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Summertime sadness || Graeme

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Summertime sadness || Graeme

Mensaje por Joanna G. Miller el 24th Febrero 2015, 5:36 pm

Nadie me lo había pedido, nadie me lo había preguntado, todo había transcurrido en un silencio que a veces me atormentaba pero era mejor a pasar a ser la mártir herida del mundo mágico que se sacrificaba para lograr que su amor fuera feliz, o por lo menos estuviese tranquilo sin esos tormentos que lo rodeaban. ¿Valiente?, no, pero fue lo más inteligente y creativo que pude hacer, después de todo siempre fui un águila, no una leona, era insólito como las huellas pasadas siempre perduraban y se volcaban en contra.

No podía soportarlo más, era un peso que parecía no tener fin y que cada día sumaba algo nuevo. Varias veces lo hice, varias veces escapé de la casa de Graeme, me fui con mis padres o a mi departamento, no decía nada, no les importaba y en parte yo misma quería concibir el hecho de que él no era malo, que solo estaba pasando por malos ratos. Sin embargo luego de algunos meses regresaba a sus brazos, no lo niego, era y soy feliz en ellos, sus palabras son mi tormento y mi cura, me derrito como seda en sus brazos y su mirada es algo que aún no he logrado describir, tiene la cantidad exacta de misterio y pasión para volverme loca, si, a veces creo que soy una completa demente y que no queda nada de la adolescente que corría por los pasillos de Hogwarts con la escoba en mano, evitando ser castigada por las noches. Su casa fue mi refugio pero ahora, en medio del salón, solo podía ver las paredes y sentir dolor, miedo, furia, una mezcla que se convertía en remolino y ponía en jaque lo que algún día sentí y esperaba seguir sintiendo, esperaba porque en mis planes no estaba dejar de ver al chico de piel morena que tanto me gustaba, no para siempre. Sería cuestión de un tiempo, unos meses hasta que las cosas se normalizaran, aún cuando me había mudado a la casa de Graeme, no había vendido mi departamento, pequeño pero cómodo, con esos colores claros y muebles de madera que tanto me gustaban, la casa de él era mucho más moderna, me había adaptado, pero a veces extrañaba mi módico espacio. Desde que empecé a vivir en ese lugar había llevado montañas de ropa, casi todas mis cosas estaban ahí y debía apresurarme si quería que todo quedara metido en baúles antes que Graeme llegara, no quería verlo y no era precisamente por evitarlo. En mi corazón sabía que verlo cambiaría todo, que solo bastaría un roce, una mirada para que las raíces salieran de mis pies y se colaran de nuevo en el suelo impidiéndome salir. ¡Qué dependiente eres, Joanna Miller!

Hacerlo sin magia hubiera significado gastar más de tres horas o medio día, por lo que usaba mi varita y con algunas sacudidas enviaba lo que podía a las maletas, estaba segura que nunca acabaría pero solo dejaría aquello que no consideraba tan importante. Cada vez que el armario o el estante quedaba vacío una estaca se colaba y se clavaba en mi corazón; era incómoda, con cada movimiento se quería hacer notar y eso me molestaba. En menos de lo pensado ya todo había acabado, por lo menos estaba segura que la mitad de mis pertenencias estaban guardadas, sonará masoquista pero tenía que dar una vuelta de nuevo, no quería verificar, quería volver a recordar, a veces me castigaba por ser masoquista, pero ¿cómo no serlo si se trata del amor de tu vida? Si, porque desde el día que lo conocí nunca pude olvidarlo, incluso en las noches de soledad cuando estaba en casa y sabía que había sido una pelea lo que nos había hecho estar así. Caminé por los pasillos, por la habitación, fui a parar al tocador, estaba impregnado a él, a su perfume, no había rastro del toque frutal mezclado con el aroma varonil como cuando nos arreglábamos por las mañanas para ir al trabajo, ahora él estaba marcado su independencia. Tomé un respiro mientras tomaba la loción, estaba fría al tacto, la dejé en su respectivo lugar mientras alzaba mis ojos verdes y miraba el espejo, el reflejo no era precisamente el que recibía cuando estaba con Graeme. Tenía ojeras, no bolsas pero si ojeras, lucía pálida y estaba segura que no había comido tan bien como tantas veces me jactaba frente a Marie, una chica del trabajo. Solté la coleta que llevaba a ver si eso ayudaba un poco y me quité el abrigo que cargaba sobre el vestido, no mejoró mucho pero por lo menos pude sonreír un poco, un año más joven no le sentaba mal a nadie.

Era mejor irme, no quería que Graeme llegara así que dejé todo en su lugar y cerré algunas puertas, él no era estúpido y se daría cuenta seguramente, pero era mejor no estar presente. Al llegar al salón busqué la varita, podía con dos baúles pero ya cuatro era una exageración, bastaría un hechizo para ayudarme.


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Re: Summertime sadness || Graeme

Mensaje por Graeme J. Fletcher el 13th Marzo 2015, 6:32 pm

Muy pocas eran las personas que habían entrado alguna vez a lo que Graeme llamaba 'El sótano' de su casa. No era un lugar que la gente llegara a frecuentar, pero dentro no era lo que todos querían creer. Si había cajas, cajas que ocultaban una estrella echa de fuego y con muchos artilugios diseñados para encontrar personas. Fotos de su esposa e hija ocupaban el piso. Mapas que habían sido sometidos a una quema. Cada ciudad del mundo parecía poder ser encontrado en ese piso. Parecía siniestro, parecía anticuado. Era un lugar cálido donde el calor se hacía notar al bajar dada la poca ventilación que había. La magia antigua había sido prohibida hace muchos años, pero él venía de una de las ciudades mas antiguas del mundo. Conocía mas secretos de los que debería y había pedido prestados viejos libros en su antiguo colegio para seguir aprendiendo. Graeme había tomado muy en serio su trabajo. Cuando bajaba allí, la sonrisa desaparecía, los hoyuelos ya no se encontraban en sus mejillas, las patas de gallo que se le hacían al sonreír se borraban de su piel, y sus ojos chispeantes de carisma se apagan a una frialdad notable, parecían perder color en aquella luz pálida del sótano, parecían perder vida. Una vez que la puerta se trababa, el hombre joven que parecía actuar como un niño desaparecía, y un hombre que parecía tener mas de mil años lo reemplazaba. Sus pasos dejaban de ser guiados por la música, no había nada de diversión allí abajo, todo se volvía tétrico y frío.

Hacía dos noches había encontrado un rastro. Un ritual de magia negra donde quemaba el mapa para que sobreviva solo la ciudad donde se encontraba la persona que buscaba, le había dado una nueva señal. Había tenido que dar mucha sangre para eso, y con una venda desde su muñeca hasta su codo que ocultaba la herida controlada por el mismo, salió de la casa cerrando el sótano detrás de si. Envió una lechuzo al Ministerio indicando que no asistiría, si podían dejar su trabajo en la mesa que lo pasaría a buscar al día siguiente. Respondió su asistente de manera afirmativa, justo antes de que se apareciera en la ciudad. Los rastros de magia eran notables, si se los buscaba con cautela y paciencia. Alquilo una habitación en un hotel muggle, cerro puestas y ventanas e hizo otra estrella de velas. Puso el mapa de la ciudad y comenzó a buscar quemando las partes del mapa para ver donde se había realizado magia. Solo había un par de lugares, y no dudo en salir de inmediato a buscar aquellas pistas. Al llegar vio una casa pintada de blanco con madera negra. Las plantas estaban en buen estado, pero fuera se veía un armario que había sido descartado. La puerta estaba forzada y abierta, al ingresar encontró todo desvalijado. Un vecino se acerco a él a los gritos para que saliera. Al preguntar la razón le dijeron que en ese lugar vivían tres brujas, que huyeron cuando intentaron matarlas. Asintió en silencio. —Trabajo como detective privado del gobierno— Indico imitando el acento del señor tanto como su lengua de habla. —Necesito que me de toda la información que tenga. Estas personas pueden ser testigos claves de una investigación confidencial que estoy llevando— El señor asintió repetidas veces, y le pidió que fueran a su casa porque aquella le daba mal augurio. Graeme aceptó, agradeciendo haber pensado bien la ropa muggle que había elegido. El hombre hablo de todo. Las mujeres no se dejaban ver muy a menudo, pero eran bravas, no dejaban que nadie les diera ordenes y ya sabían todo lo que le explicaban. Una era mas joven que las otras dos, y llamaba madre a las dos brujas. Dijo que era como ellas, pero mas joven, mucho mas joven y con unos ojos marrones llenos de vida. Mi niña, pensó Graeme al escuchar hablar sobre ella.

Al regresar al hotel se encontró con mucha gente en la entrada, al preguntar que pasaba le indicaron que en una habitación se había activado la alarma de humo, tuvieron que forzar la puerta, y habían encontrado rastros de magia. Maldijo para dentro, su mejor chaqueta había quedado dentro. Dio unos pasos para atrás y desapareció, encontrándose de nuevo en la puerta de su casa. Abrió la puerta, y se disponía a sacarse el saco color malva cuando noto la presencia de alguien mas. Se apoyo en el mueble mas cercano con la chaqueta puesta. Bajo el mentón para observar a la joven sobre sus lentes de sol, y acomodo el sombrero negro de su cabeza. — Tiempo sin vernos. ¿Te irás sin decir adiós?—


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Re: Summertime sadness || Graeme

Mensaje por Joanna G. Miller el 14th Marzo 2015, 2:08 am

Ese departamento, desordenado, masculino y de proporciones algo grandes para mi gusto, me traía buenos recuerdos. Me había vuelto a encontrar con Graeme cuando lo visité, fue una cena, una linda cena, quizás nada se asomaba aún, eramos amigos y yo no me había atrevido a decirle "Hey, si, soy la chica que de pequeña era tu admiradora secreta", al contrario, eramos más amigos que cualquier otra cosa que se pudiese esperar; hablamos de nuestras vidas, de nuestro sueños, de nuestros anhelos, no habíamos llegado hasta el punto del caos donde él me contaba su vida y sus pesadillas, sus temores y misterios, no, aún estabamos en el punto donde todo era una maravilla, donde yo era la princesa con el vestido hermoso frente al chiqui que tanto admiré de niña y con el que finalmente me había encontrado. Cuando me mudé, o hice el intento, ya nos habíamos saltados algunas peleas, no estaba segura de hacerlo y tampoco tenía el apoyo de alguien que me convenciera de lo contrario, tampoco a quien contarle mis dudas, pero lo hice. Intenté amueblar y cambiar algunas cosas, ordenar, todo con el debido permiso del dueño, no hacía nada sin que él me lo dijera. Traté de alternar la rutina; cocinar en casa, salir, caminar, viajar, conocer... quería que Graeme saliera de sus pesadillas, de sus temores, que viera el color de la vida más allá de lo que siempre intentaba buscar. Le cocinaba postres, me gustaba hacerlos aunque siempre terminaba vuelta un desastre. Más de una vez cocinamos juntos, él me ayudaba con mis redacciones y yo le daba mi opinión, sintonizabamos el quiddich, se podía decir que eramos una pareja normal, ¿por qué cedía entonces?, quizás porque era lo más sencillo y encontraba más fácil culparme cuando el daño ya estaba hecho a tener que soportar otra discusión y otro momento de debilidad.

Ya todo estaba listo, esperaba que no se quedara nada, Graeme había viajado y por lo tanto no se daría cuenta, por lo menos no cuando llegara a unas semanas luego de mi partida. No había dejado ni un rastro, era como si ya no hubiese estado ahí; mi joyería, mis vestidos, mis libros, mi pijama, mi reloj, incluso una almohada que solía abrazar por las noches, por lo menos en las que él no estaba. Sentía un vacío inmenso, uno que no quería desaparecer, mis pies parecían atados al suelo, por más que pudiera marcharme no quería hacerlo, en el fondo deseaba verlo una vez más, si, era masoquista, o por lo menos desde que había decidido estar con Graeme. Necesitaba una explicación, unas palabras, supongo que todas las mujeres somos así. Tomé un respiro, pasé una mano por mi nuca, me ardía, estaba nerviosa, sabía que era por eso, antes de continuar la alcé y decidí dar el giro final, justo cuano llegó esa voz... esa voz... su voz.

Maldito canto de ángeles que me paralizaba, aún estaba de espadas así que agradecí que no viera mi rostro y seguramente lo blanca que me había puesto, incluso más que mi color usual, las raices se plantaron en mis pies y se ataron al suelo esta vez impidiendo que el movimiento de la varita pudiera culmirar. Mi corazón... bombeaba demasiado, tanto que era lo único que escuchaba en ese silencio, podía jurar que mi piel estaba erizada y que las palabras sencillamente se habían evaporado. ¿Qué hacía ahí?, no, él tenía que estar de viaje, el destino me estaba jugando una mala broma, no era justo conmigo. Me voltee con cuidado y ahí estaba; su traje sencillo pero limpio, sus gafas, parte de sus ojos punzantes viéndome con interés, su perfume... ese que había dejado en el tocador, su tez bronceada, tal como lo recordaba. —Si... mucho tiempo—. Y por un instante siento ue mi voz es muy débil y que se pierde en las paredes de su departamento.

Camino unos pasos, puedo escuchar el repique de mis zapatos, me pierdo entre los baúles y veo en vano las etiquetas, no era necesario pero cersiorarme por lo menos era una tarea que podía alejarme de todo el asunto de que él hubiera vuelto. —Supe que no estarías así que quise... ahorrarnos un poco el trabajo, me parece que no es necesario despedirnos no desde...—. Si, nuestra última discusión había sido por lo mismo, más precisamente porque asomé la posibilidad de que Graeme estaba ciego con el tema de buscar a su hija, no porque no quisiera que la encontrara, yo misma quería ayudar, pero pasaba días, noches, madrugadas, meses y años en ese asunto y nada cambiaba, se desgastaba, necesitaba tomar aire. Nos dijimos cosas horrendas, quería arreglarlo, en verdad lo deseaba pero no podía tragar todos sus insultos sin replicar así que me fui luego de sentenciar su soledad. Lo amaba, lo amo con todo lo que soy, pero a veces siento que Graeme logra despertar lo peor de mi y eso contradice muchas veces lo que siento. —Nuestras despedidas nunca han acabado como deben acabar, lo sabes. Además, no dije que fuera... para siempre... solo necesito pensar, eso es todo—. No quiero verlo a los ojos, busco otro punto; sus pecho, sus brazos, sus manos... un momento, en su muñeca había algo, algo blanco que se asomaba. Sin poder evitarlo mi ceño se frunce, tenía una ligera sospecha pero no deseba desencadenar otra guerra mágica en casa. —Tu brazo, ¿estas bien?


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Re: Summertime sadness || Graeme

Mensaje por Graeme J. Fletcher el 11th Abril 2015, 2:54 pm

Haber conocido a su padre cuando ya tenía consciencia para saber que no había estado ahí cuando lo necesitaba, no era algo firmemente recomendable, para fines prácticos, Graeme había dicho de odiar la situación desde el primer momento. El primer viaje a Londres se había tornado húmedo y gris, era un pozo negro en el que se sentía caer, sin nada que hacer, sin nada que decir. Sentía que sus manos habían sido cortadas y su lengua arrebatada. Era un cachorro en medio de la oscuridad que enderezaba su espalda por puro orgullo de no querer mostrarse como una persona débil, y en medio de todo eso, una luz había aparecido. Recordó entonces perfectamente la frase que una profesora una vez le había dicho, estaban estudiando ciertos encaminamientos y criaturas, él odiaba a una en particular, los dementores, la profesora se había acercado a él y le había sonreído, le dijo con voz calma que dementores hay por todas partes, quizá no tienen esa forma y esas características, pero siempre hay personas que tratan de robar la felicidad de uno, de desacreditar los buenos labores de uno, de refregar en la cara el único error que habían cometido, pero también había luces. Luces que salvaban en aquel mar bañado de oscuridad y que cegaba la vista. Joanna había sido una de esas luces. Las mujeres para él, ya desde esa edad estaban catalogadas como conquistas, futuras conquistas, posibles conquistas, inconquistable. Joanna era joven, era hermosa, sus ojos verde oscuro que parecían pasar por un marrón claro se iluminaban cada vez que sonreía, y sus cabellos caían en suaves ondas sobre su cuerpo esbelto. Era hermosa, inteligente, divertida y amable, y en esos años, nunca la vio como algo mas, jamás lo hizo. Muchos dicen que el amor a primera vista no existe, pero la primera vez que Graeme lo sintió, no fue con Nawra, quien era tan diferente a Joanna como podía imaginarse, su cabello era negro como el carbón, y sus ojos imitaban dicho color, su piel siempre bronceada y brillante bajo el sol solo remarcaba un cuerpo alto, esbelto y elegante. Nawra era una bestia que Graeme decidió conquistar y que lo logro, quedo nublado por su belleza y de no ser porque había estudiado las características blanquecinas de las veelas, hubiera jurado que Nawra era una.

Tras perderlo todo, Graeme descubrió que había luz donde menos se lo esperaba, y que había amor de la manera que menos lo esperaba, también. Joanna no era como Nawra, a Nawra uno podía decirle cualquier cosa y esa mujer no iba a sentir ningún dolor en su pecho, era fuerte, era de hierro, Joanna no, por lo menos no a los ojos de Graeme, quien la veía y pensaba como una pluma deslizándose en el viento, pura, sensible, pequeña. Ni él se hubiera imaginado que se iba a enamorar de un ser tan virtuoso como era ella. Jamás hubiera pensado que se vería a si mismo como una manzana podrida, pero ahí estaba la sensación siempre presente cuando la tenía cerca. Se había enamorado de ella, y no la quería dejar ir, por mas de aún buscar a su hija, por mas que aún, según los registros, estaba casado con una mujer que lo había dejado por su hermana ni mas ni menos. — Contrario a cuando tienes los segundos contados, el tiempo pasa lento cuando quieres que pase como un rayo, siento que fue mas tiempo del pensado — Respondió relamiendo sus labios en un gesto tan casual y continuo en él, que ni se percato de tal gesto que estaba haciendo. Escucho sus palabras sin escuchar en realidad. ¿Despedirse? Eso no era lo que el deseaba, mas bien, todo lo contrario, quería volvieran a estar juntos y juntaran fuerzas. Graeme la necesitaba, necesitaba de ella y de su dulzura, pero decir esas palabras no le parecían apropiadas. Dedico una mirada a los baúles que Joanna había utilizado para guardar todas sus cosas, suprimió cualquier comentario o posible conversación que su inconsciente quiso jugar en su cabeza. Asintió dando la razón a la castaña. — Las despedidas en general no es lo mió, supongo que puedes culparme por eso, y por tantas otras cosas — Confeso en un tono que le sabio agrio.

Alzo la mirada a los ojos verdes de la joven, y en un acto involuntario cruzo sus brazos en su espalda. — Un rasguño, y como estaba por cocinar no quise mezclar sabores, sabes que no me agrada — Se excuso en una de sus tantas manías y se dirigió a la sala por un vaso de agua, no tan solo porque tenía sed sino porque quería comprobar que tanto olor a humo tenía en su traje. Acerco el vaso a sus labios e inspecciono el olor, solo sintió el dulzón aroma a tabaco y tras un sorbo bajo el vaso hasta la mesa y se volvió hasta Joanna. — Yo... — Comenzó a decir, con un falso titubeo que pareció impecable viniendo de sus labios. — No quiero meterme en tu camino, creo que ya suficiente mal he provocado en tu vida para traerte mas problemas y nuevas discusiones que posiblemente no deseas tener, y que demuestras al esperar encontrar la casa vacía — Suelta un suspiro de angustia. Su mirada se pierde fija en los cuadros de los caballos blancos que estaba detrás de la joven, y no la mira al hablar, su tono de voz no desciende, se mantiene firme, pero había algo que distinguía ese tono de todo lo demás, era que estaba serio. Su voz no parecía haber salido de una melodía, sus labios no mostraban muestras de una próxima sonrisa, su cuerpo inmóvil cuando ya hubiera movido sus manos en todas direcciones al decir tan pocas palabras. Graeme decía o intentaba decir que se apartaría de su camino, pero estaba bloqueando la puerta y era totalmente consciente de aquel pequeño detalle. Quería hablar con la castaña. Necesitaba de ella, y sabía que con un poco de ayuda ella aceptaría a quedarse un rato mas, solo requería un pequeño empujón. El morocho se acerco hasta Joanna hasta que la distancia entre ellos quedo reducida a nada y le sonrió con tristeza. — Toma todo el tiempo que necesites nena, te estaré esperando, pero antes de que te vayas, me gustaría decirte algo — Aprovecha la pausa para acomodar uno de los mechones castaños detrás de la oreja de Jo, donde debería haber estado, las yemas de sus dedos rozaron la mandíbula de la corresponsal al retirarse y él no aparto la mirada de sus ojos. Se agacho para depositar un beso en la mejilla de ella. — Siento todo lo que paso. — Susurro en su oído antes de apartarse lo suficiente para dejar de olor aquel perfume floral que la mujer llevaba encima.


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Re: Summertime sadness || Graeme

Mensaje por Joanna G. Miller el 12th Abril 2015, 10:12 am

Éramos diferentes, éramos completamente contrarios y lo supe desde que empecé a vivir con él porque el tiempo de las citas y las salidas solo distinguió una notable diferencia de lo que se avecinaba. Graeme no solo era serio, era regio, directo, a veces hasta distante, pero era adictivo, era como el calor, a veces tortura un poco y causa que las personas se desesperen y anhelen su distancia para sentir el frío en las mejillas, sin embargo cuando la tormenta helada se hace inminente todos ansiamos un poco de calor, que sus brazas nos rodeen los brazos y nos hagan sentir en casa. Más o menos así era Graeme para mí. A veces quería estar sola, quería salir del trabajo, ir a mi departamento, cocinar, ver películas o el partido de turno, incluso solo acostarme y leer un buen libro, pero no había un instante en que no deseara estar a su lado y llevar a cabo nuestra extraña rutina en su departamento que variaba tanto que no sabía día a día como iba a sorprenderme. Salíamos a buenos lugares, a veces solo caminábamos o nos quedábamos en casa viendo cualquier cosa, yo cocinaba con su mirada latente a mis espaldas, tomábamos vinos, siempre intentaba convencerlo de las buenas bebidas que preparaban los muggles, a veces incluso me sorprendía a mí misma buscando destinos de viaje en mi ordenador, justo cuando él estaba trabajando. Quería que él conociera, quería que viviera lejos de sus pesadillas, pero era inútil, muy inútil y decepcionante porque él seguía igual o más aferrado a su destino, no solo a la pequeña niña a la que incluso yo quería conseguir, no, también a la madre de su hija. Mis intentos fallidos fueron tomando forma de distancia una cada vez necesaria, pero mientras más necesaria era más me costaba desprenderme del perfume de Graeme en mi piel.

No podía creer que un hombre tan perfeccionista como Graeme se hubiera rasguñado de la nada, quizás errar es de humanos como dice mi madre, son cosas que pueden pasar, pero viniendo de él me costaba creerlo y mi versión se iba mucho más allá, de que estaba buscando lo que siempre había buscado y de que utilizó nuevos medios para conseguirlo. Muerdo mi labio por dentro, incluso trato de que no sea demasiado pero al rato empieza a doler y siento como estoy presionando sin necesidad, logro soltarlo y asiento. Mis ojos no pierden contacto a los de Graeme, quiero entenderlo, quiero saber que piensa, que siente, pero sus ojos son tan vivaces que no me dicen mucho. Las cosas que dice sin embargo no son las que mi corazón quiere escuchar, mi mente en un momento queda satisfecha pero mi corazón siente que se deshace lentamente, no, él no quería que se fuera, si, las discusiones lo herían pero era más satisfactorio estar a su lado cuando todo era bueno. Yo no quería despedirme, mucho menos que él lo hiciera, pero a la vez ya todo estaba listo. ¿Por qué había llegado?, solo había puesto las cosas más complicadas de lo que por si estaban. —Esta... bien, supongo—. No, nada estaba bien, efectivamente nada estaba bien porque aún lo seguía queriendo y solo con su presencia sabía que era toda una farsa el asunto de irme de su casa sin sentir nada, sola podía lograr cualquier cosa, pero ahora era él quien estaba conmigo.

No, no, no... No quería que se acercara pero no tuve la fuerza para retroceder, mis pies se quedaron paralizados en el suelo y mis ojos solo se fijaron en sus facciones, se veían cansadas pero a pesar de todo estaban tan perfectas como las recordaba. Sus labios, su halito cálido, sentí como mi piel se erizó al momento que sus palabras se volvieron en mi contra y se acercaron a mi oído, incluso cerré un poco los ojos, como si quisiera memorizarlas para siempre. Tenía un torrente interno difícil de explicar. Su beso acabó por condenarme y a medida que dejaba de sentir la calidez de su presencia mis ojos se abrían. —Yo también lo siento... quiero, sentirlo pero...—. Di un paso hacia atrás, más cerca de la pared que cualquier cosa, necesitaba tomar un respiro, pasé una mano nerviosa por mi cabello mientras volvía a verlo. —Los dos nos equivocamos, dije... dije cosas que no sentía esa noche. No quiero que dejes de buscar a tu hija, no quiero ser un estorbo, pero tienes que entender que te necesito aquí también, para mí, no quiero de nuevo que me distancies de todo y te pierdas por días, ¿puedes prometer eso?


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Re: Summertime sadness || Graeme

Mensaje por Graeme J. Fletcher el 24th Abril 2015, 11:57 pm

En sus años de conquista había comprendido una cosa que nunca se la había revelado a ninguna mujer, porque sabía que valía una buena bofetada en la mejilla. En fin, lo que sabía de las mujeres era que sabía que para conquistarlas, la mayoría gustaban de ser puestas en un pedestal y que se le dijera cuanto se las necesitaba y cuanto se las quería. Era como su formula  que nunca fallaba. Escucha la voz de la joven, perdida en los efectos que las palabras de él habían causado en ella, tarda en componerse y retrocede unos pasos. Amaba a esa mujer, pero era muy predecible y quizá por eso la amaba. Sus ojos se curvan en una suplica, como un felino a la caza que quiere parecer indiferente a sus próximos actos. La vida entera era un juego para Graeme, donde gustaba de mover piezas a gusto, como en el ajedrez, uno de esos pasatiempos que tanto le gustaban, pero a diferencia de otras veces, en este juego había mucho en las apuestas, era el gordo, o ganaba o perdía mucho, y en ese momento, sentía que un paso en falso lo podía hacer perder todo, desde lo que era, hasta como era, todo, había entrado en silencio su corazón a la castaña y ahora temía que esta se lo llevara como aquellas maletas que había armado con tanto cuidado. Paso una mano por su nuca, frunciendo el entrecejo, mirando al piso entre una mezcla de confusión y desasosiego.

—Joa— Susurra con su voz melódica, un susurro lo suficientemente alto para que la joven lo escuche, como si se tratara de un secreto, de algo que ni las paredes podían escuchar. —Yo...— Se traba al comenzar a hablar, y repite esa palabra varias veces, sin encontrar las indicadas a la hora de hablar. —La verdad es que no quiero que te vayas— Termina por decir pronto y traga saliva antes de levantar su mano para que la corresponsal lo dejase hablar. —No lo quiero. Lo que quiero es a ti. Se que me he comportado mal y no quería hacerlo, no estaba pensando con claridad, pero es que... es mi hija, no es la tuya, temía que no la quisieras, que no la amaras y que te molestara su presencia. Se que ahora solo somos nosotros dos, pero ella crece cada día, no te estoy hablando de una niña de dos años que se olvidara todo lo que ha pasado anteriormente, y no se que blasfemias le deben a ver contado esas dos víboras. Quiero encontrarla, y la quiero conmigo, pero para poder hacer eso, tengo que hacer cosas que no están entre los límites de lo permitido y creo que si alguien se enterara de lo que hago posiblemente me sentenciarían a Askaban, y prefiero irme muy lejos antes que entrar a ese lugar. Debí hablar contigo, debí preguntar que pensabas y no dar por echo suposiciones que ahora mismo me doy cuenta de lo equivocadas que estaba. No soy muy de hablar de lo que siento, de lo que pienso o de contar mis problemas a otros, mucho menos de pedir ayuda, ya debes haber reparado en esos detalles a esta altura, detalles, errores, defectos, estoy cargados de esos linda, pero no lo puedo cambiar tan fácilmente— Deja escapar con un tono de tristeza y busca la mirada verde antes de seguir hablando. —Pero debí hablar contigo, y cuando me di cuenta era tarde, y cada vez es mas tarde. Pensé en escribirte, en irte a ver, pero no estaba seguro de que quisieras verme o de que leyeras mis cartas y también quería decirte esto en persona. No soy perfecto Joa. No lo soy, y estoy muy lejos de serlo. No puedo prometerte que voy a serlo tampoco, pero... puedo prometerte que voy a intentar cambiar y haré mi mejor esfuerzo y utilizaré todas mis energías para ser una persona como la que tu te mereces, pero no me dejes... no te vayas... dame una segunda oportunidad—

Las palabras están lejos de sonar como lo hacen como cuando habla con cualquiera, tan musicales, divertidas como si todo fuera una broma. Su voz se había vuelto suave entre lo ronca que era ya de por si, busca que sea cálida, que abrace a la joven. Suena con angustia, como una hoja que es arrastrada por el viento cuando se quiere quedar en el lugar donde estaba antes. Da un paso hacía la muchacha y toma su mano, busca que las miradas de ambos se crucen. —Sería el eco de tus pasos, si tan solo me dieran esa segunda oportunidad, solo sería intentar, intentar los dos que esto funcione, comunicarnos mas. Se puede lograr, solo hay que tener fe—


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Re: Summertime sadness || Graeme

Mensaje por Joanna G. Miller el 3rd Mayo 2015, 5:55 pm

Él no sabía, no tenía ni idea por lo que había pasado estos meses de ausencia, volver a ese departamento en unos inicios y tener que dormir sola en el alto dosel de sábanas blancas y luminosas en contraste del sol que entraba por las ventanas. Graeme no tenía ni idea del hueco profundo que se había apoderado de mi corazón cuando supe que no volvería, por lo menos no en un corto margen de tiempo. La rutina era lo peor; lenta, desesperante, mi trabajo no era suficiente para ahogar toda esa desesperación, no me podía concentrar pese a las cortas horas de sueño, más de una vez mis reseñas no fueron publicadas en El Profeta, no me molestaba, hasta yo misma sabía que eran un perfecto asco. Las chicas me invitaban a salir a cualquier local nocturno, incluso a ver películas en su casa, yo no quería, no lo deseaba, seguía regresando a ese mismo departamento a la misma hora, esperando encontrarlo en el estudio o sentado en el mueble como siempre, leyendo, indagando, para tener la oportunidad de distraerlo y perderme en sus ojos y en sus fuertes abrazos. Cada noche en aquella habitación era una tortura, me movía una y otra vez en la cama, era tan grande, prendía las luces, leía algún libro, a veces encendía el televisor hasta que me daba cuenta que la hora de trabajar se acercaba. Tenía que cubrir mis ojeras con maquilla, la comía carecía de sabor, fue en ese momento que comprendí el poder tan inmenso que Graeme tenía sobre mí.

Me jactaba de conocerlo, es verdad, ya era hora de que entendiera que ese hombre no quería mezclarme en sus problemas y que muy poco me diría de las aventuras de la búsqueda de su hija. Pero si yo me estaba equivocando él no tenía por qué hacerlo. Graeme me conocía más que nadie, él mismo decía que era predecible, que eso le gustaba, sabía que yo no me negaría a querer a su hija, que lo entendería, pero era tan... difícil cada vez que sabía que se iba de casa y que estaba corriendo mil y un riesgos a la vez, me sentía inútil, tonta, al margen de su vida. No quería hablar tampoco, sentía que iba a dañarlo todo.

Da un paso más, mi respiración se corta, su cercanía tenía todas las herramientas para nublar mi mente y mis sentidos. Estaba entre él y la pared, no había manera de que retrocediera más así que acepté cuando tomó mi mano y solo pude alzar mis ojos a los suyos. Lo sentía sincero, tan sincero que resultaba abrumador y por un instante consideré si lo mejor en verdad hubiera sido irme de casa de esa manera.

Mi relación con Graeme desde el principio se había caracterizado por los misterios, por una fina línea que apartaba nuestras vidas así no quisiéramos, podíamos pasar un buen tiempo juntos pero lo cierto es que el pasado del hombre al que amaba siempre estaría tras de nosotros y más cuando él tenía que rescatar algo valioso de lo que fue su vida antes de mí. A veces me sentía atormentada, a veces creía que lo odiaba por quitarme esa luz que tanto me decía mi madre que tenía desde pequeña, a veces era una bestia pero era mejor estar con él que sin su presencia porque estaba clara que sin él nada tenía sentido. Di un paso al frente, mi pecho rozaba el suyo e incluso podía sentir su cálido aliento. —Te quiero a ti, y voy a querer a tu hija, pero no me apartes más, no me subestimes, puedo ayudarte así tengamos que huir a cada rincón del mundo para que no te lleven a Azkaban—. Apreté su mano, era un escenario que me parecía terrible, el peor de todos. —Esta bien pero solo... una vez más. Graeme, te amo, te amo como a nadie pero no puedo hundirme más cada vez que te vas, te perdono pero no creo volver a soportarlo más—. Bajo la mirada, quería pensar que aún podía aferrarme al poco aprecio que me tenía a mí misma. Tomo aire y finalmente veo sus ojos con toda la concentración que soy capaz. —No me voy esta vez—. Una especie de sonrisa débil se forja en mis labios, tengo que alzarme un poco de puntas para plantar un beso corto en sus labios, estaba tan distanciada de los mismos que una pequeña corriente cálida se mezcla en mi columna y hace que me separe de inmediato. —Creo que mejor voy a desempacar todo este desastre.


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Re: Summertime sadness || Graeme

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