartar de Avy tan libremente. Habían comenzado una historia, y por el bien de Rosy tenían que seguirla. La rubia regresó con un poco de chocolate en sus manos, el aroma le abrió el apetito a la castaña que no tuvo más opción que morder un pedazo, lo saboreó y luego tomó otro, poco a poco la luz volvió a sus ojos y el color se apoderó de su piel pálida. —Gracias—. Mencionó cubriendo su boca con su mano, probablemente en otra ocasión hubiese disfrutado aquella pieza de dulce que tantos males aliviaba, pero en ese momento solo quería aclarar algunos puntos, necesitaba respuestas y temía que tantas preguntas acabaran por perturbar a Avy.

Los ojos de Rosy se fijaron en la sanadora, dejó que hablara que expresara su preocupación. La vida no le iba a alcanzar a Rossana para agradecerle su tutora todo lo que había hecho por ella, sin embargo la muchacha frunció el ceño cuando la escuchó hablar sobre mantenerla al margen, Rosy no pudo evitar negar un par de veces, no podía dejarla ir sola a algo que era su deber, que ella misma había buscado. Pero por otro lado no haría nada contradiciendo a la mayor, era estúpido, incluso cuando deseaba seguir, algo le decía a la tejona que no debía hacerlo, que era un riesgo, uno peligroso. Dos partes de ella se mantenían distantes pero igual de profundas. Ya Rosy estaba por terminar el chocolate, al finalizar limpió sus manos con la falda y alzó la mirada a la sanadora, la seguridad era palpable. —Escucha, yo... Quiero saber mucho pero, espero que tengamos suficiente tiempo, quiero saber tu historia, quiero ayudarte, pero tengo miedo, tengo miedo de que lo que encuentre no sea bueno. Sé que no haré nada rogándote porque me dejes ayudarte y tu tienes más autoridad así que no gano nada con negarme. Acepto el trato si es lo que ofrecer pero con una sola condición, Avy—. Comenta con seriedad, humedece sus labios y toma un respiro antes de continuar. —Nada de mentiras, lo que tenga que saber quiero saberlo, cuando y como quieras pero que sea la verdad, así sea malo y me destroce. Puedes hacer lo que quieras a tu manera, puedes tomarte tu tiempo, no te voy a molestar, pero necesito que me prometas que lo que sepas me lo dirás tal cual te enteraste, ¿entiendes?, es muy importante para mi… saberlo—. Rosy la adoraba, era como esa hermana mayor que tanto admiraba, así que pone su manos sobre la de la sanadora y la ve, esta vez con su habitual dulzura. —¿Lo prometes?


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Re: Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

Mensaje por Z. Avy Breckenridge el 23rd Marzo 2015, 4:37 pm

Hacía mucho se había presentado en el hospital San Mungo para trabajar como enfermera mientras estudiaba. Allí la habían bien recibido, pero le habían asignado un área que no era su preferida. Pasa así la rubia con su túnica verde agua por el área donde atendían a los niños y observa como las medimagas y medimagos curaban sus heridas al mismo tiempo que los hacían reír. Un día una señora gorda que a Avy siempre le causaba temor, se acerco y le dijo que la siguiera. Tanto misterio a la joven le daba una mala señal, pero cuando entro en una sala donde nuevos sanadores juraban, se quedo mas tranquila. Cada uno juraba por el área donde se especializaba. Quienes estaban para las enfermedades mortales decían que jamás dejarían de pensar que una enfermedad tiene cura y que todo lo que uno desea se puede llegar a hacer. Escuchaba cada juramento con los ojos abiertos de asombro, y entonces llegaron los nuevos sanadores que protegerían a los niños, y esa era su promesa, proteger, cuidar y sembrar inocencia, hacer ver que cada sueño era posible y no hay piedra que no se pueda saltar, ni caída que no se pueda curar. Antes de darse cuenta una sonrisa asomaba en su rostro y una lágrima caía por su rostro. La señora le pregunto porque quería cuidar a los niños, y Avy supo que mentir no serviría de nada. Sonrío y respondió que quería cuidar niños porque era una forma de ver que había infancias maravillosas, y que, en caso de que no lo fueran, podía pensar una forma de ayudar, como le hubiera gustado que ayudaran a su familia antes. Es mujer que antes le causaba miedo, fue la primera en enterarse del pasado oscuro de Avy, la primera en decir que ahora todo estaría bien y abrazar a la joven con afecto.

Protegeré a quien acuda a mi lado, sanaré la herida que traiga,
me encargaré de que no se repita.
Y si esa herida es una grieta en su vida, la sellare, para que siga adelante
y viva una vida plena

Solo pudo pensar en esas palabras al ver a la joven, solo pudo pensar que estaba faltando a su juramento, pero al menos sabía que podía ayudar a la joven, y aún había cosas que podía hacer por ella. ─Verdad te traeré si es lo que quieres, todo lo que pueda juntar acerca de tu padre y padre lo recordaré para ti, para poder contarte la historia que encuentre─ Prometió, y luego dio un bocado a su comida, para marchar a la muerta y destrabarla. Volvió a la joven, y le sonrió. ─¿Te quieres quedar esta tarde?─ Pregunto como si nada de lo anterior hubiera pasado. ─Seguro sera una tarde tranquila, puedes ayudarme y te dejaré atender si deseas─ Propuso con una sonrisa, y antes de que pueda escuchar una respuesta, tres alumnos entraron por la puerta. A uno le sangraba la nariz, el otro se había caído, y había uno desmayado. En un abrir y cerrar de ojos, la enfermería estaba llena de gente, y Avy se apresuro a atender todos. Horas mas tarde vio nuevamente la enfermería vacía y se pregunto a donde habría ido a parar Rosy, o en que momento se había ido. Sonrió a una pared, que llena de vida y amor que estaba esa niña.




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Re: Help, Rosy E. Aldridge y Z. Avy Breckenridge

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